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Ronald Reagan

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Ronald Reagan · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
PaísesEstados Unidos · El Salvador · Guatemala · Argentina · España
CiudadesBuenos Aires · Madrid · Bogotá
HistoriaGuerra Fría · Segunda Guerra Mundial
Ronald Reagan
40.° presidente de los Estados Unidos
VicepresidenteGeorge H. W. Bush
PredecesorJimmy Carter
SucesorGeorge H. W. Bush
33.° gobernador de California
Período2 de enero de 1967 – 6 de enero de 1975
PredecesorPat Brown
SucesorJerry Brown
Datos personales
Nombre completoRonald Wilson Reagan
Nacimiento6 de febrero de 1911
Tampico, Illinois, EE. UU.
Fallecimiento5 de junio de 2004 (93 años)
Bel‑Air, Los Ángeles, California, EE. UU.
Causa de muerteNeumonía, complicada por alzhéimer avanzado
NacionalidadEstadounidense
Partido políticoRepublicano (desde 1962)
Demócrata hasta 1962
CónyugesJane Wyman (1940–1949, div.)
Nancy Davis (1952–2004)
HijosMaureen, Christine (fallecida al nacer), Michael (adoptado), Patti, Ron
OcupaciónActor, político, locutor radial
ReligiónCristiano (Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo; después feligrés presbiteriano)

1. Resumen[editar]

Ronald Wilson Reagan (Tampico, Illinois, 6 de febrero de 1911 – Los Ángeles, California, 5 de junio de 2004) fue un actor y político estadounidense que ejerció como el 40.° presidente de los Estados Unidos entre 1981 y 1989, y como el 33.° gobernador de California de 1967 a 1975. Antes de ingresar en la política, desarrolló una carrera de más de dos décadas en Hollywood, donde participó en medio centenar de películas y fue presidente del Sindicato de Actores de Cine (Screen Actors Guild).

Procedente de un hogar modesto del Medio Oeste, Reagan se forjó una imagen de comunicador carismático que le valió el apodo de «el Gran Comunicador». Su presidencia coincidió con un viraje conservador en la política estadounidense y con la fase final de la Guerra Fría. Impulsó una política económica de oferta —conocida como «reaganomics»— basada en fuertes recortes fiscales, desregulación y contención del gasto social, acompañada de un aumento sin precedentes del gasto en defensa. En el plano exterior, pasó de una retórica de confrontación con la Unión Soviética —a la que llamó «el imperio del mal»— a una etapa de negociaciones con Mijaíl Gorbachov que desembocaron en el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (1987) y son vistas como catalizadoras del fin de la Guerra Fría.

Su legado es objeto de debate: sus admiradores le atribuyen la revitalización económica y el desenlace pacífico de la Guerra Fría; sus críticos señalan el incremento de la deuda nacional, la desregulación financiera, la respuesta tardía a la epidemia de sida y las polémicas intervenciones en América Central y otras regiones. En el mundo hispanohablante, su figura está teñida por el apoyo a regímenes militares y a los contras nicaragüenses, así como por la posición adoptada durante la guerra de las Malvinas.

2. Primeros años y formación[editar]

Reagan nació en Tampico, un pequeño pueblo del condado de Whiteside, Illinois.[1] Fue el segundo hijo de John Edward «Jack» Reagan, vendedor de calzado de origen irlandés y católico, y Nelle Clyde Wilson, de ascendencia escocesa e inglesa y miembro activa de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo).[2] La familia se mudó repetidamente por el estado; Ronald recordaría especialmente los años de infancia en Dixon, donde su padre logró cierta estabilidad como comerciante.

En Dixon asistió a la escuela secundaria (Dixon High School) y más tarde ingresó en el Eureka College, una pequeña universidad vinculada a los Discípulos de Cristo, donde estudió economía y sociología y se graduó en 1932. Allí destacó como deportista, actor estudiantil y líder de protestas contra recortes presupuestarios.[3] Para costearse los estudios trabajó como salvavidas en el río Rock; según su propio relato, rescató a 77 personas en ese período, cifra que no ha podido ser verificada de forma independiente.

