Japón
| Japón (日本国, Nippon-koku) | |
|---|---|
| Nombre oficial | 日本国 (Nippon-koku o Nihon-koku), «Estado de Japón» |
| Capital y ciudad más poblada | Tokio |
| Idioma | Japonés, lengua nacional de facto: ninguna ley lo declara idioma oficial |
| Forma de gobierno | Monarquía parlamentaria |
| Emperador | Naruhito, en el trono desde 2019 |
| Primera ministra | Sanae Takaichi, en el cargo desde el 21 de octubre de 2025; primera mujer que ocupa la jefatura del Gobierno japonés |
| Órgano legislativo | Dieta Nacional, bicameral: Cámara de Representantes (465 escaños) y Cámara de Consejeros (248 escaños) |
| Superficie | 377.975 km² |
| Población | 123,05 millones de habitantes al 1 de octubre de 2025, según el recuento preliminar del censo publicado por la Oficina de Estadística el 25 de junio de 2026: 3,097 millones menos que en 2020 (−2,5 %) |
| Densidad | Unos 326 hab./km² |
| Población de 65 años o más | 36.243.000 personas, el 29,3 % del total, según la estimación oficial al 1 de octubre de 2024 |
| PIB nominal | 4,379 billones de dólares proyectados para 2026, cuarta economía del mundo |
| Deuda pública | 229,6 % del PIB en 2025, la más alta de los países desarrollados |
| Tasa de paro | 2,3 % en julio de 2025 |
| Moneda | Yen (¥, JPY) |
| Gentilicio | japonés, japonesa; también nipón, nipona |
| Huso horario | UTC+9, sin horario de verano |
| Código ISO | JPN / JP / 392 |
| Dominio de internet | .jp |
| Prefijo telefónico | +81 |
| Organización territorial | 47 prefecturas |
| Punto más alto | Monte Fuji (Fujisan), 3.776 m |
| IDH | 0,925 (muy alto), correspondiente a 2023 |
1. Resumen[editar]
Japón (日本国, Nippon-koku) es un Estado insular del este de Asia formado por un arco de miles de islas que se extiende frente a la costa continental, entre el mar de Ojotsk al norte y el mar de Filipinas al sur. Su superficie, 377.975 km², es menor que la de España, pero el 73 % o más de ese territorio es montañoso, de modo que la población se concentra en una fracción reducida de llanuras costeras con densidades entre las mayores del planeta.
Es el único país del mundo cuyo jefe de Estado ostenta el título de emperador, y su Casa Imperial suele describirse como la monarquía hereditaria en funcionamiento continuo más antigua del mundo. El emperador Naruhito ocupa el trono desde 2019, tras la abdicación de su padre Akihito —la primera de un emperador japonés en dos siglos—, y su papel es estrictamente simbólico: la Constitución de 1947 lo define como «símbolo del Estado y de la unidad del pueblo», sin poder político alguno.
Japón es la cuarta economía del mundo por producto interior bruto nominal, con 4,379 billones de dólares proyectados para 2026. Fue durante más de cuatro décadas la segunda, y su ascenso desde las ruinas de 1945 hasta esa posición es el proceso de industrialización acelerada más estudiado del siglo XX. Hoy convive con dos cifras que definen su presente: una deuda pública del 229,6 % del PIB, la mayor del mundo desarrollado, y una población que cae desde hace más de una década.
La demografía es, de hecho, el hecho central del Japón contemporáneo. El censo levantado en octubre de 2025 arrojó 123,05 millones de habitantes, 3,097 millones menos que cinco años antes: una caída del 2,5 % que además se aceleró respecto al quinquenio anterior. Casi tres de cada diez japoneses tienen 65 años o más, la proporción más alta registrada en cualquier país grande.
En octubre de 2025, Sanae Takaichi se convirtió en la primera mujer en dirigir el Gobierno japonés. Y en el terreno cultural, Japón ejerce sobre el mundo hispanohablante una influencia que ningún otro país asiático se acerca a igualar: el anime, el manga, los videojuegos de Nintendo y de PlayStation, y la cocina japonesa forman parte del paisaje cotidiano de varias generaciones de latinoamericanos y españoles.
