Moody's
| Moody's Corporation | |
|---|---|
| Moody's | |
| Nombre en inglés | Moody's Corporation |
| Cotización | NYSE: MCO |
| Fundación | 1909 |
| Sector | Servicios financieros · Calificación crediticia · Análisis de riesgo |
| Fundador(es) | John Moody |
| Consejero delegado | Robert Fauber (desde 2021) |
| Capitalización bursátil | ~75 000 millones de USD (junio de 2025) |
| Ingresos | 7100 millones de USD (ejercicio fiscal 2024) |
| Beneficio neto | 2060 millones de USD (ejercicio fiscal 2024) |
| Activos totales | ~15 000 millones de USD (31 de diciembre de 2024) |
| Fondos propios | ~3800 millones de USD (31 de diciembre de 2024) |
| Calificación crediticia | BBB+ (S&P) · A− (Fitch) (2025) |
| Sede | 7 World Trade Center, 250 Greenwich Street, Nueva York, NY 10007, Estados Unidos |
| Enlaces | moodys.com · moodysanalytics.com |
1. Resumen[editar]
Moody's Corporation (NYSE: MCO), conocida comúnmente como Moody's, es una empresa estadounidense de servicios financieros especializada en calificación crediticia, investigación y análisis de riesgo. Es una de las tres agencias de calificación crediticia más influyentes del mundo, junto con S&P Global (Standard & Poor's) y Fitch Ratings, conjunto al que los mercados financieros se refieren como las «Tres Grandes» (Big Three). La compañía opera a través de dos divisiones principales: Moody's Investors Service (MIS), que emite calificaciones crediticias sobre deuda corporativa, soberana, municipal y estructurada, y Moody's Analytics (MA), que proporciona software, datos económicos, modelos de valoración y servicios de consultoría para la gestión integral de riesgos financieros.
Fundada en 1909 por el analista financiero John Moody, la empresa fue pionera en la calificación sistemática de bonos ferroviarios en
Estados Unidos y, posteriormente, expandió su cobertura hasta abarcar prácticamente todas las clases de instrumentos de deuda emitidos en los mercados globales. Su sistema de calificación —que utiliza una escala alfanumérica que va desde Aaa (máxima calidad crediticia) hasta C (situación de impago)— se ha convertido en un lenguaje universal en los mercados de capitales y es utilizado diariamente por inversores institucionales, bancos centrales, reguladores y tesorerías corporativas en todo el mundo.
La influencia de Moody's en la arquitectura financiera global es difícil de exagerar: sus calificaciones determinan en buena medida los costos de financiamiento de gobiernos soberanos, corporaciones multinacionales y entidades financieras, y sus decisiones de subir o bajar calificaciones pueden desencadenar movimientos de miles de millones de dólares en los mercados de bonos en cuestión de horas. Esta posición privilegiada —y la responsabilidad que conlleva— ha generado tanto reconocimiento institucional como críticas severas, particularmente tras la crisis financiera de 2008, cuando las agencias calificadoras fueron duramente cuestionadas por haber otorgado las máximas calificaciones a productos financieros respaldados por hipotecas subprime que colapsaron catastróficamente. El debate sobre los conflictos de interés inherentes al modelo de negocio de «el emisor paga» y sobre la necesidad de una supervisión regulatoria más estricta continúa siendo un tema central en la discusión sobre la regulación financiera internacional.
2. Historia[editar]
2.1. Fundación y el primer manual (1909-1929)[editar]
Moody's fue fundada por John Moody, un analista financiero estadounidense nacido en Nueva Jersey en 1868[sin verificar], quien había acumulado experiencia en firmas de Wall Street como Spencer Trask & Co. antes de lanzar su propio proyecto de análisis e información financiera. En 1909, Moody publicó el primer «Moody's Manual of Railroads and Corporation Securities», un volumen exhaustivo que recopilaba y analizaba información financiera detallada sobre las principales compañías ferroviarias de Estados Unidos y sus emisiones de deuda.[1]
La innovación fundamental de Moody fue la creación de un sistema de clasificación alfabética para expresar, de manera sencilla y uniforme, la calidad crediticia relativa de cada emisor. El sistema asignaba letras de la A a la C, con la categoría Aaa reservada para los bonos considerados de máxima seguridad —aquellos emitidos por compañías con balances excepcionalmente sólidos y una capacidad de pago virtualmente incuestionable—. Este sistema, revolucionario para su época, democratizó el acceso a la evaluación del riesgo crediticio, permitiendo a inversores individuales y pequeños bancos acceder a un análisis que hasta entonces estaba reservado a las grandes casas de inversión con departamentos internos de investigación.
En sus primeros años, el manual de Moody's cubría varios cientos de empresas ferroviarias e industriales y se publicaba anualmente, convirtiéndose rápidamente en una herramienta de referencia indispensable en Wall Street. Para 1914, la cobertura se había expandido para incluir bonos emitidos por gobiernos municipales y corporaciones de sectores como el acero, el petróleo y los servicios públicos.