En 1933, en plena Gran Depresión, comenzó a trabajar como locutor deportivo en emisoras de radio de Iowa, narrando sobre todo partidos de béisbol de los Chicago Cubs, y también de los Chicago White Sox, así como encuentros de fútbol americano universitario. Su estilo elocuente y su habilidad para recrear las jugadas a partir de teletipos —a menudo inventando detalles cuando la transmisión se interrumpía— le dieron notoriedad local y allanaron el camino hacia Hollywood.

3. Carrera como actor (1937–1964)[editar]

En 1937, durante un viaje a California para cubrir los entrenamientos de primavera de los Cubs, Reagan realizó una prueba de cámara para Warner Bros. y firmó un contrato de siete años. Su primer papel cinematográfico llegó ese mismo año en Love Is on the Air (El amor está en el aire[sin verificar]). A lo largo de las dos décadas siguientes participó en más de cincuenta películas, casi siempre en papeles de galán secundario o protagonista en cintas de serie B.

El mayor éxito de crítica lo obtuvo con Kings Row (1942), donde interpretó a un joven cuyas piernas son amputadas por error médico; la línea «¿Dónde está el resto de mí?» se convertiría en una de las más recordadas de su filmografía y dio título a su autobiografía de 1965.[4] La película que más arraigo popular le dio fue Knute Rockne All American (1940), en la que encarnó al futbolista George Gipp y popularizó la frase «Gana uno para el Gipper», luego reutilizada con astucia política. Otros títulos de su etapa en Warner son Santa Fe Trail (1940), Desperate Journey (1942) y This Is the Army (1943).

Durante la Segunda Guerra Mundial, Reagan fue llamado al servicio activo, pero una miopía severa lo relegó a unidades de producción cinematográfica del ejército en Los Ángeles, donde participó en películas de entrenamiento y propaganda. Terminada la contienda, su carrera en el cine fue declinando y se desplazó hacia la televisión: fue maestro de ceremonias del programa General Electric Theater (1954–1962), experiencia que le permitió recorrer el país y afinar sus dotes oratorias ante públicos diversos. Simultáneamente, presidió el Sindicato de Actores de Cine (1947–1952 y 1959–1960), atravesando las tensiones de la era del macartismo; testificó ante el Comité de Actividades Antiamericanas y defendió la colaboración con las investigaciones sobre infiltración comunista en la industria del espectáculo, aunque sin dejarse arrastrar por el extremismo de otras figuras.

En el plano personal, contrajo matrimonio con la actriz Jane Wyman en 1940; tuvieron dos hijas, Maureen y Christine (fallecida al nacer), y adoptaron a Michael. El matrimonio terminó en divorcio en 1949. En 1952 se casó con Nancy Davis, actriz con quien tendría dos hijos, Patti y Ron, y que se convertiría en su compañera inseparable y en una influyente figura dentro de su entorno político. Nancy fue determinante en la construcción de su imagen pública y en la gestión de sus campañas.

4. Gobernador de California (1967–1975)[editar]

El viraje ideológico de Reagan —de demócrata rooseveltiano a republicano conservador— se gestó durante los años cincuenta y cristalizó en 1962, cuando se afilió formalmente al Partido Republicano. El discurso «Un tiempo para elegir» (A Time for Choosing), pronunciado en apoyo al candidato presidencial Barry Goldwater en octubre de 1964, le granjeó el respaldo de los sectores más conservadores y lo catapultó a la política estatal.

En 1966 se presentó como candidato republicano a gobernador de California enfrentando al demócrata Pat Brown. Exhibiendo un estilo directo y prometiendo «devolver el gobierno a los ciudadanos», ganó por un margen de casi un millón de votos (57,5 % contra 42,3 %). Asumió el cargo el 2 de enero de 1967.

