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Lestrigones

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Lestrigones
Nombre griegoΛαιστρυγόνες (Laistrygónes)
NaturalezaPueblo de gigantes antropófagos
TerritorioLestrigonia; su ciudad es Telépilo de Lamos
ReyAntífates
EpónimoLestrigón, en una tradición hijo de Poseidón
EpisodioCanto X de la Odisea, versos 80-132
Daño causado a OdiseoLa flota entera salvo su propia nave[nota]
Localización antiguaSicilia oriental (Tucídides, Polibio); «en el centro mismo de la tierra, en Italia y Sicilia» (Plinio)
Escala siguienteLa isla de Eea, morada de Circe

Los lestrigones (en griego Λαιστρυγόνες, Laistrygónes) son, en la mitología griega, un pueblo de gigantes antropófagos con el que Odiseo se topa en su regreso de Troya y que le destruye toda la flota menos una nave apedreándola desde los acantilados de su puerto.[1]

Es el episodio más costoso del viaje y, al mismo tiempo, el más breve: ocupa unos cincuenta versos del canto X de la Odisea y liquida en ellos a la mayor parte de los hombres que Odiseo había sacado de Troya. Todo lo que ocurre después del canto X —Circe, el descenso al Hades, las sirenas, Calipso— le ocurre a una sola tripulación superviviente.

A diferencia de Polifemo, que es un individuo con nombre, padre y biografía, los lestrigones son una colectividad sin rostro: un rey, su mujer, su hija y después «muchos y fuertes lestrigones» que acuden a millares. Esa impersonalidad es justamente lo que hace el episodio tan sombrío, y lo que ha permitido que el nombre se convirtiera en metáfora.

1. Resumen[editar]

Después de escapar del odre de los vientos de Eolo, Odiseo navega seis días con sus noches y llega al séptimo a Telépilo de Lamos, la ciudad de los lestrigones. Encuentra un puerto perfecto: cerrado por acantilados, con una sola bocana estrecha entre dos promontorios y una calma absoluta dentro.

Todos los capitanes meten allí sus naves y las amarran juntas. Odiseo deja la suya fuera, atada a un peñasco en el extremo exterior. El poema no explica por qué, y esa decisión sin motivo declarado es lo único que salva la expedición.

Manda a tres hombres a reconocer el terreno. Estos encuentran junto a una fuente a la hija del rey Antífates, que amablemente les indica la casa de su padre; dentro hay una mujer «alta como la cumbre de un monte». Llama a su marido, que llega, agarra a uno de los tres y se lo empieza a comer.

Los otros dos huyen. Antífates da la alarma y los lestrigones acuden desde toda la ciudad. Desde lo alto de los acantilados arrojan peñascos sobre las naves atrapadas en la ensenada y luego arponean a los hombres en el agua «como si fueran peces» para llevárselos a comer. Odiseo corta la amarra de su nave y sale de allí a golpe de remo. Es el único que se salva, con su tripulación.

2. El nombre y el origen[editar]

Laistrygónes es un nombre sin etimología griega segura. La tradición les dio, como a tantos pueblos míticos, un epónimo: Lestrigón, que una versión hace hijo de Poseidón —lo que los emparentaría con Polifemo por vía paterna.

Su ciudad se llama Telépilo de Lamos. Lamos no vuelve a mencionarse en el poema, y los comentaristas antiguos y modernos han discutido si es el nombre del fundador, el de la comarca o el de la isla. Duris de Samos, en el segundo libro de su Líbica, sostenía que la ciudad de Lamos se llamó así por Lamia, una reina de tierras libias, lo que traslada el mito a otro extremo del Mediterráneo.

Una fuente tardía hace a Polifemo, a Antífates y a un cíclope hijos de Sicano —epónimo de Sicilia—, hijo a su vez de Briareo. Con ello cíclopes y lestrigones quedan emparentados, y los dos episodios caníbales del poema, que Homero había dejado independientes, se convierten en un asunto de familia. Es una operación de ordenamiento posterior, no un dato homérico.

