Telémaco
| Telémaco | |
|---|---|
| Τηλέμαχος · Tēlémachos | |
| Nombre griego | Τηλέμαχος (Tēlémachos), interpretado como «el que combate de lejos» o «lejos del combate» |
| Padres | Odiseo y Penélope |
| Abuelos paternos | Laertes y Anticlea |
| Patria | Ítaca |
| Aparece en | Odisea, con papel central en los cantos I-IV y XV-XXIV · Telegonía |
| Protectora divina | Atenea, bajo las apariencias de Mentes y de Méntor |
| Edad en el poema | Recién nacido cuando su padre parte a Troya; unos veinte años cuando regresa |
| Esposa | Sin tradición unánime: Policasta, Nausícaa, Circe o Casífone según la fuente |
| Descendencia | Perséptolis, Ptoliporto o Latino, según la versión |
| Aportación al idioma | La palabra mentor, del nombre de su ayo en el poema |
| Reelaboración más influyente | Las aventuras de Telémaco, de François Fénelon (escrita 1694-1697, publicada en 1699) |
1. Resumen[editar]
Telémaco es, en la mitología griega, el hijo único de Odiseo y de Penélope, rey y reina de Ítaca, y uno de los personajes centrales de la Odisea. Era un recién nacido cuando su padre embarcó hacia Troya y tiene unos veinte años cuando el poema comienza: toda su vida consciente ha transcurrido en una casa sin padre, ocupada por 108 pretendientes que consumen la hacienda familiar mientras esperan que Penélope se decida a elegir marido.
Su importancia literaria es desproporcionada respecto de lo que hace. Telémaco no mata monstruos ni engaña a dioses; no es un héroe, es un heredero que aprende a serlo, y esa es exactamente la razón de que su figura haya durado veintiocho siglos. Los cuatro primeros cantos de la Odisea están dedicados a él —el bloque que la filología clásica llama la Telemaquia— y narran cómo un muchacho incapaz de echar a nadie de su propia casa convoca por primera vez la asamblea del pueblo, arma un barco a escondidas de su madre y viaja a Pilos y a Esparta a preguntar por un padre al que no recuerda.
Homero, además, retrasa deliberadamente la aparición de Odiseo: el protagonista no entra en escena hasta el canto V. Durante cuatro cantos el lector conoce a Odiseo únicamente por su ausencia y por los relatos que otros hacen de él ante su hijo, un procedimiento narrativo que sigue estudiándose como uno de los más audaces de la épica antigua.
Fuera de Homero, Telémaco es un personaje de tradición fragmentaria y contradictoria: no existe una versión unánime sobre con quién se casó ni a quién engendró, y las fuentes antiguas lo emparejan alternativamente con Policasta, con Nausícaa, con la maga Circe o con Casífone. De esa maleabilidad salió su segunda vida, la más influyente de todas: en 1699 se publicó Las aventuras de Telémaco, la novela con que el arzobispo François Fénelon enseñaba a gobernar al nieto de Luis XIV, uno de los mayores éxitos editoriales del siglo XVIII europeo y el texto que fijó en las lenguas modernas —el castellano entre ellas— la palabra mentor.
2. El nombre[editar]
El griego Τηλέμαχος (Tēlémachos) se compone de tēle- («lejos», «a distancia») y de la raíz de máchē («combate», «batalla»), y admite dos lecturas que las obras de referencia recogen sin decidirse por ninguna:
- «El que combate de lejos», es decir, el que pelea con arco en vez de con lanza. Es la lectura que apunta a un arquero, y encaja de manera notable con el arma que decide el desenlace del poema: el arco de Odiseo.
- «Lejos del combate», esto es, el niño que se quedó en casa mientras su padre iba a la guerra.
Las dos lecturas son gramaticalmente posibles y las dos son literariamente apropiadas, lo que ha llevado a suponer que el nombre es una construcción del propio poema más que un antropónimo heredado. En castellano se acentúa Telémaco —esdrújula—, y no debe confundirse con Telégono, hijo de Odiseo y Circe, ni con Telemaquia, que no es una persona sino el nombre del bloque de cantos protagonizado por él.
3. Genealogía y situación de partida[editar]
Telémaco es hijo de Odiseo, rey de Ítaca, y de Penélope, hija de Icario. Sus abuelos paternos son Laertes —vivo todavía al final del poema, retirado a una finca del interior de la isla— y Anticlea, que ha muerto durante la ausencia de su hijo. No tiene hermanos en la Odisea: es hijo único, y esa condición es un dato estructural, porque hace de él la única continuidad posible de la casa.
La situación que el poema describe en el canto I es la de una monarquía sin monarca. Odiseo lleva veinte años fuera: diez en la Guerra de Troya y diez más de regreso interrumpido. En su palacio se ha instalado una multitud de pretendientes de la nobleza de Ítaca y de las islas vecinas que, amparados en la costumbre de la hospitalidad, comen y beben a diario a costa de la hacienda real mientras presionan a Penélope para que elija a uno de ellos. Ella los ha ido aplazando con el ardid del sudario de Laertes, que teje de día y desteje de noche.