Su primera gestión estuvo marcada por una crisis presupuestaria heredada; aplicó un plan de austeridad, congeló contrataciones y elevó temporalmente los impuestos, lo que le valió críticas de sus propios correligionarios. Sin embargo, la medida estabilizó las finanzas y, cuando la economía mejoró, pudo promulgar recortes fiscales y devolver excedentes a los contribuyentes. La reforma del sistema de bienestar social fue uno de sus hitos: endureció los requisitos de acceso y redujo las listas de beneficiarios, en línea con su convicción de que el gobierno debía promover la autosuficiencia.

Su mandato coincidió con la efervescencia contracultural californiana y las protestas estudiantiles, especialmente en la Universidad de California en Berkeley y en la San Francisco State University. Reagan adoptó una posición firme, ordenó despliegues de la Guardia Nacional y se enfrentó a los líderes del movimiento, defendiendo el orden frente al «caos de la nueva izquierda».

Reelegido en 1970 para un segundo mandato, se centró en la desregulación de ciertos sectores, la ampliación de la infraestructura hidráulica —con la conclusión de las obras principales del State Water Project, iniciado bajo su predecesor Pat Brown— y la reforma educativa. Para entonces, ya figuraba en las quinielas presidenciales; en 1968 había intentado sin éxito la nominación republicana y en 1976 desafiaría al presidente en ejercicio Gerald Ford, perdiendo por estrecho margen en una convención muy disputada.

Como gobernador, Reagan dejó una imagen ambivalente: los conservadores lo elogiaban por su retórica de ley y orden y sus recortes de gasto; los sectores progresistas lo acusaban de desmantelar programas sociales y de reprimir a estudiantes. Su paso por Sacramento sería la plataforma que lo proyectó a la presidencia en 1980.

5. Presidencia[editar]

5.1 La elección de 1980 y el primer mandato[editar]

En 1980 Reagan obtuvo la nominación republicana y eligió como compañero de fórmula a George H. W. Bush, antiguo rival en las primarias. La campaña se desarrolló en un clima de estanflación, crisis de los rehenes en Irán y pérdida de prestigio internacional. Reagan centró su discurso en la crítica al «gobierno grande» y en la promesa de restaurar el poderío estadounidense. En el debate televisivo con el presidente Jimmy Carter, su estilo sosegado («Ahí está usted otra vez») desactivó las acusaciones de belicismo.

El 4 de noviembre de 1980 venció con 489 votos electorales (50.7 % del voto popular) contra 49 de Carter. El 20 de enero de 1981, minutos después de su toma de posesión, Irán liberó a los rehenes, lo que muchos interpretaron como una señal de la nueva firmeza de Washington.

Apenas sesenta y nueve días después, el 30 de marzo de 1981, Reagan sufrió un atentado a las puertas del Hotel Hilton de Washington. John Hinckley Jr. le disparó con un revólver del calibre .22, hiriéndolo gravemente en el pulmón izquierdo. La rápida intervención quirúrgica y la entereza que mostró —bromeó con los médicos y con su esposa Nancy— elevaron su popularidad a niveles récord y le proporcionaron un capital político que utilizaría para impulsar su programa económico.

5.2 Política económica: la «reaganomics»[editar]

La piedra angular de la administración Reagan fue la llamada «revolución de la oferta», articulada en cuatro pilares: recortes impositivos a empresas y particulares, desregulación de sectores clave, contención del gasto social y una política monetaria restrictiva a cargo de la Reserva Federal. La Economic Recovery Tax Act de 1981 redujo el tipo máximo del impuesto sobre la renta del 70 % al 50 % en escalones, y reformas posteriores —en especial la Tax Reform Act de 1986— simplificaron el código fiscal y bajaron aún más el marginal superior hasta el 28 %.

