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Polifemo

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Polifemo
Nombre griegoΠολύφημος (Polýphēmos), «famoso» o «abundante en leyendas»
NaturalezaCíclope; pastor gigante de un solo ojo
PadresPoseidón y la ninfa Toosa, hija de Forcis
MoradaUna cueva en la tierra de los cíclopes, situada por la tradición en Sicilia
Episodio principalCanto IX de la Odisea
Compañeros de Odiseo devoradosSeis, en tres comidas de dos
Cegado porOdiseo, con una estaca de olivo endurecida al fuego
ConsecuenciaLa cólera de Poseidón, motor de todo el regreso de Odiseo
Segunda tradiciónAmante desdeñado de la nereida Galatea, rival del pastor Acis
En españolFábula de Polifemo y Galatea, de Góngora (1613)

Polifemo (en griego Πολύφημος, Polýphēmos, «famoso» o «abundante en leyendas») es, en la mitología griega, el más célebre de los cíclopes: un gigante pastor de un solo ojo, hijo de Poseidón, que devora a seis compañeros de Odiseo y a quien este ciega con una estaca de olivo para escapar de su cueva.

El episodio, narrado en el canto IX de la Odisea, es probablemente la aventura más conocida de la literatura griega y la que más ha viajado fuera de ella. También es el motor del poema entero: la ceguera de Polifemo desencadena la maldición de su padre Poseidón, y esa maldición —no una serie de azares— es lo que mantiene a Odiseo diez años fuera de Ítaca.

Polifemo tiene además una segunda biografía, incompatible con la primera y casi tan influyente: la del gigante enamorado de la nereida Galatea, que la corteja con una flauta desde lo alto de una roca y mata por celos a su rival, el pastor Acis. Esa versión, que procede de la poesía helenística y llega a la modernidad por Ovidio, es la que produjo en español uno de los grandes poemas de la lengua: la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora.

1. Resumen[editar]

En la Odisea, Polifemo no es un monstruo de leyenda sino un ganadero. Vive solo en una cueva con sus ovejas y sus cabras, ordeña, cuaja la leche, coloca los cabritos junto a sus madres y cierra la entrada con una roca. Homero se detiene en esas faenas con una minucia casi documental, y ese realismo doméstico es lo que hace insoportable el resto: entre una tarea y la siguiente, agarra a dos hombres y los cena.

El interés del episodio no está en la lucha, que no existe, sino en el procedimiento. Odiseo no puede matarlo mientras duerme, porque sólo el cíclope puede mover la roca de la entrada y quedarían encerrados con el cadáver. Tiene que resolver dos problemas seguidos —cegarlo sin matarlo, y luego salir— y los resuelve con dos ardides distintos: el nombre falso y los carneros.

El primero es un juego de palabras que sólo funciona en griego: Odiseo dice llamarse Οὖτις, Nadie, de modo que cuando los otros cíclopes preguntan desde fuera quién lo está matando, la respuesta —«Nadie me mata»— los hace marcharse tranquilos.

El error viene después. Ya embarcado y a salvo, Odiseo no se resiste a gritar su verdadero nombre. Polifemo lo reconoce, recuerda una profecía antigua y pide a su padre Poseidón que aquel hombre no vuelva nunca a casa; o que, si el destino lo tiene decidido, vuelva tarde, mal, en nave ajena, sin ninguno de sus compañeros y para encontrar nuevas desgracias en su propia casa. Las cuatro cosas se cumplen exactamente. La maldición de Polifemo no es una amenaza: es el índice del resto del poema.

2. El nombre y la familia[editar]

El nombre Polýphēmos se entiende como «famoso» o «abundante en leyendas» —literalmente, aquel de quien mucho se habla—, que es una ironía sostenida en el caso de un personaje cuya derrota consiste precisamente en no saber pronunciar el nombre de quien lo venció.

En la Odisea es hijo de Poseidón y de la ninfa Toosa, hija de Forcis. Esa paternidad es lo único del personaje que el poema necesita: sin ella, cegar a un pastor no tendría consecuencias.

