Francia
| República Francesa | |
|---|---|
| Nombre oficial | République française (República Francesa) |
| Lema | «Liberté, égalité, fraternité» (Libertad, igualdad, fraternidad) |
| Himno | «La Marseillaise» (La marsellesa) |
| Capital y ciudad más poblada | París |
| Idioma oficial | Francés |
| Forma de gobierno | República semipresidencialista unitaria |
| Presidente de la República | Emmanuel Macron, en el cargo desde el 14 de mayo de 2017 y reelegido en 2022 |
| Primer ministro | Sébastien Lecornu, nombrado el 9 de septiembre de 2025 y de nuevo el 10 de octubre de 2025; su segundo gobierno se formó el 12 de octubre de 2025 y seguía en funciones en agosto de 2026 |
| Órgano legislativo | Parlamento bicameral: Asamblea Nacional (577 diputados) y Senado |
| Superficie | 675.417 km² en total; 551.695 km² la Francia metropolitana |
| Población | 69,1 millones de habitantes al 1 de enero de 2026 según la estimación provisional del INSEE: 66,8 millones en la Francia metropolitana y 2,3 millones en los departamentos de ultramar |
| Densidad | 121 hab./km² en la Francia metropolitana |
| PIB nominal | 2.991,1 miles de millones de euros en 2025, según los comptes de la Nation del INSEE publicados el 29 de mayo de 2026 |
| Crecimiento del PIB | +0,8 % en volumen en 2025 según esa misma publicación; la primera estimación, de marzo de 2026, daba +0,9 % |
| Deuda pública | 3.536,1 miles de millones de euros al final del primer trimestre de 2026, equivalentes al 117,5 % del PIB |
| Tasa de paro | 8,1 % en el primer trimestre de 2026 (Francia sin Mayotte); 7,9 % en la Francia metropolitana, cifras provisionales |
| Moneda | Euro (€, EUR), desde 2002 en circulación física |
| Gentilicio | francés, francesa |
| Huso horario | UTC+1 en la metrópoli (UTC+2 en verano); los territorios de ultramar abarcan doce husos horarios |
| Código ISO | FRA / FR / 250 |
| Dominio de internet | .fr |
| Prefijo telefónico | +33; los territorios de ultramar usan +590, +594, +596, +262, +508, +687 y +689 |
| Organización territorial | 18 regiones (13 metropolitanas y 5 de ultramar), 101 departamentos, cinco colectividades de ultramar y Nueva Caledonia con estatuto propio |
| IDH | 0,920 (muy alto), correspondiente a 2023 |
1. Resumen[editar]
Francia, oficialmente la República Francesa, es un país de Europa occidental cuya parte continental —la llamada Francia metropolitana— ocupa 551.695 km² entre el canal de la Mancha, el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, y cuyos territorios de ultramar la extienden hasta el Caribe, la Amazonía, el océano Índico y el Pacífico sur, hasta sumar 675.417 km². Es el Estado más extenso de la Unión Europea, y sus fronteras terrestres se reparten entre tres continentes: ocho países europeos,
Brasil y Surinam en América del Sur, y el Reino de los Países Bajos en la isla caribeña de San Martín.
Al 1 de enero de 2026 vivían en Francia unos 69,1 millones de personas según la estimación provisional del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE): 66,8 millones en la metrópoli y 2,3 millones en los departamentos de ultramar. Ese año marcó un umbral demográfico que el país no había cruzado en ochenta años: en 2025 hubo 645.000 nacimientos frente a 651.000 defunciones, de modo que el crecimiento de la población —un modesto 0,25 %— se sostuvo por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial exclusivamente sobre el saldo migratorio.
Francia es una de las cinco potencias con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una potencia nuclear, miembro fundador de las Comunidades Europeas y el único Estado de la Unión Europea que conserva ambas condiciones tras la salida del Reino Unido. Su economía, de 2.991,1 miles de millones de euros en 2025, es una de las mayores del mundo y descansa sobre una combinación poco frecuente: una industria aeronáutica, farmacéutica y de defensa de primer orden, la agricultura más productiva de Europa, el mayor parque nuclear del continente y un sector del lujo que no tiene equivalente en ningún otro país.
