José Martí
1. Resumen[editar]
José Julián Martí Pérez (La Habana, 28 de enero de 1853 – Dos Ríos, 19 de mayo de 1895) fue un poeta, ensayista, periodista, filósofo, traductor y político cubano, reconocido como el Héroe Nacional de Cuba y una de las figuras intelectuales más influyentes de América Latina. Está considerado el iniciador, junto a Rubén Darío y otros autores, del modernismo literario en lengua española, una corriente que renovó la poesía y la prosa hispanoamericanas a finales del siglo XIX.
Martí dedicó su vida a la causa de la independencia de Cuba del dominio colonial español. Fundó el Partido Revolucionario Cubano en 1892 y organizó la llamada «Guerra Necesaria» (1895-1898), la última fase de las luchas independentistas cubanas. Murió en uno de los primeros combates de esa contienda, en la zona de Dos Ríos, lo que lo convirtió en mártir de la causa independentista.
Como escritor dejó una obra vasta que abarca poesía —con títulos como Ismaelillo (1882), Versos sencillos (1891) y Versos libres—, ensayos filosóficos y políticos de largo alcance, crónicas periodísticas sobre los
Estados Unidos de la época, literatura infantil y un abundante epistolario. Su ensayo «Nuestra América» (1891) sigue siendo un texto fundacional del pensamiento latinoamericanista y antiimperialista. Su pensamiento integra una ética humanista, una visión estética renovadora y un compromiso político radical con la libertad y la justicia.[1]
2. Primeros años y formación[editar]
2.1. Origen familiar[editar]
José Martí nació en La Habana el 28 de enero de 1853, hijo de Mariano Martí y Navarro, oriundo de Valencia,
España, y de Leonor Pérez y Cabrera, natural de Santa Cruz de Tenerife, Islas
Canarias. El matrimonio había emigrado a Cuba en busca de mejores condiciones de vida. Don Mariano, sargento de artillería en el ejército español, desempeñó luego el oficio de celador en distintos barrios habaneros. La familia atravesó estrecheces económicas durante buena parte de la infancia del futuro prócer.[2]
2.2. Primeras letras y conciencia política[editar]
En 1865 ingresó en la Escuela Municipal de Varones de La Habana, dirigida por el poeta y pedagogo de origen venezolano Rafael María de Mendive[3], quien se convirtió en su primer mentor intelectual. Mendive detectó de inmediato las capacidades del joven Martí y le brindó una educación literaria y filosófica que excedía el currículo oficial. También lo introdujo en los círculos de pensamiento independentista que proliferaban en la Cuba de aquellos años.
El 10 de octubre de 1868 estalló la primera guerra de independencia cubana, conocida como la Guerra de los Diez Años, liderada por Carlos Manuel de Céspedes en el ingenio La Demajagua. Martí tenía 15 años y el acontecimiento marcó a fuego su conciencia política. En enero de 1869, con apenas 16 años, publicó su primer texto de contenido político en el periódico manuscrito El Diablo Cojuelo, y poco después el soneto «10 de Octubre» y el poema dramático Abdala, donde un joven nubio da la vida por defender a su patria del invasor —una clara alegoría de la situación cubana.
2.3. Prisión y primer destierro[editar]
En octubre de 1869 una delación condujo a las autoridades a registrar el domicilio de los Martí, donde hallaron correspondencia comprometedora. Martí fue detenido y sometido a un consejo de guerra. En el juicio, celebrado el 4 de marzo de 1870, el joven de 17 años asumió su propia defensa y pronunció un alegato en el que reivindicó el derecho de Cuba a la independencia. Fue condenado a seis años de presidio político.
Cumplió parte de la condena en las canteras de San Lázaro, en La Habana, realizando trabajos forzados en condiciones brutales. La experiencia lo dejó marcado de por vida y dañó su salud: sufría de una afección crónica en la ingle producida por el roce de los grilletes.[4] En septiembre de 1870, por gestiones de su familia y debido a su precario estado de salud, la pena le fue conmutada por el destierro a España.
