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Golpe de Estado del 23-F

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Golpe de Estado del 23-F · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
PaísesEspaña · México · Argentina · Uruguay · Paraguay
CiudadesMadrid · Valencia · Sevilla · Barcelona
HistoriaFrancisco Franco · Constitución española de 1978 · Guerra Fría
Golpe de Estado del 23-F
Otros nombresEl Tejerazo
El 23-F
TipoIntento de golpe de Estado
Fecha23 de febrero de 1981
Hora18:23 (hora local, inicio del asalto al Congreso)
Lugar principalMadrid, España
(Congreso de los Diputados, Capitanía General de Valencia, cuarteles de la Guardia Civil)
ResultadoFracaso del golpe
Rendición de los golpistas
Afirmación de la democracia constitucional
Principales implicadosAlfonso Armada
Jaime Milans del Bosch
Antonio Tejero
ConsecuenciasJuicio a los golpistas
Consolidación de la monarquía parlamentaria
Ingreso de España en la OTAN

1. Resumen[editar]

El Golpe de Estado del 23-F, también conocido coloquialmente como El Tejerazo, fue un intento fallido de golpe de Estado que tuvo lugar en España el 23 de febrero de 1981. El acontecimiento central fue la toma por la fuerza del Congreso de los Diputados en Madrid por un destacamento de la Guardia Civil al mando del teniente coronel Antonio Tejero, mientras en Valencia el teniente general Jaime Milans del Bosch sacaba los tanques a la calle y declaraba el estado de guerra. El golpe, diseñado por sectores involucionistas del Ejército español y personalidades de la extrema derecha civil, fracasó en menos de 18 horas gracias a la negativa de la mayoría de los mandos militares a secundarlo y, de forma determinante, a la intervención televisada del rey Juan Carlos I, quien en calidad de jefe supremo de las Fuerzas Armadas ordenó el sometimiento a la legalidad constitucional.

El 23-F constituye uno de los episodios más trascendentales de la Transición española y es considerado un punto de inflexión que consolidó el régimen democrático surgido de la Constitución de 1978.[1] El proceso judicial subsiguiente condenó a 30 personas (doce miembros de las Fuerzas Armadas, diecisiete miembros de la Guardia Civil y un civil) de los más de 40 procesados, incluyendo a los principales cabecillas militares y civiles.

2. Antecedentes[editar]

2.1. El contexto político: la Transición en crisis[editar]

Tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, España había emprendido un complejo proceso de transición hacia un sistema democrático. Para 1981, el país llevaba apenas tres años bajo la Constitución española de 1978. El gobierno de Adolfo Suárez, figura clave de la Transición al frente de la Unión de Centro Democrático (UCD), atravesaba un momento de grave descomposición interna. Las disputas entre facciones del partido gobernante, la escalada terrorista de ETA —que en 1980 había causado 92[sin verificar] asesinatos—, la crisis económica y el malestar creciente en sectores del Ejército creaban un cóctel explosivo.[2]

El 29 de enero de 1981, Adolfo Suárez presentó su dimisión como presidente del Gobierno, decisión que comunicó por televisión con un discurso enigmático en el que afirmó no querer que la democracia fuera "un paréntesis en la historia de España".[3] La UCD designó como candidato a la presidencia a Leopoldo Calvo-Sotelo, cuya sesión de investidura quedó fijada para los días 18 y 20 de febrero. En la primera votación no obtuvo la mayoría necesaria, por lo que se programó una segunda votación para el 23 de febrero de 1981 —justo el día en que se produjo el golpe—, en la que bastaría mayoría simple.