3. El episodio del canto X[editar]

3.1 El país donde no se duerme[editar]

Antes de la matanza, Homero intercala una de las noticias más raras de la Odisea, y conviene reproducirla con exactitud porque se ha discutido durante siglos:

Allí un hombre que no durmiese, podría ganar dos salarios: uno, guardando bueyes; y otro, apacentando blancas ovejas. ¡Tan inmediatamente sucede al pasto del día el de la noche!

Es decir: en Lestrigonia, el pastor que recoge su rebaño llama a otro que sale enseguida con el suyo, porque la noche es tan corta que se puede trabajar dos turnos.

La lectura más difundida entre los comentaristas ve ahí un recuerdo de las noches breves del verano en latitudes altas, llegado a la epopeya por vía de marinos, y la usa como argumento de que la geografía de la Odisea mezcla informaciones de procedencias muy distintas. La lectura alternativa la entiende como un simple rasgo de país fabuloso, sin referente real. El pasaje no permite decidir, y hay que resistirse a la tentación de resolverlo: es literalmente todo lo que el poema dice del asunto.

3.2 La trampa del puerto[editar]

El puerto de Telépilo se describe con precisión de derrotero: rodeado a ambos lados por rocas escarpadas, con riberas prominentes y opuestas que dejan un paso estrecho, sin oleaje ninguno y en calma plácida.

Cualquier marino metería ahí su barco. Todos lo hacen. Odiseo no, y el poema no le atribuye ninguna sospecha ni ninguna advertencia divina: simplemente amarra fuera. Es uno de los pocos momentos en que la supervivencia del héroe no se debe a su astucia ni a un dios, sino a una decisión que el texto deja sin explicar.

Subido a una atalaya, Odiseo no ve labores de bueyes ni de hombres: sólo humo alzándose de la tierra. Es el mismo indicio que encontrará al llegar a la isla de Circe, y en ambos casos manda a explorar en lugar de ir él.

3.3 La emboscada[editar]

Envía a dos hombres y un heraldo. Siguiendo un camino llano por donde las carretas bajaban leña del monte, encuentran cerca de la ciudad a una muchacha que va a por agua a la fuente Artacia: es hija de Antífates. Le preguntan quién es el rey y sobre quiénes reina, y ella les señala la casa de su padre.

La secuencia está construida como una inversión exacta de una escena de hospitalidad. Todos los elementos del recibimiento correcto están en su sitio —la doncella junto a la fuente, la pregunta cortés, la indicación de la casa real— y el resultado es que dentro les espera una gigante que llama a su marido, y que el marido se lleva a uno de los tres y se lo come sin mediar palabra. El mismo esquema que en la cueva de Polifemo: la xenía aparece para ser violada.

3.4 La matanza[editar]

Antífates grita, y acuden lestrigones «que no parecían hombres sino gigantes». Desde las peñas tiran pedruscos muy pesados, y el poema registra el sonido antes que la imagen: se alza en las naves un estruendo deplorable hecho a la vez de los gritos de los que morían y del crujido de los barcos al romperse.

Después los lestrigones bajan y atraviesan a los hombres «como si fueran peces» para llevárselos a un banquete. La comparación con la pesca —arponear cuerpos en el agua de un puerto cerrado— es de las imágenes más frías de la epopeya griega, y su eficacia está en el tono: no hay indignación en el verso, sólo el símil de un oficio.

Odiseo desenvaina, corta las amarras y ordena remar. Sale con una nave. De allí, dice el poema, siguieron adelante «con el corazón triste, escapando gustosos de la muerte aunque perdimos algunos compañeros», y llegaron a la isla Eea, donde vivía Circe.

4. ¿Dónde estaba Lestrigonia?[editar]

La localización de los lestrigones fue objeto de debate ya en la Antigüedad, y el debate se reparte entre dos costas.

Fuente Localización propuesta
Tucídides (VI, 2, 1) Sicilia sudoriental
Polibio (I, 2, 9) Sicilia sudoriental
Plinio el Viejo, Historia natural (VII, 2) «En el centro mismo de la tierra, en Italia y Sicilia»
Duris de Samos, Líbica II Relaciona Lamos con Lamia, reina de tierras libias
Tradición recogida por autores modernos Cerdeña, por el nombre de los Lestriconi, rama del pueblo de los corsos en la costa nororiental de la isla, la actual Gallura

La opción siciliana fue la mayoritaria entre los griegos, que también situaron allí a los cíclopes: para las colonias de la Magna Grecia, poblar de monstruos homéricos el interior de la isla era una manera de escribirse un pasado. En esa línea, algunas autoridades antiguas sostenían que los habitantes de Leontinos, en Sicilia, ocuparon después el territorio que Homero llamaba Lestrigonia; y otra tradición cuenta que los lestrigones sufrieron una derrota devastadora a manos de Heracles cuando este volvía con los bueyes de Gerión, y que sólo sobrevivió un pequeño resto.