2. El nombre y los símbolos[editar]
2.1 «Japón», «Nippon» y «el país del Sol naciente»[editar]
El nombre japonés del país, 日本, se lee Nihon o Nippon y significa literalmente «origen del Sol»: es el país que, visto desde China, queda hacia el este, del lado por el que sale el Sol. De ahí la expresión «país del Sol naciente», que no es una metáfora poética sino la traducción del nombre.
El nombre español Japón no procede del japonés sino de una cadena de préstamos: la lectura china de 日本 en dialectos meridionales llegó al malayo como Jepang y de allí al portugués, que la trajo a Europa en el siglo XVI. Marco Polo la había transcrito antes como Cipango, forma que aparece en los documentos de la época de Cristóbal Colón y en su propio diario y que designaba la isla riquísima que se creía alcanzable navegando hacia el oeste. El adjetivo culto nipón, de uso frecuente en la prensa deportiva hispanohablante, deriva de Nippon.
2.2 La bandera, el himno y el crisantemo[editar]
La Hinomaru —un disco rojo sobre fondo blanco— representa el Sol y es una de las banderas nacionales más simples del mundo. El himno, «Kimigayo», tiene la letra más antigua de cualquier himno nacional: procede de un poema del siglo X, aunque la música se compuso en 1880. El crisantemo de dieciséis pétalos es el emblema de la Casa Imperial, y el trono japonés se conoce por ese motivo como el Trono del Crisantemo. Ni la bandera ni el himno recibieron reconocimiento legal como símbolos nacionales hasta 1999, retraso que se explica por su asociación con el militarismo de la primera mitad del siglo XX.
3. Historia[editar]
3.1 De los orígenes al Japón clásico[editar]
El poblamiento del archipiélago es muy antiguo, y la cultura Jōmon, con su cerámica decorada con cuerdas, es una de las tradiciones alfareras más antiguas del mundo. Hacia el siglo III a. C. la cultura Yayoi, llegada del continente, introdujo el cultivo del arroz en regadío, la metalurgia y una organización social jerárquica que desembocó en los primeros Estados.
Entre los siglos VI y VIII, Japón importó masivamente del continente el budismo, la escritura china, el modelo administrativo y el urbanismo, y construyó capitales de traza china en Nara y después en Heian-kyō (la actual Kioto). El período Heian (794-1185) produjo una cultura cortesana refinadísima y, con ella, la obra que suele considerarse la primera novela psicológica de la literatura universal: La historia de Genji, escrita hacia el año 1000 por Murasaki Shikibu, dama de la corte.
3.2 Los shogunatos y los samuráis (1185-1600)[editar]
A finales del siglo XII el poder real pasó de la corte imperial a los guerreros. El shogunato —el gobierno militar del shōgun— se instaló en Kamakura y luego en Kioto, y durante casi setecientos años el emperador reinó sin gobernar, mientras el poder efectivo lo ejercía un dictador militar hereditario. Es una dualidad que conviene tener presente para entender la historia japonesa: la legitimidad y el poder estuvieron separados durante siglos.
En ese período se formó la clase de los samuráis, guerreros al servicio de un señor, con su código de conducta, sus armas y su estética, y también el budismo zen, la ceremonia del té, el teatro nō y la jardinería seca. Dos intentos de invasión mongola, en 1274 y 1281, fracasaron por sendos tifones a los que la tradición llamó kamikaze, «vientos divinos», palabra que resurgiría con otro sentido en 1944.
El siglo XVI fue el de los estados en guerra (Sengoku), un siglo de guerra civil permanente entre señores territoriales. En 1543 llegaron los primeros portugueses, y con ellos las armas de fuego y, poco después, los misioneros jesuitas: Francisco Javier desembarcó en Kagoshima en 1549 e inauguró el llamado «siglo cristiano» japonés. La unificación del país la culminaron sucesivamente Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu, vencedor en la batalla de Sekigahara (1600).
3.3 El período Edo y el aislamiento (1603-1868)[editar]
Los Tokugawa gobernaron desde Edo —la actual Tokio— durante dos siglos y medio de paz interna. El régimen impuso un orden social rígido, controló a los señores obligándolos a residir en la capital de forma alterna, prohibió el cristianismo tras la rebelión de Shimabara y decretó el sakoku: el cierre del país. Entre 1639 y 1853 estuvo prohibido salir de Japón y entrar en él, con la única excepción de un puesto comercial neerlandés en la isla artificial de Dejima, en Nagasaki, y de un tráfico limitado con China y Corea.
