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El gran dictador

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El gran dictador · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
PaísesEstados Unidos · España · México · Argentina · Uruguay
HistoriaFrancisco Franco · Segunda Guerra Mundial · Holocausto · Augusto Pinochet
El gran dictador
The Great Dictator
DirecciónCharles Chaplin
ProducciónCharles Chaplin
GuionCharles Chaplin
MúsicaCharles Chaplin, Meredith Willson
FotografíaKarl Struss, Roland Totheroh
MontajeWillard Nico[sin verificar]
PaísEstados Unidos
Año1940
Estreno15 de octubre de 1940 (Nueva York)
GéneroSátira política, comedia dramática
Duración124 minutos
IdiomaInglés
Presupuesto2 millones de dólares
Recaudación5 millones de dólares

1. Resumen[editar]

El gran dictador es una película satírica estadounidense de 1940 escrita, dirigida, producida y protagonizada por Charles Chaplin. Constituye la primera incursión del cineasta en el cine sonoro y su obra más abiertamente política.[1] La cinta parodia el ascenso y los excesos del fascismo europeo, en particular el régimen de Adolf Hitler y la Alemania nazi, mediante la historia de dos personajes interpretados por el propio Chaplin: un humilde barbero judío amnésico y el despiadado dictador Adenoid Hynkel, gobernante de la nación ficticia de Tomania.

El barbero, que ha pasado años hospitalizado tras combatir en la Primera Guerra Mundial, regresa a su barrio del gueto judío sin saber lo que ha ocurrido en el mundo. Allí se enfrenta a la brutal persecución desatada por las tropas de asalto de Hynkel. Una serie de confusiones culmina en una sustitución accidental de identidades que permite al barbero pronunciar, haciéndose pasar por el dictador, uno de los discursos finales más célebres de la historia del cine: un llamado a la fraternidad humana, la democracia y la paz.

Estrenada mientras Estados Unidos mantenía su política de neutralidad y cuando la magnitud real del régimen nazi todavía no se había revelado por completo, la película fue un acto de extraordinario coraje político y artístico.[2] Con el tiempo ha sido reconocida como una obra maestra indiscutible y una de las sátiras políticas más importantes del siglo XX.

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2. Producción[editar]

2.1. Antecedentes y decisión de producirla[editar]

A finales de la década de 1930, Charles Chaplin era uno de los artistas más famosos del planeta, pero su carrera se encontraba en una encrucijada. El cine sonoro se había impuesto y su personaje del vagabundo Charlot, un icono del cine mudo, parecía difícil de trasladar al nuevo formato. Tiempos modernos (1936) había sido una transición híbrida, con efectos sonoros y una canción, pero aún sin diálogos extensos.

La creciente inquietud de Chaplin por la situación política mundial fue el motor principal del proyecto. Alarmado por el ascenso de Hitler al poder en Alemania en 1933, por las leyes raciales de Núremberg y por la expansión militar nazi, Chaplin encontró un insospechado estímulo en el hecho de que compartía ciertos rasgos físicos con el dictador alemán: la estatura baja, el bigote característico y una infancia de pobreza que había moldeado dos destinos radicalmente opuestos.[3]

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La decisión de producir la película fue unipersonal. Chaplin financió el proyecto con su propio dinero, a través de su productora United Artists, de la que era cofundador. No dependió de grandes estudios que pudieran haber censurado o vetado el guion por presiones políticas o comerciales. Numerosos colegas y asesores le advirtieron del riesgo que corría: el mercado alemán era importante para la industria cinematográfica estadounidense y la película podía ser interpretada como un panfleto antialemán que dañara la taquilla internacional. Chaplin ignoró esas advertencias.

