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Menelao

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Menelao
Nombre griegoΜενέλαος (Menélaos)
CargoRey de Esparta; jefe del contingente lacedemonio en la expedición contra Troya
PadresAtreo y Aérope (variante: Plístenes y Cleola)
HermanosAgamenón, rey de Micenas; Anaxibia
EsposaHelena
HijosHermíone · Megapentes · Nicóstrato · Jenódamo · Etiolas · Marafio · Plístenes (según la fuente)
Naves aportadas60, al mando propio (Ilíada II, 587)
Epíteto homérico«el rubio Menelao»
Duración del regresoOcho años desde la partida de Troya
Destino finalTraslado a los Campos Elíseos sin morir, según la Odisea; sepultura y culto en Terapne, según Pausanias
CultoMenelaion de Terapne, Laconia, desde el siglo VIII a. C.
Aparece enIlíada · Odisea · seis tragedias áticas conservadas

Menelao (en griego Μενέλαος, Menélaos) es, en la mitología griega, el rey de Esparta, esposo de Helena y hermano menor de Agamenón. Es el personaje por cuya afrenta privada se pone en marcha la guerra de Troya: la fuga de su mujer con el príncipe troyano Paris activa un juramento anterior que obliga a todos los reyes griegos a acudir en su ayuda, y convierte un asunto doméstico en una coalición panhelénica.

Su posición en la tradición es peculiar. Es el agraviado —quien tiene la razón— y sin embargo no es el héroe: gana su único duelo y no puede rematarlo, recibe un flechazo que no lo mata, y su gran momento del poema consiste en cargar un cadáver bajo la lluvia de lanzas. La Odisea lo recupera en el canto IV instalado otra vez en Esparta, rico y tranquilo, casado con la misma mujer, como si los diez años de guerra no hubieran ocurrido; la tragedia ática, en cambio, lo trata casi siempre mal, y de ella procede la imagen del Menelao cobarde y calculador que ha llegado hasta hoy.

1. Resumen[editar]

Menelao es hijo de Atreo y Aérope, y por tanto un Atrida, miembro de la casa maldita cuya cadena de crímenes se narra en el artículo de Agamenón. Niño todavía, tuvo que huir de Micenas cuando Egisto mató a su padre; se crio en el exilio y volvió con su hermano a recuperar el trono, que se quedó Agamenón por ser el mayor.

Se casó con Helena tras ser elegido entre una multitud de pretendientes, y con ella heredó el reino de Esparta. Cuando Paris se la llevó, Menelao invocó el juramento de los pretendientes —cláusula que él mismo no había ideado, sino Odiseo— y su hermano reunió la flota.

En la Ilíada tiene dos momentos propios. El primero es el duelo singular con Paris del canto III, que domina de principio a fin y que pierde por intervención divina después de que la espada se le rompa en la mano. El segundo es el canto XVII, su aristía, que los manuscritos titulan Principalía de Menelao: allí defiende el cadáver de Patroclo, mata a los dos troyanos que se lo disputan y consigue sacarlo del campo de batalla.

Tras la caída de Troya —a la que entró oculto en el caballo de madera— tardó ocho años en volver a Esparta, arrastrado por las tormentas hasta Egipto. Allí, según cuenta él mismo en la Odisea, atrapó al dios marino Proteo durmiendo entre las focas, disfrazado con la piel de una de ellas, y le arrancó tanto el modo de regresar como la noticia de que Odiseo seguía vivo, retenido por Calipso.

Su destino final se cuenta de dos maneras incompatibles y las dos sobrevivieron: que fue llevado a los Campos Elíseos sin morir, por ser yerno de Zeus, o que está enterrado con Helena en Terapne, cerca de Esparta, donde en efecto existió un santuario que la arqueología ha excavado y cuyas inscripciones llevan su nombre.

2. El nombre y el aspecto[editar]

El epíteto fijo con que la Ilíada lo nombra una y otra vez es «el rubio Menelao», fórmula que acompaña al personaje como «el de los pies ligeros» acompaña a Aquiles y que aparece ya en el canto III, en el juramento previo al duelo.