El aislamiento no significó estancamiento. Edo llegó a ser una de las mayores ciudades del mundo, la alfabetización alcanzó niveles altísimos para la época, y florecieron la estampa ukiyo-e —Hokusai, Hiroshige—, el teatro kabuki y una cultura urbana de comerciantes. Pero dejó al país sin ejército moderno cuando, en 1853, la escuadra del comodoro estadounidense Matthew Perry entró en la bahía de Edo y exigió la apertura de puertos bajo amenaza de bombardeo. Los tratados desiguales que siguieron desacreditaron al shogunato y precipitaron su caída.
3.4 La Restauración Meiji y la modernización (1868-1912)[editar]
En 1868 una coalición de clanes derrocó al shogunato y restauró formalmente el poder imperial en la persona del joven emperador Meiji. La Restauración Meiji es probablemente la transformación nacional más rápida de la historia moderna: en una generación, Japón abolió las clases feudales y los privilegios samuráis, creó un ejército de reclutamiento, un sistema educativo universal, un sistema bancario, ferrocarriles y una industria pesada, y promulgó en 1889 una Constitución inspirada en la prusiana.
El lema de la época —fukoku kyōhei, «país rico, ejército fuerte»— resume la lógica: la única forma de no ser colonizado como lo estaba siendo China era convertirse en potencia. Y funcionó: Japón derrotó a China en 1895 y, en 1905, al Imperio ruso en la guerra ruso-japonesa, la primera victoria de un Estado asiático sobre una potencia europea en la era moderna, hecho que tuvo enorme repercusión en todo el mundo colonizado.
3.5 Imperio, guerra y derrota (1912-1945)[editar]
Japón anexionó Corea en 1910 —el período que se conoce como la ocupación japonesa de Corea, que duró treinta y cinco años—, ocupó Manchuria en 1931 e invadió China en 1937 en una guerra de enorme brutalidad. Su expansión en el Pacífico chocó con los intereses de
Estados Unidos, que impuso un embargo de petróleo, y el 7 de diciembre de 1941 la aviación japonesa atacó la base de Pearl Harbor, incorporando la guerra del Pacífico a la Segunda Guerra Mundial.
Tras las victorias iniciales, la superioridad industrial estadounidense se impuso desde 1942. La fase final fue devastadora: el bombardeo incendiario de Tokio, la batalla de Okinawa, y el lanzamiento de bombas atómicas sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y sobre Nagasaki el 9 de agosto, los dos únicos usos de armas nucleares contra población civil de la historia. Japón capituló el 15 de agosto de 1945.
3.6 Ocupación, Constitución y milagro económico (1945-1990)[editar]
La ocupación estadounidense, dirigida por el general Douglas MacArthur, desmilitarizó el país, juzgó a los dirigentes de la guerra, hizo que el emperador Hirohito renunciara públicamente a su carácter divino y promulgó la Constitución de 1947, todavía vigente sin una sola enmienda. Su artículo 9 es único en el mundo: renuncia a la guerra como derecho soberano de la nación y a mantener fuerzas armadas con potencial de guerra, cláusula que ha condicionado la política exterior japonesa durante ochenta años y que sigue siendo el eje del debate constitucional del país.
A partir de los años cincuenta, Japón encadenó tres décadas de crecimiento sin precedentes: el milagro económico japonés. La combinación de una alta tasa de ahorro, una política industrial dirigida por el Estado, empresas organizadas en grandes grupos, empleo vitalicio y una obsesión por la calidad de proceso —el kaizen, la producción justo a tiempo de Toyota— convirtió al país en el segundo PIB del mundo en 1968. Los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, con el estreno del tren bala shinkansen, fueron la presentación en sociedad de esa transformación. En los años ochenta, las marcas japonesas —Sony, Honda, Nintendo, Panasonic— dominaban la electrónica y el automóvil mundiales.
3.7 La burbuja, las décadas perdidas y el Japón actual[editar]
A finales de los ochenta, la especulación inmobiliaria y bursátil alcanzó proporciones extraordinarias —se decía que el suelo del palacio imperial de Tokio valía más que todo el estado de California— y la burbuja estalló entre 1990 y 1991. Lo que siguió fueron las llamadas décadas perdidas: veinte años de crecimiento nulo o negativo, deflación persistente, quiebras bancarias y el fin del empleo vitalicio como norma social.
