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Adolf Hitler

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Adolf Hitler · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
PaísesEstados Unidos · México · Argentina · Brasil
HistoriaSegunda Guerra Mundial · Holocausto
Adolf Hitler
Información personal
Nombre completoAdolf Hitler
ApodoEl Führer
Nacimiento20 de abril de 1889
Braunau am Inn, Imperio austrohúngaro
Fallecimiento30 de abril de 1945 (56 años)
Berlín, Alemania
Causa de muerteSuicidio por herida de bala
NacionalidadAustriaca (hasta 1925)
Alemana (desde 1932)
ReligiónNinguna (criado como católico)
PadresAlois Hitler
Klara Pölzl
CónyugeEva Braun (matr. 29 de abril de 1945)
Información profesional
OcupaciónPolítico, militar, escritor
Años activo1919-1945
CargoFührer del Reich
PredecesorPaul von Hindenburg
SucesorKarl Dönitz
Partido políticoPartido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP)
Rama militarEjército de Baviera (Imperio Alemán)
RangoCabo

1. Resumen[editar]

Adolf Hitler fue un político y dictador alemán de origen austrohúngaro, líder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) y arquitecto de un régimen totalitario que llevó a Europa a la Segunda Guerra Mundial y al genocidio conocido como el Holocausto. Como Führer del Tercer Imperio Alemán (Tercer Reich), Hitler instauró una dictadura basada en una ideología de supremacía racial aria, en la que la persecución sistemática de judíos, eslavos, gitanos, disidentes políticos y otros grupos considerados "inferiores" culminó en el exterminio de aproximadamente seis millones de personas, solo en el caso de la comunidad judía. Su agresiva política expansionista y el militarismo inherente a su régimen desencadenaron el conflicto más mortífero de la historia moderna, dejando una huella indeleble de destrucción y muerte. Para el mundo hispanohablante, su figura representa el paradigma absoluto de la tiranía, y su legado es estudiado como una advertencia histórica contra los peligros del autoritarismo, el racismo y el ultranacionalismo.

2. Primeros años y formación[editar]

Nació el 20 de abril de 1889 en la pequeña localidad de Braunau am Inn, en la frontera del Imperio austrohúngaro con Alemania. Fue el cuarto de seis hijos del matrimonio formado por Alois Hitler, un estricto funcionario de aduanas, y Klara Pölzl, una mujer de carácter dulce y sumiso. La infancia de Hitler estuvo marcada por la rigidez paterna y una serie de traslados constantes debido al trabajo de Alois, lo que le impidió establecer raíces firmes.[1] La muerte de su padre en 1903 y la de su madre en 1907, a quien adoraba, fueron golpes emocionales que dejaron una profunda cicatriz en su personalidad.

Tras la muerte de su madre, Hitler se trasladó a Viena con la aspiración de ingresar en la Academia de Bellas Artes. Su solicitud fue rechazada en dos ocasiones, en 1907 y 1908, argumentando falta de talento para la pintura, aunque se le recomendó probar suerte en arquitectura, campo para el cual carecía de la formación académica necesaria. Esta doble frustración lo sumió en un estado de miseria y marginalidad. Durante sus años en Viena, malvivió como pintor de postales y acuarelas, a menudo dependiendo de la caridad y de trabajos esporádicos.[2] Fue en este entorno hostil donde, según sus propias palabras en Mein Kampf, comenzó a absorber las corrientes ideológicas del pangermanismo y un visceral antisemitismo, muy presente en ciertos círculos políticos y mediáticos de la capital austrohúngara.

En 1913, para evitar el servicio militar obligatorio en el ejército del Imperio austrohúngaro, al que despreciaba por su carácter multiétnico, se mudó a la ciudad alemana de Múnich. Allí continuó con su vida de artista esporádico hasta que el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 le ofreció un nuevo propósito.

3. Primera Guerra Mundial y entrada en la política[editar]

Al declararse la guerra, Hitler se alistó como voluntario en el Ejército bávaro y sirvió como mensajero en el frente occidental, una labor extremadamente peligrosa que consistía en llevar órdenes entre las líneas del frente. Su valentía y dedicación le valieron el ascenso a cabo y la obtención de la Cruz de Hierro de Segunda Clase en 1914 y, excepcionalmente para un soldado de su rango, la Cruz de Hierro de Primera Clase en 1918, esta última por recomendación de su oficial superior, el teniente de origen judío Hugo Gutmann.[3] Resultó herido en dos ocasiones: una en 1916 por metralla y otra en 1918 por un ataque con gas mostaza que lo dejó temporalmente ciego.

