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Segunda República Española

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Segunda República Española · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
PaísesEspaña · México · Argentina · Venezuela
CiudadesMadrid · Valencia · Barcelona
LiteraturaFederico García Lorca · Miguel Hernández
República Española
Nombre oficialRepública Española
CapitalMadrid
(gobierno trasladado a Valencia y Barcelona durante la guerra civil)
Idioma oficialEspañol (castellano); reconocimiento de lenguas regionales en estatutos de autonomía
Forma de gobiernoRepública democrática semipresidencialista unitaria (según la Constitución de 1931)
Presidente de la RepúblicaNiceto Alcalá-Zamora (1931–1936)
Manuel Azaña (1936–1939)
Presidente del Consejo de MinistrosVarios (ver lista abajo)
Período históricoEntreguerras
Proclamación14 de abril de 1931
Disolución efectiva1 de abril de 1939
MonedaPeseta

La Segunda República Española fue el régimen político democrático instaurado en España el 14 de abril de 1931, tras la caída de la monarquía de Alfonso XIII, y que se mantuvo formalmente hasta el 1 de abril de 1939, cuando el bando sublevado, liderado por el general Francisco Franco, declaró su victoria en la guerra civil española. Durante sus casi ocho años de existencia, la República impulsó uno de los programas de modernización y reforma social más ambiciosos de la historia contemporánea española, al tiempo que enfrentó profundas divisiones políticas, tensiones territoriales, conflictividad social y una sublevación militar que condujo a una devastadora guerra civil.

El período republicano se desarrolló en un contexto internacional marcado por la Gran Depresión, el ascenso de los totalitarismos en Europa y la polarización ideológica entre fascismo y comunismo. Internamente, la República intentó abordar problemas estructurales de larga data: la desigualdad en el campo (especialmente en el sur latifundista), la influencia de la Iglesia católica en la educación y la sociedad, la organización territorial del Estado y las demandas de autonomía de regiones como Cataluña y el País Vasco, así como la modernización del ejército.

El fracaso de la República y su desenlace en la guerra civil han sido objeto de intenso debate historiográfico y político, y su memoria sigue presente en la España contemporánea y en las comunidades de exiliados en Hispanoamérica, donde la República fue vista como un símbolo de la democracia y la resistencia contra el fascismo.

1. Antecedentes[editar]

1.1 Crisis del régimen de la Restauración[editar]

El régimen de la Restauración borbónica, instaurado en 1874, entró en una crisis irreversible a principios del siglo XX. La pérdida de las últimas colonias de ultramar en 1898, el descontento popular, el auge del movimiento obrero (socialista y anarquista), así como el regeneracionismo y las críticas al «turno pacífico» de los partidos dinásticos (Conservador y Liberal), minaron la legitimidad del sistema. La Semana Trágica de Barcelona (1909), la crisis de 1917 (huelga general, asamblea de parlamentarios y juntas militares) y el desastre de Annual en la guerra de Marruecos (1921) fueron hitos del deterioro.

1.2 La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)[editar]

El capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923[sin verificar] con el beneplácito del rey Alfonso XIII. La dictadura, que inicialmente se presentó como transitoria, suspendió la Constitución de 1876, disolvió las Cortes, prohibió los partidos políticos y reprimió al movimiento obrero. Aunque logró ciertos éxitos económicos en sus primeros años y puso fin a la guerra de Marruecos con el desembarco de Alhucemas (1925), la oposición creció y el régimen perdió apoyos. Primo de Rivera dimitió en enero de 1930 y murió poco después en el exilio.

1.3 La caída de la monarquía[editar]

El gobierno del general Dámaso Berenguer intentó una vuelta a la normalidad constitucional, pero la oposición republicana y nacionalista se reorganizó. En agosto de 1930, representantes de diversas fuerzas firmaron el Pacto de San Sebastián, comprometiéndose a impulsar la instauración de la república. El 12 de diciembre de 1930 fracasó una sublevación militar republicana en Jaca, pero el efecto propagandístico fue considerable. En febrero de 1931, el almirante Aznar sustituyó a Berenguer y convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931, que se transformaron en un plebiscito sobre la monarquía. El triunfo abrumador de las candidaturas republicanas en la mayoría de las capitales de provincia llevó a la proclamación de la República en ciudades como Éibar y Barcelona, y el rey Alfonso XIII optó por salir de España sin abdicar formalmente. El 14 de abril se proclamó la Segunda República en Madrid, formándose un Gobierno Provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora.