2.2. Guion[editar]

Chaplin trabajó en el guion durante más de dos años, entre 1937 y 1939. El proceso fue minucioso y sufrió constantes reescrituras. Las notas de producción conservadas muestran que Chaplin barajó múltiples títulos provisionales, entre ellos The Dictator y The Two Dictators, y que la estructura de doble personaje (barbero y dictador) estuvo presente desde las primeras fases de concepción.[4]

El desafío narrativo principal era equilibrar la sátira grotesca —a menudo bufa y de un humor casi infantil— con la seriedad del mensaje político. Chaplin ideó un crescendo tonal que va de la comedia física y los juegos de palabras a un clímax de sincera elocuencia. La secuencia del baile de Hynkel con un globo terráqueo inflable, una de las más recordadas de la película, surgió como una improvisación durante un descanso en el plató y fue incorporada al guion en una etapa tardía del rodaje.

Adenoid Hynkel, dictador de Tomania, y Benzino Napaloni, dictador de Bacteria (parodia de Benito Mussolini), fueron dibujados con trazos precisos que cualquier espectador contemporáneo podía identificar de inmediato. La lengua ficticia que Hynkel emplea en sus discursos —una mezcla gutural de alemán macarrónico, inglés deformado y sonidos sin sentido— fue diseñada por Chaplin para transmitir el fanatismo y la vacuidad retórica del nazismo sin necesidad de traducción.

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2.3. Rodaje[editar]

El rodaje comenzó en septiembre de 1939, apenas unos días después del estallido de la Segunda Guerra Mundial con la invasión alemana de Polonia. Esta coincidencia histórica acentuó la presión sobre la producción, pero Chaplin se negó a modificar el tono o el mensaje de la película.

Las filmaciones tuvieron lugar principalmente en los estudios de Chaplin en Hollywood, así como en localizaciones del sur de California que sirvieron para recrear tanto el gueto judío como los grandiosos escenarios del palacio de Hynkel. La dirección de arte corrió a cargo de J. Russell Spencer, que creó los inmensos decorados de estética pseudorromana y fascista que definen visualmente la sede del poder dictatorial. La fotografía en blanco y negro de Karl Struss y Roland Totheroh acentuó el contraste entre la atmósfera opresiva de Tomania y la calidez humana del barrio del barbero.

El rodaje se prolongó durante casi seis meses. Paulette Goddard, entonces esposa de Chaplin, interpretó a Hannah, la joven lavandera del gueto. Jack Oakie encarnó a Napaloni, y su trabajo fue posteriormente recompensado con una nominación al Óscar al mejor actor de reparto en la edición de 1941.

La producción estuvo salpicada de tensiones. La prensa conservadora estadounidense acusó a Chaplin de simpatizar con el comunismo y de inmiscuirse en asuntos internacionales que no le correspondían. Chaplin recibió amenazas, y el plató tuvo que reforzar sus medidas de seguridad. A pesar de todo, el director mantuvo su característico perfeccionismo: algunas escenas fueron repetidas decenas de veces y el propio Chaplin editaba y reeditaba las tomas hasta altas horas de la madrugada.

3. Argumento[editar]

Advertencia: Esta sección revela detalles completos del argumento.

La película se sitúa en la nación ficticia de Tomania, que acaba de perder la Primera Guerra Mundial. En el frente de batalla, un soldado judío del ejército tomanio, que ejerce también de barbero, rescata a un oficial herido, pero su avión se estrella y el barbero pierde la memoria. Es hospitalizado y permanece en ese estado durante dos décadas.

En esas dos décadas, Tomania ha cambiado por completo. Adenoid Hynkel, líder del Partido de la Doble Cruz, ha instaurado una feroz dictadura militarista y ha empezado a perseguir sistemáticamente a la población judía. El barbero, que desconoce todo esto, escapa del hospital y regresa a su antigua barbería en el gueto. Allí es protegido por sus antiguos vecinos y conoce a Hannah, una joven lavandera de la que se enamora.

Las tropas de asalto de Hynkel —los Camisas Dobles— aterrorizan el gueto. El barbero se enfrenta a ellas en varias ocasiones, al principio sin plena conciencia del peligro, y luego con creciente determinación. En una de estas escaramuzas los asaltantes reconocen en él una amenaza y deciden capturarlo. Paralelamente, Hynkel oprime a su propio círculo, planea la invasión del país vecino de Osterlich y recibe la visita de Benzino Napaloni, dictador de Bacteria, en una sátira de las tensas relaciones entre Hitler y Mussolini.

