Sarah Bernhardt
| Nombre de nacimiento | Henriette-Rosine Bernardt |
| Nacimiento | 22 de octubre de 1844 París, Francia |
| Fallecimiento | 26 de marzo de 1923 (78 años) Établissement Belle-Isle, París, Francia |
| Causa de muerte | Uremia |
| Sepultura | Cementerio del Père Lachaise |
| Nacionalidad | Francesa |
| Ocupación | Actriz, pintora, escultora, escritora |
| Años activa | 1862 - 1923 |
| Empleador | Comédie-Française, Théâtre de l'Odéon, Théâtre Sarah Bernhardt |
| Cónyuge | Ambroise Aristide Damala (matr. 1882; fall. 1889) |
| Parejas | Henri, príncipe de Ligne[sin verificar] |
| Hijos | Maurice Bernhardt |
| Distinciones | Estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood (1960) |
1. Resumen[editar]
Sarah Bernhardt fue una actriz francesa de teatro y cine, ampliamente considerada como la más célebre actriz del siglo XIX y una de las primeras celebridades globales de la historia del espectáculo.[1] Apodada "La Divina Sarah", su estilo declamatorio, su presencia magnética en el escenario y su dominio de la técnica dramática la convirtieron en un referente absoluto de la tragedia y el melodrama romántico. A lo largo de seis décadas de carrera, interpretó los papeles femeninos más exigentes del repertorio clásico francés, entre ellos Fedra, Doña Sol en Hernani y Marguerite Gautier en La dama de las camelias, este último su interpretación más emblemática, que repitió por más de cuarenta años.
Más allá de la actuación, Bernhardt cultivó la pintura, la escultura y la escritura, actividades en las que alcanzó un reconocimiento público inusual para una mujer de su tiempo. También fue empresaria teatral: dirigió el Théâtre de la Renaissance, el Théâtre des Nations (rebautizado como Théâtre Sarah Bernhardt) y compañías itinerantes con las que recorrió los cinco continentes. Sus giras, meticulosamente organizadas y promocionadas, le dieron fama planetaria y la llevaron a escenarios de
Estados Unidos, Rusia, Egipto, Australia y buena parte de América Latina. En países como
Brasil,
Argentina y Chile, sus visitas causaron conmoción social y tuvieron un impacto duradero en la escena teatral y en la prensa cultural.
Falleció el 26 de marzo de 1923 en París, a los 78 años, tras una larga enfermedad renal. Continuó trabajando hasta meses antes de su muerte, incluso tras la amputación de su pierna derecha en 1915, interpretando recitales poéticos y escenas dramáticas desde una silla. Su funeral fue un acontecimiento de masas en la capital francesa y su legado ha sido analizado en innumerables biografías, obras de ficción y estudios académicos.
2. Primeros años y formación[editar]
2.1. Orígenes familiares y nacimiento[editar]
Henriette-Rosine Bernardt nació en París, en un entorno familiar complejo y de raíces transnacionales. Su madre, Judith-Julie Bernardt (también conocida como Youle), era una cortesana de origen neerlandés que frecuentaba los círculos artísticos y mundanos de la capital francesa.[2] La identidad de su padre biológico es incierta: algunas fuentes señalan a un oficial naval de El Havre, otras a un estudiante de derecho o a un comerciante de origen alsaciano. Lo que parece seguro es que Bernhardt nunca contó con una figura paterna estable.
La niña fue enviada a temprana edad a un internado en Auteuil, cerca de París, y posteriormente a una institución conventual en Versalles. Fue en el convento donde recibió su primera instrucción formal y donde ocurrió un episodio que ella misma narraría como fundacional: su interpretación apasionada del papel de un arcángel en una obra religiosa, que causó admiración entre las monjas y las internas.
2.2. Ingreso en el Conservatorio[editar]
En 1859, cuando tenía alrededor de quince años, su madre y sus tutores decidieron que se formara como actriz. Se dice que el duque de Morny, medio hermano de Napoleón III y figura influyente del Segundo Imperio, intercedió para que la joven Rosine pudiera presentarse a las pruebas del Conservatorio de París. Previamente, había recibido clases particulares con el actor Alexandre-Édouard Pujol.