3. Trayectoria[editar]
3.1. Primer exilio en España (1871-1874)[editar]
Llegó a Madrid en 1871 y pronto se matriculó en la Universidad Central (hoy Universidad Complutense), donde cursó estudios de Derecho y Filosofía y Letras. Simultáneamente, frecuentó los círculos republicanos y liberales de la capital española y trabó amistad con intelectuales y políticos progresistas. En Madrid publicó El presidio político en Cuba (1871) y el ensayo La República Española ante la revolución cubana (1873), donde abogaba por una salida política al conflicto colonial.[5]
En 1873 se trasladó a
Zaragoza, donde continuó sus estudios universitarios. Ese mismo año proclamada la Primera República Española, Martí depositó breves esperanzas en un giro de la política colonial que no llegó a materializarse. Concluidos sus estudios en 1874, emprendió un periplo europeo que lo llevó por Francia e Inglaterra antes de cruzar el Atlántico hacia América.
3.2. México y Guatemala (1875-1878)[editar]
A principios de 1875 desembarcó en Veracruz y se reunió con su familia en Ciudad de México, donde su padre había encontrado trabajo. Utilizando el seudónimo «Orestes», comenzó a colaborar en periódicos como El Federalista y Revista Universal, en los que publicó crónicas, crítica literaria, traducciones y artículos de opinión. En muy poco tiempo se ganó reconocimiento en los medios culturales mexicanos. Allí conoció a quien sería su esposa, Carmen Zayas Bazán, una joven cubana también exiliada.[6]
En 1877 un golpe de Estado en México —el ascenso al poder de Porfirio Díaz— modificó el clima político del país. Martí, que había manifestado simpatías por el gobierno depuesto de Lerdo de Tejada, decidió aceptar una oferta para trasladarse a
Guatemala. Llegó a la capital guatemalteca en marzo de 1877 y fue contratado como profesor de literatura francesa, inglesa, italiana y alemana en la Escuela Normal Central. También impartió clases de historia de la filosofía en la Universidad de San Carlos. En Guatemala trabó una intensa amistad con la joven María García Granados, la «Niña de Guatemala» de sus futuros versos, quien falleció poco después de la partida del poeta. Esa historia quedaría inmortalizada en uno de sus poemas más conocidos.[7]
3.3. Regreso a Cuba, segunda deportación y Venezuela (1878-1881)[editar]
La Paz de Zanjón (febrero de 1878) puso fin a la Guerra de los Diez Años sin conceder la independencia a Cuba. Amnistiado, Martí regresó a La Habana y se empleó en un bufete de abogado al tiempo que conspiraba activamente en los círculos revolucionarios. Fue detenido nuevamente en septiembre de 1879 y deportado a España por segunda vez. Escapó a Francia y de allí viajó a Nueva York, ciudad a la que llegó en enero de 1880.
En 1881, tras una brevísima estancia en
Venezuela, donde fundó la Revista Venezolana —la publicación solo duró dos números debido a la censura del gobierno de Antonio Guzmán Blanco—, decidió establecerse de forma definitiva en Nueva York. Allí residiría durante los siguientes 14 años, el período más intensamente productivo de su vida literaria y política.
3.4. Años neoyorquinos (1881-1895)[editar]
En Nueva York, Martí desplegó una actividad incesante. Escribió regularmente para periódicos hispanoamericanos como La Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires y Partido Liberal de México, enviando crónicas sobre la vida en Estados Unidos que constituyen una de las observaciones más lúcidas que un latinoamericano haya producido sobre el coloso del norte.[8] En ellas analizaba tanto el dinamismo industrial, tecnológico y cultural del país como sus profundas desigualdades sociales y su vocación expansionista.
En la metrópoli neoyorquina nacieron sus principales libros de poesía. Ismaelillo (1882), dedicado a su hijo, inauguró una sensibilidad poética nueva en la lírica hispánica: versos cortos, imágenes novedosas y una musicalidad que rompía con la retórica heredada del romanticismo. Versos sencillos (1891) es quizá su poemario más popular, gracias en buena parte a que uno de sus poemas —el que empieza «Yo soy un hombre sincero»— fue musicalizado en forma de guajira para convertirse en la célebre canción Guantanamera. Versos libres, publicado póstumamente en 1913, contiene los poemas de mayor intensidad existencial y estética, concebidos como una rebelión formal contra las ataduras métricas. En prosa, ese período vio la redacción de la novela Amistad funesta (1885, publicada con el seudónimo «Adelaida Ral») y la revista para niños La Edad de Oro (1889), cuatro números que constituyen una obra maestra de la literatura infantil en español.[9]
También en Nueva York ejerció como cónsul de
Argentina,
Uruguay y
Paraguay, y representó diplomáticamente a varias repúblicas latinoamericanas. Participó en las conferencias panamericanas y en los debates sobre la unidad continental. Su ensayo «Nuestra América» (1891), publicado en Nueva York y México, representa la síntesis de su pensamiento continental: un llamado a los pueblos hispanoamericanos a conocerse a sí mismos, a gobernarse con soluciones propias y no con recetas importadas, y a prevenir la amenaza expansionista del «gigante de las siete leguas», su metáfora para los Estados Unidos.
