Peronismo
| Peronismo | |
|---|---|
| Líder histórico | Juan Domingo Perón |
| Fundación | 17 de octubre de 1945 (como movimiento de masas) |
| Ideología | Justicialismo Tercera posición Nacionalismo popular Sindicalismo |
| Posición | Transversal (con facciones de centroizquierda a centroderecha) |
| Lema | «Justicia social, independencia económica y soberanía política» |
| Símbolos | Escudo justicialista Marcha peronista Imágenes de Evita y Perón |
| País de origen | |
El peronismo es un movimiento político argentino surgido a mediados del siglo XX alrededor del liderazgo del general Juan Domingo Perón, tres veces presidente de la Nación Argentina. El movimiento se articula en torno a la doctrina del justicialismo, cuyos tres pilares fundacionales son la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. Desde su irrupción en la escena pública en 1945, el peronismo ha sido un actor central —y a menudo hegemónico— de la vida política argentina, con capacidad de representar a sectores sociales muy diversos y de generar adhesiones y rechazos igualmente intensos.
A lo largo de su historia, el peronismo ha gobernado el país en múltiples períodos bajo distintas denominaciones partidarias, ha protagonizado debates doctrinarios profundos y ha experimentado transformaciones notables sin perder ciertos elementos identitarios que lo hacen reconocible como tradición política. Esa combinación de continuidad y metamorfosis lo convierte en uno de los fenómenos políticos más estudiados de América Latina.
1. Orígenes e historia temprana[editar]
1.1 Contexto previo[editar]
La Argentina de la década de 1930 —la llamada Década Infame— estuvo marcada por el fraude electoral sistemático, el crecimiento de la industria por sustitución de importaciones como respuesta a la crisis mundial de 1929 y el inicio de grandes migraciones internas desde las provincias hacia los centros urbanos, particularmente Buenos Aires y su cordón industrial.[1] Esos nuevos contingentes obreros, a menudo desarraigados y escasamente integrados a las estructuras sindicales tradicionales de origen europeo, constituirían la base social que pocos años después nutriría al peronismo.
En junio de 1943 un golpe militar —el autodenominado Golpe de Junio— derrocó al presidente Ramón Castillo y colocó en el poder a un gobierno militar encabezado sucesivamente por los generales Arturo Rawson y Pedro Pablo Ramírez. Dentro de ese gobierno, un coronel relativamente poco conocido llamado Juan Domingo Perón fue ocupando posiciones de creciente influencia: primero al frente del Departamento Nacional del Trabajo y luego como secretario de Trabajo y Previsión.
1.2 La construcción del liderazgo obrero[editar]
Desde la Secretaría de Trabajo, Perón impulsó medidas que transformaron de raíz la relación entre el Estado y los trabajadores: convenios colectivos, tribunales laborales, vacaciones pagas, aguinaldo, régimen de jubilaciones y la extensión de derechos a sectores que hasta entonces habían sido ignorados por la legislación, como los trabajadores rurales. Al mismo tiempo tejió una red de alianzas con dirigentes sindicales —algunos ya establecidos y otros emergentes— que encontraron en el Estado un interlocutor inéditamente favorable.
Esa política le granjeó un respaldo popular intenso, pero también una creciente hostilidad de los sectores empresariales y de buena parte del arco político tradicional, incluidos los partidos de izquierda que veían con desconfianza la cooptación estatal del sindicalismo. La tensión acumulada detonó en octubre de 1945, cuando un sector de las Fuerzas Armadas forzó la renuncia y el arresto de Perón.
1.3 El 17 de octubre de 1945[editar]
El 17 de octubre de 1945 es la fecha de nacimiento simbólica del peronismo como movimiento de masas. Ese día, una multitud de trabajadores provenientes mayoritariamente de los barrios obreros del sur y el oeste del Gran Buenos Aires confluyó sobre la Plaza de Mayo para exigir la liberación de Perón. La movilización, en parte espontánea y en parte organizada por dirigentes sindicales leales, tomó por sorpresa tanto al gobierno militar como a la oposición.