Los resultados inmediatos fueron mixtos: la inflación, que había alcanzado el 13,5 % en 1980, descendió drásticamente (por debajo del 4 % hacia 1983), pero a costa de una severa recesión en 1981‑1982 que disparó el desempleo hasta el 10,8 % a finales de 1982. A partir de 1983 la economía inició una vigorosa expansión que se prolongó durante el resto de la década: el PIB creció a tasas medias superiores al 3 % anual, se crearon millones de puestos de trabajo y los mercados bursátiles vivieron un auge histórico.

No obstante, la reducción de ingresos fiscales combinada con el fuerte aumento del gasto militar —que pasó de unos 158 000 millones de dólares en 1980 a más de 300 000 millones en 1989— provocó un déficit presupuestario crónico. La deuda pública nacional se triplicó, transformando a Estados Unidos de mayor acreedor a mayor deudor mundial. Los críticos sostienen que la prosperidad de los años ochenta favoreció desproporcionadamente a los sectores más acomodados y agravó la desigualdad de ingresos; los defensores replican que el crecimiento benefició a todos los estratos y que la década posterior confirmó la competitividad de la economía estadounidense.

5.3 Política exterior y Guerra Fría[editar]

La política exterior de Reagan estuvo dominada por la confrontación con la Unión Soviética. En su primer mandato abandonó la distensión y adoptó un lenguaje de firmeza: en 1983 calificó a la URSS como «el imperio del mal» («evil empire») y anunció la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), un programa de escudos antimisiles basado en tecnología espacial al que la prensa bautizó como «Guerra de las Galaxias». La administración incrementó la ayuda a fuerzas insurgentes anticomunistas en el Tercer Mundo —la llamada Doctrina Reagan— y ordenó la invasión de Granada (1983) tras un golpe de estado pro‑soviético en la isla caribeña.

Con la llegada al poder de Mijaíl Gorbachov en 1985, Reagan supo ajustar el paso. Las cumbres de Ginebra (1985), Reikiavik (1986) y Washington (1987) tejieron una relación personal que desembocó en el Tratado INF, firmado el 8 de diciembre de 1987, que eliminó toda una categoría de misiles nucleares de alcance intermedio. El 12 de junio de 1987, frente a la Puerta de Brandeburgo en Berlín Occidental, pronunció las palabras que darían la vuelta al mundo: «Señor Gorbachov, ¡derribe este muro!» («Mr. Gorbachev, tear down this wall!»). Aunque en su momento fue recibida con escepticismo por algunos sectores diplomáticos, la frase se ha convertido en el emblema retórico del fin de la Guerra Fría.

Las relaciones con América Latina constituyeron un capítulo conflictivo. La administración Reagan percibió la región como un teatro de la rivalidad Este‑Oeste y apoyó abiertamente a gobiernos y fuerzas considerados baluartes anticomunistas. En El Salvador, la ayuda militar al gobierno en su guerra contra la guerrilla del FMLN alcanzó cientos de millones de dólares anuales, pese a las denuncias de violaciones de derechos humanos cometidas por escuadrones de la muerte vinculados al ejército. En Nicaragua, Reagan impulsó el financiamiento y el entrenamiento de los «contras», una fuerza insurgente que combatía al gobierno sandinista. El apoyo encubierto a los contras, canalizado por el Consejo de Seguridad Nacional con fondos desviados de la venta de armas a Irán, desencadenó el mayor escándalo de su presidencia: el caso Irán‑Contra, que estalló en 1986 y manchó la credibilidad de la administración, aunque no se probó que Reagan hubiera ordenado directamente la operación.

En Guatemala, el gobierno de facto de Efraín Ríos Montt recibió señales de simpatía de Washington, incluyendo el restablecimiento de la ayuda militar tras años de restricciones por parte de Carter. En Argentina, la postura de Reagan durante la guerra de las Malvinas (1982) causó decepción: aunque inicialmente ofreció una mediación, la balanza se inclinó del lado británico, facilitando apoyo logístico y de inteligencia a Margaret Thatcher, lo que fue interpretado en Buenos Aires como una traición a la histórica alianza panamericana.