Cuántos son exactamente lo dice el propio Telémaco a su padre en el canto XVI, cuando este le pregunta si podrán los dos solos con ellos: cincuenta y dos de Duliquio —con seis criados—, veinticuatro de Same, veinte de Zacinto y doce de la misma Ítaca, más el heraldo Medonte, un aedo y dos trinchantes. Son ciento ocho pretendientes contra cuatro hombres. La respuesta del muchacho a la pregunta de su padre es, literalmente, que dos no pueden contra muchos y valientes.
Telémaco no puede echarlos. No porque no quiera —lo anuncia en voz alta— sino porque, según sus propias palabras del canto II, no es más que un muchacho sin fuerza. La Odisea es, entre otras cosas, la historia de cómo deja de serlo.
4. La Telemaquia (cantos I-IV)[editar]
«Telemaquia» (Τηλεμάχεια) es el nombre tradicional de los cuatro primeros cantos de la Odisea. La división del poema en 24 cantos no procede de Homero ni de la tradición oral: la establecieron los filólogos de la Biblioteca de Alejandría en época helenística —Zenódoto de Éfeso y sobre todo Aristarco de Samotracia, en el siglo II a. C.—, y la partición temática en Telemaquia (I-IV), regreso de Odiseo (V-XII) y venganza en Ítaca (XIII-XXIV) es una convención analítica posterior, útil y hoy universalmente empleada.[1]
4.1 Canto I: la diosa disfrazada de huésped[editar]
El poema se abre con una asamblea de los dioses en la que Atenea consigue de Zeus que Odiseo, retenido en la isla de Ogigia por la ninfa Calipso, pueda por fin volver a casa. Mientras Hermes marcha a comunicar la orden a la ninfa, la diosa baja a Ítaca tomando la apariencia de Mentes, rey de los tafios, un huésped extranjero, y se presenta en el palacio.
Lo que ve es un muchacho sentado entre los pretendientes, humillado en su propia casa. El consejo que le da estructura todo el bloque y es más detallado de lo que suele resumirse:
- Que convoque a la asamblea de los aqueos a la mañana siguiente, exponga su caso y ordene públicamente a los pretendientes que se marchen cada uno a su casa.
- Que si su madre quiere volver a casarse, la devuelva a la casa de su padre, a quien corresponde concertar la boda.
- Que tome la mejor nave que pueda con una tripulación de veinte hombres y vaya a preguntar por su padre, primero a Pilos, a Néstor, y después a Esparta, a Menelao, que fue el último de los aqueos en llegar a casa.
- Que si averigua que Odiseo vive, aguante un año más el saqueo; y que si lo sabe muerto, vuelva de inmediato, le celebre las honras fúnebres, le levante un túmulo, case a su madre y piense entonces cómo matar a los pretendientes.
La diosa cierra el consejo con el argumento que la Odisea repetirá una y otra vez: que ya es mayor para escudarse en la niñez, y que se fije en cómo alaban todos a Orestes por haber matado al asesino de su padre.
Ese mismo canto contiene el primer gesto de autoridad de Telémaco, y es un gesto doméstico: cuando Penélope baja al salón y pide al aedo que deje de cantar los regresos de Troya, porque le duelen, su hijo la contradice en público y la manda de vuelta a sus habitaciones. Es la primera vez en el poema que alguien se sitúa a la cabeza de la casa de Odiseo, y quien lo hace es un adolescente.
4.2 Canto II: el ágora de los itacenses[editar]
Telémaco convoca la asamblea del pueblo. El detalle que da la medida del abandono lo aporta el anciano Egiptio, que abre la sesión preguntando quién los ha reunido: desde que Odiseo se marchó no había habido ni una sola asamblea en Ítaca. Telémaco toma la palabra y denuncia ante los itacenses el saqueo de su patrimonio. Los pretendientes responden con desprecio y con un argumento perverso: la culpable es Penélope, que los engañó durante años con el sudario, y no se irán hasta que se decida. De la asamblea, Telémaco no obtiene nada.
Sí obtiene algo por otra vía. Con la ayuda de Atenea, ahora bajo la figura de Méntor, un amigo de Odiseo, reúne una tripulación y prepara una nave. Los preparativos se hacen en secreto respecto de su madre: Telémaco hace jurar a la vieja nodriza Euriclea que no dirá nada hasta que hayan pasado diez o doce días, porque —dice— no quiere que su madre se estropee la belleza llorando. La expedición zarpa de noche.