Ese poder convive con una fragilidad que domina la conversación pública francesa desde 2024: las cuentas del Estado. El déficit público cerró 2025 en el 5,1 % del PIB y la deuda alcanzó el 117,5 % del PIB —3.536,1 miles de millones de euros— al final del primer trimestre de 2026. La disolución de la Asamblea Nacional decidida por Emmanuel Macron en junio de 2024 dejó una cámara sin mayoría posible, y desde entonces el país ha cambiado de primer ministro cuatro veces sin que ninguna coalición estable haya aparecido.
Culturalmente, Francia ocupa en el mundo hispanohablante un lugar que ningún otro país europeo salvo
España puede reclamar. La Revolución francesa proporcionó el vocabulario político con el que se escribieron las independencias americanas; París fue durante siglo y medio la capital simbólica de las élites latinoamericanas y el lugar donde escribieron Rubén Darío, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa; y el país recibió en 2025 a 102 millones de visitantes internacionales, más que ningún otro del planeta.
2. Nombre y símbolos[editar]
2.1 El nombre[editar]
El nombre Francia procede del latín Francia, «tierra de los francos», el pueblo germánico que se instaló en la Galia romana a partir del siglo III y que dio nombre al reino que Clodoveo I unificó a finales del siglo V. La raíz germánica frank se ha relacionado tradicionalmente tanto con el nombre de un arma arrojadiza, la francisca, como con el adjetivo «libre», sentido que sobrevive en el español franco —«sincero», «exento de cargas»— y en expresiones como «puerto franco» o «hablar con franqueza».[1]
El nombre culto Galia (Gallia) siguió empleándose en textos eruditos durante toda la Edad Media, y de él procede el adjetivo galo, que la prensa deportiva hispanohablante sigue usando como sinónimo de francés. La expresión el Hexágono (l'Hexagone) designa coloquialmente a la Francia continental por la forma aproximadamente hexagonal de su contorno, y es de uso corriente en el propio país para distinguir la metrópoli de los territorios de ultramar.
2.2 Bandera, himno y emblemas[editar]
La bandera tricolor —tres franjas verticales azul, blanca y roja— nació en julio de 1789 de la combinación de los colores de París (azul y rojo) con el blanco de la monarquía, y quedó fijada como enseña nacional durante la Revolución. Su disposición vertical y el orden de los colores la distinguen de la neerlandesa y de la rusa.
«La Marsellesa» fue compuesta en Estrasburgo en 1792 por Claude Joseph Rouget de Lisle como Chant de guerre pour l'armée du Rhin, y debe su nombre popular a los voluntarios marselleses que la cantaron al entrar en París ese mismo año. Es uno de los himnos más beligerantes del mundo, y su letra ha sido objeto de debate recurrente en Francia por esa razón.
La Marianne, figura femenina tocada con el gorro frigio, es la personificación alegórica de la República: preside los ayuntamientos, aparece en los sellos y en las monedas de euro acuñadas en Francia. El gallo galo funciona como emblema oficioso —lo llevan las camisetas de la
selección francesa de fútbol— a partir de un juego de palabras latino, ya que gallus significa a la vez «galo» y «gallo». El lema «Liberté, égalité, fraternité», formulado durante la Revolución y consagrado por la Constitución de 1958, está inscrito en la fachada de todos los edificios públicos del país.
3. Historia[editar]
3.1 La Galia y Roma[editar]
El territorio de la Francia actual estuvo habitado desde el Paleolítico, como atestiguan las pinturas de las cuevas de Lascaux y Chauvet, entre las más antiguas del arte parietal europeo. A partir del siglo VII a. C. lo ocuparon pueblos celtas que los romanos llamaron galos, organizados en decenas de tribus sin unidad política.