Más allá de la confrontación bipolar, la administración Reagan enfrentó otros desafíos: en 1983, el atentado suicida contra el cuartel de los marines en Beirut dejó 241 militares estadounidenses muertos y precipitó la retirada de la fuerza multinacional; en 1986, el bombardeo aéreo sobre Trípoli y Bengasi en represalia por un atentado en una discoteca de Berlín mostró la voluntad de responder con contundencia al terrorismo de Estado libio.

5.4 Segundo mandato (1985–1989)[editar]

Reagan fue reelegido en 1984 con una victoria aplastante sobre el demócrata Walter Mondale: 525 votos electorales y el 58,8 % del voto popular. Su segundo período se centró en la consolidación de la reforma fiscal de 1986 y en la profundización del diálogo con Gorbachov. La imagen del presidente saludando al líder soviético en la Plaza Roja de Moscú en mayo de 1988, y declarando que su descripción anterior de la URSS como «imperio del mal» ya no era aplicable, simbolizó el deshielo.

En el ámbito judicial, Reagan nominó a la primera mujer para la Corte Suprema, Sandra Day O’Connor (1981), y elevó a William Rehnquist a presidente del tribunal. También designó a Antonin Scalia y a Anthony Kennedy. Estas designaciones inclinaron el tribunal hacia el conservadurismo durante décadas.

Los últimos años de su presidencia estuvieron lastrados por el escándalo Irán‑Contra y por el llamado «síndrome de la segunda legislatura»: un presidente con menor capital político enfrentado a un Congreso controlado por los demócratas. Sin embargo, Reagan dejó el cargo en enero de 1989 con un índice de aprobación cercano al 63 %, uno de los más altos de la posguerra para un mandatario saliente.

6. Estilo y características[editar]

Reagan fue, ante todo, un comunicador excepcional. Su formación actoral le había enseñado el valor de la anécdota, el contacto visual, la pausa precisa y el humor, recursos que trasladó a la arena política con eficacia demoledora. Mientras que sus adversarios lo subestimaban como un aficionado, él era capaz de simplificar los problemas más complejos en narraciones asequibles y de conectar con la audiencia como si hablara a una familia reunida en el salón. De ahí que periodistas y biógrafos lo apodaran «el Gran Comunicador».

Ideológicamente, Reagan representó la fusión de varias corrientes conservadoras: el anticomunismo militante, la defensa del libre mercado (con influencia de Friedrich Hayek y Milton Friedman), el tradicionalismo religioso —aunque él mismo fue un hombre de práctica irregular que rara vez asistía a la iglesia— y un nacionalismo optimista que contrastaba con el pesimismo de los años setenta. Creía sinceramente que Estados Unidos era una «ciudad brillante sobre una colina» y que su misión era exportar la libertad.

Como gestor, delegó en un equipo de colaboradores leales —James Baker, Ed Meese, Michael Deaver, Don Regan, entre otros— y mantuvo una disciplina de horarios casi monetizada: nunca se saltaba las ocho horas de sueño y reservaba tardes para montar a caballo en su rancho de Santa Bárbara. Sus críticos señalan que a veces se mostraba desconectado de los detalles de gobierno; sus defensores responden que esa distancia le permitía concentrarse en las grandes líneas estratégicas.

7. Palmarés y récords[editar]

A lo largo de su carrera, Reagan acumuló una serie de distinciones, algunas obtenidas durante su vida y otras de manera póstuma:

  • Medalla Presidencial de la Libertad con Distinción, impuesta por George H. W. Bush el 13 de enero de 1993.
  • Medalla de Oro del Congreso, aprobada por ley en 2000 y entregada en el Capitolio el 16 de mayo de 2002, cuando Nancy Reagan la recibió en su nombre.
  • Caballero de la Gran Cruz de la Orden del Baño (Reino Unido, 1989).
  • El aeropuerto nacional de Washington fue renombrado Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington en 1998.
  • En 2004, la marina estadounidense bautizó un portaaviones nuclear como USS Ronald Reagan (CVN‑76).
  • Numerosas calles, escuelas y edificios públicos en Estados Unidos y en varios países de Europa del Este llevan su nombre.

