John Maynard Keynes
| John Maynard Keynes | |
|---|---|
| Nombre completo | John Maynard Keynes |
| Nacimiento | 5 de junio de 1883 Cambridge, Inglaterra |
| Fallecimiento | 21 de abril de 1946 Firle, Sussex, Inglaterra |
| Nacionalidad | Británica |
| Campo | Economía, economía política |
| Alma máter | Universidad de Cambridge (King's College) |
| Conocido por | Macroeconomía, economía keynesiana, demanda agregada |
| Cargos notables | Asesor del Tesoro británico, delegado en Bretton Woods |
| Obra cumbre | Teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936) |
1. Resumen[editar]
John Maynard Keynes (Cambridge, 5 de junio de 1883 – Firle, Sussex, 21 de abril de 1946) fue un economista británico cuyo pensamiento transformó la teoría y la práctica de la economía en el siglo XX. Es reconocido como el fundador de la macroeconomía moderna y el artífice de la escuela keynesiana, que postula que los mercados no se corrigen de manera automática y que el Estado debe intervenir —mediante el gasto público y la política fiscal— para mitigar los ciclos de auge y caída.
Keynes alcanzó notoriedad pública por primera vez al criticar el Tratado de Versalles (1919) en su libro Las consecuencias económicas de la paz (1919), donde anticipó que las duras reparaciones impuestas a Alemania desembocarían en inestabilidad. Su obra magna, Teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936), ofreció una respuesta teórica a la Gran Depresión, argumentando que el desempleo masivo era resultado de una insuficiencia de la demanda agregada y no de rigideces salariales. Este planteamiento legitimó el gasto deficitario como herramienta de política pública e influyó de manera directa en el New Deal de Franklin D. Roosevelt y en la construcción del Estado de bienestar posterior a la Segunda Guerra Mundial.[1]
Junto a su labor académica, Keynes fue un servidor público de alto nivel, un inversor exitoso —administró la dotación del King's College— y un miembro destacado del círculo de Bloomsbury. Participó en el diseño de las instituciones de Bretton Woods al final de la Segunda Guerra Mundial y ayudó a sentar las bases del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, aunque se opuso a varios aspectos del acuerdo final. Su legado dominó la política económica de Occidente hasta la crisis de estanflación de los años setenta y experimentó un resurgimiento notable tras la crisis financiera de 2007-2008.
2. Primeros años y formación[editar]
Keynes nació en Cambridge en una familia profundamente ligada a la vida académica. Su padre, John Neville Keynes, era profesor de lógica y economía política en la Universidad de Cambridge y autor de The Scope and Method of Political Economy; su madre, Florence Ada Keynes, fue una reformadora social pionera y una de las primeras mujeres en ocupar el cargo de alcaldesa de Cambridge.[2]
El joven Keynes recibió una beca para estudiar en Eton, donde destacó en matemáticas y en lenguas clásicas. De allí pasó al King's College de Cambridge, donde se graduó en 1905 con un título en Matemáticas. Inicialmente su intención era prepararse para el examen de ingreso al servicio civil británico, pero la influencia de Alfred Marshall —el economista más eminente de la época— lo condujo hacia la economía. Marshall lo instó a abandonar las matemáticas puras y dedicarse a la disciplina que él estaba profesionalizando.[3]
En 1906 obtuvo el segundo puesto en el examen del servicio civil —detalle que Keynes comentaría con ironía durante años, pues su nota más baja fue en economía— y fue destinado a la Oficina de la India, donde trabajó durante dos años. Esa experiencia lo llevó a escribir su primer libro, Indian Currency and Finance (1913), que ya anticipaba su interés por los sistemas monetarios y la gestión macroeconómica. En 1908 renunció al servicio civil y regresó a Cambridge como profesor de economía, apoyado por una plaza en el King’s College que mantendría durante el resto de su vida.