Sobre su aspecto hay una contradicción antigua que muestra bien cómo se fabricaban los retratos de los héroes siglos después de Homero. Dares Frigio, autor de un relato tardío de la guerra que la Edad Media leyó como si fuera un testimonio presencial, lo describe con precisión de ficha policial: «era de mediana estatura, pelirrojo, hermoso, simpático y agradable». Rubio en Homero, pelirrojo en Dares: la divergencia es característica de una tradición posthomérica que inventó descripciones físicas detalladas para personajes de los que el poema sólo daba un adjetivo.

3. Genealogía[editar]

En los poemas homéricos Menelao es hijo de Atreo, rey de Micenas (Ilíada XI, 131; Odisea IV, 462), y de Aérope, hija de Catreo, según Sófocles. Es hermano de Agamenón y de Anaxibia, y desciende de Pélope y, más arriba, de Tántalo.

3.1 El problema de Plístenes[editar]

Junto a esa versión corre otra, minoritaria pero antigua, que interpone una generación. La Biblioteca mitológica atribuida a Apolodoro afirma que Aérope se casó con Plístenes y que de ese matrimonio nacieron Agamenón y Menelao; Hesíodo y Esquilo habrían sostenido lo mismo, con Cleola, hija de Diante, como madre.

El erudito bizantino Tzetzes resumió la discusión en términos que siguen siendo la mejor explicación de por qué la versión rara no prosperó: Plístenes murió joven, y sus hijos fueron criados por el abuelo Atreo, de modo que todo el mundo acabó llamándolos Atridas —hijos de Atreo— aunque técnicamente fueran sus nietos. Otras fuentes aún hacen a Menelao hijo de Plístenes y de Erífile.

La genealogía menos ordenada es aquí, con toda probabilidad, la más antigua: nadie inventa un eslabón para complicar un árbol que ya funcionaba.

4. Infancia, exilio y recuperación de Micenas[editar]

La disputa entre Atreo y su hermano Tiestes por el trono de Micenas —adulterio, incesto y un banquete de carne humana, en ese orden— terminó cuando Egisto, hijo de Tiestes, asesinó a Atreo y devolvió el poder a su padre.

Agamenón y Menelao eran entonces niños. La nodriza los sacó de la ciudad y los llevó a Sición, cuyo rey los envió a su vez a Calidón. Allí los encontró Tindáreo, rey de Esparta, que se los llevó a su corte y años después los ayudó a recuperar lo suyo.

Ya adultos, los dos hermanos volvieron a Micenas. Encontraron a Tiestes refugiado en el templo de Hera y le arrancaron el juramento de marcharse al destierro de por vida. Agamenón, por ser el mayor, ocupó el trono.

Las fuentes no atribuyen a Menelao ningún reino en ese reparto, y el detalle, que se repite sin subrayarse, explica buena parte de la relación posterior entre los dos hermanos: Menelao será rey por matrimonio, no por herencia, y siempre el segundo de los dos.

5. El matrimonio con Helena[editar]

5.1 La elección y el juramento[editar]

Cuando llegó la edad de casar a Helena, hija de Zeus criada en la casa de Tindáreo, se presentaron en Esparta pretendientes de toda Grecia: entre ellos Odiseo, Menesteo, Áyax el Grande, Patroclo e Idomeneo, casi todos con regalos cuantiosos.

Tindáreo se encontró ante un problema político, no sentimental: elegir a uno significaba ofender a los demás, y todos eran reyes con ejército. La solución la aportó Odiseo, a cambio de que Tindáreo lo apoyara en su propia pretensión de casarse con Penélope, sobrina del rey: antes de conocerse el nombre del elegido, todos los pretendientes jurarían defender el matrimonio del vencedor contra cualquiera que lo disputase.

Todos juraron. El elegido fue Menelao —las fuentes divergen sobre si por decisión de Tindáreo o por sorteo— y con Helena recibió el reino de Esparta cuando Tindáreo y Leda abdicaron. Agamenón, para que no quedara agraviado, recibió a la otra hija de la casa, Clitemnestra.

Ese juramento es el mecanismo que convierte, años después, un asunto doméstico en una guerra internacional: no hay que persuadir a nadie de que acuda, porque todos están ya obligados. La ironía es completa, porque quien lo diseñó fue Odiseo, el mismo que después intentaría fingirse loco para no cumplirlo.

