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Mohammad Reza Pahleví

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Mohammad Reza Pahleví
محمدرضا شاه پهلوی
Nacimiento26 de octubre de 1919
Teherán, Persia
Fallecimiento27 de julio de 1980
El Cairo, Egipto
SepulturaMezquita de Al Rifa'i, El Cairo
DinastíaPahlaví
Reinado16 de septiembre de 1941 – 11 de febrero de 1979
PredecesorReza Shah
SucesorMonarquía abolida
(como pretendiente: Reza Ciro Pahlaví)
Coronación26 de octubre de 1967
TítuloSahansah («rey de reyes»), Aryamehr («Luz de los arios»)
PadreReza Shah
MadreTadj ol-Molouk
ConsortesFawzia de Egipto (1939–1948)
Soraya Esfandiary-Bakhtiari (1951–1958)
Farah Diba (1959–1980)
HijosShahnaz, Reza Ciro, Farahnaz, Alí Reza, Leila
ReligiónIslam chií duodecimano
ResidenciasComplejo de Sa'dabad, Palacio de Mármol, Palacio de Niavaran (Irán); en el exilio: Marruecos, Bahamas, México, Estados Unidos, Panamá, Egipto

1. Resumen[editar]

Mohammad Reza Pahleví —también transliterado como Mohammad Reza Pahlaví, Mohamed Reza Pahlaví o Mohamad Reza Pahleví— (en persa: محمدرضا شاه پهلوی; Teherán, 26 de octubre de 1919 – El Cairo, 27 de julio de 1980) fue el último sah de Irán y el segundo y último monarca gobernante de la dinastía Pahlaví. Reinó desde el 16 de septiembre de 1941, tras la abdicación forzada de su padre Reza Shah, hasta el 11 de febrero de 1979, cuando la Revolución iraní abolió la monarquía y dio paso a la República Islámica de Irán.

Su reinado de casi treinta y ocho años estuvo marcado por una ambiciosa política de modernización económica, militar y social —sintetizada en la llamada «Revolución Blanca»—, así como por un creciente autoritarismo, la represión de la disidencia y una estrecha alianza con las potencias occidentales, en particular con Estados Unidos. En 1953, el derrocamiento del primer ministro Mohammad Mosaddegh, nacionalizador del petróleo, consolidó la posición del monarca como centro del poder político iraní. En 1967 se coronó formalmente con el título de Sahansah («rey de reyes»).

Durante las décadas de 1960 y 1970, Irán vivió un acelerado crecimiento económico impulsado por los ingresos petroleros, así como una rápida urbanización e industrialización. Sin embargo, la desigualdad, la represión e instituciones como el servicio de seguridad SAVAK generaron un profundo malestar social y religioso. La crisis estalló en 1978 y obligó al sah a abandonar Irán el 16 de enero de 1979.[1] Tras pasar por varios países en un periplo de exilio, murió en El Cairo el 27 de julio de 1980, acogido por el presidente egipcio Anwar el-Sadat.

2. Primeros años y formación[editar]

Mohammad Reza Pahlaví nació el 26 de octubre de 1919 en Teherán, en una casa alquilada del barrio de la puerta de Qazvín. Su padre era Reza Jan, oficial de la brigada cosaca del sah Ahmad Shah Qajar, quien más tarde ascendería al trono como Reza Shah; su madre era Nimtaj Ayromlú, conocida tras la coronación de su esposo como Tadj ol-Molouk. El futuro monarca tuvo una hermana mayor, Shams, una hermana gemela, Ashraf Pahlaví, y un hermano menor, Alí Reza.

Tres meses después del golpe de Estado del 21 de febrero de 1921 que llevó a su padre al poder, la familia se mudó a una residencia mayor en Teherán. Allí, Mohammad Reza inició una educación orientada tanto hacia las tradiciones de la monarquía persa como hacia la cultura occidental. Su preceptora, Madame Arfa', le enseñó la lengua francesa y le introdujo en la Revolución francesa, el pensamiento occidental y la historia de Occidente. El francés se convertiría en una de las lenguas de trabajo del futuro soberano.[2]

Cuando Reza Shah fue coronado, Mohammad Reza era un niño. Para la ceremonia se fabricó una corona especial destinada al pequeño príncipe, y se le reservó un edificio del palacio de Golestán para adiestrarlo en los protocolos y las tradiciones reales. Durante un tiempo se intentó que el heredero estudiara en la escuela Madrese-ye Nezam junto a una veintena de compañeros, con la intención de tratarlo como al resto del alumnado; el experimento, sin embargo, no prosperó.