El siglo XXI ha traído otras conmociones. El terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011 —de magnitud 9,0 frente a la costa de Tōhoku— mató a decenas de miles de personas y provocó el accidente nuclear de Fukushima, el más grave desde Chernóbil, que llevó al cierre temporal de todo el parque nuclear japonés. Los Juegos Olímpicos de Tokio, previstos para 2020, se celebraron en 2021 sin público por la pandemia. En julio de 2022 el ex primer ministro Shinzō Abe, la figura política dominante de las dos décadas anteriores, fue asesinado a tiros durante un acto electoral.
El 21 de octubre de 2025, Sanae Takaichi fue investida primera ministra: la primera mujer al frente de un Gobierno japonés desde que existe el cargo.
4. Geografía[editar]
4.1 El archipiélago[editar]
Japón es un arco insular volcánico que se extiende unos tres mil kilómetros de norte a sur. Sus cuatro islas principales, de norte a sur, son Hokkaidō, Honshū —la mayor y donde están Tokio, Osaka, Kioto y Nagoya—, Shikoku y Kyūshū; a ellas se añade el archipiélago de Okinawa, situado unos 600 km al suroeste de Kyūshū, y varios millares de islas menores.
La extensión latitudinal explica la variedad climática: Hokkaidō tiene inviernos con nevadas de varios metros, mientras Okinawa es subtropical. El país cuenta con 29.751 km de costas, una longitud enorme para su superficie, consecuencia de su forma alargada y de lo recortado de su litoral.
4.2 Montañas y volcanes[editar]
Entre el 73 % y el 84 % del territorio es montañoso, según cómo se defina el umbral. La cordillera central de Honshū, los llamados Alpes japoneses, supera con frecuencia los 3.000 metros. El punto culminante es el monte Fuji (Fujisan), un estratovolcán de 3.776 metros de perfil casi perfectamente cónico que es a la vez el símbolo visual del país, un lugar sagrado y el sujeto de la serie de estampas más famosa de la historia del arte japonés, las Treinta y seis vistas del monte Fuji de Hokusai.
Japón tiene alrededor de doscientos volcanes, de los cuales unos sesenta permanecen activos. La actividad volcánica es también la fuente de los onsen, los baños termales que estructuran buena parte del turismo interno.
4.3 Terremotos y tsunamis[editar]
El archipiélago se asienta sobre la confluencia de cuatro placas tectónicas, en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, y registra cerca de 1.500 sismos perceptibles al año. Esa exposición ha modelado la arquitectura, el urbanismo, la educación y la administración del país: los códigos sísmicos japoneses son los más exigentes del mundo, los simulacros son obligatorios desde la escuela primaria y existe un sistema de alerta temprana que interrumpe automáticamente los trenes bala y las emisiones de televisión segundos antes de que llegue la sacudida.
Los dos desastres de referencia del último siglo son el gran terremoto de Kantō de 1923, que destruyó Tokio y Yokohama, y el terremoto y tsunami de Tōhoku del 11 de marzo de 2011.
4.4 Ríos, lagos y clima[editar]
Los ríos japoneses son cortos, rápidos y de fuerte pendiente, porque nacen en montañas próximas a la costa: el más largo es el Shinano, con 367 km. El mayor lago es el Biwa, de 670 km², junto a Kioto.
El clima es templado con cuatro estaciones muy marcadas, matizado por la latitud: frío en el norte, cálido y húmedo en el centro, subtropical en el sur. Dos fenómenos organizan el calendario: el tsuyu, la estación de lluvias de junio, y la temporada de tifones de finales de verano y principios de otoño. El paso de las estaciones tiene en la cultura japonesa un peso que resulta llamativo para el visitante hispanohablante: la floración de los cerezos (sakura) en primavera y el enrojecimiento de los arces en otoño se siguen con partes meteorológicos específicos.
4.5 Organización territorial[editar]
Japón se divide en 47 prefecturas, agrupadas informalmente en ocho regiones. Tokio no es técnicamente una ciudad sino una metrópoli con estatuto propio, subdividida en veintitrés distritos especiales. El área metropolitana de Tokio, que incorpora las prefecturas vecinas de Kanagawa, Saitama y Chiba, es la aglomeración urbana más poblada del mundo. Le siguen las conurbaciones de Osaka-Kobe-Kioto (el Kansai) y de Nagoya.