El negocio creció de manera constante durante las dos primeras décadas del siglo XX, impulsado por la rápida expansión del mercado de bonos corporativos y por la creciente demanda de información financiera estandarizada. Moody's complementó su manual anual con publicaciones periódicas más frecuentes que actualizaban las calificaciones a medida que cambiaban las condiciones financieras de los emisores.
2.2. Consolidación y madurez (1929-1962)[editar]
El crash de 1929 y la Gran Depresión que le siguió representaron un punto de inflexión para Moody's y para toda la industria de las calificaciones crediticias. La crisis reveló, de manera dramática, la importancia de contar con evaluaciones independientes y rigurosas del riesgo de impago, y las calificaciones de Moody's —que en general habían sido más conservadoras y precisas que las de muchos competidores— ganaron una credibilidad considerable entre los inversores que habían sobrevivido al desastre financiero.[2]
Durante las décadas de 1930 y 1940, los reguladores financieros estadounidenses comenzaron a incorporar formalmente las calificaciones crediticias en sus marcos normativos. La Oficina del Contralor de la Moneda (OCC) y la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) establecieron requisitos que vinculaban la elegibilidad de ciertos instrumentos financieros —como los bonos en los que podían invertir los bancos y las compañías de seguros— a las calificaciones emitidas por agencias reconocidas. Este proceso, conocido como «incorporación regulatoria» (regulatory incorporation), otorgó a Moody's y a sus competidores un estatus cuasi-regulatorio que décadas más tarde sería objeto de intenso debate durante la crisis de 2008.
Moody's continuó expandiendo su cobertura en los años de la posguerra, añadiendo calificaciones para bonos de agencias gubernamentales, bonos de ingresos municipales y, eventualmente, bonos soberanos emitidos por gobiernos nacionales fuera de Estados Unidos. La compañía también comenzó a calificar instrumentos de deuda de corto plazo, como papel comercial y certificados de depósito.
2.3. La era Dun & Bradstreet (1962-2000)[editar]
En 1962, Moody's fue adquirida por Dun & Bradstreet Corporation (D&B), la empresa de información comercial y crediticia más grande del mundo en aquel momento. La adquisición integró a Moody's en un conglomerado de información financiera que también incluía compañías como A.C. Nielsen (medición de audiencias televisivas) y Reuben H. Donnelley (guías telefónicas y marketing directo).
Bajo el paraguas de D&B, Moody's experimentó una transformación significativa. Por un lado, accedió a recursos financieros y tecnológicos que le permitieron modernizar sus sistemas de análisis y expandir su presencia internacional. Por otro lado, la entidad mantuvo una considerable autonomía operativa, preservando la independencia de sus comités de calificación y la integridad de sus metodologías analíticas —una separación que era vista como esencial para proteger la credibilidad de las calificaciones—.
Los años 1980 y 1990 presenciaron la verdadera globalización de Moody's. La desregulación financiera en Estados Unidos y Europa, el crecimiento explosivo del mercado internacional de bonos, y la creciente complejidad de los instrumentos financieros —incluyendo los primeros derivados de crédito y las emisiones de titulización— generaron una demanda sin precedentes de calificaciones crediticias. Moody's abrió oficinas en Londres, Tokio, Hong Kong, Sídney, París, Fráncfort y otras plazas financieras clave, y comenzó a calificar emisores en docenas de países.
En la década de 1990, el surgimiento de los productos financieros estructurados —valores respaldados por hipotecas (MBS), obligaciones de deuda colateralizada (CDO) y otros instrumentos complejos— abrió un nuevo y lucrativo mercado para las agencias calificadoras. Estos instrumentos requerían modelos matemáticos sofisticados para evaluar el riesgo de los flujos de caja subyacentes, y Moody's invirtió fuertemente en la contratación de doctores en matemáticas, física y finanzas cuantitativas para desarrollar las metodologías necesarias.[3]
Durante este período, el modelo de negocio de «el emisor paga» (issuer-pays model) —introducido por las agencias calificadoras en los años 1970— se consolidó como el estándar indiscutible de la industria. Bajo este modelo, es la entidad que emite el bono quien contrata y paga a la agencia por la calificación, en lugar de que los inversores paguen una suscripción para acceder a las calificaciones. Esta estructura, que permite que las calificaciones estén disponibles gratuitamente para todos los participantes del mercado, ha sido objeto de un debate incesante sobre los conflictos de interés que potencialmente genera.[4]
2.4. Independencia como empresa cotizada (2000-2008)[editar]
El año 2000 marcó un hito transformador: Dun & Bradstreet escindió Moody's Corporation como una empresa independiente que comenzó a cotizar en la Bolsa de Nueva York bajo el símbolo MCO. La separación fue parte de una reestructuración corporativa más amplia mediante la cual D&B se desprendió de varias de sus unidades de negocio para concentrarse en su actividad principal de información comercial.
