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Franklin D. Roosevelt

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Franklin D. Roosevelt · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
CiudadesMontevideo · Buenos Aires · Ciudad de México
CineCasablanca · Walt Disney
Franklin D. Roosevelt
32.º Presidente de los Estados Unidos
Mandato4 de marzo de 1933 – 12 de abril de 1945
VicepresidenteJohn Nance Garner (1933–1941)
Henry A. Wallace (1941–1945)
Harry S. Truman (1945)
PredecesorHerbert Hoover
SucesorHarry S. Truman
44.º Gobernador de Nueva York
Mandato1 de enero de 1929 – 31 de diciembre de 1932
Teniente gobernadorHerbert H. Lehman
PredecesorAl Smith
SucesorHerbert H. Lehman
Datos personales
Nombre completoFranklin Delano Roosevelt
Nacimiento30 de enero de 1882, en Hyde Park, Nueva York, Estados Unidos
Fallecimiento12 de abril de 1945, en Warm Springs, Georgia, Estados Unidos
Causa de muerteHemorragia cerebral
Partido políticoDemócrata
CónyugeEleanor Roosevelt (matrimonio en 1905)
Hijos6 (Anna, James, Franklin Jr. (fallecido en 1909), Elliott, Franklin Delano Roosevelt Jr., John)
EducaciónUniversidad de Harvard (B.A.)
Universidad de Columbia (J.D., incompleto)
ReligiónEpiscopaliana

1. Resumen[editar]

Franklin Delano Roosevelt (/ˈroʊzəvɛlt/), conocido popularmente como FDR, fue un abogado, político y estadista estadounidense que ejerció como el trigésimo segundo presidente de los Estados Unidos desde 1933 hasta su muerte en 1945. Miembro del Partido Demócrata, fue el único presidente en la historia de su país en ganar la elección presidencial en cuatro ocasiones consecutivas (1932, 1936, 1940 y 1944) y gobernó durante dos de las crisis más agudas del siglo XX: la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.

Roosevelt redefinió el papel del gobierno federal en la vida económica y social de los Estados Unidos. Su programa de reformas, conocido como el New Deal, estableció agencias federales para la regulación de los mercados, la construcción de infraestructuras masivas y la creación de una red de seguridad social que incluyó la introducción del seguro de desempleo y la Administración del Seguro Social. A estas innovaciones en política interna se sumó una diplomacia activa que buscó, primero mediante la Política de Buena Vecindad con América Latina y más tarde mediante la conducción del esfuerzo aliado, situar a Washington en el centro de la escena internacional. Su liderazgo durante la contienda contra las potencias del Eje lo convirtió, junto a Winston Churchill y Iósif Stalin, en uno de los arquitectos del orden mundial de la posguerra, un diseño cuyos pilares fueron expuestos en la Carta del Atlántico y en las conferencias de Yalta y Teherán.

FDR contrajo poliomielitis en 1921, a los 39 años, lo que le ocasionó una parálisis prácticamente total de las piernas durante el resto de su vida. En contraste con el estigma que la discapacidad aún llevaba aparejado, Roosevelt cultivó en la esfera pública una imagen de vigor y optimismo que se volvió inseparable de su carisma político. Sus «charlas junto a la chimenea» —alocuciones radiofónicas que mantuvo entre 1933 y 1944— fueron un instrumento pionero de comunicación directa con la ciudadanía y contribuyeron a consolidar la relación de confianza que amplios sectores de la población depositaron en su figura.

La historiografía suele situarlo entre los presidentes más influyentes e innovadores que ha tenido la república norteamericana, aunque ciertos aspectos de su gestión —en particular el intento de reformar la Corte Suprema en 1937, la prolongación del internamiento de ciudadanos de origen japonés durante la guerra y la tibieza con que su administración abordó la igualdad de derechos para los afroamericanos— han suscitado controversias que se mantienen vivas en el debate académico y en la memoria pública.

2. Primeros años y formación[editar]

Roosevelt nació en la finca de Springwood, en Hyde Park, un pueblo situado en el valle del río Hudson, en el estado de Nueva York, en el seno de una familia patricia de origen neerlandés. Su padre, James Roosevelt (1828–1900), era un terrateniente y hombre de negocios de fortuna considerable; su madre, Sara Ann Delano (1854–1941), provenía de una familia que había amasado riqueza en el comercio marítimo con China. Franklin fue hijo único de este matrimonio y creció en un entorno de estabilidad económica y estricta educación victoriana, con tutores privados y largas temporadas en Europa que le proporcionaron un dominio temprano del francés y del alemán.