5. Política y gobierno[editar]
5.1 La Constitución de 1947 y el artículo 9[editar]
La Constitución vigente, redactada durante la ocupación y en vigor desde el 3 de mayo de 1947, no ha sido reformada nunca, lo que la convierte en la constitución moderna sin enmendar más antigua del mundo. Establece la soberanía popular, un catálogo amplio de derechos fundamentales y el ya citado artículo 9, por el que Japón «renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación».
En la práctica, Japón mantiene desde 1954 unas Fuerzas de Autodefensa cuyo presupuesto figura entre los mayores del mundo, y sucesivos gobiernos han reinterpretado el artículo 9 para permitir la defensa colectiva y las misiones en el exterior. La reforma formal del artículo es una de las causas históricas del Partido Liberal Democrático y uno de los debates políticos más persistentes del país.
5.2 El emperador[editar]
El emperador carece de poder político: nombra formalmente al primer ministro designado por la Dieta, promulga las leyes y ejerce funciones ceremoniales. La sucesión está limitada por ley a los varones de la línea masculina, disposición que, con una familia imperial muy reducida, plantea un problema sucesorio abierto. Akihito abdicó en 2019 —para lo que hubo que aprobar una ley específica, porque la abdicación no estaba prevista— y le sucedió su hijo Naruhito, con lo que comenzó la era Reiwa. Japón sigue contando los años por eras imperiales en los documentos oficiales, junto al calendario gregoriano.
5.3 La Dieta y los partidos[editar]
La Dieta Nacional es bicameral. La Cámara de Representantes, con 465 escaños, se elige por un sistema mixto: 289 por mayoría simple en distritos uninominales y 176 por representación proporcional de listas. La Cámara de Consejeros, con 248 escaños, se renueva por mitades en elecciones escalonadas y combina 148 escaños por voto único no transferible con 100 proporcionales. El primer ministro es elegido por la Dieta y responde ante ella; la Cámara de Representantes tiene primacía y puede ser disuelta.
El sistema de partidos japonés es una anomalía entre las democracias avanzadas: el Partido Liberal Democrático ha gobernado, solo o en coalición, prácticamente sin interrupción desde 1955, con dos breves paréntesis. La competencia política real ha tendido a producirse dentro del partido, entre facciones, más que entre partidos.
5.4 Política exterior y defensa[editar]
El eje de la política exterior japonesa es la alianza con
Estados Unidos, formalizada en el tratado de seguridad de 1960, que incluye la presencia de decenas de miles de militares estadounidenses en bases japonesas, concentradas sobre todo en Okinawa —fuente de una fricción local permanente—. Japón mantiene contenciosos territoriales con Rusia por las islas Kuriles del sur, con Corea del Sur por los islotes de Takeshima/Dokdo y con China por las Senkaku/Diaoyu, y la memoria de la guerra y de la colonización sigue tensando sus relaciones con sus vecinos.
Es miembro del G7 y del G20, uno de los mayores contribuyentes al presupuesto de las Naciones Unidas y aspirante histórico a un puesto permanente en el Consejo de Seguridad.
6. Economía[editar]
6.1 Panorama[editar]
Japón es la cuarta economía del mundo por PIB nominal, con 4,379 billones de dólares proyectados para 2026 y un crecimiento previsto del 0,6 % para ese año. La inflación se situaba en el 2,8 % en 2026 y el paro en el 2,3 % en julio de 2025, una tasa que en la mayoría de los países se consideraría pleno empleo estructural. El PIB per cápita proyectado para 2026 es de 35.703 dólares en términos nominales y de 59.207 dólares en paridad de poder adquisitivo, brecha que refleja la debilidad del yen en los últimos años.
La composición del comercio exterior explica el modelo: las exportaciones se concentran en equipo de transporte (21,0 %), maquinaria (19,9 %), maquinaria eléctrica (18,7 %) y productos químicos (12,4 %), y los principales destinos son China (22,8 %),
Estados Unidos (18,5 %), la ASEAN (14,5 %), la Unión Europea (9,1 %), Taiwán (7,2 %) y Corea del Sur (6,3 %).
6.2 La deuda y la demografía[editar]
La deuda pública japonesa alcanzó el 229,6 % del PIB en 2025, con diferencia la más alta del mundo desarrollado y más del doble de la de la mayoría de los países europeos. Que Japón la sostenga sin crisis se debe a una circunstancia poco replicable: la deuda está mayoritariamente en manos de residentes japoneses y del propio Banco de Japón, y se financia en la moneda nacional, de modo que el país no depende de acreedores extranjeros.