La noticia del armisticio del 11 de noviembre de 1918 lo pilló convaleciente en un hospital militar. La rendición alemana fue un trauma devastador para él, alimentando la creencia en la "leyenda de la puñalada por la espada" (Dolchstoßlegende), según la cual el Ejército alemán no había sido derrotado en el campo de batalla, sino traicionado por políticos socialistas, comunistas y judíos en la retaguardia.

Tras la guerra, permaneció en el ejército como agente de inteligencia, con la misión de infiltrarse y reportar sobre los nacientes partidos políticos de la caótica República de Weimar. En septiembre de 1919, asistió a una reunión del Partido Obrero Alemán (DAP), un pequeño grupo de corte ultranacionalista y antisemita. Impresionado por sus ideas y, sobre todo, por su propia capacidad para rebatirlas, se unió al partido como el miembro número 55, aunque rápidamente ascendió a su cúpula directiva. Descubrió entonces su mayor talento: su capacidad de oratoria, capaz de arrastrar a las masas y galvanizar la frustración de una nación humillada.

4. Liderazgo del NSDAP y el Putsch de Múnich[editar]

En 1920, bajo su dirección, el DAP se reorganizó y cambió su nombre a Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), conocido popularmente como el partido nazi. Hitler diseñó personalmente su simbología, adoptando la esvástica (svastica) como emblema del movimiento y estableciendo el saludo "Heil Hitler". Su control absoluto sobre el partido se consolidó pronto, basándose en su carisma y en un culto a la personalidad sin precedentes. Para 1921, ya era el líder indiscutible del NSDAP, rodeado de un séquito de fieles seguidores como Rudolf Hess, Hermann Göring y Ernst Röhm.

El 8 de noviembre de 1923, inspirado por la Marcha sobre Roma de Benito Mussolini, Hitler intentó tomar el poder en Baviera mediante un fallido golpe de Estado conocido como el Putsch de Múnich. El intento fue desarticulado rápidamente por la policía bávara, resultando en la muerte de 16 militantes nazis y la detención de Hitler.

Juzgado por alta traición, Hitler convirtió el proceso judicial en una plataforma de propaganda nacional. Fue condenado a cinco años de prisión, pero cumplió solo nueve meses en la confortable Fortaleza de Landsberg. Durante su encierro, dictó a Rudolf Hess el primer volumen de su autobiografía y manifiesto ideológico, Mein Kampf (Mi lucha). La obra, una amalgama de racismo pseudocientífico, antisemitismo patológico, anticomunismo y expansionismo territorial (Lebensraum o "espacio vital"), se convirtió en la base doctrinal del nazismo. A su muerte, había vendido millones de ejemplares, proporcionándole una inmensa fortuna personal.

5. Ascenso al poder (1925-1933)[editar]

El fracaso del Putsch convenció a Hitler de que debía llegar al poder por medios legales. Tras su liberación, se dedicó a reconstruir y disciplinar al NSDAP. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión fue la Gran Depresión de 1929. La crisis económica devastó Alemania, que dependía en gran medida de préstamos estadounidenses. El desempleo se disparó hasta alcanzar los seis millones de personas[sin verificar], y la población, desesperada, buscó soluciones radicales.

Los nazis prometieron trabajo, pan y el fin de la humillación del Tratado de Versalles. En las elecciones de julio de 1932, el NSDAP se convirtió en el partido más votado del Reichstag, obteniendo 230 escaños. Aunque Hitler perdió las elecciones presidenciales de ese año frente al anciano mariscal Paul von Hindenburg, el caos político y las intrigas de palacio de los sectores conservadores alemanes, que creían poder controlarlo, lo llevaron al poder. El 30 de enero de 1933, Hindenburg lo nombró Canciller del Imperio Alemán.

6. Creación del estado totalitario[editar]

Una vez en la Cancillería, Hitler se movió con rapidez para consolidar un poder absoluto y eliminar cualquier vestigio de la frágil democracia de Weimar. En la noche del 27 de febrero de 1933, el edificio del Reichstag fue incendiado. Los nazis, utilizando el atentado como pretexto, culparon a los comunistas e impulsaron el Decreto del Incendio del Reichstag, que suspendió indefinidamente las libertades civiles básicas, como la libertad de prensa, asociación y expresión.