Entre los récords vinculados a su figura destacan:

  • Mayor margen de votos electorales en una elección presidencial (525 en 1984), récord que sigue vigente.
  • Uno de los índices de aprobación más elevados al final de un segundo mandato desde Eisenhower.

8. Vida pública y legado[editar]

Tras abandonar la Casa Blanca, Reagan y Nancy se instalaron en Bel‑Air, Los Ángeles. Durante los primeros años de la pospresidencia, Reagan pronunció discursos, participó en actos del partido y dedicó tiempo a su autobiografía An American Life (1990). En 1991 fue el encargado de inaugurar la Biblioteca y Museo Presidencial Ronald Reagan en Simi Valley, California, que alberga sus archivos y recibe cientos de miles de visitantes al año.

En noviembre de 1994, mediante una carta manuscrita difundida por la prensa, Reagan anunció que le habían diagnosticado la enfermedad de Alzheimer. «Comienzo ahora el viaje que me llevará al ocaso de mi vida», escribió, y pidió que se respetara la privacidad de su familia. Su penosa década final, retirado de la vida pública y asistido por Nancy, humanizó su imagen y contribuyó a visibilizar la enfermedad a escala mundial. Falleció el 5 de junio de 2004 en su domicilio; el funeral de Estado, celebrado en la Catedral Nacional de Washington, congregó a líderes de todo el mundo.[5]

El legado de Reagan es objeto de intensa controversia historiográfica. Los sondeos de opinión pública y las encuestas entre académicos lo sitúan, de forma recurrente, entre los diez presidentes más valorados de la historia estadounidense. Se le reconoce el mérito de haber restaurado la confianza nacional, haber redefinido los términos del debate político —convirtiendo la reducción de impuestos y la desregulación en principios casi consensuales— y haber contribuido decisivamente al desenlace pacífico de la Guerra Fría. Para el Partido Republicano es una figura canónica, cuyo retrato ocupa un lugar de honor en las sedes del partido y en el imaginario de los militantes conservadores.

Por otro lado, la evaluación académica más crítica subraya que la «reaganomics» multiplicó la deuda pública, relajó las salvaguardas financieras que décadas después conducirían a la crisis de 2008 y acentuó la desigualdad. Asimismo, se reprueba la lentitud de la administración en responder a la epidemia de sida —que se cobró decenas de miles de vidas antes de que el presidente pronunciara la palabra «sida» en público—, el apoyo a regímenes autoritarios y las violaciones de derechos humanos asociadas a la Doctrina Reagan, y las operaciones encubiertas que desembocaron en el Irán‑Contra. El debate, en suma, está lejos de cerrarse.

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La imagen de Ronald Reagan en América Latina y España está profundamente marcada por la política exterior de su administración y por la memoria histórica de los conflictos de los años ochenta.

En América Central, Reagan es recordado como el principal artífice de la intervención estadounidense que prolongó y agravó las guerras civiles de la región. En Nicaragua, su nombre está asociado a la guerra de los contras y al bloqueo económico que asfixió al gobierno sandinista; en El Salvador, a la financiación de un ejército implicado en masacres como la de El Mozote (1981). En Guatemala, la percepción es igualmente negativa entre los sectores que sufrieron la represión militar, mientras que una minoría conservadora aprecia su anticomunismo.

En América del Sur, su posicionamiento durante la guerra de las Malvinas en 1982 es el suceso más citado. La decisión de apoyar militar y logísticamente al Reino Unido —un aliado de la OTAN— en un conflicto que enfrentaba a dos naciones del hemisferio occidental fue vista por Argentina y por buena parte del continente como un abandono del panamericanismo. La frase de Reagan reconociendo que se sintió «desgarrado» entre dos amigos no mitigó el malestar; el resultado fue un enfriamiento de las relaciones bilaterales con Argentina y una imagen de «traidor» que perdura en ciertos círculos. En cambio, durante la crisis de la deuda latinoamericana (1982‑1989), Reagan respaldó el Plan Baker y posteriores renegociaciones, aunque los países deudores la consideraron insuficiente y condicionada.