El problema de fondo es demográfico. Una población que se reduce y envejece implica menos cotizantes, más gasto sanitario y de pensiones, y menos crecimiento potencial. Japón es el laboratorio en el que el resto de los países ricos —incluidos España y varios países latinoamericanos que envejecen a gran velocidad— observan cómo se comporta una economía avanzada con esa estructura de edades.
6.3 Industria y empresas[editar]
La industria japonesa conserva posiciones dominantes en automoción (Toyota, Honda, Nissan), robótica industrial, maquinaria de precisión, materiales avanzados, óptica, componentes electrónicos y equipos para la fabricación de semiconductores. En electrónica de consumo perdió frente a Corea del Sur y China el liderazgo que tuvo en los ochenta, pero Sony se reconvirtió con éxito hacia el entretenimiento —música, cine y los videojuegos de PlayStation— y Nintendo mantiene una posición singular en la industria del videojuego.
El sistema empresarial japonés tiene rasgos propios: grandes grupos con participaciones cruzadas, relaciones de largo plazo con proveedores, y una cultura de mejora continua (kaizen) y de calidad total que fue estudiada e imitada en todo el mundo a partir de los años ochenta.
6.4 Energía[editar]
Japón carece casi por completo de recursos energéticos propios y es uno de los mayores importadores de gas natural licuado y de petróleo del mundo. La apuesta nuclear iniciada en los sesenta llegó a cubrir cerca de un tercio de la electricidad, hasta que el accidente de Fukushima en 2011 obligó a parar todos los reactores. El reinicio parcial y gradual del parque nuclear, la ampliación de las renovables y la dependencia del gas importado son los tres ejes de una política energética que sigue sin resolverse.
7. Demografía y sociedad[editar]
7.1 Una población que se reduce[editar]
El censo de 2025 dio 123,05 millones de habitantes al 1 de octubre de ese año, 3,097 millones menos que en 2020: una caída del 2,5 % que, además, fue más rápida que la del quinquenio anterior. La estimación oficial correspondiente al 1 de octubre de 2024 —123.802.000 habitantes— ya suponía el decimocuarto año consecutivo de descenso, con una pérdida de 550.000 personas en un solo año (−0,44 %).
Las causas son conocidas y persistentes: una fecundidad muy por debajo del reemplazo, matrimonios cada vez más tardíos y menos frecuentes, coste de la vivienda y de la crianza en las grandes ciudades, jornadas laborales largas y una participación aún desigual en el trabajo doméstico. Décadas de políticas natalistas no han revertido la tendencia.
7.2 El envejecimiento[editar]
Al 1 de octubre de 2024, 36.243.000 japoneses tenían 65 años o más, el 29,3 % de la población, frente a 13.830.000 menores de 16 años, el 11,2 %. Es decir: por cada niño o adolescente hay más de dos personas mayores. La esperanza de vida japonesa está entre las más altas del mundo, y Okinawa fue durante décadas objeto de estudio internacional por su longevidad.
Las consecuencias son visibles en todo el país: escuelas rurales cerradas, pueblos enteros deshabitados, viviendas abandonadas —las akiya—, escasez de mano de obra en la construcción, la logística y los cuidados, y una inversión pionera en robótica asistencial.
7.3 Inmigración y homogeneidad[editar]
Japón ha sido históricamente uno de los países desarrollados más cerrados a la inmigración, y su población extranjera sigue siendo pequeña en términos comparativos, aunque ha crecido de forma sostenida por la presión del mercado laboral. Existe, además, una comunidad de origen japonés muy numerosa en América Latina —los nikkei— y un flujo de retorno hacia Japón que ha llevado a decenas de miles de brasileños y peruanos de ascendencia japonesa a trabajar en fábricas del país desde los años noventa, creando barrios y comercios de habla portuguesa y española en ciudades industriales como Hamamatsu y Ōizumi.
7.4 La lengua[editar]
El japonés no tiene parentesco demostrado con ninguna gran familia lingüística. Se escribe con tres sistemas simultáneos: los ideogramas kanji de origen chino y dos silabarios propios, hiragana y katakana, este último reservado sobre todo a los préstamos extranjeros. Un adulto alfabetizado maneja en torno a dos millares de kanji de uso común. Para un hispanohablante, la pronunciación japonesa resulta inusualmente accesible —el sistema vocálico es prácticamente el del español—, mientras que la escritura y los registros de cortesía son las verdaderas dificultades.