La conquista romana la llevó a cabo Julio César entre el 58 y el 51 a. C. en la campaña que él mismo narró en De bello Gallico, y culminó con la derrota del caudillo arverno Vercingétorix en el asedio de Alesia (52 a. C.). Los cinco siglos siguientes de dominio romano dejaron una herencia decisiva: la lengua latina, de la que derivaría el francés; una red de ciudades —Lugdunum (Lyon), Lutecia (París), Narbo (Narbona), Massilia (Marsella)— y de calzadas que todavía condiciona el mapa urbano; el derecho; y, desde el siglo IV, el cristianismo.
3.2 Francos, merovingios y carolingios (siglos V-X)[editar]
La descomposición del Imperio romano de Occidente entregó la Galia a los pueblos germánicos. Clodoveo I, rey de los francos salios, derrotó al último gobernador romano en Soissons (486), venció a los alamanes y se convirtió al cristianismo niceno —y no al arrianismo, como los demás reyes germánicos—, lo que le granjeó el apoyo del episcopado galorromano. Su bautismo en Reims fundó una alianza entre la monarquía franca y la Iglesia que duraría trece siglos y que explica que los reyes de Francia se coronaran en esa ciudad hasta 1825.
La dinastía merovingia se agotó en el siglo VIII y fue sustituida por los carolingios. Carlos Martel detuvo en Poitiers (732) la expansión musulmana desde la península ibérica; su nieto Carlomagno fue coronado emperador en Roma la Navidad del año 800, reunificando por última vez buena parte de la Europa occidental. El Tratado de Verdún (843) repartió ese imperio entre sus nietos: la Francia occidentalis que correspondió a Carlos el Calvo es el antepasado directo del reino de Francia.
3.3 Los Capetos y la Edad Media (987-1453)[editar]
En 987 Hugo Capeto fue elegido rey, e inauguró una dinastía que —contando sus ramas Valois y Borbón— reinaría hasta 1848. Los primeros Capetos gobernaban apenas un dominio en torno a París; la construcción del Estado francés consistió en absorber durante tres siglos los grandes feudos: Normandía, Aquitania, Champaña, Borgoña, Bretaña.
Ese proceso chocó con la monarquía inglesa, que por la vía matrimonial poseía extensos territorios continentales, y desembocó en la Guerra de los Cien Años (1337-1453), una serie de conflictos intermitentes que asoló el país. Tras las derrotas de Crécy, Poitiers y Azincourt, y con el reino partido entre dos obediencias, la intervención de Juana de Arco —que levantó el sitio de Orleans en 1429 y llevó a Carlos VII a coronarse en Reims, antes de ser quemada en Ruan en 1431— marcó el giro de la guerra. En 1453 los ingleses habían perdido todas sus posesiones continentales salvo Calais.
3.4 Del Renacimiento al absolutismo (1453-1789)[editar]
Los siglos XVI y XVII trajeron a la vez el esplendor cultural del Renacimiento —Francisco I atrajo a Leonardo da Vinci a Amboise y levantó los castillos del Loira— y una guerra civil religiosa devastadora. Las guerras de religión entre católicos y hugonotes culminaron en la matanza de San Bartolomé (1572) y terminaron cuando el protestante Enrique de Navarra se convirtió al catolicismo para acceder al trono como Enrique IV y promulgó el Edicto de Nantes (1598), que garantizaba la tolerancia religiosa.
El siglo XVII fue el de la construcción del absolutismo. Los cardenales Richelieu y Mazarino sometieron a la alta nobleza y a las plazas protestantes, y Luis XIV —rey entre 1643 y 1715, el reinado más largo de la historia europea— llevó el modelo a su forma acabada: la corte trasladada a Versalles, la nobleza domesticada por el ceremonial, la revocación del Edicto de Nantes en 1685, un ejército permanente y una serie casi continua de guerras que hicieron de Francia la primera potencia del continente y arruinaron su hacienda. El francés sustituyó al latín como lengua de la diplomacia europea, posición que conservó hasta bien entrado el siglo XX.
