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Caballo de Troya

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Caballo de Troya
Qué esEl caballo hueco de madera con el que, según la tradición griega, los aqueos introdujeron un comando de guerreros dentro de las murallas de Troya y tomaron la ciudad
ConstructorEpeo el focidio
Autor del planOdiseo, según la versión más difundida; otras fuentes lo atribuyen a la diosa Atenea o al adivino Prilis de Lesbos
Guerreros en su interiorLas fuentes discrepan: cincuenta según Apolodoro, tres mil según la Pequeña Ilíada citada por él mismo, veintitrés según Tzetzes, treinta nombrados por Quinto de Esmirna
Fuentes antiguasOdisea (menciones dispersas), Eneida (libro II, el relato más detallado), Pequeña Ilíada e Iliupersis (perdidas, conservadas en resúmenes), Epítome de Apolodoro, Posthoméricas de Quinto de Esmirna
Personajes clave del episodioSinón, que engaña a los troyanos; Laocoonte y Casandra, que advierten en vano
Uso figuradoEn español, cualquier engaño introducido por la propia víctima en su casa; en informática, un programa que oculta código dañino bajo una apariencia inofensiva

1. Resumen[editar]

El caballo de Troya es el ardid con el que, según la tradición griega, los aqueos pusieron fin a los diez años de asedio narrados en la Ilíada. Incapaces de tomar la ciudad por la fuerza, fingieron abandonar el sitio y dejaron ante las murallas un enorme caballo de madera hueco, presentado como ofrenda a los dioses. Los troyanos lo introdujeron en la ciudad; por la noche salieron de él los guerreros escondidos, abrieron las puertas al ejército que había regresado al amparo de la oscuridad, y Troya fue arrasada.

Es probablemente el episodio más conocido de toda la mitología griega y, al mismo tiempo, uno de los peor documentados: no aparece narrado en la Ilíada, que termina antes de la caída de la ciudad, y en la Odisea sólo se menciona de pasada, como algo que el oyente ya conoce. El relato extenso que todo el mundo recuerda no es griego sino latino: lo escribió Virgilio en el libro II de la Eneida, siete siglos después de Homero.

Su interpretación ha ocupado a filólogos y arqueólogos desde el siglo XIX. Las hipótesis principales lo explican como una máquina de asedio —los antiguos daban nombres de animales a los ingenios militares—, como una metáfora de un terremoto —Poseidón era a la vez dios de los caballos y de los seísmos— o incluso como un barco, dado que el vocabulario de embarcar y el de entrar en el caballo coinciden y que las naves recibían el nombre de «caballos del mar».

De ese episodio proceden dos usos figurados vivísimos en español: el «caballo de Troya» como engaño que la víctima mete voluntariamente en su casa, y el «troyano» informático, que es exactamente lo mismo trasladado al software.

2. Las fuentes antiguas[editar]

La primera dificultad al estudiar el episodio es que las fuentes que lo contaban por extenso se han perdido, y las que se conservan lo dan por sabido o lo cuentan tarde.

La Odisea contiene las menciones más antiguas conservadas, siempre indirectas. En el canto IV, Menelao evoca lo que Odiseo hizo y sufrió dentro del «caballo de pulimentada madera»; más adelante, un aedo canta el episodio ante el propio Odiseo, que rompe a llorar al oírlo. Homero no lo narra: lo cita como material conocido por su público.

La Pequeña Ilíada y la Iliupersis de Arctino de Mileto, dos poemas del llamado ciclo troyano, sí lo contaban por extenso. Ambos se han perdido, y lo que sabemos de ellos procede de resúmenes tardíos, sobre todo de la Crestomatía de Proclo. Es en ellos donde estaban los detalles que después se dieron por canónicos.