4.3 Canto III: Pilos y el ejemplo de Orestes[editar]
En Pilos, Telémaco y Méntor son recibidos por el anciano Néstor, el más viejo de los caudillos que fueron a Troya, en medio de un sacrificio a Poseidón. Néstor sabe que Odiseo vive, pero no dónde; le cuenta la guerra y le da algo más útil: un modelo de conducta.
Ese modelo es otra vez la historia de Orestes, que vengó a su padre Agamenón matando al usurpador que ocupaba su trono y su casa. La Odisea la repite con insistencia deliberada, y su función es transparente: lo que Orestes hizo por Agamenón es lo que Telémaco debe hacer por Odiseo. El canto III es también la lección práctica de xenía, la hospitalidad recíproca que ordena el mundo homérico y que los pretendientes están violando en Ítaca: Néstor aloja a un desconocido, lo agasaja y lo despide con regalos, exactamente lo contrario de lo que ocurre en el palacio de Odiseo.
Un detalle menor de este canto tendrá consecuencias en la tradición posterior: quien baña a Telémaco en casa de Néstor es Policasta, una de las hijas del rey. Varios mitógrafos harán de ella su esposa.
De Pilos, Telémaco parte hacia Esparta por tierra, en carro, acompañado por Pisístrato, uno de los hijos de Néstor, que se convierte en su compañero de viaje.
4.4 Canto IV: Esparta, y la noticia[editar]
En Esparta reinan Menelao y Helena, ya reconciliados y de vuelta de Troya. Los recibe en medio de una doble boda: la de su hijo Megapentes con una hija de Aléctor y la de su hija Hermíone con Neoptólemo, el hijo de Aquiles. Marido y mujer cuentan a Telémaco sendas anécdotas de Odiseo en la guerra —complementarias y no del todo compatibles entre sí— y Menelao le transmite por fin la información que ha ido a buscar: la profecía del dios marino Proteo, según la cual Odiseo está vivo, retenido contra su voluntad en una isla por la ninfa Calipso.
El canto registra también el cambio del personaje. Cuando llegó a Pilos, Telémaco no se atrevía a dirigir la palabra a Néstor; al despedirse de Esparta tiene aplomo suficiente para rechazar el regalo de Menelao —unos caballos con su equipo— con un argumento cortés y firme: Ítaca es tierra buena para cabras y no para caballos, no tiene llanuras donde correrlos, y él la quiere más por eso. Menelao le da la mano, le dice que se le nota la buena cuna y cambia el regalo por una crátera de plata con el borde incrustado de oro, obra de Hefesto, que a su vez le había regalado Fédimo, rey de los sidonios.
4.5 La emboscada de Ásteris[editar]
Mientras tanto, en Ítaca los pretendientes se han enterado del viaje y han sacado la conclusión correcta. Antínoo, el más agresivo de ellos, organiza una emboscada naval para matar a Telémaco a su regreso, apostando una nave en Ásteris, un islote rocoso «de no gran tamaño» situado en mitad del canal entre Ítaca y Same, con un puerto a cada lado donde una nave puede esperar.
El motivo que el poema atribuye a los pretendientes es la mejor prueba de que la Telemaquia ha cumplido su función: temen que alcance «la medida de la hombría» y empiece a causarles problemas. En el canto II era un niño inofensivo; al final del canto IV es un hombre al que hay que matar.
El heraldo Medonte lleva la noticia a Penélope, que se desespera; Atenea la calma enviándole en sueños la imagen de su hermana Iftima. La Telemaquia termina ahí, en suspenso, y el poema salta al canto V para ir a buscar por fin a Odiseo a Ogigia.
5. El regreso, el reconocimiento y la venganza[editar]
5.1 De Esparta a la majada de Eumeo (cantos XV-XVI)[editar]
Telémaco reaparece en el canto XV. Atenea va a Esparta a apremiarlo para que vuelva, le advierte de la emboscada y le indica una ruta nocturna que la evita, además de decirle que, al desembarcar, no vaya al palacio sino a la cabaña del porquerizo Eumeo, en el campo. Allí está, sin que él lo sepa, su padre, recién llegado a Ítaca y transformado por la diosa en un mendigo viejo.
El canto XVI contiene la escena de reconocimiento, y es más áspera de lo que la memoria popular conserva. Cuando Eumeo sale hacia el palacio a avisar a Penélope, Atenea devuelve a Odiseo su aspecto. Telémaco aparta la vista por miedo a estar ante un dios y le pide clemencia. Odiseo le responde que no es ningún dios, sino su padre. Y el muchacho no le cree: le contesta que no puede ser su padre, sino algún dios que lo engaña para hacerlo sufrir más, porque ningún mortal puede volverse viejo y joven en un instante sin ayuda divina. Sólo después se abrazan.
Padre e hijo planean entonces la matanza. Odiseo entrará en el palacio disfrazado de mendigo y Telémaco deberá soportar sin reaccionar cuanto vea hacerle, además de retirar en secreto las armas que cuelgan del salón. Es la primera vez en el poema que Telémaco recibe una orden que exige autodominio en lugar de arrojo, y la cumple: en el canto XVII asiste a los golpes e insultos que los pretendientes dedican al mendigo y no mueve un dedo.