Perón fue liberado y, desde los balcones de la Casa Rosada, se dirigió a la multitud en un discurso que selló un vínculo que perduraría durante décadas. Esa jornada estableció el patrón de relación directa entre el líder y «su» pueblo que el peronismo mantendría en todas sus etapas, así como la centralidad simbólica de la Plaza de Mayo.
2. Las dos primeras presidencias de Perón (1946–1955)[editar]
2.1 Triunfo electoral y primeras reformas[editar]
En las elecciones de febrero de 1946, Perón se presentó como candidato por el recién creado Partido Laborista y obtuvo una victoria contundente frente a la coalición opositora Unión Democrática. El respaldo obrero, la división del radicalismo y el apoyo de sectores nacionalistas y católicos conformaron una base electoral que se revelaría duradera.
Durante el primer gobierno peronista se profundizó la política de redistribución del ingreso. La participación de los trabajadores en el ingreso nacional alcanzó niveles sin precedentes[2], al tiempo que se nacionalizaron los servicios públicos estratégicos: los ferrocarriles británicos y franceses, el sistema telefónico, la empresa de gas y la flota mercante, entre otros.
2.2 El papel de Eva Perón[editar]
Eva Duarte de Perón, conocida como Evita, se casó con Perón en 1945 y se convirtió en una figura central de la experiencia peronista. Desde la Fundación Eva Perón, creada en 1948, impulsó una obra de asistencia social de enorme escala —construcción de hospitales, hogares de ancianos, escuelas, colonias de vacaciones y distribución masiva de bienes de primera necesidad— que afianzó el lazo del movimiento con los sectores más vulnerables.
Además, Evita actuó como mediadora entre los trabajadores organizados y el presidente, y fue la artífice del protagonismo político de las mujeres en el peronismo. Su influencia fue determinante para la sanción de la ley de voto femenino en 1947, aunque la ley había sido impulsada antes por otros actores, y para la creación del Partido Peronista Femenino. Su temprana muerte el 26 de julio de 1952 la convirtió en un mito que atraviesa todas las corrientes del peronismo.
2.3 La reforma constitucional de 1949[editar]
En 1949, bajo el primer gobierno peronista, se sancionó una nueva Constitución Nacional que incorporó derechos sociales y económicos de avanzada para la época: los derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad, y de la educación y la cultura, así como la posibilidad de reelección presidencial inmediata. La constitución del 49 establecía además la propiedad estatal de los recursos naturales y declaraba el objetivo de una economía socialmente orientada.
Esa carta magna fue uno de los símbolos más polémicos de la experiencia peronista. Para sus defensores, representaba la superación del constitucionalismo liberal del siglo XIX y la inclusión de los derechos sociales en la norma fundamental. Para sus detractores, su sanción en un contexto de amplia mayoría oficialista y la cláusula de reelección erosionaban el principio de alternancia republicana.
2.4 Conflictos y tensiones[editar]
El segundo mandato de Perón, que comenzó en 1952, estuvo atravesado por crecientes dificultades económicas y conflictos políticos. La bonanza de los primeros años encontró límites en el deterioro de los términos de intercambio, la caída de las exportaciones agropecuarias y el estrangulamiento externo. Las políticas de austeridad posteriores —que incluyeron el congelamiento de salarios y un viraje hacia una mayor apertura al capital extranjero— generaron tensiones con sectores del sindicalismo.
El conflicto más grave, sin embargo, fue con la Iglesia Católica. A partir de 1954, en un contexto de creciente enfrentamiento, el gobierno impulsó la ley de divorcio vincular, la supresión de la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas y la eliminación de subsidios a la educación confesional. La escalada culminó con la excomunión de Perón en junio de 1955 y allanó el camino para el golpe militar de septiembre de ese año.
3. Proscripción y resistencia (1955–1973)[editar]
3.1 La Revolución Libertadora y la proscripción[editar]
El 16 de septiembre de 1955 una sublevación cívico-militar autodenominada Revolución Libertadora, liderada por los generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, derrocó al gobierno constitucional. Perón se exilió: primero en
Paraguay, luego en
Panamá y otros países latinoamericanos, y finalmente en la
España franquista.