La Eneida de Virgilio, libro II, es el relato completo que ha llegado a la posteridad. Está puesto en boca de Eneas, superviviente troyano, que se lo narra a la reina Dido en Cartago. Su fuerza literaria —el sacerdote Laocoonte devorado por serpientes, el griego Sinón mintiendo con lágrimas, la ciudad ardiendo de noche— es la razón por la que el episodio se recuerda tal como lo contó un poeta romano y no como pudo contarlo un griego.

El Epítome de Apolodoro aporta los datos de construcción y el número de guerreros, y las Posthoméricas de Quinto de Esmirna, ya del siglo IV d. C., ofrecen la versión más extensa en griego, con treinta guerreros nombrados uno a uno.

3. El relato[editar]

3.1 La construcción[editar]

El caballo lo construyó Epeo el focidio, carpintero y no guerrero de primera fila, que en las versiones antiguas trabajó con ayuda de Atenea. La idea se atribuye mayoritariamente a Odiseo, el héroe de los ardides, aunque hay fuentes que la remontan a la propia Atenea o al adivino Prilis de Lesbos.

Sobre cuántos hombres iban dentro, las fuentes se contradicen de forma llamativa: Apolodoro habla de cincuenta, y él mismo cita la Pequeña Ilíada dando la cifra improbable de tres mil; Tzetzes dice veintitrés; Quinto de Esmirna enumera treinta por su nombre. La discrepancia es un indicio útil sobre la naturaleza del material: no se trata de una crónica con una cifra verificable, sino de una tradición oral que cada autor ajustó a su gusto.

3.2 El engaño[editar]

Los aqueos quemaron su campamento y se hicieron a la mar, escondiéndose tras la isla de Ténedos. Dejaron atrás el caballo con una inscripción que lo consagraba a Atenea, y a un hombre: Sinón, que se dejó capturar y contó a los troyanos una historia falsa —que había escapado de ser sacrificado por sus propios compañeros, que odiaba a Odiseo, que el caballo era una ofrenda expiatoria construida deliberadamente demasiado grande para que no cupiera por las puertas de la ciudad—.

Dos voces se opusieron. El sacerdote Laocoonte desconfió del regalo, arrojó una lanza contra el flanco del caballo y advirtió a sus conciudadanos de que no reconocían a Ulises en aquello; poco después, dos serpientes salidas del mar lo devoraron junto a sus hijos, escena que los troyanos leyeron como castigo divino a su incredulidad y que la escultura helenística inmortalizó en el grupo del Laocoonte conservado en los Museos Vaticanos. Casandra, condenada a profetizar la verdad sin ser creída jamás, anunció la catástrofe y fue ignorada.

Los troyanos derribaron un tramo de muralla para meter el caballo, celebraron el fin de la guerra y se durmieron. Por la noche, Sinón abrió la trampilla, los guerreros descendieron, mataron a los centinelas y abrieron las puertas al ejército que había vuelto de Ténedos. El saqueo que siguió —la muerte del rey Príamo ante el altar, el reparto de las mujeres, el incendio— es el material de la Iliupersis y de las tragedias griegas sobre las troyanas.

4. ¿Qué pudo ser realmente?[editar]

Ningún indicio arqueológico prueba ni desmiente el episodio, y el yacimiento de Troya no puede aportar nada sobre un objeto de madera. Lo que existen son hipótesis interpretativas, todas ellas razonables y ninguna demostrada.

La máquina de asedio. Es la explicación más aceptada entre quienes buscan un núcleo histórico. En la Antigüedad se daban nombres de animales a los ingenios militares —el «ariete» es literalmente un carnero—, y se han señalado como posible inspiración los ingenios de asedio asirios. Un artefacto de ese tipo, recordado durante siglos por vía oral, pudo convertirse en un caballo literal en el relato.

El terremoto. Poseidón era simultáneamente dios del mar, de los terremotos y de los caballos, y en la tradición fue él quien construyó las murallas de Troya y quien las castigó. Si un seísmo abrió una brecha en las defensas y permitió la entrada de los atacantes, decir que Troya cayó «por el caballo de Poseidón» sería una descripción exacta que el tiempo volvió literal. La hipótesis gana peso porque el final de una de las grandes capas del yacimiento, la de Troya VI, se ha atribuido tradicionalmente a un seísmo y no a un asalto.