La salida a bolsa fue un éxito resonante. Las acciones de Moody's se revalorizaron de manera constante durante los años siguientes, impulsadas por varios factores: el crecimiento sostenido de los mercados globales de deuda, la posición dominante de la compañía en el oligopolio de las calificaciones crediticias, y unos márgenes de beneficio excepcionalmente altos —la calificación crediticia es un negocio con barreras de entrada muy elevadas, tanto por razones regulatorias como de reputación—. Entre 2000 y 2007, los ingresos de Moody's crecieron a una tasa anual compuesta de aproximadamente el 20 %, y la acción pasó de cotizar en torno a 10 dólares (ajustada por divisiones) a superar los 70 dólares en el pico previo a la crisis.
Durante este período de expansión, Moody's realizó adquisiciones estratégicas clave:
- En 2002, adquirió KMV, una firma con sede en San Francisco especializada en modelos cuantitativos de riesgo crediticio, incluyendo el modelo de frecuencia de impago esperada (Expected Default Frequency, EDF). KMV se convertiría en el núcleo fundacional de lo que hoy es Moody's Analytics.
- En 2005, adquirió Economy.com, una firma de análisis y previsión macroeconómica fundada por Mark Zandi, que aportó capacidades de modelización económica global.
- Otras adquisiciones en este período incluyeron Wall Street Analytics, una firma de software para finanzas estructuradas, y firmas especializadas en datos de crédito comercial en Europa y Asia.
La compañía también profundizó su presencia en mercados emergentes, estableciendo oficinas y equipos de análisis en América Latina, Europa del Este, Oriente Medio, África y el Sudeste Asiático. En el mundo hispanohablante, Moody's expandió sus operaciones en Madrid —donde ya tenía presencia desde años anteriores— y estableció una presencia creciente en Ciudad de México, Buenos Aires y otras capitales financieras latinoamericanas.
2.5. La crisis financiera de 2008 y sus consecuencias (2008-2015)[editar]
La crisis financiera global de 2007-2008 representó la prueba más severa en la historia de Moody's, y sus repercusiones transformaron tanto a la compañía como al entorno regulatorio en el que opera. La agencia —junto con S&P y Fitch— fue objeto de críticas devastadoras por haber otorgado calificaciones de máxima seguridad (Aaa) a decenas de miles de millones de dólares en títulos respaldados por hipotecas subprime que, en última instancia, experimentaron tasas de impago masivas y causaron pérdidas catastróficas a inversores institucionales en todo el mundo.[5]
Las investigaciones del Congreso de los Estados Unidos —particularmente las audiencias del Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado, presidido por Carl Levin— revelaron pruebas documentales de fallos graves en los procesos de calificación. Correos electrónicos internos de analistas de Moody's, hechos públicos durante las investigaciones, mostraban que algunos profesionales expresaban en privado serias dudas sobre la calidad de los productos que estaban calificando, mientras que públicamente las calificaciones seguían siendo de la más alta categoría. En una comunicación que se hizo célebre, un analista de Moody's escribió en 2007 que los productos que calificaban bien podrían haber sido «estructurados por vacas» y aun así habrían recibido la calificación.[6]
La respuesta regulatoria tras la crisis fue de un alcance sin precedentes:
- En Estados Unidos, la Ley Dodd-Frank de Reforma de Wall Street y Protección al Consumidor de 2010 incluyó un título completo dedicado a la reforma de las agencias calificadoras. Las disposiciones exigían mayor transparencia en las metodologías, la divulgación de los historiales de desempeño de las calificaciones, la reducción de la dependencia regulatoria de las calificaciones crediticias, y nuevos mecanismos de rendición de cuentas, incluyendo la posibilidad de demandar a las agencias por fallos conscientes o imprudentes en sus análisis.
- En Europa, la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) asumió en 2011 la supervisión y el registro de todas las agencias de calificación que operan en la Unión Europea, con poderes para investigar, sancionar y, en casos extremos, revocar el registro de las agencias que incumplieran las normas.
- A nivel global, la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO) revisó y fortaleció su Código de Conducta para Agencias de Calificación Crediticia, estableciendo estándares más exigentes en materia de independencia, transparencia y gestión de conflictos de interés.
A pesar de la gravedad de las críticas y de las reformas regulatorias, Moody's no perdió su posición dominante en el mercado. El sector de las calificaciones crediticias continuó siendo un oligopolio de facto —las barreras de entrada regulatorias y reputacionales resultaron ser demasiado altas para que nuevos competidores ganaran una tracción significativa— y los reguladores de todo el mundo siguieron exigiendo calificaciones crediticias para múltiples propósitos, desde la determinación de los requisitos de capital bancario hasta la elegibilidad de los activos en las carteras de los fondos de inversión.
La compañía pagó multas y alcanzó acuerdos significativos para resolver las acciones legales derivadas de la crisis. El más importante de estos acuerdos se anunció en 2017, cuando Moody's acordó pagar aproximadamente 864 millones de dólares al Departamento de Justicia de Estados Unidos y a los fiscales generales de 21 estados para resolver las acusaciones de que había inflado las calificaciones de productos hipotecarios residenciales antes de la crisis de 2008. Como parte del acuerdo, Moody's admitió que sus modelos de calificación contenían errores y que no había aplicado sus propias metodologías de manera consistente.