5.2 Los hijos[editar]

La Odisea es escueta y explícita: a Helena no le concedieron los dioses más prole que Hermíone; el varón, Megapentes, lo tuvo Menelao con una esclava. Que la casa real de Esparta se quede sin heredero legítimo varón es un dato con peso narrativo, no un detalle de ficha, y el poema lo trata como tal: en el canto IV, Menelao aparece casando a Hermíone con Neoptólemo, hijo de Aquiles, y a Megapentes con una hija de Aléctor, el mismo día.

Las fuentes posteriores multiplicaron la descendencia y no se ponen de acuerdo:

Hijo Madre según las fuentes
Hermíone Helena (unánime)
Megapentes Una esclava; la Biblioteca mitológica la llama Piéride, de origen etolio, y Acusilao, Tereide
Nicóstrato Helena, según la Biblioteca y varios escolios; una esclava, según Pausanias
Jenódamo La ninfa Cnosia, según Eumelo de Corinto
Etiolas Helena; venerado por los lacedemonios
Marafio Helena, según un escolio; de él descenderían los marafios persas
Plístenes Helena, según la Cipria; por lo demás desconocido

6. El rapto y la formación de la coalición[editar]

6.1 La ausencia[editar]

Paris, príncipe de Troya, llegó a Esparta y fue recibido hospitalariamente por Menelao. Este tuvo que embarcar hacia Creta para asistir a los funerales de su abuelo materno Catreo. Paris aprovechó la ausencia para llevarse a Helena —raptada o fugada, según la fuente; la ambigüedad es antigua y está tratada en el artículo de Helena— junto con las riquezas que ella pudo llevarse.

La ofensa, en términos griegos, es doble, y la segunda pesa tanto como la primera: Paris violó la xenía, el vínculo sagrado entre anfitrión y huésped, y se llevó bienes de la casa que lo alojaba. No es una lectura moderna. Cuando en el canto III de la Ilíada los dos ejércitos juran las condiciones del duelo, la fórmula que Agamenón pronuncia ante los dioses empareja siempre las dos cosas: si vence Paris, «sea suya Helena con todas las riquezas»; si vence Menelao, «devuélvannos los troyanos a Helena y las riquezas todas, y paguen la indemnización que sea justa».

6.2 Las cuarenta y nueve naves de arcilla[editar]

Informado de lo ocurrido, Menelao fue a Micenas a pedir a su hermano que reuniera un ejército, y él mismo recorrió Grecia recordando el juramento a quienes lo habían prestado.

De esa gira procede uno de los episodios más singulares del ciclo troyano. Menelao acudió también a Cíniras, rey de Chipre, que prometió enviar cincuenta naves. Envió una sola de verdad; las otras cuarenta y nueve las mandó hechas de arcilla, cumpliendo la letra de la promesa y burlándose de ella. El episodio, recogido en el Epítome de la Biblioteca mitológica, es la primera parodia conocida de un compromiso militar incumplido.

La aportación propia de Menelao fue de sesenta naves, que mandó en persona (Ilíada II, 587), dentro de una flota aquea que las cuentas antiguas cifran en 1.186 naves.

6.3 La embajada[editar]

Llegada la flota a la Tróade, y antes de empezar el asedio, los griegos intentaron la vía diplomática: Menelao y Odiseo fueron enviados como embajadores ante la corte de Príamo para reclamar la devolución de Helena y del tesoro. Los troyanos se negaron e incluso intentaron matar a los enviados; los salvó Antenor. La guerra empezó poco después.

7. Menelao en la Ilíada[editar]

7.1 El duelo con Paris (canto III)[editar]

En el canto III, Paris propone resolver la guerra con un duelo singular entre los dos interesados. Se traen corderos, se hacen libaciones, se llama a Príamo para que sancione en persona los juramentos y Agamenón invoca a Zeus, al Sol, a los ríos y a la Tierra como testigos. Las condiciones son las citadas más arriba, y la cláusula que las cierra es la que da la medida de lo que está en juego: si vence Paris, los aqueos se vuelven en sus naves.

El combate en sí no tiene historia. Menelao lanza la pica, atraviesa el escudo y la coraza de Paris y le rasga la túnica sobre el costado; Paris se inclina y esquiva la muerte. Menelao desenvaina entonces la espada, golpea con ella la cimera del casco enemigo y la espada se le rompe en la mano en tres o cuatro pedazos. El héroe alza los ojos al cielo y grita —es una de las quejas más amargas del poema— que no hay dios más funesto que Zeus, porque esperaba castigar la perfidia de Paris y se le quiebran las armas en las manos.