Entre las hipótesis modernas, el historiador Angelo Paratico ha propuesto que la leyenda naciera del avistamiento por marinos griegos de los Gigantes de Mont'e Prama, el conjunto de esculturas colosales excavado en Cerdeña.[sin verificar]

Conviene decir con claridad lo que estas discusiones son: intentos de poner un mapa real debajo de una geografía que el poema no construyó para ser localizada. La misma advertencia vale para Ítaca, para la isla de Calipso y para el resto del itinerario.

5. Los lestrigones fuera de Homero[editar]

Ovidio recoge el episodio en las Metamorfosis (XIV, 233 y siguientes), dentro del relato del viaje de Macareo, otro compañero de Odiseo.

En la pintura romana, los lestrigones protagonizan una de las obras maestras de la decoración mural antigua: los llamados Paisajes de la Odisea, hallados en una casa del Esquilino en Roma y conservados en los Museos Vaticanos, fechados entre 60 y 40 a. C. El cuarto panel representa a los lestrigones arrojando rocas sobre la flota de Odiseo. Son una rareza en el arte antiguo: un friso continuo, de paisaje panorámico, en el que las figuras humanas son pequeñas y el protagonista es el terreno. Otro fresco romano de hacia 125 a. C., procedente de la llamada «casa de la via Graziosa», trata el mismo ciclo.

En la ilustración moderna, la serie que John Flaxman grabó para la Odisea en 1810 fijó la imagen neoclásica del episodio.

En James Joyce, el episodio octavo del Ulises lleva por título «Lestrigones»: Leopold Bloom busca dónde almorzar y atraviesa un Dublín obsesionado con la comida. La correspondencia es de método —Joyce asigna a cada capítulo un episodio homérico— y convierte a los gigantes caníbales en los comensales de un restaurante.

6. El verso de Cavafis[editar]

En el mundo hispanohablante, mucha gente que no ha leído la Odisea conoce la palabra lestrigones por una sola vía: el poema Ítaca de Constantino Cavafis, de 1911.

Cavafis nombra juntos a los lestrigones, a los cíclopes y al colérico Poseidón —las tres amenazas del viaje— para decir que el viajero no los encontrará en el camino si no los lleva dentro de sí. La operación es una inversión completa del sentido homérico: en el poema griego, los lestrigones son un peligro exterior, objetivo y letal, que aniquila once tripulaciones de hombres que no habían hecho nada; en Cavafis se convierten en un estado de ánimo.

Esa lectura, difundida en español por las traducciones del poema y por la versión que Lluís Llach compuso en catalán en 1975, es hoy la más conocida, y ha vuelto el nombre casi un sinónimo de miedo interior. El artículo de Ítaca trata con detalle la fortuna del poema en España e Hispanoamérica.

7. Véase también[editar]

  • Odiseo — el único capitán que amarró fuera del puerto.
  • Odisea — el poema; el episodio ocupa el canto X, versos 80-132.
  • Polifemo — el otro caníbal del viaje, emparentado con ellos por una tradición tardía.
  • Circe — la escala inmediatamente posterior, ya con una sola nave.
  • Ítaca — el destino, y el poema de Cavafis que los volvió metáfora.
  • Calipso · Homero · Guerra de Troya

Notas[editar]


  1. El poema dice expresamente que Odiseo escapó con su nave porque era la única que no había entrado en el puerto, y que se perdieron las demás. La cifra concreta de once naves destruidas procede del cómputo tradicional de doce con que Odiseo sale de Troya, que no se enuncia dentro de este episodio; las fuentes enciclopédicas consultadas la dan por buena y aquí se recoge con esa procedencia. ↩︎