2.6. Diversificación y nueva estrategia (2015-presente)[editar]
En los años posteriores a la crisis financiera, Moody's emprendió una transformación estratégica significativa orientada a diversificar sus fuentes de ingresos y reducir su dependencia de las calificaciones crediticias tradicionales. Esta estrategia se ha materializado principalmente a través del crecimiento acelerado de Moody's Analytics, la división de análisis, datos y software de la compañía.
- Software de gestión de riesgos: plataformas como RiskCalc, CreditEdge y RiskFrontier, utilizadas por bancos, aseguradoras y gestores de activos para modelizar el riesgo crediticio, de mercado y de liquidez.
- Investigación económica: análisis macroeconómico, previsiones de crecimiento y escenarios de estrés para más de 150 países, utilizados por bancos centrales, ministerios de finanzas y corporaciones multinacionales.
- Soluciones de cumplimiento normativo: herramientas para la prevención del lavado de dinero (AML), el conocimiento del cliente (KYC) y la gestión del riesgo de sanciones financieras.
- Servicios de consultoría: asesoramiento especializado en gestión de riesgos, pruebas de estrés, validación de modelos y cumplimiento de los requerimientos de capital regulatorio (Basilea III, Solvencia II).
La compañía también ha invertido significativamente en tecnología, realizando adquisiciones en los campos de inteligencia artificial, machine learning y ciberseguridad, buscando posicionarse como un proveedor integral de soluciones de riesgo para la economía digital.
Durante la pandemia de COVID-19 (2020-2021), Moody's desempeñó un papel destacado en la recalificación masiva de emisores soberanos y corporativos afectados por la crisis económica global. La agencia rebajó las calificaciones de numerosos países —particularmente en mercados emergentes— y de sectores especialmente golpeados como el turismo, la aviación, la hotelería y el comercio minorista. Al mismo tiempo, Moody's Analytics experimentó un aumento en la demanda de sus servicios de análisis de escenarios y pruebas de estrés, a medida que empresas y gobiernos buscaban entender las implicaciones financieras de la pandemia.
3. La escala de calificación crediticia de Moody's[editar]
El sistema de calificación de Moody's constituye uno de los lenguajes financieros más reconocidos y utilizados del mundo. Su arquitectura, basada en una escala alfanumérica que combina letras mayúsculas y minúsculas, es una de las señas de identidad más distintivas de la agencia y la diferencia visualmente de los sistemas utilizados por S&P (que emplea mayúsculas exclusivamente) y Fitch.[7]
Para la deuda de largo plazo, la escala se estructura en las siguientes categorías:
Grado de inversión (Investment Grade):
| Categoría | Descripción |
|---|---|
| Aaa | Calidad máxima. El emisor tiene una capacidad excepcionalmente sólida para hacer frente a sus compromisos financieros. Representa el menor nivel de riesgo crediticio. Ejemplos típicos incluyen los bonos del Tesoro de Estados Unidos y los de países con finanzas públicas excepcionalmente robustas. |
| Aa (Aa1, Aa2, Aa3) | Calidad alta. La capacidad de pago es muy sólida, aunque marginalmente inferior a la de los emisores Aaa. Los modificadores numéricos 1, 2 y 3 indican la posición relativa dentro de la categoría (1 = parte alta, 2 = media, 3 = parte baja). |
| A (A1, A2, A3) | Calidad media-alta. La capacidad de pago es sólida, pero el emisor presenta cierta susceptibilidad a los efectos adversos de cambios en las circunstancias económicas o sectoriales. |
| Baa (Baa1, Baa2, Baa3) | Calidad media. La capacidad de pago es adecuada, pero condiciones económicas adversas o cambios en las circunstancias del emisor tienen una mayor probabilidad de debilitar dicha capacidad. Es el último escalón del grado de inversión; los bonos por debajo de Baa3 se consideran especulativos. |
Grado especulativo (Speculative Grade, también conocido como High Yield o «bono basura»):
| Categoría | Descripción |
|---|---|
| Ba (Ba1, Ba2, Ba3) | Carácter especulativo. Existen elementos significativos de riesgo crediticio, aunque el emisor mantiene cierta capacidad de pago. La exposición a condiciones adversas podría derivar en dificultades para cumplir con las obligaciones. |
| B (B1, B2, B3) | Especulativo. El emisor está sujeto a un riesgo crediticio sustancial, aunque actualmente tiene capacidad para cumplir con sus compromisos financieros. Condiciones económicas o sectoriales adversas probablemente perjudicarían dicha capacidad. |
| Caa (Caa1, Caa2, Caa3) | Calidad pobre. El riesgo de impago es elevado y el emisor depende de condiciones económicas y sectoriales favorables para poder cumplir con sus obligaciones. |
| Ca | Altamente especulativo. El emisor se encuentra habitualmente en situación de impago o muy cerca de estarlo, aunque aún puede estar realizando algunos pagos. |
| C | La categoría más baja. El emisor se encuentra típicamente en situación de impago y las perspectivas de recuperación para los acreedores son mínimas. |
Para la deuda de corto plazo, Moody's utiliza una escala específica:
- P-1 (Prime-1): Capacidad superior para pagar obligaciones de corto plazo.