Las fuentes tardías lo emparentan además con los otros caníbales del poema. Una tradición hace a Polifemo, a Antífates —el rey de los lestrigones— y a un tercer cíclope hijos de Sicano, epónimo de Sicilia e hijo a su vez de Briareo; de ese modo cíclopes y lestrigones resultan parientes, lo que ordena a posteriori dos episodios que Homero había dejado sueltos.

De su unión con Galatea, en la tradición posterior, nacería Gálato, epónimo de los gálatas; otra versión les atribuye tres hijos —Gálato, Celto e Ilirio—, epónimos respectivamente de gálatas, celtas e ilirios. Son genealogías fabricadas para dar antepasado prestigioso a pueblos que los griegos consideraban bárbaros.

No debe confundirse con el otro Polifemo, hijo de Élato, uno de los argonautas, que ayudó a Heracles a buscar a Hilas y fue abandonado con él por el Argo.

3. Los cíclopes de la Odisea[editar]

Antes de presentar a su cíclope, Homero describe a la especie, y lo hace por lo que le falta. Los cíclopes no conocen leyes, ni agricultura organizada, ni asambleas, ni instituciones políticas; cada uno vive aislado con su familia y dicta la norma en su propia cueva. Para la mentalidad griega eso es la definición exacta de lo contrario de una ciudad.

Esa presentación no es decorativa: convierte el episodio en una prueba sobre la xenía, la hospitalidad sagrada que obliga a anfitrión y huésped. Odiseo entra en la cueva y espera —contra el consejo de sus hombres, que preferían coger queso y marcharse— porque cuenta con recibir los dones que un anfitrión debe a un extranjero. Polifemo, interrogado sobre el asunto, contesta que los cíclopes no se cuidan de Zeus ni de los dioses bienaventurados porque son más fuertes que ellos. Acto seguido demuestra qué clase de regalo de hospitalidad piensa hacer.

El poema se cuida además de negarle a Polifemo cualquier atenuante de ignorancia: es el propio cíclope quien enuncia la regla al despreciarla.

4. El episodio del canto IX[editar]

El relato lo cuenta Odiseo en primera persona ante los feacios, lo que conviene no olvidar: es el propio interesado quien narra su astucia y su error.

4.1 La cueva[editar]

Odiseo deja las naves en un islote y cruza con una sola. Escoge a doce de sus mejores hombres y lleva consigo un odre de vino negro y dulce, regalo de Marón, hijo de Evantes y sacerdote de Apolo en Ismaro, a quien Odiseo había salvado con su mujer y sus hijos durante un saqueo anterior. Marón le había dado siete talentos de oro, una crátera de plata y doce ánforas de un vino tan fuerte que se mezclaba con veinte partes de agua. Ese vino es, en la práctica, el arma del episodio, y el poema lo introduce con toda esta genealogía para que el lector entienda que Odiseo no improvisa: lleva encima algo que nadie en aquella isla ha probado nunca.

Encuentran la cueva vacía, llena de quesos, corderos y cabritos separados por edades, con vasijas y canastas rebosando. Los compañeros piden llevarse lo que puedan y salir. Odiseo se niega: quiere ver al dueño y ver qué le da.

Al anochecer llega Polifemo con el rebaño, tapa la entrada con un peñasco que veintidós carros no habrían movido, ordeña, cuaja la mitad de la leche y pone a cada cría junto a su madre. Sólo entonces ve a los hombres y pregunta quiénes son. Ante la respuesta de Odiseo —que invoca a Zeus protector de los suplicantes—, se levanta de golpe, agarra a dos, los estrella contra el suelo «cual si fuesen cachorrillos» y se prepara con ellos la cena.

A la mañana siguiente agarra a otros dos para el almuerzo, saca el ganado y vuelve a cerrar la cueva desde fuera, con los hombres dentro. Al atardecer repite la escena con otros dos. En total, seis.[1]

4.2 La estaca[editar]

En el suelo del establo hay una clava de olivo verde que el cíclope había cortado para usarla cuando se secara. Homero la compara con el mástil de un barco mercante de veinte remos. Odiseo corta de ella una estaca, la afila, la endurece al fuego y la esconde bajo el estiércol.