El nuevo régimen inició una política sistemática de proscripción del peronismo: el partido fue ilegalizado, sus símbolos prohibidos, los dirigentes sindicales y políticos perseguidos, y los bienes de la Fundación Eva Perón confiscados. La medida más extrema fue el fusilamiento clandestino de doce militantes y civiles en los basurales de José León Suárez en 1956, episodio que inspiraría el célebre libro Operación Masacre de Rodolfo Walsh.
3.2 La resistencia peronista[editar]
La proscripción no eliminó al peronismo sino que lo transformó en un movimiento de resistencia. Los sindicatos de la Confederación General del Trabajo (CGT) se convirtieron en la columna vertebral de la oposición, combinando la defensa de las conquistas laborales con un activismo político semiclandestino que incluía sabotajes, huelgas y acciones directas. En el plano político, Perón continuó ejerciendo su influencia desde el exilio, emitiendo directivas por carta y cintas grabadas, mientras surgían en la Argentina organizaciones juveniles y grupos de la llamada «resistencia peronista».
La consigna que sintetizó esa etapa fue la exigencia de elecciones libres sin proscripciones y el regreso del líder exiliado a la patria.
3.3 El peronismo y los gobiernos civiles y militares[editar]
Durante la presidencia de Arturo Frondizi (1958–1962), parte del peronismo —a través de un pacto secreto— contribuyó al triunfo electoral de la Unión Cívica Radical Intransigente. Posteriormente, bajo la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966–1970), las tensiones sindicales derivaron en el Cordobazo de 1969, un estallido obrero-estudiantil en la ciudad de Córdoba que marcó el inicio de una nueva fase de radicalización política. Muchos de los jóvenes que se incorporaron a la militancia en esos años encontraron en el peronismo —y en la figura de un Perón que desde el exilio habilidosamente dialogaba con todas las vertientes— un cauce para su activismo.
4. Bases doctrinarias: el justicialismo[editar]
La doctrina oficial del peronismo es el justicialismo, que Perón definió como una «tercera posición» equidistante tanto del capitalismo liberal como del comunismo soviético. En el plano retórico, y también en algunas políticas concretas, el justicialismo proponía una vía propia para la Argentina que combinara:
- Justicia social: entendida como la redistribución del ingreso y la protección estatal de los sectores más vulnerables.
- Independencia económica: el control nacional de los recursos estratégicos y la promoción de la industria local frente al capital extranjero.
- Soberanía política: la no alineación automática con ninguna potencia mundial y la conducción autónoma de la política exterior.
En la práctica, esos principios se tradujeron en políticas muy disímiles según la etapa histórica y la corriente interna del peronismo. Si durante el primer peronismo la independencia económica implicó nacionalizar los ferrocarriles y el comercio exterior, en los años noventa un gobierno de signo justicialista llevó adelante el programa de privatizaciones más ambicioso de la historia argentina. Esa capacidad de albergar políticas casi antagónicas bajo un mismo paraguas doctrinario es uno de los rasgos definitorios —y para muchos observadores, uno de los más desconcertantes— del movimiento.
5. El retorno y la tercera presidencia (1973–1974)[editar]
5.1 El camino hacia el regreso[editar]
Hacia comienzos de la década de 1970, la dictadura militar encabezada por el general Alejandro Agustín Lanusse buscó una salida política negociada que incluyera al peronismo —aunque sin Perón— en el marco del llamado Gran Acuerdo Nacional. Perón, sin embargo, maniobró para conservar el control y designó como candidato a su delegado personal, Héctor J. Cámpora, mediante la fórmula «Cámpora al gobierno, Perón al poder».
En las elecciones de marzo de 1973, el Frente Justicialista de Liberación Nacional (FREJULI) obtuvo un triunfo contundente con alrededor del 49 % de los votos. Cámpora asumió la presidencia en mayo de ese año, promulgó una amplia amnistía para los presos políticos, y allanó el camino para la realización de nuevas elecciones sin proscripciones.
5.2 El gobierno de Perón[editar]
El 23 de septiembre de 1973, Perón fue elegido presidente por tercera vez con el 62 % de los votos, la mayor ventaja electoral de la historia argentina hasta entonces. Lo acompañaba como vicepresidenta su tercera esposa, María Estela Martínez de Perón, conocida como Isabel Perón.