El barco. El tercer argumento es lingüístico: el vocabulario griego que describe subir al caballo y bajar de él coincide con el de embarcar y desembarcar, y las naves recibían habitualmente el nombre de «caballos del mar». Una nave introducida con engaño en el puerto o un desembarco furtivo podrían estar en el origen de la imagen.

El símbolo. Existe además la lectura que no busca núcleo histórico alguno: el caballo funciona en el relato como lo que la ciudad se hace a sí misma. Troya no cae por asalto ni por hambre, sino porque sus propios habitantes derriban su muralla para meter dentro lo que la destruirá, desoyendo a las dos personas que les dicen la verdad. Leído así, el episodio es una parábola sobre la credulidad y sobre el precio de no escuchar, y su eficacia narrativa —dos mil ochocientos años después sigue siendo la metáfora universal del engaño— es un argumento a favor de esa lectura.

5. El caballo de Troya en la lengua y en la cultura[editar]

5.1 En español[editar]

La expresión «caballo de Troya» designa en español a la persona, el grupo o el elemento que se introduce en una organización con apariencia amistosa para destruirla desde dentro, y es de uso corriente en el lenguaje político y periodístico de España y de toda América Latina. Está emparentada con otras dos locuciones de la misma familia troyana que siguen plenamente vivas: «se armó la de Troya» y «aquí fue Troya».

Del mismo episodio procede además la advertencia proverbial contra los regalos del enemigo, formulada por Virgilio en boca de Laocoonte y repetida desde entonces en todas las lenguas europeas.

5.2 El troyano informático[editar]

El uso técnico más extendido hoy es el de la informática. Un troyano es un programa que se presenta como algo útil o inocuo —un juego, un documento, una actualización— y que, una vez ejecutado por el propio usuario, instala en el sistema un código dañino: puertas traseras, robo de credenciales, cifrado de archivos para pedir rescate.

La analogía es exacta y por eso el nombre ha triunfado: a diferencia de un virus o de un gusano, que se propagan solos, el troyano necesita que la víctima lo meta en casa. En seguridad informática, esa distinción no es una metáfora ornamental sino la definición técnica de la categoría, y es la razón por la que la formación de usuarios pesa tanto en la defensa contra este tipo de ataque.

5.3 En la iconografía antigua[editar]

El caballo aparece representado en el arte griego mucho antes de que se conserve ningún relato extenso del episodio. La representación más antigua que suele citarse está en un gran vaso de relieve del siglo VII a. C. hallado en la isla de Míconos, en el que el caballo aparece sobre ruedas y con ventanillas laterales por las que asoman las cabezas de los guerreros: una solución ingenua que resuelve visualmente el problema narrativo de mostrar a la vez el exterior y el interior.

Ese detalle de las ruedas es interesante por sí mismo, porque aparece también en descripciones textuales y porque es lo que más ha alimentado la hipótesis de la máquina de asedio: un artefacto de madera montado sobre ruedas y empujado hasta la muralla es, exactamente, una torre de asalto.

5.4 En el arte y la ficción[editar]

El grupo escultórico del Laocoonte, hallado en Roma en 1506, es una de las obras que más influyeron en el arte del Renacimiento y en la teoría estética del siglo XVIII. El caballo, por su parte, aparece en la cerámica griega desde época arcaica y ha sido representado innumerables veces en pintura, ilustración y cine.

En el terreno audiovisual, la versión que más público hispanohablante ha alcanzado es la película Troya de Wolfgang Petersen (2004). A la entrada del yacimiento arqueológico en la provincia turca de Çanakkale hay además una reconstrucción del caballo en madera, y otra, procedente del rodaje de esa película, se exhibe en la propia ciudad de Çanakkale: un ejemplo poco frecuente de atracción turística basada en un objeto que probablemente nunca existió.