3. Trayectoria[editar]
3.1. La Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles[editar]
Al estallar la Primera Guerra Mundial, Keynes fue llamado de vuelta al servicio público. Ingresó al Tesoro británico, donde escaló rápidamente hasta convertirse en uno de los asesores financieros más influyentes del gobierno. Se le encomendó gestionar las reservas de divisas y negociar créditos con los
Estados Unidos para sostener el esfuerzo bélico aliado.[4]
Al concluir la guerra, Keynes fue designado representante del Tesoro en la Conferencia de Paz de París, donde se negociaba el Tratado de Versalles (1919). Keynes se opuso desde el principio a la magnitud de las reparaciones que se pretendía imponer a Alemania. Sostenía que el monto era económicamente inviable: Alemania no podía generar los excedentes de exportación necesarios para pagar sin destruir su economía y, con ello, la estabilidad del continente europeo entero. Al ver que sus argumentos no eran escuchados —los franceses, en particular Georges Clemenceau, exigían el máximo castigo—, Keynes renunció a su cargo en junio de 1919 y regresó a Cambridge.
En pocos meses escribió Las consecuencias económicas de la paz, un libro que combinaba el análisis económico con retratos devastadores de los líderes de la conferencia (Clemenceau, Lloyd George y Woodrow Wilson). El libro fue un éxito de ventas inmediato en ambos lados del Atlántico y convirtió a Keynes en una celebridad intelectual. Su predicción de que el tratado sembraría las semillas de una nueva guerra resultó profética a la luz de los acontecimientos que llevaron a la Segunda Guerra Mundial.
3.2. Los años de entreguerras[editar]
Durante los años veinte, Keynes se dedicó a la docencia en Cambridge, a la dirección financiera del King's College y al periodismo económico. Escribió regularmente para el Manchester Guardian y otras publicaciones, y se convirtió en un comentarista influyente sobre los problemas monetarios de la posguerra.
En 1923 publicó Breve tratado sobre la reforma monetaria, donde atacó el empeño británico —defendido por economistas como Friedrich Hayek y la escuela austriaca— de restaurar el patrón oro a la paridad de preguerra. Keynes argumentó que esa política, que finalmente adoptó el entonces canciller del Exchequer Winston Churchill en 1925, sobrevaluaba la libra esterlina y condenaba a la industria británica a la pérdida de competitividad y al desempleo crónico. Los hechos posteriores le dieron la razón: las exportaciones británicas se desplomaron y en 1926 estalló la huelga general.
En 1930 publicó el Tratado sobre el dinero, una obra de transición en la que exploraba la relación entre el crédito, la inversión y el ciclo económico, y que anticipaba algunos conceptos de su obra posterior. Durante esta década Keynes también diversificó sus intereses: fue tesorero de la Universidad de Cambridge, miembro activo del grupo de Bloomsbury, inversor en el mercado de valores —en el que sufrió pérdidas severas en el crash de 1929 pero logró recuperarse ampliamente— e impulsor de proyectos culturales, entre ellos el Arts Theatre de Cambridge.
3.3. La Teoría General y la Gran Depresión[editar]
El acontecimiento que definió la madurez intelectual de Keynes fue la Gran Depresión. Mientras la economía mundial se hundía y el desempleo alcanzaba niveles sin precedentes, la teoría económica ortodoxa —la llamada ley de Say, según la cual la oferta crea su propia demanda— no ofrecía respuestas satisfactorias. Keynes dedicó varios años de trabajo intenso a formular un marco teórico alternativo.
El resultado fue la Teoría general del empleo, el interés y el dinero, publicada en 1936. La obra rompió con la economía clásica al desplazar el foco del análisis de la oferta a la demanda agregada. Keynes mostró que una economía podía permanecer atrapada en un equilibrio de subempleo durante largo tiempo si la inversión privada era insuficiente para absorber el ahorro a pleno empleo. La raíz del problema no estaba en los salarios excesivos, como sostenían los clásicos, sino en la incertidumbre radical sobre el futuro —lo que Keynes llamó «el estado de las expectativas a largo plazo»— que deprimía el «animal spirit» de los empresarios.[5]
La conclusión práctica era que el Estado debía intervenir para cerrar la brecha: en tiempos de desempleo masivo, el gasto público —incluso financiado con déficit— podía reactivar la economía mediante el efecto multiplicador. La política fiscal no era un paliativo, sino el instrumento principal de estabilización macroeconómica.
La acogida del libro fue mixta entre los economistas mayores, pero caló con fuerza entre la generación joven, en particular en los Estados Unidos. Economistas como Alvin Hansen y Paul Samuelson adaptaron las ideas keynesianas al contexto norteamericano y construyeron lo que más tarde se conoció como la «síntesis neoclásica». Para cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el keynesianismo era la nueva ortodoxia en ciernes.