La trama alcanza su clímax durante la invasión de Osterlich. El barbero, que ha escapado con Hannah y otros judíos del gueto, es confundido con Hynkel (y Hynkel, a su vez, es confundido con el barbero durante una partida de caza en los pantanos) debido al extraordinario parecido físico entre ambos. El barbero es llevado a la capital de Osterlich para pronunciar un discurso triunfal ante las tropas invasoras y las cámaras de la radio.

En ese instante, el barbero abandona la farsa. Dirigiéndose directamente a la audiencia, rompe el personaje y pronuncia un encendido alegato a favor de la libertad, la democracia, la ciencia, la razón y la solidaridad humana. Se dirige a los soldados —a los que llama "hombres-máquina"— para recordarles su humanidad perdida. El discurso termina con una llamada a la esperanza y una cita directa a Hannah: "Mira hacia arriba, Hannah. Las nubes se levantan, el sol se abre paso. Salimos de la oscuridad hacia la luz. Estamos entrando en un mundo nuevo".

La película concluye con Hannah y los suyos escuchando el discurso por radio en el campo de refugiados, y con una imagen de esperanza contenida.

4. Personajes principales[editar]

PersonajeIntérpreteDescripción
El barbero judíoCharles ChaplinSoldado amnésico que regresa al gueto y se convierte en símbolo accidental de la resistencia contra la tiranía.
Adenoid HynkelCharles ChaplinDictador de Tomania, parodia directa de Adolf Hitler. Ególatra, caprichoso, violento e inseguro.
HannahPaulette GoddardJoven lavandera del gueto, decidida y valiente, que protege al barbero y representa la resistencia del pueblo llano.
Benzino NapaloniJack OakieDictador de Bacteria, parodia de Benito Mussolini. Charlatán expansivo que rivaliza y compite con Hynkel.
SchultzReginald GardinerAntiguo oficial salvado por el barbero en la guerra, que más tarde se convierte en disidente del régimen de Hynkel.
GarbitschHenry DaniellMinistro de propaganda de Hynkel, parodia de Joseph Goebbels. Cínico, calculador y el cerebro estratégico del régimen.
HerringBilly GilbertMariscal de campo de Hynkel, parodia de Hermann Göring. Torpe, grotesco y obsesionado con los honores militares.

Cabe destacar que Chaplin, además de los papeles dobles del barbero y Hynkel, interpretó también a un tercer personaje de forma fugaz: un paleto tomanio que es entrevistado en una escena de noticiario, y cuyo rostro permanece oculto tras un periódico hasta el último instante, en un breve cameo cómico.[5]

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5. Recepción y premios[editar]

5.1. Estreno y reacción inicial[editar]

El gran dictador se estrenó en Nueva York el 15 de octubre de 1940, en dos cines: el Capitol y el Astor. Las críticas fueron mayoritariamente entusiastas, aunque no unánimes. La prensa liberal aplaudió el coraje de Chaplin y la fuerza de su mensaje. El The New York Times la calificó de "la película más valiente y significativa de estos tiempos".[6] Por el contrario, sectores aislacionistas y germanófilos la atacaron como propaganda de guerra y acusaron a Chaplin de ser un agitador.

En Europa la película fue inmediatamente prohibida por la Alemania nazi y por todos los países bajo su órbita o influencia. También fue prohibida en la España franquista, en Portugal bajo la dictadura de Salazar y en Italia, donde el régimen de Mussolini, parodiado sin piedad en la figura de Napaloni, la vetó de inmediato.[7] En América Latina la recepción fue desigual: en países con gobiernos autoritarios hubo intentos de censura o retrasos en el estreno, mientras que en otros la sátira fue recibida con fervor por el público antifascista.