3.5. Organización de la Guerra de Independencia (1892-1895)[editar]
A partir de 1890, Martí centró sus energías en la unidad de las fuerzas independentistas cubanas. Comprendió que el esfuerzo debía ser colectivo y aunó voluntades dispersas: los veteranos de la Guerra de los Diez Años, las sociedades patrióticas de emigrados en Estados Unidos y el Caribe, y los nuevos activistas. El 10 de abril de 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano (PRC), cuyo programa quedó plasmado en las Bases del Partido Revolucionario Cubano y en el Manifiesto de Montecristi, este último firmado conjuntamente con Máximo Gómez el 25 de marzo de 1895.
La estrategia marciana descansaba en tres pilares: una organización política centralizada pero democrática, una vasta red de clubes patrióticos en las comunidades cubanas del exilio que financiaran la empresa, y la conducción militar en manos de los generales veteranos, principalmente Máximo Gómez y Antonio Maceo. Martí enfatizó siempre que la guerra debía ser breve, generosa con el adversario español y libre de caudillismos para fundar una república «con todos y para el bien de todos».
En enero de 1895 zarpó de Nueva York hacia el Caribe para sumarse a la insurrección. El 11 de abril de 1895 desembarcó en Playitas de Cajobabo, en la costa sur de la actual provincia de Guantánamo, junto a Máximo Gómez y un reducido grupo de expedicionarios. Durante semanas atravesaron la manigua oriental, integrándose a las fuerzas mambisas que ya estaban operando en la región.
3.6. Muerte en Dos Ríos[editar]
El 19 de mayo de 1895, en la llanura de Dos Ríos, cerca de Palma Soriano, la columna que dirigían Gómez y Martí se encontró con una partida del ejército español comandada por el coronel José Ximénez de Sandoval. Martí, a pesar de que Gómez le había indicado que permaneciera en la retaguardia debido a su condición de delegado civil, se lanzó al combate junto a sus compañeros. Recibió tres balazos y cayó de su caballo. Su cuerpo fue recuperado por los españoles y enterrado en el cercano pueblo de Remanganagua; posteriormente sus restos fueron trasladados a Santiago de Cuba, donde reposan en el cementerio de Santa Ifigenia.
La muerte de Martí en su primer combate de envergadura lo consagró como mártir de la independencia cubana y dotó a la revolución de un símbolo moral de resonancia continental. Su caída confirmó, en la práctica, la doctrina que había defendido toda su vida: que la palabra debía estar respaldada por la acción y que el verdadero liderazgo político no se ejercía desde la retaguardia cómoda sino desde el compromiso absoluto.
4. Obra literaria[editar]
4.1. Poesía[editar]
La poesía de Martí se sitúa en el umbral del modernismo hispanoamericano. Aunque conserva elementos del romanticismo —el tono confesional, el paisaje interior—, introduce un trabajo formal revolucionario: verso libre, yuxtaposición de imágenes, sintaxis entrecortada, léxico insólito y una sensorialidad que anticipa a Rubén Darío. Sus tres grandes poemarios marcan una progresión hacia una voz cada vez más desnuda y personal:
- Ismaelillo (1882): quince poemas breves dedicados a su hijo José Francisco. Domina la ternura, el júbilo paterno y una imaginería de delicadeza inédita en la poesía hispánica de ese momento. Está considerado por la crítica como el punto de partida del modernismo.[10]
-
Versos sencillos (1891): cuarenta y seis poemas de arte menor, predominantemente octosílabos, que evocan con aparente sencillez las experiencias del poeta en Cuba, España, México y Estados Unidos. La combinación de la estrofa XXV («Yo soy un hombre sincero»), musicalizada por Julián Orbón (música) y popularizada por Pete Seeger y después por decenas de intérpretes bajo el título de Guantanamera, ha convertido a estos versos en un patrimonio universal.