2.2. Malestar militar y conspiración[editar]

El Ejército español de 1981, heredero directo del Ejército franquista, albergaba en su seno un sector involucionista que veía con hostilidad el proceso democrático. La legalización del Partido Comunista de España en 1977, el avance de las autonomías —percibidas como una amenaza a la unidad de la patria— y la violencia de ETA alimentaban un profundo descontento entre los mandos militares. Existían varios círculos conspirativos: por un lado, el de los llamados "militares de alta graduación", con figuras como el teniente general Jaime Milans del Bosch, el teniente general Quintana Lacaci[sin verificar], y el general Alfonso Armada, ex secretario de la Casa del Rey y hombre próximo al monarca; por otro, el de mandos medios de la Guardia Civil y el Ejército con un perfil más abiertamente ultraderechista, entre los que destacaba el teniente coronel Antonio Tejero.[4]

El plan golpista combinaba múltiples componentes simultáneos: la ocupación del Congreso por fuerzas de la Guardia Civil como maniobra de distracción espectacular, la declaración del estado de guerra desde la Capitanía General de Valencia por Milans del Bosch —que sacaría los blindados a las calles—, el control de los medios de comunicación y un gobierno de concentración encabezado por el general Armada, quien pretendía presentarse como una solución de "orden" bajo tutela del rey. La complejidad y las contradicciones de este plan resultarían decisivas en su fracaso.

3. Desarrollo del golpe[editar]

3.1. La toma del Congreso de los Diputados[editar]

Aproximadamente a las 18:23 horas del 23 de febrero de 1981, mientras se desarrollaba la segunda votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo en el Palacio de las Cortes, un grupo de aproximadamente 200 agentes de la Guardia Civil, armados con subfusiles, irrumpió en el hemiciclo al mando del teniente coronel Antonio Tejero. Tras varios disparos al aire y gritos de "¡Quieto todo el mundo!", Tejero subió a la tribuna de oradores y ordenó a los diputados tirarse al suelo.[5]

Momentos después, un segundo grupo de guardias civiles penetró en el edificio por una entrada lateral, consolidando la ocupación. Durante aproximadamente 17 horas, los diputados y el Gobierno permanecieron retenidos como rehenes. Las comunicaciones telefónicas con el exterior fueron cortadas selectivamente: algunos diputados consiguieron realizar llamadas con sus teléfonos móviles —una tecnología aún incipiente— o por líneas que los golpistas no lograron controlar por completo.

3.2. El levantamiento en Valencia[editar]

Casi simultáneamente, en la III Región Militar con sede en Valencia, el teniente general Jaime Milans del Bosch emitió un bando por el cual declaraba el estado de guerra en toda su demarcación territorial. Ordenó la salida de carros de combate y tropas a las calles de la ciudad de Valencia, ocupando puntos estratégicos como la plaza del Ayuntamiento, la estación de trenes y la Delegación del Gobierno. El bando de Milans del Bosch invocaba el restablecimiento del orden y la unidad de España, mencionando de forma ambigua al rey como garante último de la nación.

Milans del Bosch había sido un militar clave en la Transición, pero su trayectoria ideológica lo situaba como uno de los líderes del sector más duro. Su implicación resultaba particularmente peligrosa, ya que la III Región Militar era una de las de mayor potencia de fuego del Ejército español, con unidades blindadas de primera línea.[6]

3.3. El intento de golpe en Madrid y otras regiones[editar]

La conspiración golpista preveía la adhesión progresiva de las restantes capitanías generales. El plan del general Armada consistía en acudir al Congreso, presentarse como mediador avalado por el rey —extremo que era falso— y proponer un gobierno de unidad nacional con participación de los principales partidos políticos. Sin embargo, varios factores impidieron este desenlace: la negativa de otros mandos militares a sumarse sin una orden explícita del monarca, las dudas sobre la legalidad de la actuación de Milans del Bosch y la resistencia inesperada de los líderes políticos retenidos.

En Madrid, la División Acorazada Brunete, estacionada en los alrededores de la capital, fue puesta en alerta por sus mandos golpistas, pero la cadena de mando se rompió cuando el general José Juste[sin verificar] comprobó la falta de respaldo regio y dio marcha atrás. Un episodio similar ocurrió en otras regiones militares como Sevilla, Burgos y Barcelona.