Acto seguido se arroja sobre él, lo agarra por el casco adornado con crines de caballo y lo arrastra hacia las líneas aqueas, medio ahogado por la correa que se lo sujetaba bajo la barbilla. Se lo habría llevado —y con él la victoria y el fin de la guerra— si Afrodita, a quien Paris había otorgado la manzana en su juicio, no hubiera roto la correa: el casco vacío se quedó en la mano de Menelao, que lo volteó y lo arrojó a los suyos. Menelao volvió a la carga con la lanza y la diosa se llevó a Paris envuelto en densa niebla hasta su perfumada alcoba, dentro de las murallas.

Agamenón reclamó la victoria para su hermano. Técnicamente lo era: el pacto se había cumplido y la guerra debería haber terminado ahí, en el canto III de veinticuatro. La escena existe precisamente para que el lector vea lo cerca que estuvo de no haber guerra.

7.2 El flechazo de Pándaro (canto IV)[editar]

Mientras griegos y troyanos discuten el resultado del duelo, Atenea induce al troyano Pándaro a disparar contra Menelao. Los compañeros del arquero lo cubren con los escudos mientras tiende el arco.

La diosa que ha provocado el disparo es también la que impide que sea mortal, y Homero lo dice con uno de sus símiles domésticos más recordados: se puso delante y apartó la flecha como una madre ahuyenta una mosca de su niño dormido. La desvía hacia el punto donde los broches de oro sujetaban el cinturón y la coraza estaba doblada. El proyectil atraviesa cinturón, coraza y chapa, y sólo alcanza a rasguñar la piel; la sangre corre por los muslos y las piernas de Menelao, y el efecto visual basta para que Agamenón se estremezca.

El discurso que Agamenón pronuncia entonces es notable, porque en cuatro líneas pasa del hermano al político: se lamenta de haberlo expuesto, anuncia que Troya caerá por el perjurio, y a continuación imagina su propia vuelta a casa con las naves vacías y a los troyanos burlándose sobre la tumba de Menelao. Este lo tranquiliza: la flecha no ha herido hondo, porque el cinturón lo protegió. Agamenón manda entonces al heraldo Taltibio a buscar a Macaón, hijo del médico Asclepio, que extrae la flecha, chupa la sangre y aplica los medicamentos.

La secuencia es una pieza de mecánica narrativa de primer orden: el poema necesita que el juramento se quiebre y que la culpa recaiga sobre los troyanos, y para ello hace falta un perjurio que ningún troyano ha decidido cometer. La responsabilidad queda repartida entre la diosa que instiga y el arquero que obedece.

7.3 La aristía del canto XVII[editar]

El canto XVII lleva en la tradición manuscrita el título de Principalía de Menelao —traducido también como Las hazañas de Menelao—, y es su aristía, el episodio de gloria que el poema concede a cada uno de sus guerreros principales.

Empieza con un símil que fija el tono. Muerto Patroclo, Menelao se abre paso hasta el cadáver y da vueltas a su alrededor para defenderlo como una vaca primeriza alrededor de su becerro, mugiendo, sin costumbre de haber parido. No es la imagen de un guerrero: es la de alguien protegiendo algo que no puede defenderse solo.

El troyano Euforbo, hijo de Panto, reclama el cuerpo alegando que fue él quien primero clavó su lanza en Patroclo —lo cual es exacto— y exige a Menelao que se retire. Menelao le responde recordándole que ya mató a su hermano Hiperenor por hablarle así, y cuando Euforbo insiste, le clava la lanza en la parte inferior de la garganta.

Más adelante mata también a Podes, hijo de Eetión, un troyano rico a quien Héctor apreciaba mucho porque era su compañero de mesa. Envía a Antíloco a comunicar a Aquiles la muerte de Patroclo, y a Trasimedes a socorrer a los pilios que se han quedado sin jefe.

El desenlace lo organiza Áyax Telamonio: Menelao y Meriones levantan el cadáver y lo sacan del combate mientras los dos Áyax cubren la retirada peleando de espaldas. Homero compara a los porteadores con mulos que arrastran monte abajo una viga destinada a mástil de navío, agotados y tercos.