En 1896, a los catorce años, ingresó en la prestigiosa Groton School, un internado episcopaliano de Massachusetts donde el director, Endicott Peabody, inculcaba a los alumnos de la élite social la obligación moral del servicio público. Roosevelt no destacó como deportista ni como estudiante brillante, pero absorbió el ethos peabodiano del noblesse oblige que más tarde citaría como inspiración de su vocación política.

En 1900 comenzó sus estudios en la Universidad de Harvard. Allí residió en uno de los dormitorios más exclusivos y se desempeñó como redactor del periódico estudiantil The Harvard Crimson, aunque su solicitud de ingreso en el selecto Porcellian Club fue rechazada, un episodio que, según algunos biógrafos, vivió como una humillación[1]. Se graduó en 1903 con una licenciatura en Historia, y en otoño de ese mismo año ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia. La carrera jurídica no le apasionó: suspendió varios cursos y no llegó a completar el título formal, aunque se presentó y aprobó el examen estatal del Colegio de Abogados de Nueva York en 1907. Ejerció como abogado corporativo en el bufete Carter, Ledyard & Milburn, en Wall Street, durante un breve período que él mismo describió como falto de estímulo.

El matrimonio con Anna Eleanor Roosevelt, su prima lejana, el día de San Patricio de 1905, unió dos ramas de la misma familia. La novia fue entregada por su tío, el expresidente Theodore Roosevelt, quien asistió a la ceremonia. Eleanor ejercería luego de conciencia social del New Deal, de firme defensora de los derechos civiles y, tras la muerte de su marido, de delegada ante la recién fundada Organización de las Naciones Unidas.

3. Trayectoria política[editar]

3.1 Inicios en la política y la Primera Guerra Mundial[editar]

Roosevelt debutó en la arena electoral en 1910, cuando fue elegido senador estatal por el distrito de Dutchess County (Nueva York) bajo la bandera del Partido Demócrata. Su oposición a la maquinaria del Tammany Hall —la organización partidaria dominante en Manhattan— le granjeó atención mediática, aunque no siempre victorias legislativas. En 1912 apoyó la candidatura presidencial de Woodrow Wilson, y al año siguiente, tras el triunfo de este, fue designado secretario adjunto de la Armada (Assistant Secretary of the Navy), un puesto que ocupó durante siete años y que le dio un conocimiento detallado de la administración militar y de la política de defensa.

Durante la Primera Guerra Mundial, Roosevelt defendió la expansión de la flota de guerra y se perfiló como un administrador enérgico, aunque su ambición de ir al frente de batalla no se materializó —la gripe española lo postró en 1918 durante una inspección en Europa—. La experiencia en la Armada fue determinante para su futura visión del poderío naval y de la seguridad nacional.

3.2 Gobernador de Nueva York (1929–1932)[editar]

En 1920, la Convención Nacional Demócrata lo eligió candidato a la vicepresidencia junto a James M. Cox; la fórmula fue derrotada de manera contundente por el republicano Warren G. Harding. Poco después, en el verano de 1921, mientras descansaba en la isla de Campobello (Nuevo Brunswick, Canadá), Roosevelt cayó enfermo y los médicos diagnosticaron poliomielitis. La parálisis le quitó la movilidad de las piernas de forma definitiva.

Tras varios años de retiro y de intensa rehabilitación —durante los cuales su esposa Eleanor y su asesor político Louis Howe mantuvieron vivo su nombre en el Partido Demócrata—, FDR reapareció en la Convención Nacional Demócrata de 1924 con un discurso en apoyo a Al Smith, a quien nominó como el «guerrero feliz». La escena, en la que Roosevelt caminó penosamente hasta el podio ayudado por bastones, causó una honda impresión entre los delegados.

En 1928 Al Smith, por entonces gobernador de Nueva York, lo convenció de que se postulase para sucederlo en Albany mientras él mismo se lanzaba a la carrera presidencial. Roosevelt aceptó y ganó la gobernación por un margen estrecho, para luego ser reelegido con una ventaja abrumadora en 1930. Al frente del ejecutivo del estado más poblado de la Unión, puso en marcha los primeros ensayos de lo que luego sería el New Deal: programas de obras públicas, ayudas a los agricultores, legislación laboral y, sobre todo, la creación de la Autoridad de Energía del río Niágara (Power Authority of the State of New York), que abarató la electricidad para los consumidores.

