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Felipe González

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Felipe González · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
PaísesEspaña · Estados Unidos · Brasil · Uruguay · Venezuela · Colombia · México
CiudadesSevilla · Ciudad del Carmen · Barcelona · Madrid
HistoriaFrancisco Franco · Fidel Castro
Felipe González
Fotografía oficial
Nombre completoFelipe González Márquez
Nacimiento5 de marzo de 1942
Sevilla, España
Partido políticoPartido Socialista Obrero Español (PSOE)
CónyugeCarmen Romero (matr. 1969, div. 2008)
Mar García Vaquero (matr. 2012)
HijosPablo, David y María
ProfesiónAbogado, político
CargosPresidente del Gobierno de España (1982–1996)
Secretario general del PSOE (1974–1997)

1. Resumen[editar]

Felipe González Márquez (Sevilla, 5 de marzo de 1942) es un político, abogado y estadista español, figura central de la transición y consolidación democrática de España. Fue el tercer presidente del Gobierno desde la restauración de la monarquía parlamentaria y el mandatario que más tiempo ha ocupado la jefatura del Ejecutivo en la historia del país, con casi catorce años ininterrumpidos de gobierno (1982–1996). Como secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) durante veintitrés años, transformó a una organización clandestina y residual en un partido de masas con vocación de poder, al que llevó a obtener cuatro mayorías consecutivas en las urnas.

Su presidencia abarcó dos grandes ciclos de la historia española reciente: el fin de la Transición y la plena integración en las estructuras europeas y atlánticas, y un ciclo de crecimiento económico que culminó con los grandes acontecimientos internacionales de 1992, seguido de una profunda crisis que, unida a los escándalos de corrupción y la guerra sucia contra ETA, desembocó en su derrota electoral en 1996. Bajo su liderazgo, España ingresó en la Comunidad Económica Europea (posterior Unión Europea) en 1986, se celebró el referéndum que mantuvo al país en la OTAN y se organizaron los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla de 1992.

En el plano ideológico, González encarnó un socialismo de raíz socialdemócrata y una práctica política calificada de «felipismo», que combinaba el discurso de izquierda con políticas económicas de ajuste, un firme europeísmo y una concepción moderna y liberal de los derechos civiles.[1] Su legado es uno de los más debatidos de la política española contemporánea: admirado por haber modernizado el país e integrado a España en Europa, y criticado por la gestión de la crisis económica de los años noventa y por el rosario de casos de corrupción —GAL, Filesa, Roldán, entre otros— que sacudieron los últimos años de su mandato.

2. Primeros años y formación[editar]

Felipe González nació en la calle Evangelista, en el barrio sevillano de Bellavista[sin verificar]. Fue el segundo de cuatro hijos del matrimonio formado por Antonia Márquez y Felipe González Helguera, un tratante de ganado —más tarde modesto propietario agrícola— que durante la Guerra Civil había militado en el bando republicano. La familia procedía de un entorno de pequeña clase media rural con aspiraciones de progreso, y el padre, a pesar de su pasado republicano, educó a los hijos en un catolicismo practicante que el joven Felipe fue abandonando durante la adolescencia al contacto con los círculos obreros y estudiantiles de la capital hispalense.

Cursó el bachillerato en el colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) de la calle San Luis y posteriormente se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, donde se licenció en 1965[sin verificar]. Durante los años universitarios entró en contacto con ambientes antifranquistas a través de la Juventud Obrera Católica (JOC) y, más tarde, de las Juventudes Socialistas, organización en la que ingresó en 1962[sin verificar]. Fue en esa época cuando adoptó el seudónimo de «Isidoro», con el que firmaría durante años los artículos y documentos internos del partido como medida de protección frente a la policía política de la dictadura.[2]

Paralelamente a sus estudios, González abrió un despacho laboralista en Sevilla, especializado en la defensa de trabajadores despedidos y procesados en causas sindicales. El bufete, situado en la céntrica calle González Abreu[sin verificar], se convirtió en uno de los puntos de referencia del antifranquismo andaluz y en el embrión de la red de contactos que décadas más tarde sostendría la estructura del PSOE en todo el sur de España.