- P-2 (Prime-2): Capacidad sólida.
- P-3 (Prime-3): Capacidad aceptable.
- NP (Not Prime): No cumple con los criterios para ser clasificado en ninguna de las categorías Prime.
Además de la calificación propiamente dicha, Moody's asigna a cada emisor o instrumento una perspectiva (outlook) —positiva, estable, negativa o en desarrollo— que indica la dirección en la que la agencia considera que es más probable que evolucione la calificación en un horizonte de 12 a 18 meses. La perspectiva es distinta de la revisión (review), un proceso más activo que señala que una calificación está bajo consideración para un cambio inminente (generalmente en un plazo de 90 días) y que suele ir acompañado de designaciones como «en revisión para posible mejora» o «en revisión para posible rebaja».[8]
4. Estructura corporativa y operaciones[editar]
Moody's Corporation opera a través de dos divisiones de negocio principales, diferenciadas tanto en sus productos como en sus modelos de ingresos y en los marcos regulatorios que las rigen:
Moody's Investors Service (MIS)[editar]
Es la división de calificación crediticia —la actividad fundacional y la más conocida de la compañía—. Emite calificaciones crediticias sobre:
- Deuda soberana: Bonos emitidos por gobiernos nacionales. Estas calificaciones son seguidas con enorme atención por inversores globales, bancos centrales y organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
- Deuda corporativa: Bonos y otras obligaciones emitidas por empresas de todos los sectores —energía, tecnología, consumo, salud, industria, servicios financieros— y de todas las regiones.
- Deuda subsoberana: Bonos emitidos por gobiernos regionales, estatales, provinciales y municipales, así como por entidades del sector público.
- Instrumentos financieros estructurados: Valores respaldados por activos (ABS), valores respaldados por hipotecas (MBS), obligaciones de deuda colateralizada (CDO) y sus múltiples variantes. Este segmento, que estuvo en el centro de la crisis de 2008, sigue siendo relevante aunque con metodologías significativamente revisadas.
- Instituciones financieras: Bancos, compañías de seguros, sociedades de valores, fondos de inversión y otros intermediarios financieros.
- Calificaciones de fortaleza financiera: Evaluaciones específicas de la solvencia de aseguradoras y de la capacidad de los bancos para hacer frente a sus obligaciones sin apoyo externo.
Las calificaciones de MIS son utilizadas por inversores, reguladores y otros participantes del mercado para evaluar el riesgo crediticio relativo de diferentes instrumentos y emisores. La división opera bajo estrictos requisitos regulatorios en todas las jurisdicciones donde está registrada, incluyendo la supervisión de la SEC en Estados Unidos, de la ESMA en Europa, y de autoridades equivalentes en otros países.
Moody's Analytics (MA)[editar]
Es la división de análisis, datos y software, que ha experimentado un crecimiento acelerado como parte de la estrategia de diversificación de la compañía. Ofrece:
- Software de gestión de riesgos: Plataformas para la medición y gestión del riesgo crediticio (RiskCalc, CreditEdge), riesgo de mercado, riesgo de liquidez y riesgo operacional. Estos productos son utilizados por los departamentos de riesgos de los mayores bancos y aseguradoras del mundo.
- Bases de datos empresariales: Tras la adquisición de Bureau van Dijk, Moody's Analytics gestiona una de las bases de datos de información corporativa más completas del mundo, con datos financieros, estructuras de propiedad y relaciones corporativas de millones de empresas.
- Modelos de valoración y análisis de escenarios: Herramientas para valorar instrumentos financieros complejos y simular el impacto de escenarios macroeconómicos adversos en las carteras de activos.
- Investigación y previsión económica: Informes y proyecciones macroeconómicas producidos por un equipo de economistas que cubren más de 150 países, utilizados por tesorerías corporativas, bancos centrales y organismos multilaterales.
- Servicios de consultoría: Asesoramiento en la implementación de marcos de gestión de riesgos, pruebas de estrés regulatorias, y cumplimiento de los requisitos de Basilea III, Solvencia II y otras normativas financieras internacionales.
- Soluciones de cumplimiento: Herramientas para la verificación de identidad (KYC), la detección de actividades sospechosas (AML) y el cribado de sanciones financieras, áreas de creciente importancia en el entorno regulatorio posterior a la crisis financiera.
5. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
Moody's mantiene una presencia significativa y de larga data en
España y en los países de América Latina, donde sus calificaciones soberanas y corporativas ejercen una influencia determinante sobre los costos de financiamiento y las decisiones de inversión. La agencia publica informes periódicos en español, cuenta con equipos de analistas locales en los principales mercados de la región, y ofrece versiones en español de partes sustanciales de sus sitios web corporativos.
España[editar]
Moody's opera en España a través de Moody's Investors Service España, S.A. La agencia califica la deuda soberana del Reino de España, las emisiones de las principales corporaciones del IBEX 35 —incluyendo bancos como Santander y BBVA, empresas energéticas como Iberdrola y Repsol, y compañías de telecomunicaciones como Telefónica—, así como emisores de deuda autonómica y municipal.