En 1931 fue enviado a Suiza, donde asistió al prestigioso Instituto Le Rosey, en el cantón de Vaud, hasta 1935. A su regreso a Persia completó la carrera militar en la academia militar de Teherán, de la que egresó en 1938. Ese periodo de formación castrense afianzó su vínculo con las Fuerzas Armadas, que a lo largo de su reinado serían uno de los pilares del régimen.

3. Trayectoria[editar]

3.1. Ascenso al trono y ocupación aliada (1941-1953)[editar]

La Segunda Guerra Mundial alteró de manera decisiva el destino de la dinastía Pahlaví. Reza Shah era visto por el Reino Unido y la Unión Soviética como un gobernante excesivamente cercano a la Alemania nazi, y su negativa a expulsar a los técnicos y ciudadanos alemanes presentes en Irán sirvió de pretexto para la intervención militar. En agosto de 1941, fuerzas británicas y soviéticas invadieron el país —operación conocida como invasión anglo-soviética de Irán— y forzaron la abdicación del monarca. Mohammad Reza Pahlaví ascendió al trono el 16 de septiembre de 1941, con apenas veintiún años.

Durante el resto de la guerra, Persia permaneció ocupada por tropas de ambos países. El nuevo sah, a diferencia de su padre, colaboró activamente con los aliados. En 1943, Teherán fue sede de la conferencia en la que se reunieron Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Iósif Stalin, un episodio que subrayó la importancia estratégica del país en el conflicto. La ocupación terminó de manera progresiva: las fuerzas británicas y estadounidenses se retiraron antes del final de la guerra, mientras que la presencia soviética se prolongó hasta 1946 y estuvo vinculada al surgimiento de gobiernos separatistas en el noroeste del país.[3]

3.2. El atentado de 1949 y el ascenso de Mosaddeq[editar]

El 4 de febrero de 1949, Mohammad Reza Pahlaví fue víctima de un intento de asesinato mientras asistía a una ceremonia conmemorativa en la Universidad de Teherán. El agresor, Nasser Fakhr-Arai, se había hecho pasar por periodista y disparó cinco veces contra el sah a corta distancia. Dos balas le hirieron levemente en la mejilla y en el hombro, pero el monarca sobrevivió.

El atacante fue abatido de inmediato por las fuerzas de seguridad. El gobierno responsabilizó del atentado al Partido Tudeh, de orientación comunista, y aprovechó el incidente para ilegalizar la organización y detener a numerosos militantes de izquierda. Con el tiempo, diversos historiadores han señalado que Fakhr-Arai probablemente mantenía vínculos con el grupo islamista radical Fada'iyan-e Islam más que con el movimiento comunista, lo que matiza la versión oficial del régimen.[4]

El atentado marcó un punto de inflexión. El sah utilizó la conmoción pública para reforzar su posición política y promover reformas constitucionales que ampliaron las prerrogativas de la monarquía, incluido el control sobre las Fuerzas Armadas.

En 1951, el parlamento iraní aprobó la nacionalización de la industria petrolera, impulsada por el primer ministro Mohammad Mosaddegh. Hasta entonces, el petróleo iraní estaba explotado en gran medida por la Anglo-Iranian Oil Company, antecedente de British Petroleum. Mosaddegh, líder del Movimiento Nacionalista, contaba con un amplio respaldo popular y parlamentario, y convirtió la nacionalización en la causa central de su gobierno.

La medida puso en grave riesgo los intereses británicos y, de manera creciente, los de Estados Unidos. El Reino Unido impuso un bloqueo comercial que estranguló las exportaciones de petróleo iraní, mientras su diplomacia buscaba apoyos para derrocar al primer ministro. El sah, que mantenía una relación tensa con Mosaddeq, se vio atrapado entre las presiones internas y las de las potencias occidentales.