3.3 Primera presidencia y el New Deal (1933–1937)[editar]

La crisis de 1929 y la Gran Depresión que le siguió destruyeron la confianza pública en el gobierno republicano de Herbert Hoover. Roosevelt, que en la convención demócrata de 1932 había obtenido la nominación con la promesa de «un nuevo trato para el pueblo estadounidense», derrotó a Hoover con más del 57 % del voto popular y el respaldo de 42 de los 48 estados.

El desplome económico que se encontró al tomar posesión era abrumador: la producción industrial había caído a la mitad, y el desempleo afectaba a una cuarta parte de la fuerza laboral. En sus primeros cien días de gobierno —un período que desde entonces se convirtió en referencia para medir cualquier presidencia entrante—, Roosevelt impulsó un torrente de leyes que transformaron el papel del Estado. Entre las medidas más relevantes figuraron:

  • la declaración de un feriado bancario para detener la corrida de depósitos y la posterior aprobación de la Ley Glass‑Steagall (1933), que separó la banca de depósito de la banca de inversión,
  • la creación de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) para proteger el ahorro de los pequeños depositantes,
  • la Ley de Ajuste Agrícola (AAA), que subsidiaba a los agricultores para reducir la producción y elevar los precios,
  • la Administración de Recuperación Nacional (NRA), que fijaba códigos de competencia leal y jornadas máximas,
  • y la puesta en marcha del Cuerpo Civil de Conservación (CCC), que empleó a cientos de miles de jóvenes en proyectos de restauración ambiental.

En 1935, una segunda oleada legislativa dio origen a la Ley Wagner, que garantizó por primera vez el derecho de los trabajadores a organizarse en sindicatos y negociar colectivamente, y a la Ley del Seguro Social, que estableció pensiones de vejez, seguro de desempleo y ayudas a personas con discapacidad y a huérfanos.

La popularidad de estas políticas —y de la figura presidencial que las comunicaba directamente por radio— se reflejó en las elecciones de 1936, en las que Roosevelt obtuvo el 61 % de los votos y todos los estados salvo Maine y Vermont. La coalición que construyó, cimentada sobre trabajadores urbanos, minorías étnicas, el sur rural e intelectuales, definió la hegemonía demócrata durante las siguientes tres décadas.

3.4 Conflicto con la Corte Suprema y segunda recesión (1937–1940)[editar]

El Tribunal Supremo de los Estados Unidos, compuesto mayoritariamente por jueces conservadores, declaró inconstitucionales varias piezas clave del New Deal —entre ellas la NRA y la primera versión de la AAA— entre 1935 y 1936. Tras su reelección, Roosevelt dio un paso que desató una intensa polémica institucional: en febrero de 1937 propuso una ley que le habría permitido nombrar un juez adicional por cada magistrado en activo que superase los 70 años y no se retirase, lo que en la práctica habría ampliado la Corte de nueve a un máximo de quince miembros. El «plan de empaquetamiento de la Corte» (court‑packing plan) fue rechazado incluso por buena parte del Partido Demócrata y no llegó a ser aprobado, aunque algunos historiadores sostienen que la amenaza contribuyó a que el Tribunal adoptara a partir de entonces una actitud más receptiva hacia la legislación social[2].

En el terreno económico, la decisión de reducir prematuramente el gasto público con la intención de equilibrar el presupuesto provocó en 1937‑1938 una profunda recesión dentro de la propia Depresión que hizo caer otra vez la producción industrial y elevó el desempleo. Roosevelt dio marcha atrás y en la primavera de 1938 solicitó al Congreso una inyección masiva de fondos que contribuyó a estabilizar la economía, aunque el país seguía lejos del pleno empleo.

3.5 Tercera presidencia y la Segunda Guerra Mundial (1941–1945)[editar]

La tradición política estadounidense, respetada desde George Washington, impedía que un presidente sirviera más de dos mandatos. Sin embargo, el estallido de la guerra en Europa en septiembre de 1939 y la derrota rápida de Francia en el verano de 1940 modificaron la percepción del riesgo, y la Convención Demócrata de ese año nominó a Roosevelt para un tercer mandato, que ganó con el 55 % de los votos frente al republicano Wendell Willkie.