En marzo de 1933, con el apoyo de los partidos de derecha y la intimidación a diputados socialdemócratas y comunistas, el Reichstag aprobó la Ley Habilitante, que otorgaba a Hitler poderes legislativos plenos durante cuatro años, eliminando de facto la Constitución. Con esta autoridad, Hitler prohibió todos los partidos políticos excepto el NSDAP, estableció la Gestapo (policía secreta) e inició la construcción de los primeros campos de concentración para encerrar a opositores políticos.

El último obstáculo para el poder total era la división interna entre los líderes del partido y las SA, las fuerzas paramilitares del partido. Para obtener el apoyo del poderoso ejército (Reichswehr), Hitler ordenó la purga de las SA en la "Noche de los cuchillos largos" del 30 de junio de 1934. En esta sangrienta purga, fueron asesinados no solo los líderes de las SA, como Ernst Röhm, sino también otros enemigos potenciales del régimen.

El 2 de agosto de 1934, el presidente Hindenburg falleció. Ese mismo día, el gobierno de Hitler fusionó los cargos de presidente y canciller, proclamándose Führer del Reich. El ejército alemán cambió su juramento de lealtad a la patria por uno de lealtad incondicional a la persona de Adolf Hitler, quien se convirtió así en un dictador absoluto.

7. Política económica y social antes de la guerra[editar]

El régimen nazi implementó un programa de gasto público masivo centrado en el rearme y en grandes obras de infraestructura, como la construcción de la red de autopistas (Reichsautobahn). La economía se orientó hacia la autarquía, buscando la independencia de materias primas extranjeras. El desempleo, que era de seis millones[sin verificar] cuando Hitler llegó al poder, se redujo drásticamente hasta alcanzar el pleno empleo hacia 1938, aunque esta cifra ocultaba la militarización de la economía y la exclusión de judíos y mujeres del mercado laboral.

En el plano social, la dictadura nacionalsocialista aplicó un férreo control sobre todos los aspectos de la vida. Las organizaciones de ocio, como "Kraft durch Freude" (Fuerza a través de la alegría), controlaban el tiempo libre de los trabajadores. Las Juventudes Hitlerianas adoctrinaban a los niños y jóvenes en la ideología del régimen, mientras que la quema de libros y la persecución del "arte degenerado" en 1933 aniquilaban cualquier expresión cultural contraria a la estética y valores nacionalsocialistas.

8. Políticas raciales y Holocausto[editar]

La piedra angular del régimen era su política racial. En septiembre de 1935, las Leyes de Núremberg despojaron a los ciudadanos judíos de sus derechos civiles y políticos, prohibiendo los matrimonios y las relaciones sexuales "mixtas" entre judíos y alemanes (definidos estos por la "sangre" y no por la religión). La propaganda desatada por Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda, intensificó el odio hacia la comunidad judía, retratándola como una amenaza existencial para el pueblo alemán.

La violencia escaló con la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, la Kristallnacht o "Noche de los cristales rotos". Sinagogas fueron incendiadas, miles de comercios judíos saqueados y más de 30.000 judíos[sin verificar] fueron arrestados y enviados a campos de concentración. Las potencias occidentales apenas reaccionaron.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la política pasó de la persecución y emigración forzada al exterminio sistemático. La invasión de la Unión Soviética en 1941 marcó el inicio de la "Solución Final", planificada por la jerarquía nazi en la Conferencia de Wannsee en enero de 1942. Se construyeron campos de exterminio en la Polonia ocupada, como Auschwitz-Birkenau, Treblinka y Sobibor, donde se organizó la matanza a escala industrial mediante cámaras de gas. Se estima que cerca de seis millones de judíos fueron asesinados durante el Holocausto (Shoá), junto con cientos de miles de gitanos, discapacitados, prisioneros de guerra soviéticos, polacos y opositores políticos.

9. Segunda Guerra Mundial (1939-1945)[editar]

La política exterior de Hitler logró notables éxitos iniciales sin disparar un solo tiro, como la remilitarización de Renania en 1936 y la anexión de Austria (Anschluss) en marzo de 1938. La Conferencia de Múnich de 1938, en la que participaron el Reino Unido y Francia, le cedió la región de los Sudetes de Checoslovaquia, solo para que en marzo de 1939 la Wehrmacht ocupara el resto del país.