3. Trayectoria política[editar]

3.1. Ascenso en el PSOE[editar]

A comienzos de la década de 1970, el PSOE era un partido profundamente dividido entre la dirección en el exilio, anclada en Toulouse y encabezada por el histórico Rodolfo Llopis, y una nueva generación de militantes del interior que reclamaba el relevo generacional y estratégico. González, que ya se había labrado una reputación como líder de la federación andaluza, se integró en el núcleo que impulsó la renovación.

El momento de inflexión se produjo en el congreso celebrado en la localidad francesa de Suresnes en octubre de 1974. Allí, la candidatura encabezada por González y apadrinada por la socialdemocracia europea —en especial por el Partido Socialdemócrata Alemán de Willy Brandt— derrotó al sector de Llopis y proclamó a González primer secretario general, cargo que asumió con 32 años. La «renovación de Suresnes» dotó al PSOE de un liderazgo joven, mediterráneo y desvinculado de las heridas de la Guerra Civil. Apenas dos años después, la muerte del dictador Francisco Franco, en noviembre de 1975, aceleró los planes de retorno a la legalidad.

En las primeras elecciones democráticas, celebradas el 15 de junio de 1977, el PSOE obtuvo 118 escaños[sin verificar] y se situó como segunda fuerza tras la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez. González se convirtió en el principal líder de la oposición y en un protagonista fundamental del consenso constitucional que desembocó en la aprobación de la Constitución de 1978. En los comicios de 1979 repitió resultado como segunda fuerza con 121 escaños[sin verificar], pero la falta de una mayoría clara y el desgaste de la UCD abrieron paso a la convicción socialista de que el acceso al poder era cuestión de tiempo.

El debate interno sobre la identidad ideológica del PSOE marcó los años previos a la victoria de 1982. Durante el XXVIII congreso, celebrado en mayo de 1979, González defendió la renuncia al marxismo como seña de identidad estatutaria, lo que provocó una fuerte confrontación con el ala izquierda del partido. Al no lograr la mayoría necesaria, presentó su dimisión como secretario general. Un congreso extraordinario celebrado pocos meses después —en septiembre del mismo año—[3] le devolvió el cargo con un respaldo abrumador y con las manos libres para redefinir la línea política del partido en clave socialdemócrata, un paso que formalizaría definitivamente el XXIX congreso de 1981.

El clima político nacional se vio sacudido el 23 de febrero de 1981 por el intento de golpe de Estado del teniente coronel Antonio Tejero. González, que al igual que el resto de diputados permaneció retenido en el Congreso de los Diputados, mantuvo un perfil de prudencia durante el secuestro de la Cámara y, restablecida la normalidad, respaldó la actuación del rey Juan Carlos I y la defensa del orden constitucional. Apenas un año y medio después, el desgaste definitivo de la UCD y la recomposición del centro-derecha en torno a la recién creada Alianza Popular abonaron el terreno para la victoria socialista.

3.2. Presidente del Gobierno (1982–1996)[editar]

Primer mandato (1982–1986)

[4]

En política de seguridad, una de las decisiones más polémicas —y que mayor coste político tuvo— fue la rectificación respecto al ingreso en la OTAN. El PSOE había hecho campaña electoral bajo la consigna «OTAN, de entrada no». Sin embargo, una vez en el poder, González defendió la permanencia de España en la Alianza Atlántica[5].

Otro frente decisivo fue la modernización de las Fuerzas Armadas.

Segundo mandato (1986–1989)

El acceso al mercado común transformó de raíz la economía española: los fondos estructurales y de cohesión empezaron a fluir hacia la modernización de infraestructuras, las exportaciones se dispararon y la renta per cápita española inició un proceso de convergencia real con la media comunitaria.

Con la economía en fase expansiva, el gobierno abordó una ambiciosa política de grandes eventos que tendría su cenit en 1992. Barcelona fue designada sede de los Juegos Olímpicos de 1992, Sevilla de la Exposición Universal de ese mismo año, y Madrid ostentó la Capitalidad Europea de la Cultura.

Tercer mandato (1989–1993)

La presidencia española del Consejo de la Unión Europea en el primer semestre de 1989 y, posteriormente, la cumbre de Maastricht en diciembre de 1991, colocaron a González como uno de los líderes europeos de referencia. España fue uno de los firmantes del Tratado de Maastricht, que sentó las bases de la unión económica y monetaria. El gobierno socialista se comprometió a cumplir los estrictos criterios de convergencia —inflación, déficit, deuda pública, tipos de interés—, lo que exigió nuevas dosis de disciplina fiscal en plena desaceleración económica.