3.4. La Segunda Guerra Mundial y Bretton Woods[editar]
Durante la Segunda Guerra Mundial, Keynes volvió al servicio del Tesoro británico como asesor principal. Una de sus tareas clave fue diseñar el sistema financiero mediante el cual Gran Bretaña pagaría sus compras de armamento a los Estados Unidos. También publicó en 1940 el panfleto Cómo pagar la guerra, en el que proponía un sistema de ahorro forzoso y racionamiento para contener la inflación sin deprimir la capacidad productiva.
Sin embargo, su legado más perdurable de este período fue su participación en la Conferencia de Bretton Woods, celebrada en New Hampshire en julio de 1944. Keynes lideró la delegación británica y presentó un ambicioso plan para crear una moneda internacional —el «bancor»— gestionada por una cámara de compensación que impusiera ajustes simétricos tanto a países deficitarios como a superavitarios. La propuesta fue rechazada en favor del plan estadounidense, defendido por Harry Dexter White, que dio lugar al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. Keynes aceptó el resultado a regañadientes, pero advirtió que un sistema basado en el dólar como moneda de reserva podía generar desequilibrios a largo plazo. A pesar de su decepción, pronunció un célebre discurso de clausura instando a las delegaciones a hacer funcionar las nuevas instituciones.
4. Obra y pensamiento[editar]
4.1. Fundamentos de la economía keynesiana[editar]
El núcleo del pensamiento keynesiano puede resumirse en un conjunto de proposiciones interrelacionadas. Primero, el nivel de empleo no está determinado en el mercado de trabajo sino en el mercado de bienes y servicios: lo que las empresas producen y contratan depende de la demanda que esperan. Segundo, la demanda agregada se compone de consumo e inversión, y la inversión privada es intrínsecamente volátil porque depende de expectativas a largo plazo que no pueden anclarse a ningún cálculo objetivo. Tercero, el ahorro no es una virtud en todas las circunstancias: si en una recesión todos intentan ahorrar más, la demanda se contrae aún más y la economía puede entrar en una espiral descendente —la llamada «paradoja del ahorro».
Estas ideas tenían consecuencias directas para la política económica. Frente a una recesión, la receta keynesiana era que el gobierno debía aumentar el gasto o reducir impuestos para sostener la demanda, incluso si eso generaba déficit temporal. En sentido inverso, en épocas de auge el gobierno debía aplicar políticas contractivas para enfriar la economía y contener la inflación. Este enfoque de «política fiscal anticíclica» rompía con el principio de presupuesto equilibrado que había sido dogma de las finanzas públicas hasta entonces.
4.2. Principales obras[editar]
Keynes fue un escritor prolífico y un polemista formidable. Su bibliografía incluye obras académicas, libros de divulgación y una enorme cantidad de artículos periodísticos y panfletos. A continuación se recogen sus libros más importantes.
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- Indian Currency and Finance (1913). Análisis del sistema monetario de la India colonial británica y propuesta de reformas. Es su primer libro y refleja su experiencia en la Oficina de la India.
- The Economic Consequences of the Peace (1919). La crítica demoledora del Tratado de Versalles que lo lanzó a la fama internacional. Traducido a múltiples idiomas, su éxito editorial le dio independencia financiera.
- A Treatise on Probability (1921). Originalmente su tesis doctoral, es una obra filosófica que desarrolla una teoría lógica de la probabilidad distinta de la interpretación frecuentista. Influyó en su concepción de la incertidumbre radical en economía.
- A Tract on Monetary Reform (1923). Defensa de la estabilidad de precios y ataque al patrón oro. Contiene su frase más citada sobre el largo plazo: «En el largo plazo todos estaremos muertos».
- A Treatise on Money (1930, dos volúmenes). Exploración de la relación entre dinero, crédito y ciclo económico. Introduce conceptos como la «ecuación fundamental» del nivel de precios.
- The General Theory of Employment, Interest and Money (1936). Su obra cumbre. Replantea los fundamentos de la teoría macroeconómica y proporciona el marco analítico para la política fiscal anticíclica.
- How to Pay for the War (1940). Propuesta de financiamiento bélico con mecanismos de ahorro forzoso para evitar inflación.