El 1 de septiembre de 1939, la invasión de Polonia desencadenó la declaración de guerra de Francia y el Reino Unido, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. La guerra relámpago (Blitzkrieg) alemana demostró una eficacia devastadora, permitiendo la conquista de Dinamarca, Noruega, Países Bajos, Bélgica y la humillante derrota de Francia en apenas seis semanas en 1940.

Sin embargo, la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, fracasó en su intento de someter a la Real Fuerza Aérea británica en la Batalla de Inglaterra, lo que impidió la invasión de la isla y constituyó la primera gran derrota estratégica de Hitler. En 1941, rompiendo el pacto de no agresión firmado con Stalin, lanzó la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética. Aunque los ejércitos alemanes avanzaron rápidamente hasta las puertas de Moscú, la resistencia soviética y el temprano y severo invierno paralizaron la ofensiva.

El 11 de diciembre de 1941, de manera aparentemente inexplicable desde un punto de vista estratégico, Hitler declaró la guerra a Estados Unidos tras el ataque japonés a Pearl Harbor. Esta decisión selló su destino, movilizando definitivamente la inmensa maquinaria industrial y militar estadounidense contra el Eje.

Los desastres se sucedieron a partir de 1943. La Batalla de Stalingrado, en la que el Sexto Ejército alemán fue aniquilado, y la derrota en la Batalla de Kursk marcaron un punto de inflexión irreversible en el frente oriental. En el oeste, el desembarco aliado en Normandía en junio de 1944 abrió el esperado "segundo frente". El régimen de Hitler sobrevivió a un intento de asesinato por parte de oficiales de la Wehrmacht en el atentado del 20 de julio de 1944, lo que intensificó su paranoia y su desconfianza hacia los militares profesionales. La guerra estaba perdida, pero Hitler insistió en una defensa fanática hasta el amargo final, emitiendo el Decreto Nerón, que ordenaba la destrucción total de la infraestructura alemana para que no cayera en manos enemigas.

10. Vida personal[editar]

La vida privada de Hitler estuvo marcada por el secretismo, el mito y relaciones intensas y problemáticas. Durante su ascenso, utilizó la imagen de líder célibe, "casado con Alemania", para alimentar su carisma entre el electorado femenino. Mantuvo una relación profunda con su sobrina Geli Raubal, cuyo misterioso suicidio en 1931 lo sumió en una profunda depresión.[4]

Desde principios de los años 30, inició una relación discreta con Eva Braun, una joven asistente en el estudio de su fotógrafo oficial, Heinrich Hoffmann. Braun permaneció en un segundo plano, viviendo en la residencia alpina de Berghof y siendo mayoritariamente ocultada al público alemán para no dañar la imagen del Führer. Hitler solo se casó con ella en las últimas horas de su vida, en el búnker de la Cancillería.

Era conocido por su vida ascética en público: no bebía alcohol, no fumaba y mantenía una dieta vegetariana, aunque su consumo de fármacos y anfetaminas, recetados por su médico personal Theodor Morell, fue en aumento durante los años de la guerra, lo que posiblemente afectó su capacidad de juicio y su salud física.

11. Muerte[editar]

A principios de 1945, con las tropas soviéticas y aliadas penetrando profundamente en territorio alemán, Hitler se recluyó definitivamente en el Führerbunker bajo la Cancillería del Reich en Berlín. Desde este laberinto de hormigón, completamente aislado de la realidad exterior, emitió órdenes a ejércitos fantasma.

El 29 de abril de 1945, como acto final, contrajo matrimonio con Eva Braun. Tras dictar su testamento político, en el que culpa a los judíos y a la "falta de voluntad" del pueblo alemán por la catástrofe, decidió suicidarse. La tarde del 30 de abril de 1945, en su estudio privado del búnker, Eva Braun se suicidó con una cápsula de cianuro y Hitler se disparó en la cabeza. Siguiendo sus instrucciones, sus cuerpos fueron llevados a los jardines de la Cancillería, rociados con gasolina e incinerados. La identificación posterior de sus restos ha sido objeto de controversia y desinformación.

12. Legado y presencia en el mundo hispanohablante[editar]

Adolf Hitler es una de las figuras más estudiadas y universalmente repudiadas de la historia. Su legado es el de la devastación sistemática de Europa, con un saldo de decenas de millones de muertos, y la implantación de un estado policial basado en el terror. Los Juicios de Núremberg, que juzgaron a la cúpula del régimen, sentaron las bases del derecho internacional moderno en materia de crímenes de guerra, crímenes contra la paz y crímenes de lesa humanidad.