5.2 El certamen del arco (canto XXI)[editar]
Penélope propone a los pretendientes una prueba: tensar el arco que Odiseo dejó en casa al marchar a Troya y hacer pasar una flecha por los ojos de doce hachas alineadas. Se casará con quien lo consiga.
Telémaco es quien planta las hachas en fila, en un surco que cava y alinea a cordel, y todos se sorprenden de que lo haga con tanto orden sin haberlo visto nunca. Y es el primero en intentar la prueba. Tira del arco tres veces sin lograr tensarlo; a la cuarta lo habría conseguido, y no lo consigue porque Odiseo le hace una seña para que se detenga. Telémaco deja el arco fingiendo desánimo —dice que quizá siempre será débil, o que aún es demasiado joven— y cede el turno a los demás. El detalle es un pequeño prodigio de construcción: acredita ante el lector que el hijo ya tiene la fuerza del padre, sin dejar que la use todavía.
Fracasados los pretendientes —el primero en probar y fallar es Leodes, el adivino, el único de ellos que detestaba lo que hacían los otros—, Odiseo pide participar. Ante la insistencia de Telémaco se le permite, tensa el arco sin esfuerzo y atraviesa las doce hachas. A una señal suya, su hijo se arma.
5.3 La matanza y la muerte de las esclavas (canto XXII)[editar]
La primera flecha mata a Antínoo. Contra ciento ocho pretendientes luchan cuatro hombres: Odiseo, Telémaco, el porquerizo Eumeo y el boyero Filetio.
El único error del combate es de Telémaco, y él mismo lo confiesa. Al traer armaduras y lanzas de la despensa deja la puerta abierta, y por ahí el cabrero traidor Melantio saca doce escudos, doce cascos y doce lanzas para armar a los pretendientes. Cuando Odiseo, alarmado, dice que alguna de las mujeres o el propio Melantio los está traicionando, su hijo responde que la culpa es suya y de nadie más, que dejó abierta la puerta de la despensa. Es una línea pequeña y muy moderna: el heredero asume el fallo en voz alta en mitad de la batalla. Atenea interviene primero bajo la forma de Méntor y después desde las vigas del techo, alzando la égida, ante la cual los pretendientes se desbandan.
El final del canto es una de las páginas más brutales de la épica antigua, y su brutalidad concreta se debe a Telémaco. Odiseo ordena que las esclavas que se habían acostado con los pretendientes sean pasadas a espada. Telémaco desobedece esa orden en un solo punto: declara que no les concederá una muerte limpia, porque lo insultaron a él y a su madre, y las ahorca a todas de una misma soga, atada a un pilar y tendida en torno al edificio a suficiente altura para que ninguna llegue al suelo con los pies. El poema compara la escena con tordos o palomas atrapadas en una red y anota, sin comentario, que los pies se agitaron un rato, no mucho. Al traidor Melantio lo mutilan y echan sus entrañas a los perros.[2]
5.4 El pacto (canto XXIV)[editar]
En el último canto, Odiseo va a la finca de su padre Laertes y se da a conocer mostrándole la cicatriz y recordando los árboles frutales que el anciano le regaló de niño. Las familias de los pretendientes se reúnen en asamblea y exigen venganza; se llega a combatir, y Laertes mata de un lanzazo al padre de Antínoo. Atenea detiene la lucha e impone un pacto de paz entre las partes, con el que el poema se cierra.
Telémaco pelea en ese último combate junto a su padre y a su abuelo: tres generaciones de la casa de Ítaca en la misma línea. Es su última aparición en la Odisea.
6. El personaje: un rito de paso[editar]
Los especialistas en Homero leen habitualmente la Telemaquia como el relato del tránsito del personaje de la adolescencia a la madurez, y esa lectura tiene una consecuencia estructural precisa: sólo después de haberlo completado está Telémaco en condiciones de ayudar a su padre a matar a los pretendientes en el canto XXII. La secuencia de sus actos es una progresión ordenada —hablar en su casa, hablar en la asamblea, viajar, ser tratado como huésped de honor, negociar un regalo, obedecer un plan, asumir un error, matar— y ninguno de esos pasos es gratuito.
En ese esquema, Atenea desempeña la función que la crítica del siglo XX llamó el guía del héroe, y el poema lo subraya con los propios nombres que la diosa adopta: Mentes y Méntor remiten ambos a ménos (μένος), la palabra griega para el impulso, la fuerza y la determinación que un dios infunde en un hombre. Los dos disfraces significan, en el fondo, «el que infunde ánimo».