3.3. El golpe de Estado de 1953[editar]

El 19 de agosto de 1953, un golpe de Estado orquestado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos y el Servicio de Inteligencia Secreto británico derrocó a Mosaddegh. La operación, conocida en los archivos estadounidenses como Operación Ajax, contó con la participación de militares, clérigos, políticos y sectores del bazar. Aunque el sah respaldó finalmente la destitución, las fuentes históricas coinciden en que lo hizo con notables dudas, temiendo que la operación fuera una trampa británica o un fracaso que le costara el trono.

Tras el golpe, Mosaddegh fue arrestado y condenado, y se instauró un gobierno favorable a la corte y a los intereses de las potencias occidentales. En 1954, Irán firmó el Acuerdo de Consorcio, que devolvió a las compañías extranjeras un papel central en la producción y comercialización del petróleo, aunque bajo condiciones que reforzaron también la capacidad fiscal del Estado iraní.

El golpe de 1953 es uno de los episodios más debatidos del siglo XX iraní. Para sus detractores, interrumpió un proceso democrático y parlamentario; para sus defensores, estabilizó al país ante el temor de una influencia soviética creciente. En cualquier caso, consolidó al sah como actor central de la política iraní y dio inicio a un largo ciclo de monarquía autoritaria tutelada por los servicios de seguridad.

3.4. La Revolución Blanca y la coronación de 1967[editar]

Desde principios de la década de 1960, el sah impulsó un programa de reformas conocido como la Revolución Blanca —o, según la fórmula oficial, «Revolución del Sah y del Pueblo»—. El paquete incluía la reforma agraria, la nacionalización de bosques y pastizales, la venta de fábricas estatales para financiar la redistribución de tierras, la participación de los obreros en los beneficios de las empresas, la reforma electoral y la promoción de la alfabetización mediante un cuerpo de maestros rurales.

La reforma agraria modificó la estructura de la propiedad de la tierra: debilitó a los grandes terratenientes y reconoció derechos a numerosos campesinos, pero dejó fuera a una parte significativa de la población rural y alimentó el desplazamiento hacia las ciudades. En Teherán y en otros centros urbanos, el éxodo rural generó barriadas periféricas y profundizó el contraste entre la opulencia de la corte y la miseria de los recién llegados. Los sectores religiosos, en particular el clero chií, interpretaron algunas reformas como una amenaza contra sus privilegios y su papel social.

El 26 de octubre de 1967, cuadragésimo octavo cumpleaños del monarca, se celebró una fastuosa ceremonia de coronación en la que Mohammad Reza Pahlaví asumió formalmente el título de Sahansah («rey de reyes»). Ese día, la emperatriz Farah Diba fue coronada como Shahbanou («Emperatriz»), la primera mujer en recibir tal tratamiento en la historia moderna de Irán.

3.5. Las ceremonias de Persépolis y el giro autoritario[editar]

En 1971, el régimen organizó en la ciudad de Persépolis las celebraciones por los 2.500 años del Imperio persa. Durante tres días, la familia real recibió a mandatarios y personalidades de todo el mundo, entre ellos el mariscal Josip Broz Tito y el emperador Haile Selassie. El evento, diseñado para proyectar la continuidad entre la Persia aqueménida y la monarquía Pahlaví, tuvo un costo desmesurado y fue criticado por sectores de la opinión iraní e internacional. Al mismo tiempo, generó una campaña de exaltación simbólica del pasado imperial que convivía con una modernización acelerada.[5]

En 1975, siguiendo recomendaciones atribuidas al académico de Harvard Samuel Huntington, el sah liquidó el sistema bipartidista tutelado e instauró un partido único denominado Rastajiz («Resurgimiento»). La oposición y la disidencia fueron reprimidas con dureza. La policía secreta, el SAVAK, se convirtió en uno de los servicios de inteligencia más temidos de la región, con una red de informantes y agentes que alcanzó —según estimaciones citadas por la prensa— alrededor de 15.000 efectivos, sin contar informantes ocasionales. Esta cifra, reproducida por numerosos medios, es difícil de contrastar y ha sido discutida por historiadores, que subrayan la imposibilidad de distinguir entre agentes profesionales y colaboradores temporales.