Es el gran momento del personaje y define su carácter en el poema: no vence a Héctor ni cambia el curso de la guerra, pero cumple una obligación penosa que a nadie beneficia y que le corresponde por decencia.

Según Higino, Menelao mató a ocho hombres en el conjunto de la guerra.

7.4 La carrera de carros (canto XXIII)[editar]

En los juegos fúnebres por Patroclo, Menelao compite en la carrera de carros. En un punto en que la pista se estrecha, Antíloco lo alcanza; Menelao le grita que contenga los caballos, que «ahora el camino es angosto» y que lo adelante más adelante, cuando haya sitio, para que no choquen los carros. Antíloco hace como que no lo oye y aguija a sus caballos. Menelao, para evitar el choque, afloja voluntariamente y se queda detrás.

Llegan en este orden: Diomedes primero; Antíloco segundo, «por haber usado de fraude y no por la mayor ligereza de su carro»; Menelao tercero, tan cerca que Homero calcula la distancia en lo que separa la cola de un caballo de la llanta de su propio carro, y añade que con unos metros más lo habría pasado.

En el reparto de premios, Menelao se levanta indignado, expone el caso ante los capitanes y ofrece juzgarlo él mismo; después propone la solución jurídica del mundo homérico: que Antíloco jure por Poseidón que no le estorbó el carro con dolo. Antíloco no jura. Alega su juventud —«soy más joven y tú eres mayor y más valiente»— y le entrega directamente la yegua que había ganado como segundo premio.

Menelao, apaciguado —Homero dice que el alma se le alegró como cuando el rocío cae sobre las espigas—, se la devuelve, y explica por qué delante de todos: que ceda él, dice, para que quede claro que su corazón nunca fue soberbio ni cruel.

La escena es una de las pocas de la Ilíada en las que un conflicto de honor termina sin sangre, y su función dentro del poema salta a la vista por contraste: es exactamente lo que Agamenón y Aquiles no supieron hacer en el canto I.

8. La caída de Troya y el reencuentro con Helena[editar]

Menelao fue uno de los guerreros ocultos en el caballo de madera. Durante el saqueo, él y Odiseo protegieron a Glauco, hijo de Antenor; y Menelao mató a Deífobo, el hijo de Príamo con quien Helena había sido casada tras la muerte de Paris.

Después vino el reencuentro con su mujer. La tradición conserva cuatro versiones del mismo instante. Todas terminan igual —Menelao no la mata— y se separan sólo en el motivo:

  • Por compasión. Levanta la espada, la ve llorando a sus pies pidiendo la vida y la cólera lo abandona.
  • Por la belleza, con una excusa. Decide matarla, no puede, y se la lleva a la nave anunciando que la castigará al llegar a Esparta.
  • Por el pecho descubierto. Según la Biblioteca mitológica, alza la espada ante el templo de la plaza de Troya y la baja al verla rasgarse las ropas.
  • Por la lapidación fallida. En la versión de Estesícoro, Menelao la entrega a sus soldados para que la apedreen; ella se abre el vestido y las piedras caen solas de las manos de los aqueos.

La imagen —el rey que avanza con la espada desnuda y deja caer el arma— es uno de los motivos más repetidos de la cerámica griega entre los siglos VI y IV a. C., y su popularidad se explica sola: condensa en un gesto todo lo que la historia tiene de irresoluble.

9. El regreso: ocho años[editar]

9.1 La separación de la flota[editar]

Tomada la ciudad, los hermanos discutieron. Agamenón no quería zarpar sin hacer antes sacrificios para calmar la cólera de Atenea; Menelao quería salir de inmediato. Se marchó con sus naves junto a las de Néstor y Diomedes.

Néstor y Diomedes llegaron pronto a sus reinos. A Menelao lo alcanzó una tormenta que le destruyó la mayor parte de la flota: sólo cinco naves sobrevivieron. Llegó con ellas al cabo Sunión —ya a la vista del Ática— y desde allí los vientos volvieron a arrastrarlo, esta vez hacia el sur: Libia, Fenicia, Chipre y Egipto. Durante ese vagabundeo acumuló muchas riquezas. Tardó ocho años en pisar Esparta.