El breve tercer gobierno de Perón estuvo signado por la esperanza y el dramatismo. El líder intentó recomponer un arco político cada vez más fracturado, pero la violencia política —alimentada por organizaciones guerrilleras de izquierda peronista y de otras orientaciones, así como por grupos parapoliciales— crecía de manera imparable. El punto de ruptura más emblemático fue la masacre de Ezeiza del 20 de junio de 1973, cuando bandas armadas de la derecha peronista atacaron a las columnas de la izquierda que aguardaban el regreso definitivo de Perón al país.
Perón falleció el 1 de julio de 1974, dejando un vacío de liderazgo que sumió al país en una crisis política terminal. La presidencia recayó en Isabel Perón, cuyo gobierno —jaqueado por la violencia, la crisis económica y la presión militar— fue derrocado por el golpe de Estado cívico-militar del 24 de marzo de 1976.
6. El peronismo durante la dictadura y la transición democrática[editar]
6.1 Represión y reorganización sindical[editar]
La dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976–1983) aplicó un plan sistemático de represión ilegal que tuvo en los militantes peronistas —sindicales, juveniles, territoriales— uno de sus blancos principales. Muchos de los desaparecidos durante aquellos años eran trabajadores delegados de fábrica, dirigentes barriales y referentes de las organizaciones de la resistencia peronista.
A pesar de la represión, la CGT logró reorganizarse y fue una de las fuerzas que, a partir de 1979, empezó a desafiar abiertamente a la dictadura. La huelga general del 27 de abril de 1979 y la masiva movilización del 30 de marzo de 1982 —convocada por la CGT bajo la consigna «Paz, pan y trabajo»— fueron hitos que anticiparon el agotamiento del régimen militar y el inicio de la transición.
6.2 La derrota electoral de 1983[editar]
Tras la derrota en la Guerra de las Malvinas en 1982, la dictadura convocó a elecciones. El peronismo concurrió a los comicios de octubre de 1983 con una fórmula encabezada por Ítalo Luder y Deolindo Bittel, pero fue derrotado por la Unión Cívica Radical, que llevaba como candidato a Raúl Alfonsín. Fue la primera derrota electoral del peronismo en elecciones libres.
La pérdida del poder inició un proceso de renovación interna que llevaría, hacia fines de los ochenta, al surgimiento de nuevos liderazgos y a un reacomodamiento de las corrientes internas. En las elecciones de 1987, el peronismo recuperó terreno al ganar la gobernación de la provincia de Buenos Aires con Antonio Cafiero y sumar varias provincias más.
7. El peronismo en democracia: menemismo, kirchnerismo y etapa reciente[editar]
7.1 El gobierno de Carlos Menem (1989–1999)[editar]
En 1989, en medio de una crisis hiperinflacionaria, el peronista Carlos Menem —gobernador de La Rioja— asumió la presidencia después de vencer en las elecciones de mayo de ese año. Su gobierno sorprendió por la aplicación de un programa económico de corte neoliberal que incluía privatizaciones masivas de empresas públicas, desregulación de la economía, apertura comercial y financiera, y la instauración de un régimen de convertibilidad monetaria que fijó la paridad del peso argentino con el dólar estadounidense durante una década.
Ese giro ideológico —que el presidente justificó con el pragmatismo doctrinario del justicialismo— dividió al movimiento. Sectores del sindicalismo se opusieron a las privatizaciones y a la flexibilización laboral; otros sectores, alineados con el gobierno, apoyaron las políticas de reforma. El menemismo logró mantenerse en el poder durante dos períodos consecutivos —Menem fue reelecto en 1995— y consolidó una estructura de poder interna que combinaba el predominio del Ejecutivo sobre el partido, un estilo de liderazgo personalista y una alianza con los sectores empresariales beneficiados por las privatizaciones.
7.2 Crisis de 2001 y fragmentación[editar]
La crisis económica, social y política de diciembre de 2001 —que incluyó la renuncia del presidente Fernando de la Rúa y una sucesión de mandatarios interinos— dejó al peronismo en una situación paradójica: desprestigiado como parte del sistema político que había colapsado, pero a la vez con la maquinaria territorial y sindical más sólida del país.