Conviene señalar lo que Telémaco no es. No es un héroe trágico, no tiene un destino anunciado por un oráculo, no se le atribuye ninguna hazaña individual y su participación en la matanza es de segunda línea. Su interés reside justamente ahí: es uno de los primeros personajes de la literatura europea cuyo argumento es su propio crecimiento, y por eso la Telemaquia se cita con frecuencia como antecedente remoto de la novela de formación.
7. Fuera de Homero: las tradiciones divergentes[editar]
Homero deja a Telémaco vivo, soltero y sin descendencia. Todo lo que se cuenta más allá procede de poemas del ciclo épico hoy perdidos, de mitógrafos posteriores y de escoliastas, y no forma un relato coherente. Conviene enumerar las versiones en vez de elegir una.
7.1 El niño ante el arado[editar]
La más difundida de las tradiciones posthoméricas no habla del adulto sino del recién nacido. Cuando los caudillos griegos fueron a reclutar a Odiseo para la expedición contra Troya, este fingió estar loco para no ir: se puso a arar la playa sembrando sal. Palamedes deshizo el engaño colocando al pequeño Telémaco delante del arado; Odiseo desvió la reja para no matar a su hijo y quedó descubierto.
El episodio no está en la Odisea —el poema de Homero no lo menciona— pero es antiguo y muy citado, y explica de paso el odio duradero de Odiseo hacia Palamedes.
7.2 La descendencia: versiones incompatibles[editar]
No hay tradición unánime sobre con quién se casó Telémaco ni a quién engendró. Las principales variantes documentadas son estas:
[ Desplegar / Plegar ] Las versiones sobre el matrimonio y los hijos de Telémaco
| Fuente o tradición | Esposa | Descendencia |
|---|---|---|
| Hesíodo | Policasta, la hija menor de Néstor —la misma que lo baña en el canto III de la Odisea— | Perséptolis |
| Aristóteles y Helánico | Nausícaa, hija del rey Alcínoo de los feacios | Perséptolis |
| Otra variante sobre Nausícaa | Nausícaa | Ptoliporto, nombre que le habría puesto el propio Odiseo |
| Telegonía y derivados | Circe | Latino |
| Variante tardía | Casífone, hija de Circe y por tanto hermanastra suya | Ninguna: la unión acaba en muerte recíproca |
Las dos primeras filas son, como se ve, el mismo hijo atribuido a dos madres distintas: la versión hesiódica hace de Policasta la madre de Perséptolis y la tradición aristotélico-helanicea atribuye ese mismo nombre a un hijo de Nausícaa. Es un caso de manual de cómo el ciclo posterior a Homero rellena huecos por caminos que no se coordinan entre sí. A ello se añade que fuentes tardías atribuyen el nombre Ptoliportes no a un hijo de Telémaco, sino a otro hijo de Odiseo y Penélope.
Hay además una tradición singular sobre la paternidad de Homero mismo. En el Certamen de Homero y Hesíodo se cuenta que el emperador Adriano preguntó al oráculo de Delfos por la patria y los padres del poeta, y que el oráculo respondió que Homero era de Ítaca y que su padre era Telémaco. La tradición hispana recoge la misma historia y añade que las fuentes no se ponen de acuerdo sobre la madre, citada indistintamente como Metis, Creteida, Temista, Hirneto, una itacense vendida por fenicios, la musa Calíope o la propia Policasta.
Una versión aislada, por último, invierte por completo el sentido del personaje: Odiseo, advertido por una profecía de que su hijo era un peligro para él, lo habría desterrado de Ítaca.
7.3 La Telegonía[editar]
La Telegonía era un poema breve, de dos libros, que cerraba el ciclo épico contando la vida y la muerte de Odiseo después de la Odisea. En él, Odiseo muere por accidente a manos de Telégono, el hijo que había tenido con Circe sin saberlo. Tras esa muerte, Telémaco, Penélope y Telégono viajan a la isla de Eea, y Telémaco se casa con Circe: es decir, con la amante de su padre y madre de quien lo mató.
La variante que introduce a Casífone —hija de Odiseo y Circe, y por tanto hermanastra de Telémaco— parece posterior; en ella Telémaco se casa igualmente con Circe, y en una disputa mata a su suegra, por lo que Casífone lo mata a él a su vez.
7.4 La huella itálica[editar]
Un grupo de tradiciones vincula a Telémaco con la prehistoria mítica de Italia, en la misma corriente que hizo de Eneas el antepasado de Roma. Se le atribuye la paternidad de Latino, epónimo de los latinos, habido de Circe; se le da una hija llamada Roma, casada con Eneas; y el comentarista Servio lo convierte en fundador de Clusium, la ciudad etrusca sobre cuyo emplazamiento se levanta hoy Chiusi, en la Toscana.
8. Méntor, Mentes y la palabra «mentor»[editar]
De todo el legado de Telémaco, el más cotidiano es una palabra que él nunca pronuncia como nombre común. En la Odisea, Méntor es un itacense amigo de Odiseo a quien este confió su casa al partir, y del que Atenea toma la apariencia para acompañar y aconsejar al muchacho —y, en el canto XXII, para combatir a su lado—. Como personaje, el Méntor homérico es secundario: la que aconseja es la diosa.