Esa cifra es la que da sentido al canto IV de la Odisea. Cuando Telémaco llega buscando a su padre, Menelao lleva muy poco tiempo en casa: no es un hombre que regresó hace una década, sino uno que acaba de terminar su propio viaje.

9.2 Proteo entre las focas[editar]

El episodio que Menelao narra a Telémaco en el canto IV es uno de los mejores de la Odisea y el único gran cuento marino del poema que no protagoniza Odiseo.

Retenido sin viento en la isla de Faro, frente a Egipto, con las provisiones agotadas, Menelao recibe la ayuda de Idotea, hija del dios marino Proteo. Ella le explica el procedimiento con precisión de manual: su padre sale del mar y duerme en una gruta rodeado de sus focas; hay que sorprenderlo allí, sujetarlo y no soltarlo mientras se transforma, porque sólo cuando se cansa responde la verdad.

Menelao escoge a tres compañeros. Idotea desuella cuatro focas, cava cuatro hoyos en la arena, los hace tenderse dentro y les echa encima las pieles. El hedor es insoportable —«¿quién podría acostarse junto a un monstruo marino?»— y la diosa lo resuelve poniéndoles ambrosía en las narices. Esperan toda la mañana. Las focas salen del mar y se tienden en fila.

A mediodía llega el anciano. Pasea entre los animales y los cuenta uno a uno; empieza la cuenta por los cuatro hombres disfrazados, no sospecha nada, y se acuesta. Entonces se le echan encima. Proteo se transfigura sucesivamente en león melenudo, dragón, pantera y jabalí corpulento; después en agua y por último en árbol de copa alta. Como no lo sueltan, se rinde y habla.

De él obtiene Menelao tres cosas. Primero, la causa de su encierro: no había hecho los sacrificios debidos, y tendrá que volver a Egipto a hacerlos. Segundo, la suerte de sus compañeros de armas: Áyax de Locria murió ahogado en las rocas Giras, después de jactarse de que escaparía a despecho de los dioses y de que Poseidón partiera en dos la roca en que estaba sentado; y su propio hermano Agamenón fue asesinado a su regreso por Egisto, que lo invitó a un banquete y lo mató «como se mata a un buey junto al pesebre». Tercero, la noticia que justifica todo el episodio: Odiseo está vivo, llorando en la isla de la ninfa Calipso, retenido por la fuerza y sin nave con la que volver.

Menelao volvió a Egipto, hizo las hecatombes y levantó allí un túmulo en memoria de Agamenón para que su gloria no se apagara. Sólo entonces obtuvo viento favorable.

9.3 La versión egipcia y los dos niños[editar]

Heródoto sostuvo que Helena nunca llegó a Troya: pasó la guerra entera en Egipto, y lo que los griegos sitiaron durante diez años fue un fantasma. En esta versión, Menelao la recupera en Egipto al terminar la guerra.

Heródoto añade un detalle que la tradición posterior prefirió olvidar y que conviene no suprimir: retenido por vientos contrarios, Menelao sacrificó a dos niños egipcios para conseguir viento favorable, y tuvo que salir huyendo del país. Es el único episodio del ciclo en el que el agraviado de la historia comete un crimen sin atenuantes, y su desaparición de las versiones posteriores es en sí misma un dato sobre cómo se administraba la memoria de los héroes.

La variante del fantasma, desarrollada por Estesícoro y convertida en teatro por Eurípides, está tratada por extenso en el artículo de Helena.

9.4 El matrimonio del canto IV[editar]

La escena doméstica que la Odisea pinta en Esparta es célebre por su normalidad inquietante. Menelao y Helena reinan juntos, casan a sus hijos, reciben a Telémaco con esplendor y se ponen a contar recuerdos de la guerra. Helena echa en el vino una droga egipcia que suprime el dolor —se la había dado Polidamna, mujer de Ton— y que, dice el poema, permitiría a quien la bebiera ver degollar a un hermano sin llorar.