En España, la etapa Reagan coincidió con los gobiernos de Felipe González. Las relaciones fueron correctas pero tirantes en ciertos momentos, sobre todo por el empeño español en mantener el referéndum sobre la permanencia en la OTAN (1986) en términos favorables a la Alianza, asunto en el que Reagan presionó diplomáticamente. Los acuerdos de cooperación en materia de defensa —que permitían el uso de bases como la de Torrejón de Ardoz y Rota— se renegociaron en 1982 y 1988, con un gradual repliegue estadounidense.

En el ámbito cultural, muchas de sus películas fueron dobladas al español y se emitieron en cines y televisiones de ambos lados del Atlántico. Su célebre frase «Mr. Gorbachev, tear down this wall!» fue adaptada a menudo como «¡Señor Gorbachov, derribe este muro!» o «¡Señor Gorbachov, tumbe ese muro!», y se ha convertido en una de las citas políticas más reconocibles del siglo XX también entre los hispanohablantes. Con motivo de su fallecimiento en 2004, las necrológicas en los principales periódicos en español —desde El País y El Mundo en Madrid hasta La Nación en Buenos Aires y El Tiempo en Bogotá— reflejaron esa doble vertiente: el reconocimiento al protagonista del fin de la Guerra Fría y el recuerdo crítico de sus intervenciones en el hemisferio.[6]

10. Legado historiográfico y memoria[editar]

Desde su muerte, la imagen de Reagan ha sido objeto de un intenso proceso de institucionalización. El Partido Republicano celebra anualmente «cena Reagan» en todos los estados, y su nombre se invoca en cada debate interno como patrón de ortodoxia conservadora. Encuestas realizadas por firmas como Gallup y Pew Research Center muestran que su popularidad póstuma se ha mantenido alta, aunque con una brecha generacional notable: los estadounidenses que vivieron los años ochenta tienden a evaluarlo de forma más matizada que los nacidos después.

En el ámbito académico, el llamado «revisionismo reaganiano» ha ido ganando espacio. El debate sigue abierto y, probablemente, lo seguirá estando.

La Biblioteca Presidencial Reagan, en Simi Valley, y el museo que alberga el retirado Air Force One que lo transportó, son hoy un lugar de peregrinación para conservadores y un centro de investigación que financia publicaciones y becas con el propósito declarado de difundir su legado. En 2011, con motivo del centenario de su nacimiento, se multiplicaron los homenajes en Estados Unidos y en varios países aliados, y la Fundación Ronald Reagan promovió eventos en los que participaron figuras de todos los espectros políticos.

Para la comunidad hispanohablante, el legado de Reagan sigue filtrándose a través del prisma de la Doctrina Reagan. La controversia, como en tantos aspectos de su figura, es inseparable del recuerdo.


  1. El lugar exacto es el apartamento de un edificio comercial situado en la calle principal; hoy funciona como museo. ↩︎

  2. Jack Reagan fue bautizado católico pero no practicante; Nelle, en cambio, era una ferviente creyente y transmitió esa fe al futuro presidente. ↩︎

  3. Participó en una huelga estudiantil que evitó la reducción de cursos; fue elegido orador para dirigirse al consejo directivo. ↩︎

  4. La frase completa, pronunciada por el personaje en Kings Row, es: «Randy... ¿dónde está el resto de mí?». Reagan la tomó como símbolo de su vida antes de la política. ↩︎

  5. Treinta y cinco países, incluidos varios latinoamericanos, enviaron representantes. El gobierno argentino envió al canciller Rafael Bielsa. ↩︎

  6. Las principales cadenas de televisión de habla hispana (Univisión, Televisa, RTVE) transmitieron amplios resúmenes del funeral y de la trayectoria del exmandatario. ↩︎