La calificación soberana de España ha experimentado una trayectoria significativa desde la crisis de la eurozona de 2010-2012: tras ser objeto de múltiples rebajas durante aquel período —cuando la deuda española pasó de Aaa a Baa3 en el espacio de pocos años—, España ha recuperado gradualmente la confianza de las agencias calificadoras gracias a la mejora de sus fundamentos macroeconómicos, la reducción del déficit público y la recuperación del crecimiento.
México[editar]
Moody's de
México, S.A. de C.V. es una de las agencias calificadoras más activas e influyentes en el mercado mexicano. La agencia califica tanto la deuda soberana de los Estados Unidos Mexicanos como la deuda de las principales corporaciones mexicanas, incluyendo Petróleos Mexicanos (Pemex) —cuya calificación ha sido objeto de atención constante debido a los desafíos financieros de la petrolera estatal—, América Móvil, Grupo México, Cemex, y las principales instituciones del sistema bancario mexicano.
Argentina[editar]
Las calificaciones de Moody's sobre
Argentina han sido seguidas con atención —y frecuentemente con controversia— debido a la volátil historia crediticia del país. Argentina ha experimentado múltiples episodios de impago soberano y reestructuraciones de deuda a lo largo de su historia moderna —en 2001, 2014, y 2020, entre otros—, lo que ha llevado a que sus calificaciones permanezcan persistentemente en los niveles más profundos del grado especulativo.[9]
La relación de Moody's con las autoridades argentinas ha sido tensa en varios momentos. Durante las diversas reestructuraciones de deuda —particularmente en 2005, 2010 y 2020—, las calificaciones y los informes de la agencia fueron objeto de debate público y, en ocasiones, de críticas directas por parte de funcionarios del gobierno argentino, que cuestionaron tanto la oportunidad como la metodología de ciertas decisiones de calificación.
Otros mercados hispanohablantes[editar]
La cobertura de Moody's en América Latina y el Caribe hispanohablante es amplia y detallada. Otros países calificados regularmente por la agencia incluyen:
Costa Rica,
Guatemala,
República Dominicana,
Panamá,
Paraguay,
Bolivia,
Ecuador,
El Salvador y otros: Moody's mantiene cobertura activa y publica informes periódicos sobre todos estos mercados, con equipos de analistas que visitan regularmente los países para entrevistarse con autoridades, banqueros centrales y ejecutivos corporativos.
La agencia compite en estos mercados con S&P y Fitch, así como con agencias calificadoras locales como HR Ratings y Verum en México, y con otras entidades regionales. Sin embargo, las calificaciones de las «Tres Grandes» siguen siendo las de referencia para los inversores internacionales que participan en los mercados de deuda latinoamericanos.
6. Controversias y críticas[editar]
A lo largo de su más de un siglo de historia, Moody's ha sido objeto de múltiples controversias y críticas, la mayoría de las cuales giran en torno a un núcleo común de preocupaciones: los posibles conflictos de interés derivados de su modelo de negocio y la precisión —o falta de ella— de sus calificaciones.
El modelo de «el emisor paga»[editar]
El modelo de negocio según el cual la entidad que emite un bono es la que contrata y paga a la agencia calificadora ha sido, y sigue siendo, la crítica estructural más persistente contra Moody's y contra toda la industria de las calificaciones crediticias. Este modelo fue adoptado por las agencias en los años 1970, cuando la generalización de la fotocopiadora hizo insostenible el modelo anterior de suscripciones pagadas por inversores —los suscriptores simplemente fotocopiaban y distribuían los informes, erosionando la base de ingresos—.[10]
Los críticos, incluyendo destacados economistas académicos, sostienen que este modelo crea un conflicto de interés fundamental: el emisor, que paga por la calificación, tiene un incentivo obvio para buscar la calificación más alta posible —las calificaciones más bajas implican mayores costos de financiamiento—. Si un emisor no está satisfecho con la calificación que recibe de Moody's, puede llevar su negocio a S&P, a Fitch, o a otra agencia, un fenómeno conocido como «rating shopping» (búsqueda de la mejor calificación). Las agencias, a su vez, dependen de los ingresos que generan los emisores, lo que crea un incentivo —incluso si no es explícito— para no ser excesivamente duras en las evaluaciones.
Moody's ha defendido consistentemente su modelo de negocio, argumentando que:
- La alternativa —un modelo de suscripción pagada por inversores— crearía asimetrías de información, ya que solo los grandes inversores institucionales podrían permitirse el acceso a las calificaciones.
- Las agencias calificadoras tienen un incentivo reputacional a largo plazo que supera cualquier beneficio a corto plazo de inflar las calificaciones: una agencia que pierde su credibilidad pierde su valor como negocio.
- Existen estrictas barreras organizativas —«murallas chinas»— entre las funciones comerciales y las analíticas dentro de la compañía.