Ingresó en el Conservatorio de París en el otoño de 1860, donde recibió formación en dicción, declamación y técnica dramática. En el concurso de salida de 1861 obtuvo un segundo premio en tragedia, lo que le abrió las puertas de la institución teatral más prestigiosa del país: la Comédie-Française.
3. Trayectoria artística[editar]
3.1. Primeros años en la Comédie-Française (1862-1866)[editar]
Bernhardt debutó como actriz profesional el 1 de agosto de 1862 en la Comédie-Française, en el papel de Ifigenia de la obra homónima de Jean Racine. Esa velada no fue bien recibida por la crítica, que la consideró aún inmadura en su manejo de la escena.[sin verificar] Durante los años siguientes, su carrera en la compañía fue discreta. Interpretó papeles menores en obras de Molière, Corneille y Racine, sin llegar a destacar de manera contundente.
Una disputa con una actriz más veterana durante la celebración del natalicio de Molière precipitó su renuncia abrupta en 1866. Al parecer, Bernhardt abofeteó a la actriz Marie Royer después de una discusión, y se negó a disculparse públicamente. Este acto de orgullo, que pudo haber arruinado su carrera, terminó por forjar la leyenda de su temperamento insumiso.
3.2. Ascenso en el Odéon (1866-1872)[editar]
Tras un breve periodo sin contrato fijo, fue contratada por el Théâtre de l'Odéon, la segunda sala pública más importante de París, bajo la dirección de Félix Duquesnel y Charles de Chilly. Allí vivió uno de los períodos más formativos de su carrera, consolidando su técnica y ganando madurez interpretativa.
Sus grandes éxitos en el Odéon comenzaron con el papel de Ana Damby en Kean (1868), de Alexandre Dumas padre. Pero la consagración definitiva llegó con Le Passant (1869), de François Coppée, donde interpretó a un joven trovador, Zanetto, en uno de los primeros y más celebrados papeles masculinos de su carrera. La obra fue un éxito rotundo y le valió el reconocimiento del público intelectual parisino.
Durante la guerra franco-prusiana de 1870-1871, el Odéon fue transformado en hospital de campaña. Bernhardt, motivada por su fervor patriótico, se quedó allí asistiendo a los heridos, ganándose una imagen pública de heroína nacional. Poco después, en 1872, interpretó a la Reina de
España en Ruy Blas de Victor Hugo, función que el propio autor presenció y por la que la calificó de "voz de oro", un apodo que la acompañaría el resto de su vida.[3]
3.3. Regreso y triunfo en la Comédie-Française (1872-1880)[editar]
En 1872, Bernhardt fue readmitida en la Comédie-Française con todos los honores. Esta segunda etapa la consagró como la primera actriz trágica del momento. Su interpretación de Fedra en la obra de Racine, estrenada en 1873, fue aclamada por la crítica y considerada la cima del arte dramático francés. Su Fedra no era la de una víctima pasiva de la fatalidad, sino una mujer devorada por una pasión ardiente y consciente de su destino, una lectura que escandalizó a ciertos sectores puritanos pero que conquistó a una nueva generación de espectadores.
Durante estos años añadió a su repertorio Hernani de Victor Hugo (como Doña Sol), Zaire de Voltaire y La dama de las camelias de Alexandre Dumas hijo, la que sería su obra más representada. Su Marguerite Gautier se convirtió en el arquetipo de la cortesana redimida por el amor, un personaje con el que se identificó públicamente y que interpretó de manera intermitente hasta sus últimos años.
3.4. Actriz-empresaria: giras globales y teatros propios (1880-1900)[editar]
En 1880, insatisfecha con las restricciones contractuales de la Comédie-Française, Bernhardt rompió nuevamente con la institución y fundó su propia compañía teatral. Esto dio inicio a una carrera como actriz-empresaria sin precedentes en el teatro europeo. Arrendó el Théâtre de la Renaissance en 1893 y, más tarde, en 1899, asumió la dirección del Théâtre des Nations, en la Place du Châtelet de París, al que rebautizó como Théâtre Sarah Bernhardt (hoy Teatro de la Ville).