4.3. Relación con el liberalismo[editar]
Keynes se consideraba a sí mismo un liberal, pero un liberal en el sentido británico del término —lo que en el continente europeo se llamaría liberalismo social— y no un partidario del laissez faire. En un ensayo de 1926 titulado «El fin del laissez faire»publicado en 1926, argumentó que el capitalismo sin regulación no tendía de manera natural al pleno empleo ni a la distribución justa de la renta. No abogaba por la abolición del mercado ni por la propiedad estatal de los medios de producción —en ese sentido no era socialista— sino por un Estado activo que corrigiera los fallos del mercado y garantizara unas condiciones macroeconómicas estables dentro de las cuales la iniciativa privada pudiera florecer.
Esta posición lo situó en conflicto con dos frentes. Por un lado, los economistas clásicos y luego los neoliberales —como Friedrich Hayek y más tarde Milton Friedman— lo acusaron de abrir la puerta a la expansión desmesurada del Estado. Por otro, los socialistas lo consideraban un reformista burgués que quería salvar al capitalismo de sus propias contradicciones. Keynes respondió a las críticas socialistas al final de la Teoría general afirmando que «la ampliación de las funciones del gobierno» que él proponía era «el único medio practicable de evitar la destrucción total de las formas económicas existentes» y «la condición del funcionamiento exitoso de la iniciativa individual».
5. Estilo, influencias y personalidad[editar]
Keynes no fue un economista de torre de marfil. Combinó la investigación teórica con la participación activa en la vida pública, el periodismo, las finanzas y las artes. Su estilo de escritura —elegante, mordaz, accesible sin sacrificar la complejidad— le permitió llegar a un público mucho más amplio que el de sus colegas académicos. Era conocido por su capacidad de cambiar de opinión cuando la evidencia lo contradecía: «Cuando los hechos cambian, cambio de opinión. ¿Usted qué hace?» es una frase que se le atribuye con frecuencia, aunque su origen exacto es discutido; probablemente se trata de una paráfrasis de declaraciones suyas en la década de 1930.[6]
Su círculo de influencias era amplio. En filosofía, la obra de G. E. Moore —a quien leyó en Cambridge— marcó su juventud y alimentó la convicción de que la vida buena consistía en cultivar las relaciones personales y la apreciación estética, valores que compartía con el grupo de Bloomsbury. En economía, sus referentes iniciales fueron Alfred Marshall y, en menor medida, Knut Wicksell, de quien tomó la distinción entre tasa de interés natural y tasa de interés de mercado. También mantuvo un debate sostenido con Friedrich Hayek en los años treinta; aunque ambos disentían en casi todo, Keynes reseñó favorablemente Camino de servidumbre y mantuvo con Hayek una relación de respeto mutuo que la polarización ideológica posterior a menudo ha oscurecido.
Keynes fue también un inversor notable. Administró la cartera del King's College de Cambridge durante más de dos décadas y la multiplicó en valor real de forma considerable, aunque con oscilaciones bruscas que reflejaban tanto su apetito por el riesgo como su filosofía de inversión orientada al largo plazo. Su pasión por el arte y la cultura lo llevó a presidir la fundación del Arts Theatre de Cambridge y a coleccionar manuscritos de Isaac Newton, sobre quien escribió ensayos históricos.
6. Críticas y controversias[editar]
El pensamiento de Keynes ha sido objeto de críticas intensas desde los años treinta hasta la actualidad. Las principales líneas de ataque pueden agruparse en varias categorías.
En primer lugar, la crítica macroeconómica: Milton Friedman y la escuela monetarista argumentaron que Keynes subestimó el papel del dinero y de las expectativas inflacionarias. La estanflación de los años setenta —alta inflación con alto desempleo— parecía incompatible con la curva de Phillips keynesiana, que postulaba una relación inversa entre estas dos variables. Friedman y Edmund Phelps mostraron que, una vez que los agentes incorporaban expectativas inflacionarias, la relación se desvanecía. Esta crítica llevó a una revaluación del keynesianismo y a la formación de la «nueva economía clásica».[7]
En segundo lugar, la crítica metodológica: Hayek y los economistas de la escuela austriaca sostuvieron que la macroeconomía agregada al estilo de Keynes ocultaba los verdaderos mecanismos de coordinación intertemporal del mercado, que operan a través de la estructura de precios relativos y del capital. Para Hayek, el desempleo no era un problema de insuficiencia de demanda sino de desajuste estructural causado por la expansión artificial del crédito.