El siglo XVIII fue el de la Ilustración: Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Diderot y la Encyclopédie difundieron desde Francia una crítica de la monarquía absoluta, del privilegio estamental y de la intolerancia religiosa que se leyó en toda Europa y en toda América. La monarquía, entretanto, perdió su imperio norteamericano en la Guerra de los Siete Años (1763) y se endeudó hasta la asfixia financiando la independencia de las trece colonias inglesas.
3.5 La Revolución y el Imperio (1789-1815)[editar]
La convocatoria de los Estados Generales en mayo de 1789, forzada por la quiebra del Estado, desencadenó la Revolución francesa. El Tercer Estado se proclamó Asamblea Nacional; el 14 de julio de 1789 una multitud tomó la Bastilla; en agosto se abolieron los derechos feudales y se aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el texto que introdujo en el vocabulario político universal la igualdad ante la ley, la soberanía nacional y la libertad de opinión.
La República se proclamó en septiembre de 1792 y Luis XVI fue guillotinado en enero de 1793. La guerra exterior, la insurrección de la Vandea y la lucha entre facciones produjeron el Terror, con Robespierre al frente del Comité de Salvación Pública, hasta su caída en julio de 1794. Tras el Directorio, un general triunfante en Italia y Egipto dio un golpe de Estado en 1799: Napoleón Bonaparte se hizo cónsul y en 1804 emperador.
El período napoleónico dejó dos legados de duración muy desigual. El militar se deshizo en Rusia (1812), Leipzig (1813) y Waterloo (1815). El civil fue permanente: el Código Civil de 1804 —el Código Napoleón— reorganizó el derecho privado sobre la propiedad, el contrato y la familia, y fue adoptado, adaptado o imitado por buena parte de Europa continental y por casi todas las repúblicas hispanoamericanas, cuyos códigos civiles del siglo XIX descienden de él directa o indirectamente. A ello se suman el sistema métrico decimal, la organización departamental, el Banco de Francia, los liceos y el Consejo de Estado.
Para el mundo hispánico, la consecuencia decisiva fue la invasión de España de 1808: la abdicación de Bayona y la imposición de José Bonaparte desencadenaron a la vez la Guerra de la Independencia española y la crisis de legitimidad que abrió los procesos emancipadores americanos.
3.6 El largo siglo XIX (1815-1914)[editar]
La Restauración borbónica duró hasta la revolución de 1830, que entronizó a Luis Felipe de Orleans; una nueva revolución en 1848 —imitada de inmediato en media Europa— proclamó la Segunda República e implantó el sufragio universal masculino. Su presidente, Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador, dio un golpe en 1851 y fundó el Segundo Imperio (1852-1870), período de industrialización acelerada, de expansión ferroviaria y de la reconstrucción de París por el barón Haussmann, que dio a la capital los bulevares y la fachada de piedra que hoy la definen.
El Segundo Imperio también protagonizó la intervención francesa en
México (1861-1867), que instaló a Maximiliano de Habsburgo como emperador y terminó con su fusilamiento en Querétaro. De aquella guerra procede la victoria mexicana del 5 de mayo de 1862 en Puebla, la fecha que la diáspora mexicana en
Estados Unidos convirtió en su celebración más visible.
La derrota ante Prusia en Sedán (1870) hundió el Imperio, costó Alsacia y Lorena y dio paso a la Tercera República, precedida por el episodio revolucionario de la Comuna de París (1871), aplastado con miles de muertos. La Tercera República, la más longeva desde 1789, escolarizó al país con las leyes de Jules Ferry, construyó el segundo imperio colonial del mundo —África occidental y ecuatorial, Indochina, Madagascar, el Magreb— y se dividió durante una década por el caso Dreyfus, el proceso amañado contra un oficial judío que enfrentó a la Francia clerical y militar con la republicana y laica, y del que salió el intelectual moderno como figura pública, inaugurada por el «J'accuse…!» de Émile Zola. En 1905, la ley de separación de las Iglesias y el Estado consagró la laïcité, seguramente el rasgo institucional francés que más desconcierta al observador hispanoamericano.