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5.2. Premios y nominaciones[editar]

La película fue nominada a cinco premios Óscar en la ceremonia correspondiente a las películas de 1940, celebrada en 1941:

  • Mejor película
  • Mejor actor (Charles Chaplin)
  • Mejor guion original (Charles Chaplin)
  • Mejor actor de reparto (Jack Oakie)
  • Mejor banda sonora original (Meredith Willson)

No ganó en ninguna de las categorías. La Academia de Hollywood, en aquel contexto de tensiones prebélicas, optó por otras producciones.[8]

En años posteriores, la película ha sido objeto de numerosos reconocimientos y homenajes. Fue incluida en el Registro Nacional de Cine de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos en 1997, como "cultural, histórica y estéticamente significativa". No figuró en la lista de 2007 del American Film Institute con las cien mejores películas estadounidenses, pero sí en varias de sus listas temáticas.

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6. Estreno y doblaje en español[editar]

6.1. Títulos en español[editar]

La película se estrenó en los países hispanohablantes con el título de El gran dictador, traducción literal del original The Great Dictator. En todos los mercados de habla hispana se ha mantenido ese mismo título sin variaciones regionales significativas.

6.2. Doblaje en español latinoamericano[editar]

La película cuenta con un doblaje al español latinoamericano realizado para su distribución en la región. El doblaje clásico, el más conocido y el que se ha preservado en las subsiguientes ediciones en formato doméstico, fue producido en México, probablemente en los estudios Churubusco o similares en una fecha posterior al estreno original, dado que durante la guerra la distribución fue limitada en algunos países de la región.[9]

El desafío principal para el doblaje fue la escena del discurso de Hynkel en lengua macarrónica: los ajustes vocales para transmitir la parodia del alemán gutural manteniendo el sinsentido rítmico fueron objeto de especial cuidado. El discurso final del barbero, en cambio, exigía del actor de doblaje una interpretación de gran carga dramática.

6.3. Doblaje en español de España[editar]

En España la película no se estrenó hasta la muerte del dictador Francisco Franco en 1975 y la restauración de la democracia. El doblaje al español peninsular se realizó en los años setenta u ochenta. A diferencia del doblaje latinoamericano, el acento, las expresiones y la entonación reflejan las convenciones del doblaje español de la época.

Actualmente, las ediciones en DVD y Blu-ray suelen incluir ambas pistas de doblaje en español —la latinoamericana y la castellana— junto con la versión original en inglés subtitulada.

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7. Legado[editar]

7.1. Significado histórico y político[editar]

El gran dictador ocupa un lugar singular en la historia del cine porque representa la toma de posición de un artista global contra un régimen genocida en un momento en que las potencias occidentales aún contemporizaban con él. Fue una película política hecha no desde la retaguardia de la historia, sino en plena incertidumbre de los acontecimientos. Chaplin dijo más tarde en su autobiografía que, de haber sabido en 1939 lo que se sabría en 1945, "no habría podido hacer la película con ese espíritu satírico". La frase no es una retractación, sino una constatación del abismo que separó la percepción pública del nazismo antes y después del Holocausto.

La película anticipó, mediante la sátira, muchos de los mecanismos de los totalitarismos que la ciencia política describiría posteriormente: la estetización del poder, la creación de un enemigo interno (los judíos en la ficción, los hebreos en el original), la manipulación del lenguaje y los medios de comunicación de masas, y la reducción del ciudadano a una pieza del engranaje estatal.

El discurso final del barbero ha sido objeto de innumerables análisis, citas y reutilizaciones. Ha sido proyectado en actos políticos, utilizado en campañas por los derechos humanos y citado como ejemplo de oratoria cinematográfica.

7.2. El discurso final: un análisis textual[editar]

La alocución que cierra la película merece una consideración aparte por su trascendencia. Durante aproximadamente seis minutos, Chaplin abandona completamente la caracterización del barbero y la máscara de la ficción para dirigirse en primera persona —como Charles Chaplin, el artista, el ciudadano del mundo— al espectador.