Sus giras internacionales fueron legendarias. En 1880-1881 recorrió Estados Unidos y Canadá, cosechando un éxito apoteósico. Entre 1886 y 1889 visitó Brasil, Argentina, Chile,
Uruguay,
México y Cuba, en una de las giras teatrales más ambiciosas de la época.[4] En países como Argentina, su llegada a Buenos Aires en 1886 fue un acontecimiento nacional: se organizaron recepciones diplomáticas, se editaron álbumes fotográficos y la prensa le dedicó suplementos enteros. Interpretó Fedra, La dama de las Camelias y Adriana Lecouvreur, entre otras obras, en francés, ante públicos mayoritariamente no francófonos, pero que entendían su arte como un lenguaje universal.
También visitó Rusia, Egipto y Australia, en una trayectoria geográfica que ningún otro actor o actriz había emulado. Se estima que en 1905 recorría anualmente distancias superiores a 40.000 kilómetros.
3.5. Últimos años y cine mudo (1900-1923)[editar]
En las primeras décadas del siglo XX, Bernhardt sumó un nuevo medio a su arte: el cine mudo. Participó en varias películas, entre ellas Le duel d'Hamlet (1900), uno de los primeros intentos de grabar actuaciones teatrales con sonido sincronizado, y Les Amours de la reine Élisabeth (1912), un largometraje de gran éxito comercial en Estados Unidos.[5] También intervino en Jeanne Doré (1915) y en el corto Sarah Bernhardt à Belle-Isle (1912), este último un documental sobre su vida privada.
En 1915, una lesión mal tratada en la rodilla derecha desembocó en gangrena, lo que obligó a amputarle la pierna por encima de la rodilla. La operación se llevó a cabo en Burdeos. Lejos de retirarse, continuó actuando en escenas acostada o sentada, y realizó una gira por Estados Unidos en 1916 en la que interpretó a autores como Racine y Molière desde una silla ricamente ornamentada, especialmente diseñada para la ocasión.
Su última gran actuación en París tuvo lugar en 1922, en la obra La Voyante, de Sacha Guitry. Murió pocos meses después, en marzo de 1923, en su residencia parisina. Sus restos fueron velados con honores casi de Estado y decenas de miles de parisinos acompañaron el cortejo fúnebre hasta el cementerio del Père Lachaise.
4. Estilo y características[editar]
4.1. Técnica declamatoria[editar]
Bernhardt pertenecía a la tradición del gran estilo declamatorio francés, que privilegiaba el verso alejandrino, la dicción impecable y una gesticulación codificada para expresar las pasiones humanas. Su voz, descrita por críticos de la época como "dorada" y de un timbre excepcionalmente flexible, le permitía transitar con facilidad de la ternura lírica al estallido trágico. Aunque algunos detractores modernos (como George Bernard Shaw) consideraban su estilo anticuado frente al naturalismo emergente, sus contemporáneos admiraban la musicalidad de su fraseo y la precisión con la que podía matizar cada sílaba.
4.2. Presencia escénica y roles masculinos[editar]
Su presencia en el escenario era magnética. Delgada, esbelta, con una melena rizada y una capacidad innata para el gesto dramático, Bernhardt construía cada personaje como una escultura viviente. Uno de los rasgos más comentados de su carrera fue su afición por los papeles masculinos. Además de Zanetto en Le Passant, interpretó a Hamlet en una producción de 1899 y a Napoleón II en L'Aiglon (1900), de Edmond Rostand. Su elección de roles masculinos fue leída por sectores conservadores como una provocación, pero también le granjeó la admiración de intelectuales y artistas que veían en ella la superación de las convenciones de género del teatro decimonónico.
4.3. Excentricidad y culto a la personalidad[editar]
Bernhardt cultivó una imagen de artista excéntrica que alimentó el mito. Se dice que dormía en un ataúd y que recibía a sus admiradores en un salón lleno de objetos exóticos y animales disecados.[6] Esta construcción de una personalidad enigmática fue un componente esencial de su éxito global: Bernhardt no solo representaba personajes, sino que se representaba a sí misma como una obra de arte total.
5. Obra plástica y literaria[editar]
Además de su faceta actoral, Bernhardt fue una notable pintora y escultora. Expuso en el Salón de París en varias ocasiones, algo poco habitual para una mujer en el siglo XIX. Su obra escultórica más conocida es un busto de Émile Zola, realizado en bronce.
También escribió libros. Sus memorias, Ma double vie (1907), son una fuente invaluable para conocer el mundo teatral de la Belle Époque, aunque los historiadores recomiendan leerlas con cautela, pues la actriz tiende a embellecer o fabular ciertos episodios de su vida. Publicó asimismo una novela, Petite idole (1920), y varias obras de teatro.