En el mundo hispanohablante, el impacto de su figura fue y sigue siendo profundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, numerosos países latinoamericanos mantuvieron la neutralidad hasta bien avanzado el conflicto, como fue el caso de Argentina y Chile[sin verificar]. Sin embargo, México condenó enérgicamente el expansionismo nazi desde sus inicios, siendo uno de los pocos países en protestar formalmente por la anexión de Austria en 1938.

Tras la guerra, Sudamérica, y especialmente Argentina, se convirtió en uno de los principales destinos de la mal llamada "ruta de las ratas", por la cual numerosos criminales de guerra nazis escaparon de Europa. Figuras como Adolf Eichmann, secuestrado por el Mossad en Buenos Aires en 1960 y posteriormente ejecutado en Israel, y el médico Josef Mengele, quien murió en Brasil en 1979, vivieron impunemente en la región durante décadas.[5]

La obra Mein Kampf (Mi lucha) circuló en el mundo hispano tanto en ediciones clandestinas como en versiones críticas, a menudo censuradas o prohibidas por su contenido de odio. La "ola negra" del fascismo europeo tuvo ecos en ciertos movimientos políticos latinoamericanos del siglo XX, que adaptaron la iconografía y la estética del autoritarismo de entreguerras a sus propias realidades nacionales. La condena al hitlerismo es universal en el ámbito hispano, siendo un referente constante en los debates sobre libertad, derechos humanos y memoria histórica.

13. Obras y discursos[editar]

[ Desplegar / Plegar ]
  • Mein Kampf (Mi lucha): Primer volumen publicado en 1925 y segundo volumen en 1926. Manifiesto ideológico y autobiografía dictada a Rudolf Hess en la prisión de Landsberg. Es la piedra angular de la doctrina nacionalsocialista.
  • Zweites Buch (Segundo libro): Manuscrito dictado en 1928 que profundiza en su política expansionista y racial. No fue publicado en vida y permaneció oculto hasta su descubrimiento y publicación póstuma en 1961.
  • Discursos: Su oratoria fue su principal arma de propaganda. Los más famosos incluyen sus intervenciones en los Congresos de Núremberg y sus discursos radiofónicos a la nación. Muchos de ellos fueron recopilados en obras posteriores.

14. Condecoraciones y honores[editar]

[ Desplegar / Plegar ]
  • Imperio Alemán (Primera Guerra Mundial):
    • Cruz de Hierro de Segunda Clase (1914).
    • Cruz de Hierro de Primera Clase (1918).
    • Placa de herido en combate (Negra - 1918).
  • Honores del Tercer Reich (auto-otorgados):
    • Titular de la Orden de la Sangre (Medalla del Putsch).
    • Führer del Reich (desde el 2 de agosto de 1934).
  • Honores extranjeros: Recibió condecoraciones de diversos países aliados, como la Suprema Orden de la Santísima Anunciación del Reino de Italia.

  1. Su padre, Alois, era hijo ilegítimo de Maria Anna Schicklgruber y adoptó el apellido Hitler de su padrastro Johann Georg Hiedler. Este cambio de nombre, realizado en 1876, fue objeto de especulaciones maliciosas por parte de algunos opositores políticos de Hitler durante su carrera. ↩︎

  2. Contrario a un mito propagandístico posterior, Hitler no vivió en la absoluta indigencia, aunque sí experimentó una precariedad significativa. Recibía una pequeña pensión de orfandad y logró vender un número considerable de sus obras a comerciantes judíos como Samuel Morgenstern, un hecho que omitió prolijamente en sus relatos autobiográficos. ↩︎

  3. La ironía de que fuera un oficial judío quien recomendara a Hitler para la condecoración más alta que recibió en la guerra fue un tema que el régimen nazi intentó suprimir activamente durante los años posteriores. ↩︎

  4. La muerte de Geli Raubal en el apartamento de Hitler en Múnich fue oficialmente declarada un suicidio con la pistola de Hitler. Las teorías sobre un posible asesinato o un homicidio por celos han sido motivo de especulación histórica, pero sin pruebas concluyentes. ↩︎

  5. La red de escape de nazis, conocida como ODESSA, contó con la complicidad de ciertos sectores de la Iglesia Católica y la activa colaboración de funcionarios del gobierno de Juan Domingo Perón en Argentina. ↩︎