En tercer lugar, la crítica política: desde la derecha se acusó a Keynes de haber legitimado el déficit público permanente y la inflación como instrumentos de política. La escuela de la elección pública —encabezada por James Buchanan— desarrolló el argumento de que los políticos, en condiciones normales, tienden a abusar de las herramientas keynesianas: aplican políticas expansivas para ganar elecciones pero rara vez aplican las contractivas cuando toca enfriar la economía, lo que produce un «sesgo deficitario» sistemático.
Desde la izquierda, economistas marxistas como Paul Sweezy argumentaron que Keynes no comprendió la dinámica de acumulación capitalista ni el papel de la lucha de clases, y que sus remedios solo podían funcionar temporalmente porque no abordaban la tendencia subyacente del capitalismo hacia la crisis.
Pese a estas críticas, el keynesianismo ha demostrado una notable capacidad de adaptación. La corriente «nuevo keynesiana» —desarrollada a partir de los años ochenta por economistas como Gregory Mankiw, Joseph Stiglitz y Janet Yellen— incorporó fundamentos microeconómicos (rigideces de precios y salarios, fallos de información) dentro de modelos de equilibrio general, ofreciendo una versión del keynesianismo compatible con los avances de la teoría económica posterior.
7. Vida personal[editar]
Keynes llevó una vida personal que desafiaba las convenciones de su época. Durante su juventud en Cambridge y en Londres, formó parte del grupo de Bloomsbury, un círculo de intelectuales, artistas y escritores —entre ellos Virginia Woolf, E. M. Forster y Lytton Strachey— que rechazaban la moral victoriana y abrazaban una ética de la amistad, la honestidad personal y el cultivo de la sensibilidad estética.
Mantuvo relaciones afectivas con varios hombres en su juventud, entre ellas una relación prolongada con el pintor Duncan Grant. La orientación sexual de Keynes era conocida en su círculo pero se mantuvo dentro de la discreción que imponía la legislación británica de la época —la homosexualidad era ilegal en Inglaterra hasta 1967.
En 1925 contrajo matrimonio con la bailarina rusa Lydia Lopokova, con quien mantuvo una unión afectuosa y estable hasta su muerte. Lopokova era una figura célebre por derecho propio, antigua estrella de los Ballets Rusos de Diághilev, y su carácter vivaz y desinhibido contrastaba con la solemnidad que rodeaba a Keynes en sus círculos académicos. La pareja no tuvo hijos. Su relación fue objeto de cierta perplejidad entre los miembros de Bloomsbury —Virginia Woolf la trató con condescendencia en sus diarios—, pero con el tiempo Lopokova se ganó el respeto del grupo y fue un apoyo decisivo en los años de trabajo agotador que precedieron a la publicación de la Teoría general.[8]
La salud de Keynes fue frágil desde finales de los años treinta. Padeció varias dolencias cardíacas que lo obligaron a reducir su ritmo de trabajo. Falleció de un infarto en su casa de campo de Tilton House, en Firle, Sussex, el 21 de abril de 1946, a los 62 años, pocos meses después de regresar de las agotadoras negociaciones de Bretton Woods.
8. Legado[editar]
8.1. Impacto en la política económica[editar]
El legado de Keynes moldeó la política económica de Occidente durante el cuarto de siglo que siguió a la Segunda Guerra Mundial —la llamada «edad de oro del capitalismo» (c. 1945-1973)—, caracterizada por un crecimiento sostenido, bajo desempleo y la expansión del Estado de bienestar. La idea de que el gobierno debía gestionar la demanda agregada para mantener el pleno empleo se convirtió en el marco de referencia de gobiernos conservadores y socialdemócratas por igual. En Estados Unidos, la Ley de Empleo de 1946 codificó este objetivo; en Europa, la construcción del Estado de bienestar en países como el Reino Unido, Francia y los países nórdicos se apoyó explícitamente en el instrumental keynesiano.
Aunque la estanflación de los años setenta y el auge posterior del monetarismo y el neoliberalismo —liderados por Milton Friedman y las políticas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher— erosionaron el predominio keynesiano, las herramientas fiscales anticíclicas no desaparecieron. Incluso gobiernos de orientación neoliberal aplicaron políticas keynesianas de facto en recesiones profundas.