3.7 Las guerras mundiales (1914-1945)[editar]
La Primera Guerra Mundial se libró en buena parte en suelo francés y fue la mayor catástrofe demográfica de su historia moderna: cerca de 1,4 millones de muertos y regiones enteras del norte y del este arrasadas. Verdún (1916), diez meses de batalla por unos pocos kilómetros, se convirtió en el símbolo nacional del sacrificio. La victoria devolvió Alsacia y Lorena, pero dejó una sociedad exhausta y una obsesión defensiva que se materializó en la línea Maginot.
En mayo-junio de 1940 la ofensiva alemana atravesó las Ardenas, desbordó esa línea y derrotó al ejército francés en seis semanas. El armisticio partió el país: la zona ocupada y el régimen de Vichy del mariscal Pétain, que colaboró con la Alemania nazi y participó activamente en la deportación de judíos —más de 70.000 personas fueron deportadas desde Francia a los campos de exterminio en el marco del Holocausto—. Desde Londres, el general Charles de Gaulle lanzó el llamamiento del 18 de junio de 1940 y organizó la Francia Libre, mientras en el interior crecía la Resistencia. El desembarco aliado de Normandía (6 de junio de 1944) y el de Provenza liberaron el territorio ese verano; París fue liberada el 25 de agosto de 1944.
3.8 De la descolonización a la Quinta República (1946-1969)[editar]
La Cuarta República (1946-1958) reconstruyó el país y lanzó la integración europea —la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (1951) y el Tratado de Roma (1957) fueron iniciativas en las que Francia fue parte fundadora—, pero se desangró en las guerras coloniales. Indochina terminó con la derrota de Dien Bien Phu (1954). La guerra de Argelia, iniciada ese mismo año, no era para París una guerra colonial sino un conflicto interior, porque Argelia estaba organizada en departamentos franceses: fue una guerra atroz, con tortura sistemática y atentados en ambos bandos, y terminó por derribar el régimen.
En 1958, ante el riesgo de golpe militar, De Gaulle volvió al poder e hizo aprobar por referéndum una nueva Constitución que fundó la Quinta República, con un presidente fuerte, elegido desde 1962 por sufragio universal directo. De Gaulle concedió la independencia a Argelia en los Acuerdos de Evián (1962), dotó a Francia de armamento nuclear propio, retiró al país del mando militar integrado de la OTAN (1966) y vetó dos veces la entrada británica en el Mercado Común. Mayo del 68, la mayor revuelta estudiantil y obrera de la Europa de posguerra, anunció el final de su ciclo: dimitió en 1969 tras perder un referéndum.
3.9 De Pompidou a Macron (1969-2024)[editar]
Los treinta años posteriores alternaron derecha e izquierda con notable continuidad institucional. François Mitterrand, primer presidente socialista de la Quinta República (1981-1995), nacionalizó y luego liberalizó, abolió la pena de muerte en 1981, impulsó los grandes proyectos arquitectónicos de París y fue, junto al canciller alemán Helmut Kohl, el motor del Tratado de Maastricht. Jacques Chirac (1995-2007) profesionalizó el ejército, reconoció oficialmente en 1995 la responsabilidad del Estado francés en la deportación de judíos y se opuso en 2003 a la invasión de Irak. Nicolas Sarkozy (2007-2012) reintegró a Francia en el mando de la OTAN y afrontó la crisis financiera de 2008; François Hollande (2012-2017) legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo (2013) y gobernó bajo los atentados yihadistas de 2015 y 2016 —Charlie Hebdo, la sala Bataclan, Niza—, los más letales de la historia reciente del país.