-
Versos libres (póstumo, 1913): escritos entre 1878 y 1882 pero no publicados en vida del autor. Son poemas de entonación grave, versos endecasílabos blancos, en los que Martí da rienda suelta a sus «dolores de hombre»: la angustia existencial, la lucha entre el ideal y la realidad, el sentimiento del deber. Contiene algunos de sus poemas más célebres, como «Dos patrias» y «Yugo y estrella».
Además de estos tres títulos nucleares, Martí dejó una cantidad considerable de poemas de circunstancias y cuadernos inéditos. En 1891 publicó en Nueva York Flores del destierro, una colección de menor unidad compositiva pero que reúne textos de distintas épocas.
4.2. Prosa[editar]
La prosa de Martí incluye ensayos políticos y filosóficos, crítica literaria y artística, crónicas periodísticas, discursos, narrativa y literatura infantil. Entre los ensayos mayores destacan:
- «Nuestra América» (1891): texto programático del latinoamericanismo. Llama a conocer y gobernar la realidad propia, desconfiar de las élites que ignoran al pueblo y unir las repúblicas hispanoamericanas frente a la amenaza del expansionismo estadounidense.
- «El presidio político en Cuba» (1871): denuncia de las condiciones carcelarias y alegato contra la injusticia colonial.
- «Madre América» (1889): discurso pronunciado ante la Conferencia Internacional Americana, donde advierte sobre los peligros del panamericanismo tutelado por Estados Unidos.
Sus crónicas sobre los Estados Unidos recogidas en las series Escenas norteamericanas constituyen un corpus periodístico excepcional. Martí presenció y narró acontecimientos como la inauguración de la Estatua de la Libertad (1886), el entierro de los mártires de Chicago (1887), las huelgas obreras, las convenciones políticas y las transformaciones urbanísticas de Nueva York.
En el género narrativo, Amistad funesta (1885) es una novela corta de corte psicológico que escribió por encargo. En la literatura infantil, La Edad de Oro (1889) permanece como uno de los hitos indiscutibles del género en español.
4.3. Traducción y labor periodística[editar]
Como traductor, Martí vertió al español a autores como Walt Whitman, Ralph Waldo Emerson, Henry Wadsworth Longfellow, Víctor Hugo y Helen Hunt Jackson, entre muchos otros. Su dominio del inglés, el francés y el italiano le permitió ejercer una tarea de mediación cultural sin parangón en la Hispanoamérica de la época.
Como periodista, colaboró en más de una veintena de diarios y revistas del continente. Su estilo periodístico combinaba precisión informativa, densidad conceptual y una altura literaria que pocos practicantes del oficio han igualado. Las crónicas para La Nación de Buenos Aires, recopiladas en varios volúmenes, cubren un arco temporal que va de 1882 hasta pocos meses antes de su muerte.
5. Pensamiento político[editar]
5.1. Independentismo radical[editar]
Martí concibió la independencia de Cuba no solo como la separación de España sino como la fundación de una república basada en la justicia social, la igualdad racial, la educación universal y la participación democrática. Su principal consigna quedó sintetizada en la frase: «Con todos y para el bien de todos». Rechazó tanto la anexión a los Estados Unidos, que consideraba una amenaza directa a la identidad latinoamericana, como el caudillismo militar que había lastrado a las repúblicas nacientes del continente.[11]
5.2. Antirracismo y visión social[editar]
En un siglo marcado por las teorías raciales pseudocientíficas, Martí sostuvo que «no hay odio de razas, porque no hay razas». Su pensamiento consideraba que la división en razas era un constructo que escondía divisiones de clase y de poder. La república que soñaba para Cuba debía estar libre tanto del predominio blanco excluyente como del temor a una «guerra de razas» que algunos sectores agitaban para perpetuar la dominación colonial. Esta posición fue determinante para lograr que amplios sectores de la población negra y mulata cubana se sumaran al esfuerzo independentista.
5.3. Equilibrio entre libertad y orden[editar]
Martí desconfiaba tanto del autoritarismo como del desorden crónico. Propuso un modelo republicano que equilibrara la libertad individual con un gobierno fuerte pero responsable, elegido democráticamente y sometido al imperio de la ley. En el Manifiesto de Montecristi (1895), firmado junto a Máximo Gómez, insistió en que la guerra debía ser «generosa y culta», respetuosa con los españoles que vivían en Cuba y que no participaran activamente en la represión colonial, y concebida no como una revancha sino como un acto fundacional.
6. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
6.1. Cuba: el Héroe Nacional[editar]
En Cuba, la figura de Martí ocupa el lugar central del panteón patriótico. Fue declarado Héroe Nacional en el siglo XX y su memoria se honra en todos los ámbitos de la vida pública. El aeropuerto internacional de La Habana lleva su nombre, así como la principal plaza de la capital —la Plaza de la Revolución, donde se alza el monumento más imponente que se le ha dedicado—, bibliotecas, escuelas, universidades y parques. Su natalicio, el 28 de enero, es fiesta nacional y se celebra en todas las escuelas con actos cívicos.
La Revolución Cubana de 1959 reivindicó con fuerza la herencia de Martí. Fidel Castro citó profusamente sus textos para enmarcar la lucha contra Fulgencio Batista y, posteriormente, contra Estados Unidos, dentro de la tradición marciana. El Partido Comunista de Cuba reconoce a Martí como «autor intelectual» del asalto al cuartel Moncada (1953), episodio fundacional de la revolución. El Centro de Estudios Martianos, con sede en La Habana, vela por la conservación, edición crítica y difusión internacional de su obra.
6.2. Proyección continental[editar]
En toda América Latina, Martí es reconocido como una de las voces mayores del pensamiento emancipador. «Nuestra América» es lectura canónica en los sistemas educativos de numerosos países, desde México hasta Argentina. La idea de la «Patria Grande» latinoamericana y la advertencia sobre el peligro de la injerencia externa encontraron eco en generaciones posteriores de intelectuales y dirigentes políticos, entre ellos el argentino Manuel Ugarte, el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre y el nicaragüense Augusto César Sandino.
En Estados Unidos, los estudios latinos han revalorizado la figura de Martí como precursor del pensamiento transnacional y de la identidad latina. Vivió en Nueva York más de una década y produjo desde allí una obra que es simultáneamente cubana, latinoamericana y universal.
6.3. Presencia en la cultura popular[editar]
La ya mencionada musicalización de sus Versos sencillos como Guantanamera ha difundido la poesía marciana por el mundo entero. La canción ha sido interpretada por artistas como Pete Seeger, Joan Báez, Celia Cruz, Compay Segundo, José Feliciano y decenas de voces de la música popular. También se han puesto en música otros poemas de Martí; el cantautor cubano Pablo Milanés ha interpretado varios de ellos.
En la televisión y el cine, la vida de Martí ha sido recreada en varias producciones. La película José Martí: el ojo del canario (2010), dirigida por Fernando Pérez, aborda la infancia y juventud del héroe con un enfoque intimista y fue aclamada por la crítica cubana.
6.4. Vigencia en el siglo XXI[editar]
El pensamiento de Martí sigue siendo objeto de debate y de estudio. Su énfasis en el conocimiento de lo propio, su llamado a la unidad latinoamericana y su insistencia en el equilibrio entre los valores materiales y espirituales resuenan en un mundo globalizado donde muchas de sus advertencias sobre la concentración del poder económico y político mantienen plena vigencia. Cada año se publican nuevas ediciones de su obra y estudios académicos sobre facetas específicas de su legado. La cátedra de estudios marcianos no se limita a Cuba: universidades de México, España, Argentina, Venezuela y Estados Unidos mantienen líneas de investigación dedicadas exclusivamente a su obra.
7. Obras principales (selección)[editar]
[ Desplegar / Plegar — Lista de obras ]
Poesía[editar]
- Ismaelillo (1882)
- Versos sencillos (1891)
- Versos libres (escritos entre 1878-1882, publicados póstumamente en 1913)
- Flores del destierro (1891)
- Poemas de circunstancias (recopilación póstuma)
Ensayo político y filosófico[editar]
- El presidio político en Cuba (1871)
- La República Española ante la revolución cubana (1873)
- «Nuestra América» (1891, ensayo publicado en prensa)
- «Madre América» (1889, discurso)
- Manifiesto de Montecristi (1895, con Máximo Gómez)
Periodismo (crónicas)[editar]
- Escenas norteamericanas (recopilación de crónicas publicadas entre 1881 y 1892)
- Correspondencia para La Nación de Buenos Aires, La Opinión Nacional de Caracas y otros periódicos
Literatura infantil[editar]
- La Edad de Oro (1889, cuatro números)
Narrativa[editar]
- Amistad funesta (1885, publicada bajo seudónimo)
Epistolario[editar]
- La correspondencia de Martí, especialmente las cartas a Manuel Mercado, a su madre y a su hermana Amelia, constituye un corpus literario de primer orden.