3.6. Crisis final y caída de la monarquía (1978-1979)[editar]

A lo largo de 1978, el malestar político se transformó en una revolución popular. La crisis combinó el descontento de los bazares, las huelgas obreras, la hostilidad del clero chií liderado por el ayatolá Ruhollah Jomeiní desde el exilio y la represión estatal. Dos episodios contribuyeron de manera decisiva al derrumbe del régimen.

El 19 de agosto de 1978, un incendio en el Cinema Rex de la ciudad de Abadán causó la muerte de cientos de personas. Las circunstancias del siniestro nunca se aclararon por completo, y tanto el gobierno como la oposición se acusaron mutuamente de haberlo provocado.[6] Pocas semanas después, el 8 de septiembre de 1978 —día conocido como el Viernes Negro—, la plaza Jaleh de Teherán fue escenario de una masacre en la que el ejército imperial disparó contra manifestantes. Las cifras de muertos varían según las fuentes; los estudios independientes hablan de decenas de fallecidos, mientras que el gobierno revolucionario elevó posteriormente el número de víctimas a cifras muy superiores.

Ante la extensión de las protestas, el presidente estadounidense Jimmy Carter presionó al sah para que emprendiera reformas democratizadoras. El monarca ensayó distintos gobiernos liberalizadores que cayeron uno tras otro. La revolución parecía inevitable. Finalmente, el 16 de enero de 1979, el sah, su familia y una parte del entorno cortesano abandonaron Irán desde el Aeropuerto Internacional de Mehrabad.

El 1 de febrero de 1979, Jomeiní regresó a Teherán; el 11 de febrero se consumó la caída del régimen imperial. La monarquía fue abolida y se proclamó la República Islámica de Irán, encabezada por el liderazgo supremo del clérigo revolucionario.

4. Estilo de gobierno y política[editar]

El reinado de Mohammad Reza Pahlaví puede dividirse en dos grandes fases. En la primera, entre 1941 y 1953, el joven soberano se movió en un espacio político dominado por el parlamento, los partidos, los movimientos nacionalistas y la influencia de las potencias extranjeras. La segunda, posterior al golpe de 1953, se caracterizó por la concentración progresiva del poder en la figura del monarca y en las instituciones de seguridad.

Su proyecto de modernización, resumido en la consigna de la «Gran Civilización», combinó elementos occidentales y referencias a la antigüedad persa. La monarquía presentaba al sah como heredero de Ciro el Grande y, a la vez, como impulsor de la industrialización, la educación y la salud. Bajo este discurso, Irán experimentó un crecimiento económico sostenido, en particular tras el alza de los precios del petróleo en 1973. Los ingresos por hidrocarburos permitieron multiplicar el gasto en defensa, infraestructura, educación y sanidad. Según algunas fuentes, el ingreso nacional iraní aumentó 423 veces durante el reinado, aunque esta cifra, recogida por autores cercanos al régimen, debe leerse con cautela por los efectos de la inflación y el cambio metodológico en las cuentas nacionales.[7]

En contraste con la imagen de progreso, el régimen reprimió duramente la disidencia. El SAVAK, creado en 1957 con asesoramiento de agencias occidentales, practicó la vigilancia, la censura y, según denuncias documentadas, la tortura de opositores. La organización de defensores de los derechos humanos y los testimonios recogidos tras la revolución convirtieron a la policía secreta del sah en símbolo del autoritarismo monárquico. En la década de 1970, prisioneros políticos y militantes de izquierda denunciaron tratos crueles e inhumanos.

Al mismo tiempo, la economía petrolera profundizó la dependencia del país respecto de un solo producto y de los mercados internacionales. La modernización reprodujo desigualdades: mientras una minoría vinculada al poder acumulaba grandes fortunas, amplios sectores urbanos y rurales permanecían al margen del crecimiento. Los indicadores sociales de Irán mejoraron en promedio, pero permanecieron comparativamente bajos en relación con otros países de la región en educación y mortalidad infantil, según autores críticos del periodo.

En política exterior, el sah consolidó a Irán como aliado privilegiado de Occidente en el golfo Pérsico. Fue uno de los principales compradores de armamento estadounidense y mantuvo relaciones cordiales con Israel, lo que le granjeó la hostilidad de algunos países árabes. En 1973, con la subida del precio del crudo, Irán incrementó sus ingresos, y el sah se presentó a sí mismo como garante de la estabilidad regional.