Los recuerdos, sin embargo, no dicen lo mismo. Helena cuenta que ayudó a Odiseo cuando este entró disfrazado en Troya, es decir, que estaba de parte de los griegos. Menelao responde «con gran exactitud lo has contado» y a continuación cuenta otra cosa: cuando el caballo de madera estaba ya dentro de la ciudad, Helena dio tres vueltas a su alrededor, golpeándolo, llamando por su nombre a los mejores argivos e imitando la voz de sus esposas, con Deífobo siguiéndola. Menelao y Diomedes quisieron contestar; Odiseo los sujetó. Anticlo iba a responder y Odiseo le tapó la boca con las manos hasta que Atenea se llevó a Helena de allí.

Las dos anécdotas son incompatibles y el poema las pone seguidas sin comentario, en la misma sala, delante de un invitado de diecinueve años. El texto añade que Menelao se duele de no tener heredero varón legítimo y que se muestra afectuoso con Megapentes y Nicóstrato, sus hijos de esclavas.

La despedida contiene además una de las mejores notas de geografía del poema: Menelao ofrece a Telémaco tres caballos y un carro, y el muchacho los rechaza porque en Ítaca no hay llanuras donde correr ni prados, sino tierra de cabras. Pide, en su lugar, algo que se pueda guardar.

10. Muerte o inmortalidad[editar]

Sobre el final de Menelao circularon tres tradiciones distintas:

  • No murió. En la Odisea, el propio Proteo le profetiza que el destino no le tiene reservado morir en Argos, sino que los inmortales lo enviarán a los Campos Elíseos, al extremo de la tierra, donde está el rubio Radamanto, y donde «jamás hay nieve, ni invierno largo, ni lluvia», sino brisas del Céfiro que el Océano envía sin parar. La razón que da el dios es explícita y no adula a nadie: «porque siendo Helena tu mujer, eres para los dioses el yerno de Zeus». El privilegio le corresponde por matrimonio, no por mérito, y el poema no lo disimula. El Epítome de la Biblioteca mitológica recoge la misma tradición, atribuyendo a Hera la concesión de la inmortalidad.
  • Está enterrado en Terapne. Pausanias —único autor antiguo que lo afirma— dice que en Terapne, cerca de Esparta, se mostraba el sepulcro de Menelao y Helena dentro de su santuario.
  • Fue sacrificado en Táuride. Una versión tardía transmitida por Ptolomeo Queno y recogida por Focio hace que ambos mueran sacrificados a Artemisa por Ifigenia, sacerdotisa entre los tauros. Es la única variante en la que la hija de Agamenón cobra su propia muerte de la generación anterior.

11. El Menelaion: el culto y la excavación[editar]

Que Menelao y Helena recibieran culto religioso en Esparta es el dato más sólido de todo este artículo, porque no depende de textos literarios sino de objetos con letras.

El Menelaion es un yacimiento arqueológico de Laconia, a unos 5 km de la ciudad moderna de Esparta, en el lugar cuyo nombre antiguo era Terapne, sobre una loma junto al valle del Eurotas.

La secuencia de excavaciones:

Campaña Responsable Resultado principal
1834 Ludwig Ross Propone la identificación del lugar como heroon y halla figurillas votivas de plomo de tipo laconio
1909 J. P. Droop, M. S. Thompson y Alan Wace, por la Escuela Británica de Atenas Primera excavación sistemática; estructura micénica tardía de adobe con revoco pintado en la cima oriental
1910 Richard M. Dawkins Continuación de la anterior
Hacia 1970 y años siguientes Hector Catling Tres fases constructivas: Mansión 1 (hacia 1450 a. C., destruida pronto, quizá por un terremoto), Mansión 2 y Mansión 3
Años ochenta Richard Catling Terraza sur, con ofrendas votivas subgeométricas y arcaicas asociadas a restos micénicos

Las excavaciones de Hector Catling aportaron la prueba decisiva. Aparecieron tres objetos inscritos:

  • un aríbalo de bronce del siglo VII a. C. con una inscripción en bustrófedon que se traduce «Deinis ofreció esto como regalo a Helena, [esposa de] Menelao»;
  • un objeto de bronce de uso incierto, del siglo VI a. C., con la dedicatoria «A Helena»;
  • una estela de caliza azul de comienzos del siglo V a. C., hallada en el fondo de una cisterna, que había sostenido una estatuilla de bronce y que dice «Eutícrenes dedicó [esto] a Menelao».

Con ellos quedó confirmada la identificación propuesta por Ross: el edificio es un santuario heroico dedicado a la pareja.