En las elecciones de 2003, el peronismo concurrió dividido en varias candidaturas. Compitieron tres postulantes que reivindicaban su pertenencia al movimiento: Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá. Menem se impuso en primera vuelta por escaso margen, pero renunció al balotaje frente a Kirchner, quien de ese modo accedió a la presidencia.
7.3 El kirchnerismo (2003–2015)[editar]
Los gobiernos de Néstor Kirchner (2003–2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007–2015) dieron forma a una nueva coalición dominante dentro del peronismo, conocida como kirchnerismo o Frente para la Victoria. Las políticas de esos años se caracterizaron por un reimpulso del gasto público, la reestatización de los fondos de pensión, la nacionalización de Aerolíneas Argentinas y de YPF —la mayor petrolera del país, privatizada durante el menemismo—, políticas de derechos humanos activas, y una política exterior de alineamiento con otros gobiernos latinoamericanos de centroizquierda.
El kirchnerismo recuperó banderas históricas del peronismo —distribución del ingreso, reivindicación sindical, retórica antioligárquica y nacionalista— al tiempo que incorporó agendas nuevas como el matrimonio igualitario, aprobado en 2010. Durante esta etapa, el peronismo experimentó una fractura entre el sector kirchnerista y un peronismo de oposición interna —denominado a veces «peronismo federal»— que controló varias gobernaciones y disputó la conducción del partido.
7.4 Reconfiguraciones posteriores[editar]
En las elecciones de 2015, el candidato kirchnerista Daniel Scioli fue derrotado en el balotaje por Mauricio Macri de la coalición Cambiemos. La pérdida del poder nacional abrió un período de reconfiguración dentro del peronismo, que osciló entre la oposición al gobierno de Macri y la convivencia negociada de los gobernadores peronistas con la Casa Rosada.
En 2019, una amplia coalición opositora que incluyó al kirchnerismo, al peronismo no kirchnerista y a otras fuerzas —el Frente de Todos— llevó como candidato a Alberto Fernández con Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta. La fórmula se impuso en las elecciones de octubre de ese año. El nuevo gobierno, que asumió en diciembre de 2019, debió enfrentar la pandemia de covid-19 y una crisis económica de gran magnitud, en un contexto de tensiones internas dentro de la coalición gobernante.
8. Corrientes internas y diversidad ideológica[editar]
Una de las características más notables del peronismo es la diversidad ideológica y organizativa que alberga bajo un mismo paraguas identitario. En distintos momentos han convivido —o competido— dentro del mismo movimiento:
- Sindicalismo peronista: históricamente representado por la CGT, fue durante décadas la columna vertebral del movimiento. A su vez se dividió en corrientes combativas, dialoguistas y participacionistas según el contexto político.
- Peronismo de derecha: incluye expresiones como el conservadurismo popular, grupos nacionalistas y, en los años setenta, organizaciones abiertamente anticomunistas que recurrieron a métodos violentos como la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A).
- Peronismo revolucionario o de izquierda: encarnado en los años setenta por agrupaciones como Montoneros y la Juventud Peronista. Aspiraba a una síntesis entre peronismo y socialismo y fue protagonista de la radicalización juvenil de esa década.
- Menemismo: corriente neoliberal de los años noventa que sostuvo que el justicialismo debía adaptarse a la globalización financiera.
- Kirchnerismo: corriente que desde 2003 articula un discurso de centroizquierda, nacionalista en lo económico y progresista en algunas agendas culturales.
- Peronismo federal o del interior: redes de gobernadores e intendentes que, con frecuencia, funcionan con una lógica más pragmática y territorial que ideológica, y suelen negociar tanto con la conducción nacional peronista como con gobiernos de otros signos.
Esa polifonía interna obliga a muchos analistas a hablar de «los peronismos» en plural. El denominador común que los vincula no es un programa definido, sino una serie de símbolos compartidos (la figura de Perón y Evita, la marcha partidaria, el escudo justicialista), la autoidentificación con la tradición del 17 de octubre y un modo de concebir la política más cercano a la construcción de mayorías heterogéneas que a la pureza doctrinaria.