6. Palmarés y récords[editar]
- Giras internacionales: Realizó al menos 9 grandes giras mundiales visitando Europa, Norteamérica, Sudamérica, África del Norte y Australia.
- Estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood: 1960, en la categoría de cine, ubicada en 1751 Vine Street.
- Teatros con su nombre: El Théâtre Sarah Bernhardt de París (hoy Théâtre de la Ville) es el más famoso, pero existen salas con su nombre en varias ciudades del mundo. Se cuentan al menos dos: una en Niza y otra en Buenos Aires.
- Miembro de la Legión de Honor: Recibió la Legión de Honor en 1914, una de las primeras actrices en obtenerla.[sin verificar]
7. Vida pública y legado[editar]
7.1. Compromiso político y social[editar]
Bernhardt fue una firme defensora de causas como la revisión del caso Dreyfus. Fue abiertamente dreyfusista, apoyando a Émile Zola y al capitán Alfred Dreyfus durante el affaire que dividió a Francia. Esta toma de posición le valió enemistades en la derecha nacionalista, pero consolidó su imagen de mujer libre e intelectualmente comprometida.
7.2. Legado y posteridad[editar]
El legado de Sarah Bernhardt es múltiple. Para el teatro, encarnó la cúspide del arte declamatorio trágico y sirvió de modelo a generaciones de actrices. Para la cultura de la celebridad, inventó una forma de relación con la prensa y el público que anticipó las estrategias de fama del siglo XX. Para la historia de las mujeres, fue un ejemplo de autonomía profesional y artística en una sociedad que relegaba a las actrices a un estatus moral ambiguo.
Su vida ha sido llevada al cine y a la televisión en numerosas ocasiones.
8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
8.1. Giras por América Latina[editar]
Sarah Bernhardt visitó América Latina en al menos dos grandes giras. La primera, entre 1886 y 1887, la llevó a Brasil (Río de Janeiro, São Paulo), Uruguay (Montevideo), Argentina (Buenos Aires) y Chile (
Valparaíso, Santiago). La segunda, entre 1888 y 1889, amplió el itinerario incluyendo escalas en México y Cuba.
En Argentina su presencia tuvo un impacto descomunal. En Buenos Aires, su estancia dio lugar a recepciones fastuosas, a la edición de postales conmemorativas y a un fenómeno de imitación estética entre las mujeres de la alta sociedad.
8.2. Doblaje y recepción de su obra cinematográfica[editar]
Las películas de Bernhardt se proyectaron en salas de toda Hispanoamérica en las primeras décadas del siglo XX. Al tratarse de cine mudo, no requirieron doblaje de voces, pero sí existieron versiones musicalizadas especialmente para las exhibiciones en México y Argentina.
8.3. Referencias en la literatura hispanoamericana[editar]
Además de Darío, otros escritores iberoamericanos hicieron referencia a Bernhardt. José Martí la mencionó en algunas de sus crónicas neoyorquinas. El mexicano Amado Nervo le dedicó un poema y, en el ámbito español, Benito Pérez Galdós la conoció en París y escribió sobre ella en términos admirativos. La huella de Bernhardt puede rastrearse en la admiración que los modernistas hispanoamericanos sintieron por su capacidad de sintetizar belleza, exotismo y teatralidad.
La Biblioteca Nacional de Francia conserva una de las colecciones más completas de documentos sobre su vida y su obra, incluyendo manuscritos, correspondencia y objetos personales. ↩︎
La condición de cortesana de su madre y el origen judío-neerlandés de la familia son temas que la propia Bernhardt abordó de forma elusiva en sus memorias, Ma double vie (1907). ↩︎
La expresión exacta de Victor Hugo fue "voix d'or", pronunciada al parecer en el camerino de Bernhardt tras una función. ↩︎
Las giras latinoamericanas de Bernhardt están documentadas en las crónicas de Rubén Darío, José Martí y otros modernistas, quienes la consideraban un fenómeno escénico irrepetible. ↩︎
Se cree que intervino en al menos ocho producciones cinematográficas entre 1900 y 1923, aunque varias de ellas se consideran perdidas. ↩︎
La anécdota del ataúd ha sido rebatida por biógrafos modernos, que la consideran una exageración difundida por la propia actriz para promover su leyenda. ↩︎