El salto de nombre propio a nombre común no lo dio Homero, sino Fénelon. En Las aventuras de Telémaco (1699), Méntor ya no es un vecino cuya forma toma la diosa por conveniencia, sino el preceptor que acompaña al joven durante toda la novela, pronuncia la mayor parte de sus discursos y resulta ser Minerva. El libro fue un éxito europeo inmenso durante todo el siglo XVIII, y de su lectura salió el uso moderno: mentor en francés e inglés, mentor en castellano, con el sentido de consejero experimentado que guía a alguien más joven. La palabra está hoy en el diccionario de todas las lenguas europeas y se ha reexportado al vocabulario de la empresa y la universidad —mentoría, mentorizar— sin que casi nadie recuerde de dónde viene.
Un detalle etimológico refuerza la coherencia del conjunto: los nombres Mentes y Méntor proceden de la misma raíz que ménos, el ímpetu o la determinación que un dios pone en el ánimo de un hombre. Que la palabra para «guía» venga de una diosa disfrazada de vecino no es casualidad del idioma, sino un rasgo del texto.
9. Las aventuras de Telémaco, de Fénelon[editar]
9.1 Qué es el libro[editar]
François de Salignac de la Mothe-Fénelon (Sainte-Mondane, 6 de agosto de 1651 - Cambrai, 7 de enero de 1715), arzobispo de Cambrai desde 1695, fue nombrado en 1689 preceptor de Luis, duque de Borgoña, nieto de Luis XIV y segundo en la línea de sucesión al trono de Francia, que entonces tenía siete años. Entre 1694 y 1697 escribió para él Les Aventures de Télémaque, fils d'Ulysse.
El argumento rellena un hueco de la Odisea: cuenta los viajes de Telémaco en busca de su padre, guiado por Méntor —Minerva disfrazada—, por Sicilia, Egipto, Fenicia, Chipre, Creta y la Magna Grecia italiana, antes de volver a Ítaca. Pero la trama es un pretexto. El libro es en realidad una colección de discursos sobre el arte de gobernar puestos en boca de Méntor: contra la guerra, contra el lujo, contra el egoísmo de los príncipes; a favor de la fraternidad entre los hombres, de la simplicidad, del alivio de los impuestos que ahogaban al campesinado y de un sistema aristocrático-constitucional en el que el príncipe está aconsejado por un consejo de patricios. La obra se divide en 18 libros, aunque circulan también ediciones en 24, por analogía con los cantos homéricos.
9.2 El escándalo[editar]
Télémaque se publicó de forma anónima en 1699, sin conocimiento ni permiso de su autor, y fue retirada del mercado de inmediato, lo que no impidió una cascada de reimpresiones más o menos clandestinas.
Los contemporáneos entendieron perfectamente lo que estaban leyendo: un ataque frontal al reinado de Luis XIV, cuyas guerras y cuya presión fiscal sobre el campesinado habían llevado a Francia a la hambruna. El rey ya había desterrado a Fénelon de Versalles y lo había confinado en su diócesis a raíz de la condena por la Santa Sede de otra de sus obras, la Explicación de las máximas de los santos, que le costó además sus títulos y sus rentas. El libro lo enfureció hasta el punto de que mantuvo esas restricciones incluso después de que la disputa religiosa se hubiera resuelto. Fénelon murió confinado en 1715, y fue su familia la que reimprimió el libro en 1717; esa edición es la que se considera texto definitivo.
9.3 La fortuna del libro[editar]
Pocos libros del siglo XVIII tuvieron una difusión comparable. Fue un éxito de ventas inmediato dentro y fuera de Francia, se tradujo a todas las lenguas europeas e incluso al verso latino, y se convirtió en lectura habitual para el aprendizaje del francés por la calidad de su prosa. El historiador literario Jean-Claude Bonnet lo ha llamado «la verdadera llave del museo del imaginario del siglo XVIII».
Su rastro concreto es extenso:
- Los propios reyes de Francia. Pocos años después del escándalo, los panegiristas de la corte saludaban al niño Luis XV como un nuevo Telémaco y a sus preceptores como nuevos «mentores». Luis XVI (1754-1793) fue educado con el libro y quedó fuertemente marcado por él.
- La Ilustración. Fue lectura favorita de Montesquieu y de Rousseau, y a través de este de los revolucionarios franceses y de románticos alemanes como Herder, que citaba con aprobación la frase de Fénelon sobre amar a la propia familia más que a uno mismo, a la patria más que a la familia y al género humano más que a la patria. También lo releía con frecuencia Thomas Jefferson.