8. Religión[editar]
La vida religiosa japonesa se organiza en torno a dos tradiciones que conviven sin exclusividad: el sintoísmo, la religión autóctona de los kami —espíritus asociados a lugares, fenómenos naturales y antepasados—, con sus santuarios y sus pórticos torii; y el budismo, llegado del continente en el siglo VI. Lo característico es que no se perciben como opciones excluyentes: es habitual celebrar el nacimiento y la boda según ritos sintoístas y el funeral según ritos budistas.
Las encuestas de adscripción religiosa suelen arrojar cifras bajas de creyentes declarados, pero eso convive con una participación altísima en prácticas rituales —la primera visita al santuario del año, los festivales locales o matsuri, el culto a los antepasados en el obon—, de modo que las categorías occidentales de «creencia» y «práctica» describen mal el caso japonés. El cristianismo, tras el siglo de persecución, es minoritario, aunque las bodas de estilo occidental son populares como forma ceremonial.
9. Cultura[editar]
9.1 Las artes tradicionales[editar]
Japón ha desarrollado un repertorio de disciplinas estéticas con un grado de codificación poco común: la ceremonia del té (chanoyu), el arreglo floral (ikebana), la caligrafía (shodō), el jardín seco de rocas y grava (karesansui), la poesía breve del haiku, que Matsuo Bashō llevó a su forma clásica en el siglo XVII, y los teatros nō, kabuki y bunraku. Conceptos como wabi-sabi —la belleza de lo imperfecto y lo transitorio— o mono no aware —la melancolía ante lo efímero— son categorías estéticas centrales que han pasado al vocabulario internacional del diseño.
La estampa ukiyo-e del período Edo, y muy particularmente La gran ola de Kanagawa de Hokusai, influyó decisivamente sobre el impresionismo y el postimpresionismo europeos, fenómeno que en la historia del arte se conoce como japonismo.
9.2 Literatura[editar]
De La historia de Genji al presente, la literatura japonesa tiene una continuidad de mil años. En el siglo XX destacan Natsume Sōseki, Jun'ichirō Tanizaki, Yasunari Kawabata —
Premio Nobel de Literatura en 1968—, Yukio Mishima, Kenzaburō Ōe —Nobel en 1994— y, en las últimas décadas, Haruki Murakami, probablemente el autor japonés más leído en español, cuyas novelas se publican en traducción castellana casi simultáneamente a su edición original.
9.3 Cine[editar]
El cine japonés vivió una edad de oro en los años cincuenta con Akira Kurosawa (Rashōmon, Los siete samuráis), Yasujirō Ozu y Kenji Mizoguchi, y su influencia sobre el cine occidental fue directa: Los siete samuráis se rehízo como Los siete magníficos, y La fortaleza escondida está en el origen declarado de La guerra de las galaxias. Más recientemente, Hirokazu Kore-eda y otros han mantenido la presencia japonesa en los grandes festivales.
9.4 Manga y anime[editar]
El manga —la historieta japonesa— y el anime son la exportación cultural japonesa de mayor alcance y, muy probablemente, la vía por la que la mayoría de los hispanohablantes menores de cincuenta años tuvo su primer contacto con Japón. Osamu Tezuka, autor de Astro Boy, fijó en la posguerra el lenguaje gráfico del medio.
El
Studio Ghibli de Hayao Miyazaki llevó la animación japonesa al reconocimiento crítico mundial con Mi vecino Totoro, La princesa Mononoke y El viaje de Chihiro. En el terreno de la serie, títulos como
Dragon Ball, Naruto, One Piece o
Pokémon han tenido en América Latina y en España audiencias masivas y sostenidas durante décadas, con doblajes latinoamericanos que en muchos casos son parte del recuerdo colectivo de una generación entera. Akira (1988) fue la película que hizo respetable el anime entre el público adulto occidental.
9.5 Videojuegos[editar]
Japón es una de las dos o tres capitales mundiales del videojuego. Nintendo —fabricante de naipes fundado en 1889 y reconvertido a la electrónica— creó a Mario, Zelda, Donkey Kong y
Pokémon; Sony transformó el mercado con la PlayStation; y estudios como Capcom, Konami, Square Enix y Sega definieron géneros completos. La influencia sobre la cultura popular hispanohablante es difícil de exagerar: el arcade, la consola doméstica y el rol japonés fueron durante los años ochenta y noventa el principal vehículo de contacto con la estética japonesa.