4. El papel del rey Juan Carlos I[editar]

El factor determinante para el fracaso del golpe fue la actuación del rey Juan Carlos I. El monarca, en su calidad de jefe supremo de las Fuerzas Armadas, se comunicó telefónicamente con los capitanes generales de las nueve regiones militares en las primeras horas de la noche, ordenándoles explícitamente mantenerse dentro de la legalidad constitucional y no secundar el golpe. Esta ronda de llamadas, realizada desde el Palacio de la Zarzuela, fue el contrapeso decisivo a la maniobra de Milans del Bosch.[7]

A las 01:14 horas de la madrugada del 24 de febrero, el rey apareció en televisión a través de Televisión Española (TVE) —única cadena de televisión del país— en un mensaje pregrabado desde su despacho. Vestido de uniforme de capitán general de las Fuerzas Armadas, Juan Carlos I desautorizó el golpe sin ambages, ordenó a los militares sublevados que depusieran su actitud y reafirmó su apoyo al orden constitucional. La frase más recordada del discurso fue: "La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum".[8]

El impacto del mensaje fue inmediato: los mandos militares indecisos o simpatizantes del golpe comprendieron que no contaban con la cobertura de la Corona, lo que desmontó la justificación política que los golpistas habían esgrimido. Milans del Bosch, aislado, ordenó replegar los blindados y retiró el bando de guerra durante la madrugada. En el Congreso, la rendición de Tejero se produjo en la mañana del día 24, liberando a los diputados y al Gobierno sin que se produjeran víctimas mortales.

5. Consecuencias inmediatas[editar]

5.1. Reafirmación democrática[editar]

El fracaso del golpe produjo un efecto paradójico: fortaleció la legitimidad de las instituciones democráticas y consolidó la monarquía parlamentaria. El 27 de febrero, apenas tres días después, Leopoldo Calvo-Sotelo fue investido presidente del Gobierno con una mayoría que días antes parecía inalcanzable. La masiva manifestación del 27 de febrero de 1981[sin verificar] en Madrid y otras ciudades españolas, convocada en defensa de la democracia, reunió a cientos de miles de ciudadanos y evidenció el rechazo popular al golpismo.

5.2. Juicio y condena de los golpistas[editar]

El proceso judicial, instruido por la jurisdicción militar con supervisión del Tribunal Supremo, se extendió durante meses. El juicio, celebrado en el Cuartel de Campamento[sin verificar], en Madrid, culminó con la sentencia del 3 de junio de 1982[sin verificar]. Las penas más elevadas recayeron sobre los principales cabecillas:

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  • Jaime Milans del Bosch: 30 años de prisión por rebelión militar.
  • Alfonso Armada: 30 años de prisión por rebelión militar.
  • Antonio Tejero: 30 años de prisión por rebelión militar.

La mayoría de los condenados fueron puestos en libertad años después, beneficiados por indultos o redenciones de pena. El Tribunal Constitucional revisó parcialmente las sentencias, reduciendo algunas condenas y confirmando la constitucionalidad del fuero militar en este tipo de delitos.[9]

6. Interpretaciones y controversias históricas[editar]

El 23-F ha sido objeto de un intenso debate historiográfico. Una de las principales cuestiones es si el rey Juan Carlos I tenía conocimiento previo de la conspiración o si actuó por sorpresa. Las investigaciones posteriores —en particular los trabajos de los historiadores Javier Cercas, Paul Preston y los periodistas que siguieron el caso— apuntan a que la Casa del Rey estaba al tanto de los contactos de Armada con sectores políticos y militares descontentos, aunque no necesariamente de los detalles del asalto al Congreso.[10]

La actuación de los servicios de inteligencia también ha sido cuestionada. Era conocido que el CESID y los servicios de información de la Guardia Civil manejaban informes sobre rumores de golpe semanas antes del 23-F, lo que plantea la pregunta de por qué no se tomaron medidas preventivas.[11] Algunos autores sugieren que hubo connivencia o cálculo político para dejar que el golpe aflorara y fuera derrotado estrepitosamente, deslegitimando así futuras intentonas.