2. Gobierno Provisional y primeras medidas (abril-diciembre 1931)[editar]

El Gobierno Provisional, de amplia base (incluía desde republicanos conservadores como Alcalá-Zamora y Miguel Maura hasta socialistas como Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto, además de figuras como Manuel Azaña y los nacionalistas catalanes), convocó elecciones a Cortes Constituyentes y comenzó a legislar por decreto. Entre las primeras disposiciones estuvieron la amnistía para presos políticos, la jornada laboral de ocho horas, la creación de jurados mixtos en el campo y una reforma educativa que impulsaba la construcción de escuelas públicas y la laicidad.

El ambiente de euforia popular también se tradujo en disturbios anticlericales en Madrid y otras ciudades en mayo de 1931, que pusieron a prueba la autoridad del gobierno. Las elecciones constituyentes de junio de 1931 dieron una amplia mayoría a la coalición republicano-socialista, con una abstención más elevada entre el electorado conservador y católico.

3. Primer Bienio Reformista (1931-1933)[editar]

3.1 La Constitución de 1931[editar]

Las Cortes Constituyentes aprobaron el 9 de diciembre de 1931 una nueva Constitución, que definía a España como «una República democrática de trabajadores de toda clase», organizada en un sistema semipresidencialista y laica. Reconocía el sufragio universal —masculino y femenino, tras un intenso debate en el que Clara Campoamor fue decisiva—, el derecho de las regiones a establecer Estatutos de Autonomía, la función social de la propiedad (con posibilidad de expropiación), la separación Iglesia-Estado, la disolución de la Compañía de Jesús y la prohibición del ejercicio de la enseñanza a las órdenes religiosas. Se creaba un Tribunal de Garantías Constitucionales.

La cuestión religiosa provocó la dimisión del presidente provisional Alcalá-Zamora y del ministro Miguel Maura, pero el texto fue aprobado con el voto mayoritario de la mayoría republicano-socialista, mientras que la derecha católica y los sectores monárquicos se situaron en contra. Manuel Azaña asumió la presidencia del gobierno (diciembre de 1931).

3.2 Reformas del gobierno de Azaña[editar]

El gobierno de Azaña, apoyado por los socialistas, emprendió un ambicioso programa reformista:

  • Reforma militar: la «Ley Azaña» de 1932 buscaba reducir un ejército inflado de oficialidad, suprimir la Academia General Militar (dirigida por Franco) y crear un ejército profesional leal al régimen, pero generó malestar en sectores castrenses.
  • Reforma agraria: la Ley de Bases de la Reforma Agraria de septiembre de 1932 permitía la expropiación con indemnización de latifundios y su reparto entre jornaleros; su aplicación fue lenta y generó frustración en el campo y oposición entre los propietarios.
  • Reforma educativa: se construyeron miles de escuelas, se aumentó el salario de los maestros y se impulsó una pedagogía laica. Las Misiones Pedagógicas llevaron cultura a áreas rurales con teatros, bibliotecas y gramófonos.
  • Reforma territorial: el 9 de septiembre de 1932 se aprobó el Estatuto de Autonomía de Cataluña, que restableció la Generalitat, con Francesc Macià como presidente.
  • Reforma laboral: Largo Caballero, desde el Ministerio de Trabajo, impulsó los seguros sociales, la contratación colectiva y una mayor protección del trabajador.

3.3 Oposición y conflictos[editar]

El bienio reformista encontró una creciente oposición. El sector católico y conservador se organizó en torno a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), liderada por José María Gil-Robles. En 1932 se produjo el primer golpe de Estado fallido, encabezado por el general Sanjurjo (la «Sanjurjada»), que fue aplastado. Por la izquierda, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), de orientación anarquista, protagonizó insurrecciones y huelgas violentas (como las de 1932 y 1933), en las que se produjeron numerosas víctimas. Sucesos como la matanza de Casas Viejas (enero de 1933), en la que la Guardia Civil y fuerzas de Asalto reprimieron con dureza una sublevación campesina, desgastaron al gobierno y forzaron la dimisión de Azaña y la convocatoria de nuevas elecciones en noviembre de 1933.