5. Familia y descendencia[editar]

Mohammad Reza Pahlaví se casó en tres ocasiones.

Su primera esposa fue la princesa Fawzia de Egipto, hija del rey Fuad I de Egipto y hermana del rey Faruq. El matrimonio, celebrado en 1939, reforzó los vínculos entre las cortes de El Cairo y Teherán. La pareja tuvo una hija:

  • Princesa Shahnaz Pahlaví (n. 27 de octubre de 1940).

El matrimonio no produjo un heredero varón, lo que, sumado a las tensiones personales, llevó al divorcio en 1948. Fawzia regresó a Egipto y mantuvo una vida pública discreta.

La segunda esposa fue Soraya Esfandiary-Bakhtiari, hija de un embajador iraní en la República Federal de Alemania y de madre alemana. Se casaron en 1951, en plena crisis de la nacionalización del petróleo. El matrimonio fue celebrado por la prensa internacional como una historia de cuento; sin embargo, la ausencia de descendencia —atribuida en su momento a una supuesta infertilidad de la reina— condujo al divorcio en 1958. Tras la separación, Soraya recibió el tratamiento de «princesa Soraya del Irán» y vivió en Europa hasta su fallecimiento en 2001.

La tercera esposa fue Farah Diba, hija de un capitán del Ejército Imperial Iraní. Se casaron en 1959, y Farah se convirtió en Shahbanou o emperatriz en 1967. Con ella, el sah tuvo cuatro hijos:

  • Príncipe heredero Reza Ciro Pahlaví (n. 31 de octubre de 1960).
  • Princesa Farahnaz Pahlaví (n. 12 de marzo de 1963).
  • Príncipe Alí Reza Pahlaví (28 de abril de 1966 – 4 de enero de 2011).
  • Princesa Leila Pahlaví (27 de marzo de 1970 – 10 de junio de 2001).

La familia imperial abandonó Irán en enero de 1979. Tras la muerte del sah, la emperatriz Farah residió en distintos países y se convirtió en una figura visible del exilio monárquico iraní. El príncipe heredero Reza Ciro Pahlaví se proclamó pretendiente al trono en el exilio.

6. Revolución, exilio y fallecimiento[editar]

Tras su salida de Irán el 16 de enero de 1979, el sah y su entorno emprendieron un periplo diplomático complicado. Su primer destino fue Egipto, donde Anwar el-Sadat lo recibió como amigo, pero el carácter prolongado de su estancia en un país árabe generó tensiones regionales. Después se trasladó a Marruecos, donde residió temporalmente en Marrakech. La etapa marroquí se abrevió por presiones políticas.

En marzo de 1979 viajó a las Bahamas, y más tarde a México. En Cuernavaca, estado de Morelos, la familia imperial pasó varios meses en una residencia de la avenida Palmira.[8] El estado de salud del monarca, que padecía un cáncer del sistema linfático, se deterioró progresivamente.

Ante la necesidad de tratamiento médico, el sah ingresó en Estados Unidos en octubre de 1979, donde fue hospitalizado en Nueva York. La decisión del gobierno estadounidense de admitirlo —incluso por razones humanitarias— fue uno de los factores que agravaron la crisis entre Washington y los revolucionarios iraníes. El 4 de noviembre de 1979, un grupo de estudiantes iraníes asaltó la embajada de Estados Unidos en Teherán y secuestró a su personal, iniciando la crisis de los rehenes.

La presencia del sah en territorio estadounidense se volvió políticamente insostenible, y a finales de 1979 se trasladó a Panamá, donde vivió en la isla de Contadora. En marzo de 1980 regresó a Egipto, donde el presidente Sadat le ofreció asilo y atención médica permanente. Fue hospitalizado en El Cairo y falleció el 27 de julio de 1980, a los sesenta años, a causa de complicaciones del linfoma.

Su funeral se celebró en la mezquita de Al Rifa'i de El Cairo, mausoleo de la dinastía jedival egipcia. La ceremonia, descrita por Jehan Sadat como de una solemnidad inusual, reunió a la emperatriz Farah, a los hijos del monarca y a representantes de casas reales de otros países. La Revolución iraní celebró su muerte como el cierre simbólico de la era imperial.