Emmanuel Macron, que fundó un movimiento propio fuera de los dos grandes partidos, ganó la presidencia en 2017 y fue reelegido en 2022 con el 58,54 % de los votos en la segunda vuelta frente a Marine Le Pen. Su primer mandato estuvo marcado por la revuelta de los chalecos amarillos (2018-2019), el incendio de Notre-Dame de París el 15 de abril de 2019 y la pandemia de covid-19; el segundo, por la reforma de las pensiones promulgada el 14 de abril de 2023 —que elevó la edad legal de jubilación de los 62 a los 64 años y se adoptó sin votación de la Asamblea, mediante el artículo 49.3 de la Constitución, invocado el 16 de marzo de 2023—, por los Juegos Olímpicos de París 2024 y por la reapertura de Notre-Dame el 7 de diciembre de 2024, tras cinco años de reconstrucción.
3.10 La crisis parlamentaria abierta en 2024[editar]
El 9 de junio de 2024, tras la derrota de su lista en las elecciones europeas, Macron disolvió la Asamblea Nacional. Las elecciones legislativas del 30 de junio y el 7 de julio de 2024 produjeron una cámara de 577 escaños partida en tres bloques sin mayoría posible: el Nuevo Frente Popular obtuvo 182 escaños, la coalición presidencial Ensemble 168, la Agrupación Nacional 143 y Los Republicanos 60.
Desde entonces la inestabilidad ha sido continua. Michel Barnier, nombrado primer ministro el 5 de septiembre de 2024, fue derribado por una moción de censura votada el 4 de diciembre de 2024 por 331 diputados —la primera censura aprobada por la Asamblea Nacional desde 1962[sin verificar]— y dejó el cargo el 13 de diciembre. Le sucedió François Bayrou, y el 9 de septiembre de 2025 fue nombrado primer ministro Sébastien Lecornu, nacido el 11 de junio de 1986. Su primer gobierno duró horas: presentó su dimisión el 6 de octubre de 2025, poco después de anunciar su gabinete. Macron volvió a nombrarlo el 10 de octubre de 2025 y el segundo gobierno Lecornu se formó el 12 de octubre, con remodelaciones el 22 y el 26 de febrero de 2026. En agosto de 2026 seguía en funciones.
Las elecciones municipales del 15 y el 22 de marzo de 2026, en las que se renovaron 34.875 consejos municipales, fueron la primera gran cita electoral posterior a la disolución: la participación fue del 57,10 % en la primera vuelta y del 57,03 % en la segunda, por encima de la de 2020. La elección presidencial siguiente está prevista para 2027, y Macron no puede presentarse a un tercer mandato consecutivo.
4. Geografía[editar]
4.1 Situación, relieve y fronteras[editar]
La Francia metropolitana ocupa el extremo occidental del continente europeo, con 4.642 km de costas —3.427 km en la metrópoli— repartidas entre tres masas de agua: el mar del Norte y el canal de la Mancha al norte, el océano Atlántico al oeste y el mar Mediterráneo al sur. Es el único país de Europa occidental que tiene fachada atlántica y mediterránea a la vez, hecho que ha condicionado su historia comercial y militar desde la Antigüedad.
Limita con ocho Estados europeos: España (623 km), Suiza (573 km), Bélgica (620 km), Italia (488 km), Alemania (451 km), Luxemburgo (73 km), Andorra (56,6 km) y Mónaco (4,4 km). A ellos hay que añadir dos fronteras extraeuropeas: la Guayana Francesa limita con Brasil y con Surinam, y en el Caribe la isla de San Martín está partida entre Francia y el Reino de los Países Bajos.[2]
El relieve combina llanuras extensas al norte y al oeste con macizos antiguos y cordilleras jóvenes al este y al sur. La cuenca de París, el valle del Loira y la llanura aquitana forman el corazón agrícola del país. Los macizos antiguos —el Macizo Central, los Vosgos, las Ardenas y el macizo Armoricano de Bretaña— son relieves erosionados de altitud media. Las cordilleras alpina y pirenaica cierran las fronteras oriental y meridional: en los Alpes se alza el Mont Blanc, con 4.810 metros el punto más alto de la Europa occidental, y los Pirineos forman con España una barrera de casi 500 km que sólo se atraviesa cómodamente por sus dos extremos.