9. Presencia en la cultura y el mundo hispanohablante[editar]
9.1 El peronismo y la cultura argentina[editar]
El peronismo no fue solo un fenómeno político sino también un movimiento cultural de enorme profundidad. Desde sus orígenes estableció vínculos estrechos con el teatro popular, el radioteatro, el cine argentino de la época de oro y posteriormente con la música —desde el folklore hasta el rock nacional— y con las artes plásticas. La iconografía peronista —los retratos de Evita y Perón, el escudo partidario, los pañuelos y murales— constituye una de las tradiciones visuales más reconocibles de la Argentina contemporánea.
En la literatura argentina, el peronismo ha sido tema o trasfondo de obras canónicas. El examen de Julio Cortázar (escrita en 1950 aunque publicada póstumamente), textos de Jorge Luis Borges que aludían críticamente al fenómeno, La vida entera de Juan Carlos Martelli, El secreto y las voces de Carlos Gamerro, y gran parte de la obra narrativa y ensayística de Tomás Eloy Martínez —particularmente su novela Santa Evita, publicada en 1995— dan cuenta de la persistencia de la cuestión peronista en la literatura nacional.
9.2 Recepción y ecos en América Latina y España[editar]
El peronismo de mediados del siglo XX fue observado con atención —y a menudo con simpatía— por movimientos nacional-populares de otros países latinoamericanos. La figura de Evita, en particular, se convirtió en un ícono continental que trascendió las fronteras argentinas. La literatura y el análisis político producidos en
México,
Brasil y otros países de la región dedicaron amplio espacio al fenómeno justicialista.
En España, el exilio de Perón en Madrid durante casi dos décadas convirtió al país en un escenario secundario pero significativo de la trama peronista. La residencia de Puerta de Hierro fue lugar de peregrinaje para dirigentes sindicales, políticos y militantes argentinos durante la proscripción, y la relación de Perón con el franquismo dio lugar a múltiples lecturas y controversias.
En la actualidad, el término «peronismo» se ha empleado en otros países hispanohablantes para describir, de manera aproximada y a veces imprecisa, movimientos políticos caracterizados por un liderazgo carismático, una coalición social heterogénea y una retórica de justicia social. Ese uso metafórico —más periodístico que académico— subraya la centralidad de la experiencia peronista como referencia política en el mundo hispanohablante.
10. Legado y debates contemporáneos[editar]
El peronismo sigue siendo, en la tercera década del siglo XXI, un actor político de primer orden en la Argentina y un objeto de debate incesante. Para sus partidarios, representa la única fuerza política capaz de integrar a las mayorías populares y de garantizar derechos sociales en un país atravesado por profundas desigualdades. Para sus detractores, el movimiento ha estado asociado a lo largo de su historia a prácticas autoritarias, culto al liderazgo, desprecio por las instituciones republicanas y ciclos recurrentes de crisis económica.
La historiografía y las ciencias sociales han producido interpretaciones contrapuestas del peronismo: como un movimiento obrero genuino que amplió la ciudadanía social, como una forma de populismo autoritario, como una estrategia de modernización conservadora, y como un sistema de creencias casi religioso que estructura la identidad política de vastos sectores de la población.
Lo que parece fuera de discusión es que ningún otro movimiento político ha marcado de un modo tan profundo y prolongado la historia argentina. Su capacidad de moldear alianzas sociales entre sectores muy dispares, de sobrevivir a proscripciones y derrotas, y de renovar sus liderazgos manteniendo una fisonomía reconocible, hace del peronismo un caso excepcional en el panorama político latinoamericano y global.
Véase también
- Juan Domingo Perón
- Eva Perón
- Unión Cívica Radical
- Carlos Menem
- Néstor Kirchner
- Cristina Fernández de Kirchner
- Golpes de Estado en Argentina
- Historia de la Argentina
- Buenos Aires
- Córdoba
Entre 1930 y 1947 la población del Gran Buenos Aires se duplicó, alimentada por la migración interna proveniente del interior del país; ese dato demográfico es clave para entender la magnitud del cambio en la composición social de la clase trabajadora argentina. ↩︎
Según estimaciones de historiadores económicos, la participación del salario en el PBI pasó del entorno del 40 % a comienzos de la década de 1940 a alrededor del 50 % hacia 1950; el dato concreto varía según la fuente y merece verificación con series estadísticas oficiales de la época. ↩︎