7. Vida pública y legado[editar]

El legado de Mohammad Reza Pahlaví sigue siendo profundamente polarizado. Para sus partidarios, el sah fue un modernizador que transformó a Irán en una potencia regional, impulsó la emancipación de la mujer, la alfabetización, la industria y la infraestructura, y defendió al país de la influencia soviética. Para sus críticos, fue un autócrata que gobernó con la ayuda del SAVAK, reprimió a la oposición, permitió la corrupción y profundizó las desigualdades sociales.

La caída del régimen Pahlaví y la revolución de 1979 redefinieron el mapa político de Oriente Medio. La República Islámica convirtió al sah en el enemigo simbólico de la revolución: su figura fue denunciada durante décadas como encarnación de la dependencia occidental, el autoritarismo y la corrupción. En círculos de la diáspora iraní, en cambio, la memoria de la era Pahlaví ha alimentado un nostálgico movimiento monárquico que considera al heredero Reza Ciro Pahlaví como depositario de la legitimidad histórica.

El eslogan de la «Gran Civilización» y la celebración de los 2.500 años del Imperio persa siguen siendo citados como ejemplos de una propaganda estatal que mezclaba el nacionalismo preislámico con la cultura de consumo occidental. La figura de Farah Diba, por su parte, ha contribuido a mantener vivo el interés mediático por la dinastía en Europa y América.

En términos históricos, el periodo del último sah coincide con un ciclo de modernización acelerada y de petroestado creciente. El sistema político instaurado tras 1953, basado en la centralidad del monarca y el papel tutelar de las fuerzas armadas y los servicios de seguridad, anticipó dilemas que marcaron a otros regímenes de la región durante la Guerra Fría.

8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La figura del sah y el exilio monárquico iraní tuvieron una notable resonancia en América Latina y en España. La visita del monarca y de la emperatriz Farah a Argentina en 1965 incluyó la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, dentro de una gira por América del Sur.[9] La prensa argentina cubrió con amplitud la gira, en un contexto de creciente interés por los mercados emergentes.

México ocupó un lugar especial en la biografía del último sah. Tras el triunfo de la revolución, Cuernavaca fue uno de los destinos del exilio imperial. La prensa mexicana y los medios en español difundieron durante 1979 numerosos reportajes sobre la vida cotidiana del monarca depuesto, la mansión de la avenida Palmira y el círculo de exiliados que lo acompañaba. La presencia del sah en Morelos duró varios meses y dejó un rastro significativo en la crónica periodística local.

En España, el destino del último sah de Persia interesó a los medios desde la década de 1970. La revista Hola y la prensa del corazón siguieron a Soraya Esfandiary y, más tarde, a Farah Diba, como figuras de la realeza internacional. El cortejo fúnebre de El Cairo, la crisis de los rehenes en Teherán y el posterior suicidio de dos de los hijos del monarca —la princesa Leila en 2001 y el príncipe Alí Reza en 2011— fueron tratados en la prensa hispanohablante como una «maldición de la dinastía Pahlaví».

En el ámbito político, países como México, Panamá y España se vieron envueltos, de manera indirecta, en las tensiones diplomáticas derivadas del exilio del sah y de la crisis de los rehenes. Panamá, en particular, apareció en la prensa internacional como escenario de su estancia en la isla de Contadora, una etapa breve pero simbólica en la que la diplomacia de varios países medió sobre el destino del monarca enfermo.

9. Títulos y honores[editar]

A lo largo de su vida, Mohammad Reza Pahlaví acumuló tratamientos y condecoraciones propios de un jefe de Estado de la segunda mitad del siglo XX. Antes de ascender al trono, fue príncipe heredero de Persia. Desde el 16 de septiembre de 1941 hasta su coronación formal en 1967, recibió el tratamiento de «Su Majestad el rey»; a partir del 26 de octubre de 1967, el de «Su Majestad el emperador» o Sahansah.

Adoptó además títulos honoríficos de carácter propagandístico: Aryamehr («Luz de los arios»), usado para exaltar la continuidad entre la monarquía y las antiguas tradiciones iranias; y Bozorg Arteshtaran («Gran Comandante del Ejército»), que subrayaba su vínculo con las Fuerzas Armadas. Estos tratamientos carecían de precedentes plenamente equivalentes en la tradición monárquica europea y respondían a la retórica del Estado imperial.