8.2. Resurgimiento tras la crisis de 2008[editar]
La crisis financiera de 2007-2008 y la subsiguiente Gran Recesión provocaron un retorno masivo al instrumental keynesiano. Los paquetes de estímulo fiscal aprobados en los Estados Unidos (2009, con Barack Obama), China, Japón y varios países europeos respondían a la lógica de sostener la demanda agregada ante el colapso del crédito privado. En los bancos centrales, la adopción de políticas monetarias no convencionales —como la expansión cuantitativa— reflejaba una lectura keynesiana de la trampa de liquidez, aunque ejecutada con instrumentos monetarios y no fiscales.
Este resurgimiento no fue solo práctico sino también académico. La crisis reavivó el interés por la Teoría general y por los trabajos de economistas postkeynesianos como Hyman Minsky, cuya hipótesis de inestabilidad financiera —según la cual los períodos de estabilidad generan un aumento endógeno del endeudamiento y la fragilidad financiera— fue ampliamente discutida en los años posteriores a 2008.
En Europa, sin embargo, la respuesta a la crisis fiscal de varios países de la eurozona (en particular Grecia, Irlanda,
España y Portugal) a partir de 2010 tomó la dirección opuesta: políticas de austeridad fiscal orientadas a restaurar la confianza de los mercados financieros. El debate entre austeridad y estímulo —es decir, entre la receta del Tesoro británico que el propio Keynes criticó en los años veinte y la receta keynesiana de sostener la demanda— dominó la política económica europea durante casi una década.
8.3. Keynes y las instituciones internacionales[editar]
Las instituciones nacidas de Bretton Woods —el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional— representan, pese a no seguir el plan original de Keynes, una materialización parcial de su visión de un orden económico internacional gestionado colectivamente. El FMI, en particular, incorporó la idea keynesiana de que los desequilibrios externos requerían mecanismos de ajuste multilateral y no simplemente políticas deflacionarias en los países deficitarios. Sin embargo, la evolución del FMI hacia políticas de «condicionalidad» —exigiendo recortes fiscales y reformas estructurales a cambio de préstamos— ha sido criticada por economistas de inspiración keynesiana desde los años ochenta.
El debate sobre una moneda internacional sigue vivo. Las recurrentes crisis cambiarias y la inestabilidad del sistema basado en el dólar han llevado a economistas como Joseph Stiglitz y los keynesianos de la UNCTAD a retomar las propuestas de Keynes sobre una cámara de compensación internacional y una moneda de reserva supranacional —propuestas que se discutieron, aunque sin prosperar, durante la crisis de 2008.
8.4. Presencia en la cultura y la academia[editar]
Fuera de los círculos estrictamente económicos, Keynes ha sido objeto de biografías monumentales, como la de Robert Skidelsky, publicada en tres volúmenes entre 1983 y 2000. Su figura aparece en la literatura de Bloomsbury —es personaje secundario en novelas y relatos— y su pensamiento ha sido analizado desde la filosofía, la historia y la ciencia política.
En la enseñanza universitaria, la economía keynesiana constituye uno de los pilares de cualquier curso introductorio de macroeconomía. La Teoría general sigue siendo lectura obligatoria en programas de historia del pensamiento económico, y el debate entre keynesianos y monetaristas —y sus sucesores contemporáneos— estructura la mayor parte de los manuales.
9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
La recepción de Keynes en América Latina y España tiene una historia larga y accidentada. Sus ideas comenzaron a difundirse a partir de los años cuarenta, pero adquirieron relevancia política con el auge del pensamiento desarrollista.
En América Latina, el keynesianismo fue uno de los elementos que nutrió la escuela estructuralista y la teoría de la dependencia, impulsadas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) bajo la dirección de Raúl Prebisch. Prebisch —que no era keynesiano en sentido estricto— incorporó el principio de intervención estatal y de gestión de la demanda en su diagnóstico de las asimetrías del comercio internacional entre el centro y la periferia. Las políticas de industrialización por sustitución de importaciones, que dominaron la región desde los años cuarenta hasta los setenta, tuvieron un componente keynesiano en su énfasis en la demanda interna y el gasto público como motores del crecimiento.