Otra veta de controversia se refiere a la posible implicación de potencias extranjeras. La inminente entrada de España en la OTAN —que se materializaría en 1982— y la posición geoestratégica de España en la Guerra Fría hicieron que algunos analistas especularan con un interés estadounidense o soviético en el golpe, aunque ninguna evidencia sólida ha confirmado estas hipótesis.

7. Legado[editar]

El 23-F dejó una impronta profunda en la memoria colectiva española y en la cultura política del país. La democracia constitucional salió reforzada de la crisis: el golpe funcionó como una vacuna contra nuevas tentativas involucionistas y el Ejército aceleró su modernización, despolitización y subordinación al poder civil.

La figura del rey Juan Carlos I resultó particularmente realzada por su papel aquella noche, convirtiéndose por décadas en un capital simbólico que el monarca administraría como su principal legado.[12] La retransmisión televisiva del asalto —las imágenes de Tejero pistola en mano y los diputados escondidos entre los escaños— entró en el imaginario visual español y mundial como uno de los iconos del periodismo político del siglo XX.

España ingresó en la OTAN en mayo de 1982, en un contexto en el que la estabilidad del país tras el golpe fue un activo a favor de la decisión del Gobierno de Calvo-Sotelo. El golpe también reconfiguró el mapa político: la UCD, ya en crisis, terminó de desintegrarse y en las elecciones de octubre de 1982 el Partido Socialista Obrero Español de Felipe González obtuvo una mayoría aplastante que inauguró una nueva etapa de consolidación democrática bajo gobierno socialista.

El golpe ha sido recreado en múltiples producciones audiovisuales:

  • Cine: La película 23-F: la película (2011), dirigida por Chema de la Peña[sin verificar], recrea los hechos desde la perspectiva de los protagonistas políticos.
  • Televisión: La miniserie 23-F: el día más difícil del Rey (2009), producida por Televisión Española, se centra en la noche del golpe desde el punto de vista del rey y su entorno en la Zarzuela.
  • Literatura: La novela Anatomía de un instante (2009), de Javier Cercas, mezcla crónica periodística y ensayo narrativo para analizar el golpe y el significado de los gestos de Gutiérrez Mellado, Suárez y Carrillo.
  • Documentales: Existen más de una docena de documentales emitidos por cadenas españolas.

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

El impacto del 23-F trascendió las fronteras españolas y tuvo notable repercusión en toda Latinoamérica. La prensa del continente siguió los acontecimientos en tiempo real, y las imágenes del asalto al Congreso ocuparon las portadas de los principales diarios desde México hasta Argentina. En un contexto en que muchos países latinoamericanos padecían dictaduras militares —Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y buena parte de Centroamérica—, el 23-F fue recibido con alarma: la posibilidad de que España volviera a un régimen autoritario recordaba dolorosamente los golpes de Estado que habían asolado la región.[13]

Los exiliados españoles del franquismo residentes en México, Francia y otros países siguieron la crisis con angustia, temiendo que el golpe triunfara y se instalara definitivamente un régimen militar en la península. La intervención del rey Juan Carlos I fue celebrada en los círculos democráticos latinoamericanos como un ejemplo de cómo la Corona podía actuar como garante de la legalidad frente a la fuerza militar —un contraste deliberado con el papel de las fuerzas armadas en muchas repúblicas americanas—.

En las décadas posteriores, el 23-F se ha estudiado en facultades de ciencias políticas y periodismo de universidades iberoamericanas como caso excepcional de golpe de Estado retransmitido en directo, de gestión de crisis institucional y de comunicación política. La frase "quieto todo el mundo" se ha incorporado al español coloquial de muchos países, a menudo como broma para situaciones de desorden leve, testimonio de la penetración cultural del episodio.