9.6 Gastronomía[editar]
La cocina japonesa tradicional, el washoku, está inscrita en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco. Su repertorio —sushi y sashimi, ramen, tempura, yakitori, okonomiyaki, el caldo dashi, la salsa de soja, el miso, el wasabi— se ha convertido en las últimas tres décadas en parte de la oferta gastronómica normal de cualquier ciudad grande del mundo hispanohablante.
La relación entre las cocinas japonesa y peruana merece mención aparte: la inmigración japonesa al
Perú desde 1899 produjo la cocina nikkei, una fusión con identidad propia —el tiradito, los usos del ají y del limón sobre pescado crudo— que hoy es uno de los pilares del prestigio internacional de la gastronomía peruana.
10. Deporte[editar]
El béisbol es, contra la intuición de muchos hispanohablantes, el deporte más popular de Japón: llegó en el siglo XIX, la liga profesional data de los años treinta y el torneo de institutos de Kōshien es un fenómeno de masas. La conexión con el mundo hispano es directa a través de las Grandes Ligas estadounidenses, donde jugadores japoneses y latinoamericanos comparten protagonismo; Shohei Ohtani es hoy la figura global del deporte japonés.
El fútbol creció enormemente tras la fundación de la J. League en 1993 y la organización del Mundial de 2002 junto a Corea del Sur, y la selección japonesa es una presencia habitual en las Copas del Mundo. Los deportes de origen japonés —judo, karate, kendo, aikido— se practican en todo el mundo hispanohablante, y el sumo, deporte nacional con estatuto casi ritual, mantiene una fascinación aparte. Japón ha organizado los
Juegos Olímpicos de verano en Tokio en 1964 y 2021 y los de invierno en Sapporo (1972) y Nagano (1998).
11. Japón y el mundo hispanohablante[editar]
La relación entre Japón y el mundo hispanohablante tiene cuatro siglos y cuatro capas.
El contacto temprano. Los primeros europeos que llegaron a Japón fueron portugueses en 1543, y los primeros misioneros, jesuitas encabezados por el navarro Francisco Javier, en 1549. Durante décadas, la ruta del Galeón de Manila conectó Japón con el Virreinato de Nueva España a través de Filipinas, y en 1614 la embajada Keichō de Hasekura Tsunenaga cruzó el Pacífico, atravesó México y llegó a Sevilla, Madrid y Roma. Algunos de sus integrantes se quedaron en Andalucía, y de ahí procede, según la tradición local, el apellido Japón todavía frecuente en Coria del Río, cerca de Sevilla.
La emigración. A partir de finales del siglo XIX, decenas de miles de japoneses emigraron a América.
Brasil acogió la mayor colonia japonesa fuera de Japón; el Perú recibió el primer contingente en 1899 y desarrolló una comunidad nikkei que llegó a dar un presidente de la República; y hay comunidades japonesas históricas en
México,
Argentina,
Bolivia, Paraguay y
Colombia. Desde los años noventa, el flujo se invirtió parcialmente: cientos de miles de descendientes de japoneses nacidos en América Latina emigraron a Japón para trabajar, y hoy el portugués y el español se oyen con normalidad en varias ciudades industriales japonesas.
La cultura popular. Es la capa más densa y la más reciente. El anime doblado al español latino, el manga traducido, los videojuegos, la moda y la música japonesas han creado en España y en toda América Latina una afición estable, con convenciones multitudinarias en Ciudad de México, Buenos Aires, Santiago, Lima, Bogotá y Barcelona. Es difícil encontrar otro país cuya cultura popular haya penetrado tan profundamente en el mundo hispanohablante sin compartir con él lengua, religión ni historia colonial.
El presente económico. Japón es un inversor de primer orden en América Latina —automoción en México, minería y pesca en Chile y Perú, agroindustria en Brasil— y un socio comercial importante para toda la región. La cooperación japonesa financia infraestructura y programas de prevención sísmica en países del Pacífico americano, terreno en el que Japón tiene una experiencia que ningún otro país puede ofrecer y que ha resultado especialmente útil en México, Chile y Perú.