4. Segundo Bienio o Bienio Radical-Cedista (1933-1935)[editar]

4.1 Gobierno de Lerroux y la CEDA[editar]

Las elecciones de 1933, las primeras con sufragio femenino en España, dieron la victoria a la CEDA de Gil-Robles y al Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux. La progresiva entrada de ministros de la CEDA en el gobierno a partir de octubre de 1934 fue interpretada por la izquierda como la antesala de un giro autoritario o fascista, pues Gil-Robles admiraba el modelo austriaco de Dollfuss.

El bienio radical-cedista desmontó parte de la obra reformista del período anterior: se paralizó la reforma agraria, se redujo el presupuesto en educación y se restablecieron las relaciones con la Iglesia (firma del Concordato con la Santa Sede que no se ratificó). Se indultó a los participantes en la «Sanjurjada» y creció la tensión social.

4.2 La Revolución de 1934[editar]

En respuesta a la entrada de ministros de la CEDA, la izquierda obrera y republicana convocó una huelga general que derivó en una insurrección armada en Asturias y, de forma efímera, en Cataluña. En Asturias, los mineros socialistas y anarcosindicalistas controlaron las cuencas mineras durante varias semanas, proclamando una «República Socialista». La represión del ejército, dirigido desde Madrid por el general Franco, fue brutal y dejó un saldo de alrededor de 1.500 a 2.000 muertos. En Cataluña, Lluís Companys, presidente de la Generalitat, proclamó el «Estado Catalán dentro de la República Federal Española», pero la sublevación fue sofocada rápidamente; Companys fue detenido y el Estatuto de Autonomía, suspendido temporalmente.

4.3 Crisis de gobierno[editar]

Los escándalos de corrupción, en particular el del estraperlo y el asunto Nombela, minaron la credibilidad del gobierno radical. La coalición de derechas se desintegró. El presidente de la República, Alcalá-Zamora, se negó a entregar el poder a Gil-Robles y decidió disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones para febrero de 1936.

Las izquierdas se agruparon en el Frente Popular, coalición que incluía a republicanos (Unión Republicana e Izquierda Republicana de Azaña), socialistas, comunistas y el POUM, así como a otras fuerzas obreras y nacionalistas, sobre un programa común moderado. La derecha concurrió desunida, aunque la CEDA era la fuerza mayor. Las elecciones del 16 de febrero de 1936 dieron un triunfo ajustado al Frente Popular en número de escaños, aunque el resultado en votos fue reñido[1]. Inmediatamente, Azaña formó gobierno con republicanos de izquierda, sin socialistas, reanudando la política reformista.

El gobierno de Azaña aplicó rápidamente el programa pactado: restableció la Generalitat de Cataluña, tramitó los estatutos de autonomía de Galicia y País Vasco, reanudó la reforma agraria y excarceló a los presos de la Revolución de 1934. En mayo de 1936, tras la destitución de Alcalá-Zamora como presidente de la República, Azaña asumió la jefatura del Estado y el socialista Santiago Casares Quiroga fue nombrado presidente del Consejo de Ministros.

La primavera de 1936 estuvo marcada por una espiral de violencia política: asesinatos entre milicias de izquierda y pistoleros de Falange española, quema de iglesias, huelgas salvajes y una sensación de inseguridad. La retórica de los líderes de ambos extremos —José Calvo Sotelo por el Bloque Nacional, y Dolores Ibárruri «La Pasionaria» o Largo Caballero por la izquierda— agravó la polarización. El asesinato de Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936[sin verificar] por miembros de la Guardia de Asalto y de las milicias socialistas actuó como catalizador de la conspiración militar que ya llevaba meses preparándose.

6. Golpe de Estado y Guerra Civil (1936-1939)[editar]

6.1 La sublevación militar[editar]

El 17 de julio de 1936 se produjo una sublevación entre las tropas del ejército de África en Melilla. El golpe se extendió al día siguiente a la península, con el general Emilio Mola como cerebro organizador y el general José Sanjurjo (que murió en accidente aéreo el 20 de julio) como líder nominal. Tras la muerte de Sanjurjo, el liderazgo recayó en el general Francisco Franco, que se trasladó a la península con el ejército de África el 19 de julio. El alzamiento triunfó en aproximadamente la mitad del país, incluyendo Galicia, Castilla y León, Navarra, Álava, buena parte de Aragón, Baleares (salvo Menorca) y Canarias, pero fracasó en las principales ciudades industriales (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao) y en gran parte del sur, donde las milicias obreras y las fuerzas leales al gobierno republicano contuvieron a los sublevados.