A partir de 1993 la economía sufrió un frenazo severo.

Cuarto mandato (1993–1996)

Las elecciones de junio de 1993 arrojaron un resultado incierto. González hubo de pactar con los partidos nacionalistas, especialmente con Convergència i Unió de Jordi Pujol, para garantizar la investidura y la estabilidad del Ejecutivo. El precio fue una cesión importante de competencias autonómicas y un giro en la política económica hacia la contención del gasto, bautizado como «la segunda reconversión».

Pero lo que definió este último mandato no fue la política económica, sino la cascada de escándalos que emergió de forma casi ininterrumpida:

  • Caso Mariano Rubio: el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, fue procesado por ocultar cuentas opacas y fraude fiscal.

La percepción de que la corrupción se había enquistado en el corazón del poder socialista fue capitalizada por el Partido Popular y por Izquierda Unida. Aznar fue investido presidente con el apoyo de CiU y del PNV, y González pasó a liderar la oposición hasta su retirada de la secretaría general del PSOE un año después.

4. Ideología y estilo político[editar]

La evolución ideológica de Felipe González es indisociable de la transformación del socialismo español. Partiendo de una formación juvenil marcada por el antifranquismo, pasó por una etapa retóricamente radical durante la clandestinidad —sin romper nunca del todo con el tono moderado de los socialistas del sur—, para desembocar en una socialdemocracia de fuerte impronta atlántica y europeísta.

El llamado «felipismo» se caracterizó por un liderazgo eminentemente personalista, una comunicación directa y un uso intensivo de la televisión —González fue el primer presidente que explotó a fondo el medio televisivo en campaña—, así como por una gran flexibilidad táctica. Los analistas han señalado su capacidad para ofrecer un discurso diferente según el auditorio: contundente con la izquierda en los mítines obreros, y tecnocrático y tranquilizador ante los foros económicos internacionales.

En política exterior, impulsó un atlantismo pragmático. La OTAN, de entrada no, se transformó en la permanencia condicionada. La relación con Estados Unidos, aunque nunca exenta de fricciones —especialmente durante la crisis de la base de Torrejón—, se normalizó. Con América Latina, González tejió una red de relaciones que le convertiría en un interlocutor privilegiado para los procesos de democratización de los años ochenta y noventa.

5. Condecoraciones y reconocimientos[editar]

A lo largo de su dilatada carrera, Felipe González recibió numerosas distinciones nacionales e internacionales. Muchas de estas condecoraciones y doctorados honoris causa fueron concedidos en el breve lapso que transcurrió entre su salida del Gobierno y los primeros años del siglo XXI, y en buena medida reconocen tanto su obra de gobierno como su papel en la integración europea. La lista completa es larga y ha variado con la anulación ocasional de algún reconocimiento por razones políticas posteriores.

6. Retiro y vida posterior[editar]

Su despedida, entre lágrimas y ovaciones, cerró un capítulo de la historia del socialismo español. Desde entonces ha mantenido una presencia pública intermitente.

En el plano económico, ha ejercido como asesor y miembro de consejos de administración de grandes empresas, principalmente en el sector energético.

En 2008 su matrimonio con Carmen Romero, con quien había compartido más de treinta años, terminó en divorcio de mutuo acuerdo.

Su voz se ha dejado oír en los momentos más difíciles del PSOE. En 2016, su enfrentamiento con el secretario general Pedro Sánchez —a raíz de la abstención que permitió la investidura de Mariano Rajoy— fue uno de los episodios más tensos de la crisis que vivió el partido. Finalmente, González fue uno de los participantes en la reconciliación interna que devolvió a Sánchez a la secretaría general en las primarias de 2017.

7. Presencia en Hispanoamérica[editar]

La relación de Felipe González con América Latina ha sido una de las constantes de su biografía pospresidencial. Durante su mandato, España reforzó los vínculos con la región que se habían debilitado durante el franquismo.

Tras su salida del poder, González actuó como mediador o facilitador en diversos contextos latinoamericanos. Ha mantenido interlocución con gobiernos de distinto signo, desde los presidentes de la «marea rosa» —Lula da Silva en Brasil, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet en Chile, Tabaré Vázquez en Uruguay— hasta líderes con los que mantuvo una relación más compleja, como Fidel Castro y Hugo Chávez. Precisamente con Venezuela mantuvo un vínculo controvertido: tras años de relación cordial con Chávez, se convirtió en un crítico abierto del chavismo y, en 2015, aceptó la defensa jurídica de los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma, lo que tensó las relaciones diplomáticas entre España y Venezuela.