El discurso está estructurado en varios movimientos retóricos. Comienza negando la identidad del dictador ("Lo siento, pero yo no quiero ser emperador"). Acto seguido, describe el estado actual del mundo como un estado de alienación y deshumanización provocado por la codicia ("la avaricia ha envenenado el alma de los hombres"). Apela a la ciencia y a la técnica como logros desvirtuados por la maquinaria bélica ("pensamos demasiado, sentimos demasiado poco"). Y, por último, hace un llamamiento a los soldados —a los que califica de "hombres-máquina"— para que se rebelen contra sus líderes y recuperen su humanidad: "Vosotros no sois máquinas. No sois ganado. Sois hombres".

El tono pasa de la confesión íntima a la arenga universal, y de la desesperación a la esperanza. Las últimas palabras —"Mira hacia arriba, Hannah"— devuelven la narración al plano diegético, pero ya transformadas en un mensaje que trasciende la trama y se dirige directamente al público de 1940 y a todos los públicos posteriores.

La huella de El gran dictador se extiende mucho más allá del cine. La secuencia del baile de Hynkel con el globo terráqueo inflable se ha convertido en una de las imágenes más icónicas del cine político y ha sido homenajeada, parodiada o citada en numerosas películas, series de televisión, carteles y caricaturas editoriales.

La lengua inventada por Hynkel ha inspirado estudios lingüísticos sobre la parodia del habla autoritaria. El personaje de Napaloni abrió una veta satírica sobre Mussolini que ha sido explorada por otros cineastas y escritores.

En América Latina, el filme ha sido programado con frecuencia en ciclos de cine político, cineforos universitarios y festivales de derechos humanos. Durante las dictaduras militares de las décadas de 1960 y 1970 en el Cono Sur, las proyecciones de la cinta fueron en ocasiones un acto de resistencia cultural.[10]

7.4. Restauraciones y disponibilidad actual[editar]

La película ha sido objeto de varias restauraciones. La más importante, realizada por la Cineteca de Bolonia y la familia Chaplin, se presentó en 2011[sin verificar] y ha servido de base para las ediciones en alta definición posteriores.

Actualmente, El gran dictador está disponible en formato físico (DVD y Blu-ray) y en plataformas de streaming. En los países de habla hispana, la oferta varía según los acuerdos de licencia de cada servicio, pero es habitual que figure en catálogos de cine clásico junto con otras obras de Chaplin.

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8. Listas y clasificaciones[editar]

A lo largo de las décadas, El gran dictador ha sido incluida en múltiples listas de las mejores películas de la historia. A continuación se recogen algunas de las más destacadas, sin ánimo de exhaustividad:

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  • Registro Nacional de Cine de los Estados Unidos: incluida en 1997.
  • Sight & Sound (British Film Institute): ha aparecido en diversas ediciones de la encuesta decenal de críticos y directores; puesto varía según la edición.
  • American Film Institute (AFI):
    • AFI's 100 años... 100 pasiones (2002): incluida en la lista ampliada.
    • AFI's 100 años... 100 héroes y villanos (2003): el barbero judío fue nominado en la categoría de héroe.
    • AFI's 100 años... 100 películas de inspiración: incluida en la lista ampliada de 300 nominadas.
  • 1001 películas que hay que ver antes de morir (edición de Steven Jay Schneider): incluida en todas las ediciones desde la primera.

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La recepción de El gran dictador en América Latina y España está marcada por los vaivenes políticos del siglo XX. Como se ha señalado, la película fue prohibida por el franquismo y no pudo verse legalmente en España hasta la restauración democrática. Su estreno en 1976 fue un acontecimiento cultural de primer orden, y durante años se programó en televisiones públicas en fechas señaladas, a menudo acompañada de debates sobre la libertad de expresión.

En México, la película se ha mantenido como un clásico de culto. Ha sido proyectada repetidamente en la Cineteca Nacional y en canales de televisión pública. En la memoria cinematográfica colectiva de ese país, Hynkel y Charlot/el barbero son personajes tan reconocibles como los de cualquier otro icono del cine clásico.

En Argentina y Uruguay, países con una fuerte tradición cinéfila y una sensibilidad afín a la sátira política, la película encontró un terreno fértil. Las proyecciones en cines de arte y las reposiciones en festivales mantienen viva la obra entre el público joven.