España quedó dividida en dos zonas en conflicto. La República mantuvo el control de las zonas más industrializadas y de la fachada mediterránea, pero perdió parte de la cúpula militar y recibió un apoyo limitado de las democracias occidentales, mientras que el bando sublevado obtuvo rápida ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista (la Legión Cóndor, el Corpo Truppe Volontarie). La Unión Soviética auxilió a la República a partir de octubre de 1936, al igual que las Brigadas Internacionales, formadas por voluntarios de sesenta países.

6.2 Desarrollo de la guerra[editar]

  • Batalla de Madrid (1936-1937): Los sublevados intentaron tomar la capital mediante un ataque frontal y luego con envolventes (batallas del Jarama y Guadalajara), pero las fuerzas republicanas, con el famoso lema «¡No pasarán!», resistieron. Madrid se convirtió en símbolo de la resistencia republicana. El gobierno se trasladó a Valencia en noviembre de 1936.
  • Campaña del Norte (1937): Las fuerzas de Franco, con superioridad aérea y material, conquistaron Vizcaya, Santander y Asturias, eliminando el frente norte republicano. El bombardeo de Guernica (abril de 1937) por la Legión Cóndor alcanzó gran repercusión internacional a través del cuadro de Picasso.
  • Ofensivas republicanas: El ejército popular lanzó ofensivas para aliviar el frente norte (Brunete en julio de 1937, Belchite en agosto, Teruel en el invierno de 1937-38), pero lograron solo éxitos temporales.
  • Batalla del Ebro (1938): La ofensiva republicana más ambiciosa cruzó el Ebro en julio, pero tras meses de intensos combates de desgaste, los republicanos se replegaron en noviembre. Fue el punto de no retorno: la República perdió su ejército veterano.
  • Caída de Cataluña (1939): Los ejércitos franquistas penetraron en Cataluña, tomaron Barcelona sin apenas resistencia el 26 de enero de 1939[sin verificar] y provocaron un éxodo masivo de refugiados hacia Francia. Azaña, desde París, dimitió como presidente de la República en febrero. El coronel Segismundo Casado dio un golpe contra el gobierno comunista de Negrín en Madrid en marzo, intentando una paz negociada, pero Franco exigió la rendición incondicional. El 1 de abril de 1939, el bando sublevado emitió el último parte de guerra, declarando la victoria: «la guerra ha terminado».

6.3 La República en guerra[editar]

Durante el conflicto, la República experimentó profundas divisiones internas entre comunistas, socialistas (prietistas y caballeristas), anarcosindicalistas y el POUM. Los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona enfrentaron a fuerzas gubernamentales y comunistas con anarquistas y el POUM, resultando en la represión de estos últimos. El gobierno de Juan Negrín (desde mayo de 1937) se apoyó crecientemente en el Partido Comunista, el grupo mejor organizado y fiel a Moscú, lo que generó recelos dentro de la coalición. La política de «resistir es vencer» y la esperanza de que la guerra mundial (que estalló en septiembre de 1939) salvara a la República no se materializaron.

7. Símbolos de la Segunda República[editar]

La República adoptó una nueva bandera tricolor (rojo, amarillo y morado) en sustitución de la bicolor borbónica (rojo y gualda). El morado, añadido en la franja inferior, representaba, según diversas interpretaciones, a Castilla (el pendón de los comuneros). El himno oficial siguió siendo la Marcha Real, aunque se le intentó añadir letra republicana, no oficializada. El escudo republicano suprimió la corona real y añadió la corona mural, y acentuó los símbolos regionales (los cuarteles de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, con el añadido opcional de las Columnas de Hércules sin corona). Las monedas y sellos comenzaron a emitirse con la efigie de la República (una matrona) y la leyenda «República Española».

8. Cultura, educación y vida intelectual[editar]

La Segunda República impulsó un vigoroso renacimiento cultural vinculado a la modernidad, la secularización y la difusión popular del conocimiento. La generación del 27, con figuras como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre y Miguel Hernández, muchos de ellos comprometidos con la causa republicana, vivió su época de esplendor. Las Misiones Pedagógicas, vinculadas a la Institución Libre de Enseñanza, llevaron teatro y arte a pueblos que nunca los habían conocido. El Museo Pedagógico, la creación de miles de plazas escolares y la difusión de bibliotecas públicas convirtieron a la cultura en uno de los ejes de la acción republicana.