Durante los dos años que mediaron entre su reelección y el ataque japonés a Pearl Harbor, Roosevelt defendió una política de apoyo creciente a Gran Bretaña y luego a la Unión Soviética sin intervenir directamente en las hostilidades. La Ley de Préstamo y Arriendo (Lend‑Lease Act, marzo de 1941) autorizó al ejecutivo a transferir material bélico, alimentos y combustible a cualquier país cuya defensa se considerara vital para los intereses estadounidenses, lo que en la práctica convirtió al país en el «arsenal de la democracia».

El 7 de diciembre de 1941, la aviación japonesa atacó la base naval de Pearl Harbor, en Hawái. Al día siguiente, Roosevelt compareció ante el Congreso y pronunció el discurso del «día de la infamia» que selló la declaración de guerra contra Japón; Alemania e Italia, a su vez, declararon la guerra a los Estados Unidos el 11 de diciembre.

FDR asumió la conducción estratégica de la guerra como comandante en jefe. Junto con el primer ministro británico Winston Churchill, fijó la prioridad de derrotar primero a Alemania —concentrando el grueso de los recursos en el teatro europeo— mientras en el Pacífico se libraba una guerra de contención y avance progresivo. Las conferencias interaliadas de Casablanca (enero de 1943), Teherán (noviembre‑diciembre de 1943) y Yalta (febrero de 1945) perfilaron la estrategia militar y los contornos de la paz futura. En Yalta, Roosevelt confió —para algunos observadores de manera excesiva— en que Iósif Stalin colaboraría en la creación de un orden internacional basado en la seguridad colectiva y consintió un reparto de influencias en Europa oriental que pronto degeneraría en la guerra fría.

La salud de Roosevelt ya estaba visiblemente quebrantada hacia el final de la contienda. En las fotografías de Yalta se le aprecia demacrado y con profundas ojeras. Aun así, aceptó presentarse a un cuarto mandato en 1944; la convención reemplazó al vicepresidente Henry Wallace por Harry S. Truman, decisión a la que el presidente no se opuso.

3.6 Cuarta presidencia y fallecimiento (1945)[editar]

La elección de 1944 fue la más reñida de las cuatro que Roosevelt disputó, pero aun así doblegó al republicano Thomas E. Dewey con el 53,4 % del voto popular y 432 votos electorales. Tomó posesión por cuarta vez el 20 de enero de 1945, en una ceremonia breve e inusualmente austera en el pórtico sur de la Casa Blanca.

Meses después, mientras se recuperaba en la «Pequeña Casa Blanca» de Warm Springs (Georgia), sufrió un derrame cerebral masivo. Murió en la tarde del 12 de abril de 1945, a los 63 años. La noticia de su muerte causó una conmoción mundial y una ola de duelo en todos los países aliados.

4. Estilo de liderazgo y comunicación[editar]

Roosevelt comprendió, antes que la mayoría de los dirigentes de su tiempo, el potencial político de los nuevos medios de comunicación de masas. Sus «charlas junto a la chimenea» (en inglés, fireside chats) fueron una serie de treinta discursos radiofónicos emitidos entre el 12 de marzo de 1933 y 12 de junio de 1944 en los que explicaba, con un lenguaje sencillo y un tono sereno, las políticas de la administración o el curso de la guerra. Millones de familias escuchaban esas alocuciones reunidas en torno al receptor del salón, y muchas tenían la sensación de que el presidente hablaba directamente con ellas. La combinación de un registro coloquial con el carisma aristocrático de su voz generó un vínculo afectivo que los medios escritos no habían conseguido antes.

Frente a los desafíos de gestión, Roosevelt prefirió un estilo ejecutivo competitivo: dividía las responsabilidades entre asesores con mandatos que se solapaban intencionadamente, fomentando la rivalidad y reservándose el arbitraje final. Este método le permitía obtener información desde perspectivas divergentes, pero también creó tensiones burocráticas y, en algunos casos, confusiones de competencias.

En el ámbito diplomático mostró una notable capacidad para leer a sus interlocutores y adaptar el tono. Con Churchill cultivó una alianza cálida pero no exenta de roces[3]; con Stalin combinó deferencia y oficio negociador en escenarios de enorme presión. Entre sus contemporáneos se acuñó la frase de que Roosevelt era «un enigma envuelto en un rompecabezas», en alusión a su capacidad para mantener ocultas sus verdaderas convicciones cuando así convenía.