Después echa a suertes quién lo ayudará. Salen cuatro, exactamente los que él habría elegido, y con él son cinco.

4.3 «Nadie»[editar]

Esa noche, tras la tercera cena, Odiseo se acerca con una copa del vino de Marón. El cíclope la bebe, pide más, la bebe tres veces y, complacido, ofrece un regalo de hospitalidad y pregunta el nombre. Odiseo responde:

Nadie es mi nombre.

Polifemo promete entonces su don: se comerá a Nadie el último, después de sus compañeros. Y se derrumba borracho, vomitando vino con trozos de carne humana.

4.4 La ceguera[editar]

Los cinco hombres meten la estaca en el rescoldo hasta que el olivo verde está a punto de arder, la sacan y se la clavan en el ojo. Homero describe la operación con dos comparaciones tomadas de oficios manuales, y el efecto es deliberado: el acto más atroz del poema se cuenta con el vocabulario de un taller.

  • El taladro. Los hombres hacen girar la estaca en el ojo como los carpinteros barrenan el maderamen de un barco, con una correa que se tira por ambos extremos para que la broca dé vueltas sin parar.
  • La fragua. El silbido del ojo al quemarse se compara con el del hierro al rojo que un broncista sumerge en agua fría para templarlo, «pues eso es lo que da fuerza al hierro».

Polifemo se arranca la estaca ensangrentada y llama a gritos a los otros cíclopes, que acuden y preguntan desde fuera qué le pasa y si alguien lo está matando. Él responde que lo mata Nadie. Los cíclopes concluyen que se trata de una enfermedad enviada por Zeus, le recomiendan rezar a su padre Poseidón y se van.

4.5 Los carneros[editar]

Ciego, Polifemo quita la roca y se sienta en la entrada con los brazos extendidos para palpar lo que salga.

Odiseo ata los carneros de tres en tres con mimbres: el del centro lleva a un hombre debajo y los dos laterales lo ocultan. Para sí reserva el carnero mayor del rebaño, al que se agarra por el vellón, bocarriba y colgado bajo su vientre.

De ahí sale una de las páginas más extrañas del poema. El carnero grande sale el último, y Polifemo, palpándolo, le habla: le pregunta por qué sale detrás de todos, si antes iba siempre el primero, si acaso echa de menos el ojo de su señor, «a quien cegó un hombre malvado con sus perniciosos compañeros, perturbándole las mientes con el vino, Nadie». Y añade que ojalá el animal pudiera hablar y decirle dónde se esconde. El monstruo confía su pena a un carnero que lleva encima, sin saberlo, al hombre que se la causó.

4.6 El error[editar]

Ya en la nave y a distancia de un grito, Odiseo se vuelve y se burla. Polifemo arranca la cima de un monte y la arroja: cae delante de la proa y la ola devuelve el barco a la orilla. Los compañeros le suplican que se calle. Odiseo no se calla, y grita su nombre completo:

Ulises Laertíada, [...] Habito en Ítaca.

Es el gesto que da al episodio su verdadera dimensión. Hasta ese momento el héroe había ganado siendo Nadie; en cuanto reclama el crédito de su hazaña, se la entrega a su enemigo. Un anónimo no puede ser maldecido.

5. La profecía de Télemo y la maldición[editar]

Al oír el nombre, Polifemo suspira y recuerda: hubo entre los cíclopes un adivino, Télemo Eurímida, que envejeció profetizando y que le había vaticinado que perdería la vista a manos de Ulises.

El detalle que sigue es de los mejores del poema. Polifemo confiesa que esperaba a un hombre alto, gallardo y de mucha fuerza, y que lo ha cegado «un hombre pequeño, despreciable y sin vigor» después de emborracharlo. Lo que lo humilla no es la profecía cumplida, sino su formato.