4.2 Ríos[editar]
Cuatro grandes cuencas fluviales organizan el territorio. El Loira, con 1.013 km, es el río más largo del país y el que conserva un régimen más natural; su valle, sembrado de castillos renacentistas, es Patrimonio Mundial. El Sena atraviesa París y desemboca en el canal de la Mancha; su cuenca concentra la mayor densidad de población y de actividad económica de Francia. El Ródano, que nace en Suiza y desemboca en el Mediterráneo formando la Camarga, es el más caudaloso y el eje energético del país, con una cadena de centrales hidroeléctricas y nucleares a lo largo de su curso. El Garona drena el suroeste hacia el estuario de la Gironda, en Burdeos. El Rin, aunque sólo bordea el territorio, marca la frontera alsaciana y es la principal vía fluvial de Europa.
4.3 Clima[editar]
Francia se sitúa en el punto de encuentro de tres dominios climáticos, lo que le da una diversidad rara para su latitud. El oceánico domina el oeste: temperaturas suaves, escasa amplitud térmica y lluvias repartidas todo el año, en Bretaña y Normandía. El continental afecta al este y al centro-este, con inviernos fríos y veranos tormentosos, en Alsacia, Lorena y Borgoña. El mediterráneo rige el sur, de Perpiñán a Niza, con veranos secos y calurosos, lluvias concentradas en otoño y el viento del mistral descendiendo por el valle del Ródano. A ellos se superpone un clima de montaña en Alpes, Pirineos y Macizo Central. Los territorios de ultramar añaden climas tropicales, ecuatoriales y subantárticos.
4.4 La Francia de ultramar[editar]
Los territorios de ultramar —la France d'outre-mer— son el resto del segundo imperio colonial del mundo y explican que Francia tenga presencia permanente en todos los océanos y una de las mayores zonas económicas exclusivas del planeta.[sin verificar] Comprenden cinco departamentos y regiones de ultramar (Guadalupe, Martinica y la Guayana Francesa en América, La Reunión y Mayotte en el Índico), cinco colectividades (San Pedro y Miquelón, San Bartolomé, San Martín, Wallis y Futuna y la Polinesia Francesa), Nueva Caledonia con un estatuto propio, y las Tierras Australes y Antárticas Francesas.
Su relevancia práctica es alta. La Guayana Francesa alberga el Centro Espacial de Kurú, desde el que se lanzan los cohetes europeos, elegido por su proximidad al ecuador. Guadalupe y Martinica son departamentos plenamente franceses y europeos situados en pleno Caribe hispanohablante, a poca distancia de Puerto Rico, la República Dominicana y Venezuela, lo que los convierte en la frontera marítima más próxima entre la Unión Europea y América Latina.
5. Organización territorial[editar]
La organización territorial francesa es de una centralización histórica que sólo se ha atenuado desde los años ochenta. Consta de tres escalones principales:
- 18 regiones, de las cuales 13 en la metrópoli y 5 de ultramar (Guadalupe, Martinica, Guayana Francesa, La Reunión y Mayotte). El mapa metropolitano actual es reciente: una reforma aprobada en 2015 redujo las 22 regiones anteriores a 13 mediante fusiones, creando entidades como Auvernia-Ródano-Alpes u Occitania. Córcega tiene un estatuto particular.
- 101 departamentos, creados por la Revolución en 1790 para sustituir a las provincias del Antiguo Régimen por unidades de tamaño uniforme, y numerados alfabéticamente —numeración que sigue apareciendo en las matrículas y en los códigos postales.
- Las comunas, el escalón básico, cuyo número es característico de Francia: bajó de 36.000 en 2016 y de 35.000 en 2019, cifras muy superiores a las de cualquier otro país europeo comparable. En las municipales de 2026 se renovaron 34.875 consejos municipales. La mayoría son pueblos de pocos centenares de habitantes con su alcalde y su consejo.