Durante la guerra, la República organizó el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura en Valencia y Madrid en 1937, con la presencia de autores como Pablo Neruda, André Malraux y Ernest Hemingway, y comisarías de propaganda y protección del patrimonio artístico (como la que salvó obras del Museo del Prado durante los bombardeos sobre Madrid).

9. Política exterior y relaciones internacionales[editar]

La República buscó el apoyo de las democracias europeas, particularmente de Francia —gobernada por el Frente Popular de Léon Blum—, pero chocó con la política de «no intervención» promovida por el Reino Unido para contener el conflicto y evitar una conflagración europea. El Comité de No Intervención, con sede en Londres, reunió a las grandes potencias, pero fue sistemáticamente incumplido por Alemania e Italia, que auxiliaron a Franco, mientras que la URSS armó a la República a cambio de las reservas de oro del Banco de España (el llamado «oro de Moscú»). México, bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas, fue uno de los más leales aliados de la República, reconociendo a su gobierno hasta el final y acogiendo a miles de refugiados. La República ingresó en la Sociedad de Naciones y trató en vano de obtener una mediación internacional.

10. El fin de la República y el exilio[editar]

La victoria de los sublevados el 1 de abril de 1939 supuso el fin de la República y la instauración del régimen franquista, que se prolongó hasta 1975. El presidente Azaña y otros cargos republicanos cruzaron la frontera francesa y se exiliaron. La mayoría de las Cortes republicanas se reunieron por última vez en París, y en julio de 1939, en el exilio, Diego Martínez Barrio asumió la presidencia de la República en el exilio, que mantuvo una cierta continuidad institucional hasta 1977, cuando fue disuelta con la proclamación del rey Juan Carlos I y la transición democrática.

Países como México, Argentina, Chile, Venezuela y otros de Hispanoamérica recibieron a la mayoría de estos refugiados, enriqueciendo sus universidades, sistemas editoriales, artes y ciencias. La Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE) y el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE) organizaron la emigración y un exiguo sustento económico.

11. Legado y memoria histórica[editar]

La Segunda República Española es, desde su derrota, un referente simbólico en la historia de España. Para la izquierda y el republicanismo, encarna un proyecto truncado de modernización democrática, secularización y justicia social. Para la derecha, durante décadas se presentó como un período de caos, revolución y persecución religiosa que justificó la «Cruzada» franquista.

Desde la Transición democrática y la Ley de Memoria Histórica de 2007, el conocimiento y reivindicación de la República, así como la reparación de las víctimas de la guerra y la posguerra, han recobrado vigencia. Discusiones sobre símbolos republicanos en el espacio público, apertura de fosas comunes y reconocimiento institucional del exilio forman parte del presente español. La tricolor republicana sigue siendo un símbolo de reivindicación democrática en muchas manifestaciones populares, sin que ello implique necesariamente una restauración institucional de la República.

12. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La relación de la Segunda República con América Latina fue especialmente estrecha y multifacética. México, bajo el mandato de Lázaro Cárdenas, fue el principal valedor diplomático durante la guerra y el mayor receptor de exiliados. La editorial Séneca, fundada por exiliados, publicó obras capitales y es considerada un hito editorial.

En Argentina, los republicanos contribuyeron a la prensa, las editoriales y la universidad. En Venezuela también se asentaron importantes figuras. En todos estos países, la República fue vista como un ejemplo de lucha por la democracia y contra el fascismo, y su legado permanece en la memoria cultural y política latinoamericana.

La influencia del exilio en la lengua, la filosofía, la ciencia y el arte hispanoamericanos fue profunda y contribuyó a una globalización cultural impulsada por la tragedia. Incluso hoy, actos de homenaje a la República y a sus intelectuales se organizan en la región, y la bandera tricolor es enarbolada en manifestaciones por la democracia y los derechos humanos en varios países latinoamericanos.


  1. Las cifras exactas de votos y escaños han sido objeto de controversia historiográfica y manipulación política posterior, pero la mayoría de los estudios confirman el triunfo del Frente Popular en escaños. ↩︎