Fue condecorado por numerosos países, incluidos algunos de Europa, Asia y América. Las menciones en las crónicas diplomáticas incluyen órdenes de Alemania, Italia, España, Egipto y Yugoslavia, entre otros. La documentación exhaustiva de sus condecoraciones es compleja, y las listas disponibles en distintas obras de referencia presentan variaciones.

10. Notas sobre el uso del nombre[editar]

En español no existe una única forma canónica para referirse al último sah. Las transliteraciones más habituales son Mohammad Reza Pahlaví y Mohamed Reza Pahlaví, aunque también se encuentran Mohammad Reza Pahleví y Mohamad Reza Pahleví. La forma Pahleví corresponde a la pronunciación tradicional francesa —a través de la cual el apellido llegó a la prensa europea—, mientras que Pahlaví es más fiel al persa. La prensa en español ha alternado ambas grafías, como reflejan los principales diarios. El apelativo «sah de Persia» convivió en el uso popular con la acepción política de «sah de Irán», y en muchos textos de habla hispana se le conoce sencillamente como «el Sah».

En Irán, el tratamiento oficial era el de «Su Majestad Imperial». Tras la revolución, las nuevas autoridades islámicas evitaron deliberadamente el uso de los títulos monárquicos y se refirieron a él en la propaganda estatal como el «sah derrocado» o mediante fórmulas despectivas.

11. Sucesión[editar]

Predecesor:
Reza Shah
Sah de Irán
16 de septiembre de 1941 – 11 de febrero de 1979
Sucesor:
Ruhollah Jomeiní
(como Líder Supremo de Irán)

Reza Ciro Pahlaví
(como pretendiente al trono, en el exilio)

12. Véase también[editar]


  1. La fecha de salida del sah se cita habitualmente como el 16 de enero de 1979; algunas fuentes sitúan el despegue del aeropuerto de Mehrabad en Teherán en esa jornada, ya entrada la tarde local. ↩︎

  2. El francés conservaba un estatus destacado en la corte y en la administración persa desde el siglo XIX, herencia de la influencia cultural y diplomática europea en la dinastía Qajar. ↩︎

  3. La crisis de Azerbaiyán y de la república proclamada en Mahabad puso a prueba al joven soberano y a su gobierno; la presión internacional, junto con la diplomacia de Teherán, favoreció la retirada soviética. ↩︎

  4. La filiación real de Nasser Fakhr-Arai sigue siendo objeto de debate historiográfico; las fuentes de la época, en particular los archivos policiales, presentan versiones contradictorias sobre sus motivaciones. ↩︎

  5. La organización de las ceremonias de Persépolis, su costo y su impacto propagandístico han sido objeto de polémica. Numerosos cálculos circularon en la prensa, aunque las cifras oficiales siguen sin estar plenamente documentadas. ↩︎

  6. El incendio del Cinema Rex de Abadán sigue siendo uno de los crímenes más controvertidos de la historia iraní contemporánea. En los juicios posteriores a la revolución se presentaron testimonios contradictorios; la versión más aceptada entre los opositores al régimen del sah responsabiliza a sectores vinculados a la policía o a agentes provocadores, pero no existe consenso académico pleno. ↩︎

  7. Los datos sobre el crecimiento del ingreso nacional iraní varían según la fuente y el periodo de comparación. La cifra de 423 veces proviene de obras apologéticas o de autores que recogen los balances oficiales del régimen Pahlaví, sin ajustar plenamente por inflación ni por crecimiento demográfico. ↩︎

  8. La prensa mexicana de la época identificó a la hermana del sah, la princesa Shams, como propietaria de una propiedad vecina a la mansión citada. Algunos reportajes posteriores pusieron en duda que el propio sah hubiese residido durante los 122 días en la llamada Villa Arabesque, y sugirieron que la mansión mediática era en realidad de su hermana. ↩︎

  9. La escala en Comodoro Rivadavia, vinculada al interés iraní por la industria petrolera argentina, es mencionada en crónicas de prensa de 1965. Algunos autores la citan como muestra de la diplomacia económica del sah en el Cono Sur. ↩︎