- Emilio (1762). En el tratado de educación de Rousseau, al alumno se le dan exactamente dos novelas: de niño, Robinson Crusoe, para inculcarle recursos y autonomía; de joven, Télémaque, que le entrega su prometida Sofía. Emilio y su preceptor viajan a Salento a buscar al «buen Idomeneo» que Fénelon había instalado allí.
- Ópera. La trama de Télémaque proporcionó el argumento del Idomeneo de Mozart (1781).
- Fuera de Europa occidental. La traducción rusa en verso de Vasili Trediakovski (Tilemajida, 1766) fue ridiculizada por Catalina la Grande y defendida por Radíshchev. La versión al turco otomano de Yusuf Kâmil Pachá (1859) está considerada la primera traducción de una novela europea al turco.
En español, el libro circuló profusamente durante los siglos XVIII y XIX; entre las ediciones antiguas accesibles hoy en línea figura la traducción de Mariano Antonio Collado publicada en Valencia en 1843, con el título Las aventuras de Telémaco seguidas de las de Aristonoo.
10. Telémaco en la música y en la poesía[editar]
10.1 El siglo de las óperas[editar]
Telémaco fue uno de los personajes operísticos más frecuentados del siglo XVIII, casi siempre a partir de la versión de Fénelon y muy a menudo en el episodio de la isla de Calipso. Entre las obras documentadas:
[ Desplegar / Plegar ] Óperas dieciochescas sobre Telémaco
| Año | Obra | Compositor |
|---|---|---|
| 1714 | Télémaque | André Cardinal Destouches |
| 1718 | Telemaco | Alessandro Scarlatti |
| 1765 | Telemaco, ossia L'isola di Circe | Christoph Willibald Gluck |
| 1776 | Gli errori di Telemaco | Giuseppe Gazzaniga |
| 1796 | Télémaque dans l'île de Calypso ou Le triomphe de la sagesse | Jean-François Le Sueur |
| 1797 | Telemaco nell'isola di Calipso | Simon Mayr |
| 1797 | Il Telemaco nell'isola di Calipso | Fernando Sor |
Sobre el mismo título de la isla de Calipso constan además óperas de Giovanni Vincenzo Meucci (1773), Charles Lepicq (1776), João Cordeiro de Silva (1787) y la condesa Maria Theresia Ahlefeldt (1792): siete compositores distintos abordando el mismo episodio en veinticinco años.
10.2 La ópera catalana perdida y recuperada[editar]
La última de la tabla merece un párrafo propio en un sitio en español. Il Telemaco nell'isola di Calipso es obra de Fernando Sor (Barcelona, 13 de febrero de 1778 - París, 10 de julio de 1839), el guitarrista y compositor a quien el musicólogo belga Fétis llamó «el Beethoven de la guitarra». Sor la estrenó en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona el 25 de agosto de 1797, con libreto de Carlo Sigismondo Capece, y se repuso en la misma ciudad el 18 de mayo de 1798. Tenía diecinueve años.
La partitura se dio por perdida durante casi dos siglos, hasta que apareció a principios de los años noventa del siglo XX. En 1999 se montó una producción en el Teatre Principal de Vilanova i la Geltrú, con la orquesta sinfónica del Garraf dirigida por Joan Lluís Moraleda, que se grabó y editó en disco.
10.3 Poesía[editar]
- Alfred, Lord Tennyson escribió su monólogo dramático Ulysses en 1833, a los 24 años, y lo publicó en 1842.[3] En él, un Odiseo envejecido y harto de gobernar una isla de pescadores entrega el trono a Telémaco para marcharse a navegar hasta morir. La distribución de papeles es exactamente la de Fénelon invertida: el heredero se queda con la tarea de gobernar bien, que es aburrida, y el héroe con la aventura. El Ulises de Tennyson debe más al del Infierno de Dante que al de Homero, y de ahí procede esa insatisfacción con el regreso que en la Odisea no existe.
- Louise Glück (1943-2023), premio Nobel de Literatura en 2020, dedicó a la familia de Odiseo su séptimo libro, Meadowlands (Ecco, 1996): una relectura de la Odisea en la que el matrimonio de Odiseo y Penélope se deshace como un matrimonio contemporáneo cualquiera. Telémaco es un personaje recurrente en su poesía, y en ese libro le corresponden varios de los poemas en que el hijo observa el naufragio de sus padres.
11. Telémaco en la narrativa contemporánea[editar]
En el Ulises de James Joyce (1922) la correspondencia homérica es explícita y estructural: Leopold Bloom corresponde a Odiseo, Molly Bloom a Penélope y Stephen Dedalus a Telémaco. La novela se organiza en tres partes que llevan nombres homéricos —la Telemaquia (episodios 1 a 3), la Odisea (4 a 15) y el Nóstos (16 a 18)—, y el episodio primero se titula «Telémaco»: son las ocho de la mañana del 16 de junio de 1904 y empieza con Buck Mulligan llamando a Stephen Dedalus. El esquema del hijo que busca un padre que no es su padre biológico se ha convertido, a través de Joyce, en un lugar común de la novela del siglo XX.