La crisis de las hipotecas subprime[editar]
La controversia más grave en la historia de Moody's fue, sin duda, su papel en la crisis financiera global de 2007-2008, ya descrita en detalle en la sección histórica de este artículo. La revelación de que la agencia había otorgado calificaciones Aaa a productos financieros que posteriormente colapsaron —y de que algunos analistas expresaban en privado dudas que no se reflejaban en las calificaciones públicas— infligió un daño reputacional considerable, aunque la posición de mercado de la compañía sobrevivió sustancialmente intacta.
La crisis de la deuda soberana europea[editar]
Durante la crisis de la eurozona (2010-2012), las agencias calificadoras —incluida Moody's— fueron acusadas por líderes políticos europeos de actuar de manera procíclica y de exacerbar la crisis. Las rebajas sucesivas de las calificaciones de Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia —en algunos casos, degradaciones de varios escalones en cuestión de meses— provocaron un encarecimiento del financiamiento de estos países en los mercados de bonos, lo que a su vez empeoraba su situación fiscal, exactamente el tipo de deterioro que las agencias señalaban como justificación para sus rebajas.
Funcionarios de la Comisión Europea y de varios gobiernos del sur de Europa sugirieron públicamente que existía un sesgo anti-europeo en las agencias calificadoras estadounidenses, y la crisis reavivó el debate —particularmente en Europa— sobre la necesidad de crear agencias de calificación alternativas, posiblemente de carácter público o de ámbito regional, que pudieran competir con el oligopolio de las Tres Grandes.
Litigios y acuerdos regulatorios[editar]
Además del acuerdo de 864 millones de dólares con el Departamento de Justicia de Estados Unidos en 2017, Moody's ha enfrentado otros litigios y sanciones regulatorias a lo largo de los años:
- La Comisión Europea ha llevado a cabo investigaciones sobre las prácticas de las agencias calificadoras, aunque las sanciones a Moody's en Europa han sido menos cuantiosas que en Estados Unidos.
- Inversores institucionales —incluyendo fondos de pensiones y aseguradoras que sufrieron pérdidas durante la crisis financiera— han presentado demandas contra Moody's, algunas de las cuales resultaron en acuerdos extrajudiciales.
7. Posición competitiva y estructura del mercado[editar]
Moody's opera en un mercado global de calificaciones crediticias que constituye uno de los ejemplos más claros de oligopolio en la economía mundial.
S&P Global Ratings (anteriormente Standard & Poor's) es el principal competidor de Moody's, con una cuota de mercado global ligeramente superior en la mayoría de los segmentos, particularmente en el mercado estadounidense de calificaciones corporativas. Ambas agencias tienen historias paralelas —S&P tiene raíces que se remontan a la década de 1860, aunque su negocio de calificaciones moderno se consolidó en fechas similares a las de Moody's— y metodologías comparables, aunque formalmente independientes.
Fitch Ratings, la tercera de las grandes, tiene una presencia global significativa pero una cuota de mercado menor. Fitch es particularmente fuerte en ciertos nichos, como las calificaciones de finanzas estructuradas en Europa y las calificaciones de entidades financieras en mercados emergentes. La agencia es propiedad del conglomerado de información financiera Hearst Corporation.
Existen también agencias más pequeñas y especializadas: DBRS (Canadá, con creciente presencia en Europa), Japan Credit Rating Agency - JCR (Japón), rating and investment information - R&I (Japón), China Chengxin (China), y agencias calificadoras locales en mercados emergentes —como HR Ratings y Verum en México—. Sin embargo, ninguna de estas agencias ha logrado desafiar significativamente la posición dominante de las Tres Grandes a escala global, en parte debido a las barreras regulatorias —muchas normativas exigen el uso de agencias «reconocidas» o «designadas», lo que favorece a las ya establecidas— y en parte debido a las barreras reputacionales —inversores y emisores confían en marcas con décadas de historia—.
En el segmento de análisis y datos, Moody's Analytics compite con un conjunto más diverso de actores, incluyendo Bloomberg, S&P Global Market Intelligence, Refinitiv (del grupo London Stock Exchange Group), MSCI, y firmas de consultoría especializadas en riesgos como Oliver Wyman y McKinsey.
8. Véase también[editar]
- Agencia de calificación crediticia
- Standard & Poor's
- Fitch Ratings
- Crisis financiera de 2008
- Crisis de las hipotecas subprime
- Ley Dodd-Frank
- Deuda soberana
- Bono basura
- Mercado de bonos
- Bolsa de Nueva York
9. Referencias y recursos[editar]
Los datos y la información contenidos en este artículo proceden de fuentes que incluyen: los informes anuales (Form 10-K) presentados por Moody's Corporation ante la Securities and Exchange Commission (SEC) de Estados Unidos; las publicaciones metodológicas y los comunicados de calificación de Moody's Investors Service; los informes del Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado de los Estados Unidos sobre la crisis financiera (Wall Street and the Financial Crisis: The Role of Credit Rating Agencies, 2011); los documentos de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) sobre la supervisión de agencias de calificación; los acuerdos de la compañía con el Departamento de Justicia de Estados Unidos y otros organismos regulatorios; y la cobertura de medios financieros internacionales. Las cifras financieras, calificaciones y datos de contacto actualizados deben verificarse en las fuentes oficiales más recientes disponibles a través de moodys.com y de los sistemas de información financiera de la SEC (EDGAR).