El culto arranca en el siglo VIII a. C., en el mismo momento en que la epopeya homérica se está fijando por escrito, y encaja en un fenómeno más amplio: un grupo pequeño y disperso de santuarios dedicados a héroes épicos que aparecen a la vez en varios puntos de Grecia, entre ellos el de Odiseo en la cueva de Loizos, en la bahía de Polis, en Ítaca, y el de Agamenón en Micenas. La discusión sobre si el culto nace de los poemas o los poemas de un culto anterior sigue abierta.

Hector Catling interpretó además que las tres mansiones micénicas del cerro fueron centros administrativos, antecesores de los grandes palacios de Pilos, Micenas y Tirinto.

Existe una identificación distinta y menos aceptada del palacio de Menelao, propuesta a partir de las excavaciones de Pelana, al noroeste de Esparta, desarrolladas de forma intermitente entre 1926 y 1995.

12. Menelao en la tragedia ática[editar]

La tragedia del siglo V a. C. hizo con Menelao lo contrario que la epopeya: donde Homero veía a un hombre correcto y algo gris, los trágicos vieron a un oportunista. Aparece como personaje en seis obras conservadas, cinco de Eurípides y una de Sófocles, y en casi todas sale malparado.

Obra Autor Papel de Menelao
Ifigenia en Áulide Eurípides Intercepta la carta con la que Agamenón intentaba impedir el sacrificio de Ifigenia y se la echa en cara: quien pretende mandar sobre todos los aqueos no puede faltar a su palabra
Helena Eurípides Náufrago harapiento en Egipto, descubre que la mujer por la que ha combatido diez años era una imagen; con la Helena verdadera engaña a Teoclímeno fingiendo unas honras fúnebres por sí mismo y escapa por mar
Orestes Eurípides Su sobrino Orestes le pide ayuda contra los argivos que quieren condenarlo; Menelao contesta que no tiene fuerza para imponerse y que intentará convencerlos hablando. Orestes lo lee como cobardía, y el público con él
Andrómaca Eurípides Aprovecha la ausencia de Neoptólemo para apresar a Andrómaca y matarla junto a su hijo, en favor de su hija Hermíone; el viejo Peleo lo impide y Menelao se retira sin pelear
Las troyanas Eurípides Anuncia que ejecutará a Helena en Esparta; Hécuba lo aprueba y le advierte que no la embarque en su nave. El público sabe cómo acaba
Áyax Sófocles Prohíbe que se dé sepultura a Áyax por considerarlo traidor, y se enfrenta a Teucro

El retrato es coherente entre obras y bastante duro: el Menelao trágico habla mucho, cede ante el fuerte y se ensaña con el débil. Que la Helena de Eurípides lo presente además como marido de una mujer que nunca lo traicionó no lo mejora, porque la obra saca de ahí una comedia: diez años de guerra por una nube.

13. Recepción[editar]

En el arte antiguo. Menelao es figura frecuente en la cerámica griega de los siglos VI a IV a. C., con tres escenas dominantes: la recepción de Paris en Esparta, el rescate del cadáver de Patroclo y el reencuentro con Helena. Del grupo escultórico Menelao sosteniendo el cuerpo de Patroclo se conservan copias romanas; la más conocida, copia del siglo II sobre un original griego del IV a. C., se exhibe en la Loggia dei Lanzi de la Piazza della Signoria, en Florencia. La misma escena aparece en una urna etrusca de alabastro de Volterra del siglo II a. C.

En la geografía antigua. La tradición le atribuyó la fundación de Menelai Portus, en la costa de Marmárica, en el norte de África: uno de tantos topónimos que las ciudades griegas hacían derivar de un héroe para fabricarse un pasado.

En pantalla. El personaje aparece en las grandes producciones sobre la materia troyana: Helena de Troya (1956), Troya (2004) y, en 2026, La Odisea de Christopher Nolan, donde lo interpreta Jon Bernthal. Que Menelao tenga papel en una adaptación de la Odisea es en sí una decisión de guion: en el poema aparece sólo en el canto IV, como anfitrión de Telémaco, y la película amplía el marco para rodar también material troyano.

En el cielo. Lleva su nombre 1647 Menelaus, asteroide troyano de Júpiter.

14. Véase también[editar]