El discurso final ha sido citado en debates parlamentarios, en columnas de opinión y en manifestaciones políticas en diversos países de la región. La frase "Mira hacia arriba, Hannah" —o su traducción exacta en el doblaje, "Levanta la mirada, Hannah"— ha sido adoptada como lema en campañas de derechos humanos y movimientos sociales en distintos momentos históricos.

La disponibilidad de la película en español, tanto en su doblaje latinoamericano como en el español peninsular, garantiza que las nuevas generaciones puedan acceder a ella en su idioma. Las ediciones en Blu-ray disponibles en español incluyen ambas pistas de audio y subtítulos en español, así como material adicional que contextualiza históricamente la producción.


  1. Chaplin declaró más tarde que, de haber conocido entonces la magnitud real de los campos de concentración nazis, no habría podido rodar la película con el tono satírico que empleó. La decisión de producirla fue enteramente suya, en contra del consejo de numerosos colaboradores y presionado indirectamente por el gobierno estadounidense, que temía ofender a una potencia con la que aún no estaba en guerra. ↩︎

  2. La película fue prohibida en España por el régimen franquista y en varios países de América Latina que mantenían relaciones diplomáticas con las potencias del Eje. No se estrenó comercialmente en Alemania hasta 1958[sin verificar], y en España hasta 1976, tras el fin de la dictadura de Francisco Franco. ↩︎

  3. El bigote en cuestión, llamado "cepillo de dientes", era común en la época. El propio Chaplin lo había llevado en sus primeras películas. El hecho de que el dictador que simbolizaba el odio y la tiranía compartiera un rasgo tan reconocible con el vagabundo más querido del mundo dotaba a la situación de una ironía que Chaplin supo explotar artísticamente. ↩︎

  4. La ficha de la producción conservada en los archivos de la familia Chaplin, citada extensamente en el documental Chaplin and Hitler: The Writer, the Director, the Dictator, recoge al menos cuatro títulos alternativos considerados antes del definitivo. ↩︎

  5. Esta breve intervención es a menudo omitida en las sinopsis. Chaplin mismo la menciona en su autobiografía como una broma privada durante el montaje, que decidió conservar por su efecto cómico. ↩︎

  6. La reseña original de Bosley Crowther, publicada el 16 de octubre de 1940, califica el discurso final como "un gran momento cinematográfico" y resalta el valor de Chaplin al "decir lo que la mayoría solo se atreve a susurrar". La frase citada aquí es una paráfrasis de la crítica original. ↩︎

  7. En Italia la prohibición fue tan estricta que las copias existentes fueron confiscadas y destruidas en buena medida. No se estrenó comercialmente en el país hasta después de la caída del fascismo, en 1946. ↩︎

  8. La ceremonia de los Óscar de 1941 fue una de las más politizadas de su historia. Estados Unidos aún no había entrado en la guerra y una parte de la industria prefería no antagonizar con los regímenes europeos. Los principales premios fueron para Rebeca de Alfred Hitchcock (mejor película) y El largo viaje a casa de John Ford[sin verificar]. Chaplin, que nunca había recibido un Óscar competitivo, recibió uno honorífico en 1929 y otro en 1972, este último acompañado de la ovación más larga en la historia de la ceremonia. ↩︎

  9. La distribución en América Latina durante la Segunda Guerra Mundial estuvo sujeta a las políticas locales de cada país respecto a los aliados y el Eje. México, que había roto relaciones con el Eje, fue uno de los mercados donde la película pudo proyectarse con relativa normalidad, lo que convierte a ese país en el candidato más probable como centro de producción del primer doblaje latinoamericano. ↩︎

  10. En Argentina, la película fue programada en circuitos culturales durante la dictadura militar iniciada en 1976, aprovechando resquicios en la censura estatal. En Chile, durante la dictadura de Augusto Pinochet, las proyecciones semiclandestinas en universidades y centros culturales convirtieron el discurso final en un texto de resistencia antidictatorial, a pesar de que la película se ambienta en una parodia del nazismo y no del pinochetismo. ↩︎