8. Legado[editar]
José Martí es, junto a Simón Bolívar, la figura que con más autoridad encarna el ideal de la unidad latinoamericana y la vocación de independencia frente a toda forma de dominación colonial o neocolonial. Su obra literaria abrió las puertas del modernismo hispanoamericano y renovó de raíz la lengua poética del continente. Su pensamiento político sigue siendo una referencia viva para quienes debaten sobre el destino de América Latina.
Murió joven —a los 42 años— pero dejó una obra que abarca 27 volúmenes en la edición de sus Obras completas. Esa desproporción entre la brevedad de su vida y la magnitud de su legado lo ha convertido en un mito cultural que trasciende las fronteras de Cuba. En él se funden el poeta, el maestro, el periodista, el filósofo, el diplomático y el revolucionario, y quizás esa fusión sea la clave de su perdurabilidad: Martí encarnó el ideal de que la belleza de la palabra y la justicia de la acción no son dimensiones separadas sino dos caras de una misma moneda.
El intelectual uruguayo José Enrique Rodó lo definió tempranamente como «el hombre más puro de América». La posteridad le ha dado, además, el título de Apóstol de la independencia de Cuba. En el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, su mausoleo recibe cada año a miles de visitantes que rinden homenaje al hombre que soñó una patria «con la dignidad del que la funda y la ternura del que la amamanta».
«Nuestra América» fue publicado por primera vez en el periódico La Revista Ilustrada de Nueva York el 1 de enero de 1891, y luego en
México el 30 de enero del mismo año en El Partido Liberal. ↩︎Martí tuvo siete hermanas, aunque no todas sobrevivieron a la infancia. Las hermanas que llegaron a la edad adulta fueron Ana, Amelia, Antonia, Carmen y María del Carmen. Las condiciones materiales de la familia fueron precarias, lo que marcó la sensibilidad social del joven Martí. ↩︎
Mendive era director del colegio San Pablo, ubicado en la calle Prado n.º 88, y más tarde fue encarcelado por las autoridades españolas debido a sus actividades conspirativas. Martí lo visitó en prisión y nunca dejó de reconocerlo como su maestro más influyente. ↩︎
El propio Martí relató esa experiencia en su ensayo El presidio político en Cuba (1871), publicado en Madrid. La obra es una denuncia estremecedora del sistema penitenciario colonial y un testimonio precoz de su talento literario. ↩︎
Durante su estancia en España también trabajó como traductor y dio clases particulares de idiomas para sostenerse. Concluyó la carrera de Filosofía y Letras pero no llegó a finalizar la de Derecho. ↩︎
El matrimonio tuvo lugar en México el 20 de diciembre de 1877. Del enlace nació un hijo, José Francisco, al que el poeta dedicaría su primer libro de poemas, Ismaelillo. ↩︎
María García Granados y Saborío falleció de tuberculosis en 1878. Martí narró poéticamente esa pérdida en el poema IX de Versos sencillos, que empieza con el verso célebre: «Quiero, a la sombra de un ala, / contar este cuento en flor: / la niña de Guatemala, / la que se murió de amor». ↩︎
Recopiladas en las llamadas Escenas norteamericanas, las crónicas suman más de un centenar de textos. Cubren desde la inauguración del puente de Brooklyn hasta los entresijos de la política estadounidense, pasando por la condición de los pueblos indígenas y el fenómeno migratorio. ↩︎
La Edad de Oro contenía relatos, poemas, ensayos divulgativos, biografías de héroes de la independencia americana y una visión del mundo profundamente ética y estética. La revista estaba pensada «para que los niños sepan cómo se vivía antes y cómo se vive hoy en América y en las demás tierras», según las palabras del propio Martí. ↩︎
Dijo Rubén Darío a propósito de Ismaelillo: «En español, no hay nada que se parezca a la explosión de ternura y de música que es ese libro». ↩︎
En una carta inacabada a su amigo Manuel Mercado, escrita en el campamento de Dos Ríos el 18 de mayo de 1895 —un día antes de morir—, Martí dejó testimonio inequívoco de su temor a la expansión estadounidense: «Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber... de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América». ↩︎