Participó en misiones de observación electoral y de diálogo en Colombia durante los intentos de proceso de paz con las FARC, y en México fue recibido como una voz autorizada en los debates sobre modernización del Estado y políticas sociales en los años posteriores a la alternancia del año 2000. Organizaciones como la OEA y el PNUD han recurrido ocasionalmente a él como conferenciante o asesor en seminarios de gobernabilidad democrática.

Su ascendiente sobre varias generaciones de líderes progresistas hispanoamericanos se explica por el valor simbólico que tuvo para muchas izquierdas de la región ver a un socialista español consolidar la democracia, integrar a su país en Europa y modernizar la economía sin renunciar a las políticas sociales, un modelo que buscaron emular, adaptado a cada realidad nacional, varios gobiernos latinoamericanos de los años noventa y dos mil.

8. Legado histórico[editar]

El legado de Felipe González se sitúa con todo merecimiento entre los más disputados de la historia política española. Para sus partidarios, fue el artífice de la modernización definitiva del país: bajo su mandato España se equipó con infraestructuras de primer nivel —autovías, AVE, alta velocidad ferroviaria—, se integró en las instituciones europeas y atlánticas, universalizó la sanidad y la educación públicas, y consolidó unas fuerzas armadas subordinadas al poder civil y volcadas en misiones de paz internacionales. La expresión «el país que dejó González» sigue siendo, para una parte importante de la sociedad española, sinónimo de un tiempo de orgullo colectivo y de convergencia con los países más avanzados.

Para sus críticos, gobernó demasiado tiempo, cultivó un presidencialismo excesivo, gestionó con lentitud y opacidad los casos de corrupción y alentó o al menos encubrió el terrorismo de Estado contra ETA. La izquierda a su izquierda le reprocha haber abandonado las banderas del socialismo clásico y haber gobernado con políticas económicas liberales que precarizaron el mercado laboral y desindustrializaron regiones enteras. La derecha, por su parte, le acusa de haber permitido, cuando no alentado, la acumulación de poder del PSOE en todos los niveles de la administración, una práctica resumida en el eslogan «por sus obras los conoceréis» que el propio PSOE acuñó como lema de campaña y que sus adversarios volvieron contra él cuando los escándalos empezaron a acumularse.

Lo cierto es que cualquier análisis del periodo democrático español prescinde difícilmente de su figura. González personifica como pocos las luces y las sombras de una generación que hizo la Transición, gobernó durante la consolidación democrática y terminó devorada por el desgaste del poder. Desde que abandonó la Moncloa en 1996, España ha tenido presidentes del PP y del PSOE, pero ninguno ha alcanzado la longevidad ni la impronta histórica de aquellos casi catorce años que cambiaron la faz del país.


  1. La expresión «felipismo» fue acuñada por analistas y medios para designar un estilo de liderazgo pragmático que desbordaba los marcos ideológicos clásicos. Entre sus rasgos figuraban el personalismo, la negociación directa con los poderes económicos y la habilidad para modular el discurso según el auditorio. ↩︎

  2. El alias «Isidoro» se convirtió en una seña de identidad generacional. Durante la clandestinidad, González atendía reuniones en casas particulares y talleres, y viajaba con documentación falsa para coordinar a los núcleos socialistas del interior y del exilio. ↩︎

  3. En el congreso extraordinario de septiembre de 1979, González aceptó regresar a la secretaría general tras negociar un programa de máximos que incluía la superación del marxismo como dogma. El giro contó con el respaldo explícito de los principales partidos socialistas europeos. ↩︎

  4. El desencuentro entre el gobierno socialista y los sindicatos fue constante durante toda la década de los ochenta y culminó en la huelga general del 14 de diciembre de 1988 —convocada por UGT y CCOO—, que paralizó el país y obligó a González a renegociar con los sindicatos aspectos sustanciales de su política económica. ↩︎

  5. La posición española quedó plasmada en una fórmula atlántica singular: España pertenecía a la OTAN pero no aportaba tropas a sus mandos militares integrados. La integración plena en la estructura militar no se produciría hasta mucho más tarde, durante el gobierno de José María Aznar. ↩︎