Otras presencias documentadas:
- Penélope y las doce criadas (2005), de Margaret Atwood, publicada dentro de la serie de mitos de Canongate. Penélope narra desde el Hades, y un coro formado por las doce criadas que Telémaco ahorcó interrumpe su relato para dar su propia versión de los hechos, en un género distinto cada vez —canción de comba, lamento, balada, juicio—. El libro convierte a Telémaco en una figura bastante menos simpática de lo que la tradición había asumido.
- El escritor belga Marnix Gijsen tituló Telemachus in het dorp («Telémaco en el pueblo») una novela en parte autobiográfica sobre la formación de un joven intelectual en un pueblo rural.
12. Telémaco en el mundo hispanohablante[editar]
12.1 Cómo se lee en español[editar]
El acceso al personaje en castellano pasa por las traducciones de la Odisea, de las que tres son de referencia y siguen reeditándose:
| Año | Traductor | Rasgo |
|---|---|---|
| 1910 | Luis Segalá y Estalella | Versión en prosa, de dominio público y disponible en línea; es la base de la mayoría de los resúmenes escolares |
| 1982 | José Manuel Pabón | Publicada por Gredos; de ella procede la versión en verso de la invocación a la Musa que suele citarse |
| 2004 | Carlos García Gual | Introducción y traducción, editada por Alianza |
En la enseñanza secundaria de España y de buena parte de Hispanoamérica, la Telemaquia es el bloque por el que se entra al poema, precisamente porque su protagonista tiene la edad del lector.
12.2 Un Telémaco puertorriqueño: Epic: The Musical[editar]
La aparición reciente más popular del personaje entre el público joven hispanohablante no es española ni latinoamericana por su idioma, pero sí por su autor. Epic: The Musical es una serie de nueve «sagas» en forma de álbum, escrita y producida íntegramente por el actor y cantautor puertorriqueño Jorge Rivera-Herrans, publicada entre 2022 y 2024 y concebida como una adaptación cantada de la Odisea, con influencias del teatro musical moderno, el anime y los videojuegos. El proyecto se dio a conocer a través de TikTok a partir de 2021 y arrastró después una notable comunidad de seguidores en español. Telémaco es uno de sus personajes, interpretado por Miguel Veloso.
12.3 Fernando Sor y el rastro hispánico antiguo[editar]
Como se ha visto, la aportación hispana más notable al Telémaco artístico clásico es la ópera juvenil de Fernando Sor estrenada en Barcelona en 1797, hoy recuperada y grabada. A ella se suma la larga vida editorial de la novela de Fénelon en español, con traducciones desde el siglo XVIII y ediciones ilustradas decimonónicas como la valenciana de 1843.
12.4 En el cine: La Odisea de Nolan (2026)[editar]
La aparición reciente más visible del personaje es cinematográfica. En La Odisea, la adaptación dirigida por Christopher Nolan y estrenada en julio de 2026, Telémaco está interpretado por Tom Holland, junto al Odiseo de Matt Damon. La película se estrenó en salas de toda Hispanoamérica y de España y es, con diferencia, la versión del personaje que más público hispanohablante ha visto.
13. Véase también[editar]
- Odiseo — el padre ausente cuyo regreso organiza todo el poema.
- Odisea — el poema, su estructura en 24 cantos y sus temas.
- Ítaca — la isla que Telémaco hereda.
- Homero — el autor, a quien una tradición antigua llegó a hacer hijo de Telémaco.
- Guerra de Troya — la guerra que se llevó a su padre cuando él era un recién nacido.
- Circe — la maga con la que varias tradiciones posthoméricas lo casan.
- Calipso — la ninfa que retenía a Odiseo, y escenario de casi todas las óperas dieciochescas sobre Telémaco.
- La Odisea (película de 2026) — la adaptación de Christopher Nolan en la que lo interpreta Tom Holland.
Junto a la división tripartita circula otra, en seis bloques de cuatro cantos, que subraya el paralelismo entre el crecimiento de Telémaco y el retorno de su padre. Ninguna de las dos es del poeta; ambas son herramientas de lectura. ↩︎
La escena ha recibido una atención crítica creciente desde finales del siglo XX, tanto por el hecho de que la orden de Odiseo —la espada— sea sustituida por su hijo por un método deliberadamente infamante, como por la condición de esclavas de las víctimas, que difícilmente podían negarse a los pretendientes. La novela Penélope y las doce criadas (2005), de Margaret Atwood, está construida enteramente sobre ese episodio. ↩︎
La doble fecha explica que distintas obras de referencia citen 1833 o 1842 para el mismo poema. Ambas son correctas y se refieren a cosas distintas: la escritura y la publicación en el segundo volumen de poesía de Tennyson. ↩︎