5. Logros, controversias y legado[editar]

5.1 Transformación del Estado federal[editar]

El legado más perdurable de Roosevelt es la expansión del gobierno federal como agente de protección social y estímulo económico. El Seguro Social, la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), la Autoridad del Valle del Tennessee (TVA) y la Ley de Normas Justas de Trabajo (FLSA, 1938), que fijó por primera vez un salario mínimo nacional, reconfiguraron la relación entre ciudadanos, empresas y Estado. Estos programas, muchas veces contestados en los tribunales y en el debate público, acabaron siendo institucionalizados con aceptación bipartidista en las décadas siguientes.

5.2 Arquitectura del orden internacional[editar]

FDR fue el principal impulsor de la creación de la Organización de las Naciones Unidas. El nombre mismo —«Naciones Unidas»— fue acuñado por él en la Declaración de las Naciones Unidas firmada el 1 de enero de 1942. No vivió para ver la Conferencia de San Francisco que en junio de 1945 adoptó la Carta fundacional, pero su planificación sentó las bases de un multilateralismo que, con todas sus imperfecciones, estructuró las relaciones internacionales hasta finales del siglo XX.

5.3 Cuestiones controvertidas[editar]

La administración Roosevelt acumuló también decisiones que la historiografía contemporánea observa de forma crítica. La Orden Ejecutiva 9066, firmada en febrero de 1942, habilitó la reclusión de unas ciento veinte mil personas de ascendencia japonesa —dos tercios de ellas ciudadanas estadounidenses— en campos de internamiento del interior del país, una medida que en 1988 el Congreso calificaría de «grave injusticia» y repararía económicamente. En el frente doméstico, la dependencia electoral de los demócratas del sur impidió que la Casa Blanca respaldara con fuerza la legislación antilinchamiento que varias veces se propuso en el Capitolio, un silencio que los líderes afroamericanos reprocharon con amargura[4].

El intento de reforma del Tribunal Supremo también minó temporalmente la autoridad presidencial y alentó a una oposición conservadora que empezaba a rearmarse.

5.4 Evaluación a largo plazo[editar]

A pesar de tales claroscuros, las encuestas entre historiadores y el público general sitúan de manera consistente a Roosevelt entre los tres presidentes más grandes de la historia estadounidense, por lo regular junto a Abraham Lincoln y George Washington. Su capacidad para articular una visión de esperanza en los momentos más sombríos, la longevidad de las instituciones que creó y el liderazgo en la victoria aliada son los pilares sobre los que reposa ese juicio histórico.

6. Vida personal y salud[editar]

Franklin y Eleanor Roosevelt formaron un tándem político excepcional, pero su matrimonio distó de ser convencional. En 1918, Eleanor descubrió las cartas que confirmaban la relación sentimental de Franklin con su secretaria social, Lucy Mercer Rutherford. El matrimonio evitó el divorcio por presión de la madre de Roosevelt, pero la relación conyugal se transformó en una sociedad profesional y afectiva que respetaba los espacios de independencia de cada uno. Eleanor desarrolló por cuenta propia una intensa actividad como conferenciante, columnista y activista por los derechos civiles que la convirtió en una de las mujeres más influyentes del siglo XX.

La poliomielitis que Franklin contrajo en 1921 le arrebató la capacidad de caminar y lo obligó a depender por completo de una silla de ruedas y de pesados soportes metálicos en las piernas. Roosevelt invirtió una gran energía —y una fuerte suma de dinero— en fundar y promover el centro termal de Warm Springs, en Georgia, cuyas aguas templadas le proporcionaban alivio y donde pasó largas temporadas de tratamiento. Su empeño en ocultar la magnitud de la parálisis fue meticuloso: la prensa, por un código no escrito de discreción, casi no publicó imágenes que mostraran la silla de ruedas, y en los actos públicos el presidente se sostenía con ayuda de un acompañante o del púlpito.

La salud cardiovascular de Roosevelt se deterioró visiblemente durante la guerra. La autopsia reveló una arteriosclerosis avanzada y una presión arterial que, según los testigos, había alcanzado cifras peligrosamente altas. El diagnóstico final fue hemorragia cerebral.

7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La relación de Roosevelt con América Latina y con las comunidades hispanohablantes constituye un capítulo relevante de su legado. Al comienzo de su presidencia, en el discurso inaugural del 4 de marzo de 1933, anunció la Política de Buena Vecindad, que rompía con décadas de intervencionismo unilateral. La nueva doctrina quedó formalizada en la Conferencia Panamericana de Montevideo de diciembre de 1933, donde los Estados Unidos aceptaron el principio de no intervención en los asuntos internos de los países latinoamericanos. En los años siguientes, Washington retiró las tropas estacionadas en Haití y Nicaragua y abrogó la Enmienda Platt que limitaba la soberanía de Cuba[5].