Entonces alza las manos al cielo y reza a Poseidón:

concédeme que Ulises, el asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Ítaca, no vuelva nunca a su palacio. Mas si le está destinado que ha de ver a los suyos y tornar a su bien construida casa y a su patria, sea tarde y mal, en nave ajena, después de perder todos los compañeros, y encuentre nuevas cuitas en su morada.

Conviene leer esa petición con el poema entero delante, porque se cumple en sus cuatro cláusulas: Odiseo vuelve diez años tarde; vuelve mal; vuelve en nave ajena, la de los feacios; vuelve sin un solo compañero; y encuentra su casa ocupada por los pretendientes. La Odisea posterior no es una sucesión de contratiempos, sino la ejecución literal de esta plegaria.

Después Polifemo lanza un segundo peñasco, mayor, que cae detrás del barco y por poco no acierta al timón. La ola empuja la nave hacia adelante y esta vez la salva.

De regreso al islote, en el reparto del ganado robado, los compañeros asignan a Odiseo el carnero grande como parte extra. Él lo sacrifica a Zeus. El poema añade, con sequedad, que el dios no hizo caso del sacrificio y que ya meditaba cómo perderían todas las naves.

6. Interpretaciones[editar]

El triunfo de la astucia. La lectura clásica opone la mētis —la inteligencia práctica, la treta— a la fuerza bruta, y hace del episodio el manifiesto del héroe que vence pensando. Es correcta, pero incompleta: el poema se encarga de mostrar que la misma facultad que salva a Odiseo lo condena, porque el juego de palabras y la fanfarronada salen del mismo carácter.

El nombre. Toda la aventura gira sobre nombrar y no nombrar. Odiseo se salva anulando su nombre y se arruina recuperándolo. El héroe cuyo epíteto es «el de muchos ardides» descubre aquí que la identidad tiene un precio.

La civilización y su contrario. La descripción inicial de los cíclopes —sin leyes, sin asambleas, sin arado— convierte la cueva en una tesis: donde no hay ciudad, no hay hospitalidad; donde no hay hospitalidad, el extranjero es comida.

Boccaccio y la lectura moral. En la tradición alegórica medieval, Boccaccio explicó que Polifemo se dijera hijo de Neptuno por la fuerza y el carácter implacable heredados del mar agitado —un «Neptuno humano»—, y leyó su tamaño y su ojo único como imagen de la concentración de todo el poder en la propia voluntad, sin consideración por nadie más.

7. Polifemo enamorado: Acis y Galatea[editar]

La segunda vida del personaje empieza cuando la poesía helenística decide que un monstruo también puede sufrir.

El primero en tratar el amor desdichado de Polifemo por Galatea, nereida, fue Filóxeno de Citera en su ditirambo Cíclope o Galatea, entre los siglos V y IV a. C. Le siguió el siciliano Teócrito, con dos poemas escritos hacia 275 a. C., en los que el cíclope canta su pena sentado junto al mar y acaba recomendándose a sí mismo que se cure con trabajo.

La versión que fijó el mito para Occidente es la de Ovidio en las Metamorfosis, y su aportación decisiva fue inventar a Acis: un joven pastor siciliano amado por Galatea. En Ovidio, el cíclope celoso mata a Acis arrojándole un peñasco, y Galatea convierte su sangre en un río de Sicilia que lleva su nombre, de modo que el muchacho pasa a ser un dios fluvial.

El triángulo —el monstruo que canta, la ninfa que lo desprecia y el pastor al que aplasta— resultó ser una máquina perfecta para la ópera y la pintura, y a partir del Renacimiento se representó sin descanso.

8. Polifemo en la literatura española[editar]

Éste es el capítulo que más importa a un lector hispanohablante, porque el mito produjo en castellano una obra de primer orden.

La Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora y Argote circuló en copias manuscritas en 1613 y recrea el relato de Ovidio (Metamorfosis XIII, 740-897). Pertenece al género antiguo del epilio, un poema épico breve a medio camino entre la gran narración homérica y la escena de género, más descriptivo que narrativo: los elementos de acción están al servicio de la descripción, y lo visual y lo plástico dominan el texto.