Antes del manual de 1909, John Moody había fundado el «Moody's Magazine», una publicación de análisis financiero que quebró durante el pánico financiero de 1907. Esta experiencia reforzó su convicción sobre la necesidad de información crediticia independiente y metodológicamente rigurosa, libre de los conflictos de interés que afectaban a los análisis producidos por los propios bancos emisores de los bonos. ↩︎
Las calificaciones de Moody's durante los años previos a la Gran Depresión no fueron, sin embargo, infalibles. Numerosos bonos calificados en categorías de grado de inversión incumplieron durante la crisis, y las metodologías de la época eran considerablemente menos sofisticadas que las actuales. No obstante, el desempeño relativo de las calificaciones de Moody's —medido como la tasa de impago de los bonos calificados en cada categoría— fue mejor que el de la mayoría de sus competidores, lo que cimentó su reputación. ↩︎
Los productos estructurados representaban un negocio particularmente rentable: las comisiones por calificar un CDO complejo podían ser de 500 000 a 1 millón de dólares, comparado con los 50 000 a 100 000 dólares de una calificación corporativa tradicional. Para 2006, en el pico del auge de las hipotecas subprime, los ingresos por calificación de productos estructurados constituían aproximadamente el 44 % de los ingresos totales de Moody's Investors Service. ↩︎
El modelo de «el emisor paga» fue adoptado después de que la fotocopiadora y la distribución masiva de información financiera se generalizaran en los años 1970, lo que hizo insostenible el modelo anterior de suscripciones pagadas por los inversores —los suscriptores simplemente fotocopiaban y compartían los análisis—. Los defensores argumentan que el modelo actual democratiza el acceso a las calificaciones, mientras que los críticos —incluyendo economistas como Joseph Stiglitz y Paul Krugman— sostienen que crea un incentivo estructural para que las agencias inflen las calificaciones a fin de retener a los emisores como clientes. ↩︎
Los instrumentos calificados como Aaa que posteriormente colapsaron incluían CDO respaldados por hipotecas subprime originadas principalmente en 2005, 2006 y principios de 2007. Cuando los precios de la vivienda en Estados Unidos comenzaron a caer y las tasas de morosidad hipotecaria se dispararon, la cascada de degradaciones masivas —en algunos casos, de Aaa directamente a categorías de impago— sacudió los cimientos del sistema financiero global. Las pérdidas para inversores institucionales se estiman en cientos de miles de millones de dólares. ↩︎
La frase textual del analista, según las transcripciones del Subcomité, fue: «These errors make us look either incompetent at credit analysis or like we sold our soul to the devil for revenue, or a little bit of both.» La comunicación ilustraba la tensión interna entre mantener la integridad analítica y satisfacer las demandas comerciales de los bancos de inversión —los emisores de los CDO—, que amenazaban con llevar sus negocios a agencias competidoras si no obtenían las calificaciones deseadas. ↩︎
La diferencia en la notación —Aaa de Moody's frente a AAA de S&P y Fitch— es una peculiaridad histórica. Cuando John Moody creó su sistema en 1909, optó por una combinación de mayúsculas y minúsculas que consideró más legible. La distinción se ha mantenido como un elemento de identidad de marca y como una forma práctica de identificar inmediatamente la fuente de una calificación en documentos financieros donde conviven calificaciones de múltiples agencias. ↩︎
La distinción entre «perspectiva» y «revisión» es importante para los participantes del mercado. Una perspectiva negativa indica que existe aproximadamente una probabilidad de una entre tres de que la calificación sea rebajada en los siguientes 12-18 meses. Una revisión para posible rebaja indica una probabilidad significativamente más alta —aproximadamente del 50 % o más— y una expectativa de resolución en un plazo mucho más corto, típicamente 90 días. Los movimientos del mercado suelen ser más pronunciados ante anuncios de revisión que ante cambios de perspectiva. ↩︎
La calificación Ca de Argentina la sitúa solo un escalón por encima de C —la categoría de impago—. Esta calificación refleja no solo los desequilibrios macroeconómicos crónicos —inflación persistentemente alta, déficits fiscales significativos, distorsiones cambiarias—, sino también la percepción de que la probabilidad de otro evento de reestructuración o impago en el mediano plazo es sustancial. ↩︎
El cambio del modelo de «el inversor paga» al modelo de «el emisor paga» no fue una decisión arbitraria, sino una respuesta a un cambio tecnológico —la fotocopiadora— y a cambios en la estructura del mercado financiero. Sin embargo, décadas después, con la llegada de internet y la posibilidad teórica de implementar modelos de pago alternativos —como un sistema de tarifas centralizado o una plataforma de calificaciones financiada mediante un canon regulatorio—, el debate sobre si el modelo actual es el más adecuado sigue estando lejos de estar resuelto. ↩︎