La Buena Vecindad tuvo también una faceta cultural. La Oficina del Coordinador de Asuntos Interamericanos —liderada por Nelson Rockefeller— propició el intercambio de intelectuales, artistas y cineastas, y en abierto contraste con la iconografía imperial que había dominado las caricaturas políticas, la propaganda de guerra estadounidense empezó a representar a América Latina como un aliado fraternal en la lucha contra el fascismo. La gira de Walt Disney por varios países sudamericanos y la película Saludos Amigos (1942) fueron expresiones de ese esfuerzo.

No todo fue fácil. La nacionalización del petróleo mexicano por Lázaro Cárdenas en 1938 generó una presión inmediata de las corporaciones petroleras sobre la Casa Blanca. Roosevelt, contra los deseos de los empresarios, optó por la vía diplomática y reconoció el derecho mexicano a la expropiación, exigiendo como contrapartida una compensación justa. Aquel manejo del conflicto es recordado a menudo como un ejemplo de distensión pragmática y evitó una ruptura que habría tenido consecuencias graves para la seguridad hemisférica.

En España, la guerra civil (1936‑1939) puso a prueba la Doctrina de Neutralidad estadounidense. La administración Roosevelt mantuvo el embargo de armas a ambos bandos beligerantes, una equidistancia que en la práctica perjudicó a la República española mientras la Alemania nazi y la Italia fascista abastecían al bando sublevado. Años más tarde, en una conversación privada con el embajador republicano, Roosevelt lamentó esta política y la calificó como «un grave error».

Tras la Segunda Guerra Mundial, la imagen de Roosevelt en los países hispanohablantes quedó asociada a la defensa de la democracia frente al totalitarismo y a la promesa de un orden internacional capaz de proteger a las naciones pequeñas. En ciudades como Buenos Aires, Ciudad de México o Montevideo se erigieron monumentos, placas y calles con su nombre durante las décadas siguientes, aunque las interpretaciones de su figura hayan variado según los ciclos políticos de cada país.

Fuera del ámbito político, la figura de Roosevelt penetró en la cultura popular de habla hispana a través del cine, la literatura y el periodismo. Las crónicas de los corresponsales enviados a Washington durante el New Deal, los noticiarios cinematográficos que llegaban a las salas de la región y la posterior traducción de biografías y ensayos contribuyeron a moldear un retrato que oscila entre el estadista providencial y el pragmático calculador. La admiración que su viuda, Eleanor Roosevelt, suscitó entre los círculos progresistas hispanoamericanos prolongó esta presencia más allá de la muerte del presidente.

En la actualidad, historiadores y analistas políticos latinoamericanos suelen invocar el New Deal y el liderazgo de Roosevelt como referencia inevitable en debates sobre cómo gestionar crisis económicas profundas o cómo reequilibrar la relación entre el Estado y el mercado. Esta frecuencia de cita, más de ochenta años después, atestigua la huella que el trigésimo segundo presidente de los Estados Unidos dejó en la memoria colectiva del mundo hispanohablante.


  1. El rechazo del Porcellian Club ha sido interpretado por biógrafos como una señal de que Roosevelt, pese a su riqueza, nunca perteneció del todo al círculo más restringido de la élite de Nueva Inglaterra. ↩︎

  2. La constitucionalidad de la Ley del Seguro Social fue confirmada en los casos Steward Machine Company vs. Davis y Helvering vs. Davis, ambos fallados en mayo de 1937, poco después de la controversia por el court-packing. ↩︎

  3. El primer ministro, más partidario de preservar los imperios coloniales europeos, chocó repetidamente con Roosevelt en asuntos como la descolonización y el futuro de la India, aunque ambos subordinaron sus diferencias a la conducción de la guerra. ↩︎

  4. El proyecto de ley Costigan‑Wagner de 1934‑1935 habría tipificado el linchamiento como delito federal, pero Roosevelt se negó a apoyarlo abiertamente por temor a perder el respaldo de los congresistas sureños necesarios para aprobar el resto del New Deal. ↩︎

  5. El Tratado de Relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, firmado en 1934, mantuvo sin embargo el arrendamiento a perpetuidad de la base naval de la Bahía de Guantánamo, una cuestión que ha seguido siendo fuente de conflicto diplomático. ↩︎