  1. Aunque la democracia había sido aprobada en referéndum en 1978, los sectores golpistas —herederos del franquismo— conservaban notable influencia en mandos intermedios y altos del Ejército. El 23-F representó el mayor desafío armado a esa democracia naciente. ↩︎

  2. El año 1980 fue particularmente sangriento: los atentados de ETA contra militares y guardias civiles buscaban deliberadamente provocar un golpe que interrumpiera la democracia y justificara la lucha armada de la organización. ↩︎

  3. La frase exacta de Suárez fue: "No quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España." La dimisión fue interpretada por los golpistas como una señal de debilidad del sistema. ↩︎

  4. Tejero ya había sido arrestado por un intento de conspiración golpista anterior: en noviembre de 1978 fue detenido en relación con la llamada "Operación Galaxia", un plan para tomar el palacio de la Moncloa durante un Consejo de Ministros. Cumplió una condena breve y fue reintegrado al servicio en la Guardia Civil. ↩︎

  5. Las imágenes, captadas por las cámaras de Televisión Española, muestran cómo la mayoría de los diputados se arrojan al suelo entre las butacas, a excepción de tres figuras: el general Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno, que se enfrenta físicamente a Tejero; Adolfo Suárez, que permanece sentado; y Santiago Carrillo, líder del Partido Comunista, que también se queda en su escaño. Estas instantáneas se convirtieron en emblemas de resistencia democrática. ↩︎

  6. La Capitanía General de Valencia, que Milans del Bosch comandaba, controlaba la División Acorazada Brunete, la unidad más potente del Ejército de Tierra español. El plan de Milans del Bosch era extender el estado de guerra a otras capitanías, esperando que los demás capitanes generales se sumaran en cadena. Sin embargo, la mayoría de ellos esperó instrucciones del rey antes de comprometerse. ↩︎

  7. La actuación del rey aquella noche se desarrolló en secreto y bajo presión extrema. Juan Carlos I contaba con la ventaja de que el general Armada, uno de los cabecillas, había sido secretario de la Casa del Rey y conocía los mecanismos internos de la Zarzuela —lo que también suponía un riesgo de infiltración. La reina Sofía y el entonces príncipe Felipe permanecieron junto al monarca durante las horas críticas. ↩︎

  8. El texto del discurso fue redactado en colaboración con sus asesores de la Zarzuela y revisado minuciosamente. Se optó por una grabación para evitar riesgos en una emisión en directo desde un plató. La intervención se emitió en un momento en que la incertidumbre sobre la suerte del Congreso era total. ↩︎

  9. Tejero cumplió en total 15[sin verificar] años de reclusión. Milans del Bosch y Armada obtuvieron libertades condicionales en la segunda mitad de la década de 1980. El indulto y la progresiva excarcelación de los golpistas fueron objeto de controversia política y jurídica. ↩︎

  10. La llamada "teoría del elefante blanco" sostiene que Armada pretendió un golpe "blando" —la formación de un gobierno bajo su presidencia con el visto bueno del rey— pero que las cosas se le escaparon de las manos cuando Tejero ocupó el Congreso sin su control y Milans del Bosch actuó con mayor contundencia de la esperada. Otros investigadores niegan esta hipótesis y consideran que todos los implicados actuaron dentro de un plan general, aunque con fisuras y descoordinación. La desclasificación parcial de los archivos de la defensa estadounidense y del CESID —servicio secreto español— ha alimentado nuevas líneas de investigación sin zanjar definitivamente el debate. ↩︎

  11. El informe conocido como "Panorámica de las actitudes militares" circuló entre el Gobierno y el Palacio de la Zarzuela en enero de 1981. Alertaba sobre el deterioro de la disciplina en mandos medios y la existencia de reuniones conspirativas. La dimisión de Suárez aquel mes agravó la sensación de vacío de poder. ↩︎

  12. Años más tarde, escándalos personales y fiscales del rey Juan Carlos I erosionarían severamente ese capital simbólico, llevando a su abdicación en 2014 y a su exilio en Abu Dabi en 2020. Sin embargo, la actuación del 23-F siguió siendo citada como el momento cumbre de su reinado. ↩︎

  13. En 1981, al menos siete naciones de América Latina estaban gobernadas por dictaduras militares, lo que hacía que el golpe español resultara especialmente perturbador para los exiliados políticos y para las cancillerías del continente. ↩︎