En España, las ideas de Keynes penetraron tardíamente debido al aislamiento del franquismo en sus primeras décadas. A partir de los años cincuenta, economistas como Luis Ángel Rojo y Enrique Fuentes Quintana introdujeron la macroeconomía keynesiana en las universidades españolas. Fuentes Quintana fue una figura central en la aplicación de políticas de estabilización y en la modernización de la economía española durante la transición democrática.
En la actualidad, la obra de Keynes está traducida en su totalidad al español. La edición más utilizada de la Teoría general es la del Fondo de Cultura Económica (
México), publicada por primera vez en 1943 y reeditada en numerosas ocasiones.[9]
Cursos universitarios en economía de prácticamente todos los países hispanohablantes incluyen módulos dedicados a la economía keynesiana. La UNAM en México, la Universidad de Buenos Aires en
Argentina y la Universidad Complutense de Madrid en España mantienen líneas de investigación activas en teoría keynesiana y postkeynesiana. En Argentina en particular, el debate sobre política fiscal, inflación y deuda externa sigue articulándose, en parte, en torno a los marcos keynesianos y sus críticas.
10. Obras principales[editar]
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| Año | Título | Notas |
|---|---|---|
| 1913 | Indian Currency and Finance | |
| 1919 | The Economic Consequences of the Peace | |
| 1921 | A Treatise on Probability | |
| 1922 | A Revision of the Treaty | Continuación de Consecuencias económicas |
| 1923 | A Tract on Monetary Reform | |
| 1926 | The End of Laissez-Faire | Ensayo |
| 1930 | A Treatise on Money | 2 volúmenes |
| 1931 | Essays in Persuasion | Recopilación de artículos |
| 1933 | Essays in Biography | |
| 1933 | The Means to Prosperity | Panfleto sobre políticas contra la crisis |
| 1936 | The General Theory of Employment, Interest and Money | Obra cumbre |
| 1940 | How to Pay for the War | Panfleto sobre financiamiento bélico |
11. Véase también[editar]
- Macroeconomía
- Demanda agregada
- Milton Friedman
- Friedrich Hayek
- New Deal
Aunque el New Deal comenzó antes de la publicación de la Teoría general, el respaldo intelectual de Keynes a las políticas de gasto público fue invocado retrospectivamente para justificar la expansión del programa. El propio Keynes visitó a Roosevelt en 1934 y le entregó un memorando. ↩︎
Los Keynes pertenecían a la clase profesional alta victoriana. Su casa en Harvey Road recibía visitas regulares de académicos como Alfred Marshall, cuya influencia sobre el joven Keynes fue considerable. ↩︎
Según testimonio del propio Keynes, Marshall le dijo: «Si te dedicas a la economía, cambiarás el mundo». La carta de recomendación que Marshall escribió para él se conserva en los archivos del King's College. ↩︎
Su desempeño en el Tesoro le valió la reputación de saber explicar problemas financieros complejos a políticos que no entendían de economía. En 1917 fue condecorado como Compañero de la Orden del Baño. ↩︎
El término original en inglés es animal spirits, que Keynes definió como «un impulso espontáneo a la acción antes que a la inacción». La traducción literal como «espíritus animales» es frecuente en español, pero no captura del todo la idea keynesiana de un instinto empresarial que no es reductible a cálculo racional. ↩︎
La formulación más cercana documentada es una respuesta de Keynes en un debate de 1933, recogida en los Collected Writings: «Cuando cambia la información, yo cambio de conclusión. Usted, señor, ¿qué hace?». ↩︎
La estanflación fue el acontecimiento que más dañó la credibilidad del keynesianismo ortodoxo en los años setenta. Sin embargo, economistas postkeynesianos como Nicholas Kaldor y Joan Robinson señalaron que la estanflación fue causada principalmente por choques de oferta —en particular el aumento del precio del petróleo en 1973— y no por políticas de demanda expansivas. ↩︎
Las cartas entre Keynes y Lopokova, editadas y publicadas póstumamente, muestran una intimidad cálida y un sentido del humor compartido. Lopokova tuvo que renunciar a su carrera de bailarina para instalarse en Cambridge, lo que no siempre fue fácil para ella. ↩︎
La traducción del Fondo de Cultura Económica fue obra de Eduardo Hornedo y ha sido la estándar en todo el ámbito hispanohablante durante décadas. En años recientes han aparecido ediciones conmemorativas y revisiones críticas. ↩︎