Su modernidad, señalan los estudiosos, está en una renuncia: Góngora no somete el mito a una intención moral ni didáctica, como habían hecho casi todos sus predecesores en el género. Y su ampliación característica respecto de las fuentes es un relato que nadie había intentado antes: el proceso completo del enamoramiento de Acis y Galatea y su culminación sensual.

Góngora leyó a fondo la tradición previa. Además de Teócrito y Ovidio en el original, pesan sobre el poema los humanistas italianos Giovanni Gioviano Pontano, que había introducido matices sensuales en la historia; Giovan Battista Marino; y Tommaso Stigliani, del que procede la amplificación de las estrofas LV a LVIII. De Ovidio pudo manejar también las versiones de Anguillara y de Sánchez de Viana.

No fue el único. En castellano, el mito había pasado antes por Cristóbal de Castillejo, que tradujo la fábula ovidiana en una composición titulada Canto de Polifemo, y por el prebarroco Luis Carrillo y Sotomayor, autor de una Fábula de Acis y Galatea. Y tuvo la consagración definitiva que en el Siglo de Oro suponía la burla: el poeta cómico Francisco Bernaldo de Quirós publicó una parodia con el mismo título en sus Obras… (Madrid, 1656).

9. Polifemo fuera de Homero[editar]

Eurípides, El Cíclope. Es el único drama satírico griego conservado íntegro, y reescribe el episodio en clave cómica: Polifemo, muy borracho, se insinúa a un aterrado Sileno.

Virgilio, Eneida III. Después de la guerra, Eneas y los suyos llegan a la isla de los cíclopes y encuentran a Aqueménides, un compañero de Odiseo que se quedó atrás en la huida y lleva meses escondido. Lo recogen; Polifemo, ciego, los detecta y da un clamor que conmueve el océano y alerta a los demás cíclopes, y los troyanos escapan por poco. El pasaje es una glosa deliberada de Homero: Virgilio vuelve al mismo lugar unos días después y cuenta lo que quedó allí.

Otras formas breves. El personaje circuló, fuera de la epopeya, en un ditirambo de Filóxeno de Citera, un epigrama de Calímaco y un diálogo cómico de Luciano de Samosata.

10. En el arte y en la música[editar]

Pintura y cerámica. La escena de la ceguera aparece ya en la cerámica griega de figuras negras, y la huida bajo los carneros hacia el año 500 a. C. En la Edad Moderna, Odiseo en la cueva de Polifemo de Jacob Jordaens (primera mitad del siglo XVII) representa la vertiente homérica, mientras que el fresco Polifemo y Galatea de Annibale Carracci en el Palacio Farnesio de Roma (1597-1605) fija la iconografía del gigante enamorado.

Ópera y música. El mito de Acis y Galatea es uno de los argumentos más frecuentados del barroco musical: Lully compuso Acis et Galatée; Georg Friedrich Händel, la cantata Aci, Galatea e Polifemo y, en 1718, la ópera Acis y Galatea con libreto de John Gay, Alexander Pope y John Hughes; y Nicola Porpora, una ópera titulada Polifemo.

En la lengua. De este episodio procede la palabra cíclope en su uso común, y con ella toda una familia de metáforas sobre la desproporción y la visión única.

En pantalla. En La Odisea de Christopher Nolan, estrenada en julio de 2026, Polifemo se realizó mediante captura de interpretación, con Bill Irwin como intérprete del personaje.

11. Véase también[editar]


  1. La cifra está enumerada sobre el texto del canto IX y no estimada: Polifemo come compañeros de Odiseo en tres ocasiones y dos cada vez —la cena de la primera noche, el almuerzo de la mañana siguiente y la cena de la segunda noche—, lo que da seis. Los resúmenes divulgativos suelen mencionar sólo las dos primeras comidas y dejar el total en cuatro. ↩︎