Las principales áreas urbanas son París —capital política, económica y cultural, cuyo peso sobre el resto del país no tiene equivalente en Europa occidental—, seguida de Lyon, Marsella, Toulouse, Lille, Burdeos, Niza y Nantes. La expresión «Paris et le désert français», título de un ensayo de 1947, sigue siendo el modo habitual de referirse a ese desequilibrio.
6. Política y gobierno[editar]
6.1 Las instituciones de la Quinta República[editar]
La Constitución de 1958 diseñó un régimen semipresidencialista en el que el poder ejecutivo se reparte entre un presidente de la República elegido por sufragio universal directo a dos vueltas para un mandato de cinco años —reducido de siete en 2000— y un primer ministro que dirige la acción del Gobierno y responde ante la Asamblea Nacional.
El presidente nombra al primer ministro, preside el Consejo de Ministros, es jefe de las Fuerzas Armadas, dispone del código nuclear, puede convocar referendos y disolver la Asamblea Nacional. Esta última facultad, ejercida por Macron en junio de 2024, es la que ha determinado la política francesa de los últimos dos años.
El Parlamento es bicameral: la Asamblea Nacional, con 577 diputados elegidos por sufragio directo en distritos uninominales a dos vueltas, y el Senado, elegido de forma indirecta por un colegio de cargos electos locales. Sólo la Asamblea puede derribar al Gobierno mediante una moción de censura, y sólo ella tiene la última palabra legislativa en caso de desacuerdo. El Consejo Constitucional controla la conformidad de las leyes con la Constitución, y el Consejo de Estado es a la vez el máximo tribunal administrativo y el consejero jurídico del Gobierno.
Cuando presidente y mayoría parlamentaria proceden de campos opuestos se produce la cohabitación, situación que la República ha vivido tres veces (1986-1988, 1993-1995 y 1997-2002). Lo que ocurre desde 2024 no es una cohabitación sino algo sin precedente en la Quinta República: una Asamblea sin ninguna mayoría posible, en la que ningún bloque alcanza los 289 escaños y ninguna coalición entre bloques resulta políticamente viable.
6.2 La laicidad[editar]
La laïcité es el principio constitucional que separa estrictamente al Estado de toda confesión religiosa. Establecida por la ley de 1905, implica que el Estado no financia ningún culto, que los funcionarios están sujetos a un deber de neutralidad y que el espacio escolar público está protegido de manifestaciones religiosas ostensibles —una ley de 2004 prohibió en la escuela pública los símbolos religiosos visibles—. Es un concepto que se traduce mal: no equivale a la separación Iglesia-Estado tal como se entiende en América Latina o en Estados Unidos, porque implica una neutralidad activa del espacio público y no sólo la ausencia de religión oficial, y es fuente de un debate permanente en el propio país.
6.3 Defensa y política exterior[editar]
Francia es potencia nuclear desde 1960 y mantiene una fuerza de disuasión propia, la force de dissuasion, basada en submarinos lanzamisiles y en un componente aéreo. Es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho de veto, miembro de la OTAN —de cuyo mando integrado se retiró en 1966 y al que volvió en 2009—, del G7 y del G20, y uno de los dos motores históricos de la Unión Europea junto a Alemania. Tras la salida del Reino Unido de la Unión en 2020, es el único Estado miembro que es a la vez potencia nuclear y miembro permanente del Consejo de Seguridad.
Su ejército es uno de los más proyectables de Europa, con despliegues sostenidos en el Sahel durante la década de 2010 y una red de bases en África, el Índico y el Pacífico. La Organización Internacional de la Francofonía, que agrupa a decenas de Estados con vínculo lingüístico francés, es un instrumento de influencia sin equivalente exacto salvo la Commonwealth y, en el ámbito hispánico, la comunidad iberoamericana.
7. Economía[editar]
7.1 Panorama macroeconómico[editar]
El producto interior bruto francés alcanzó 2.991,1 miles de millones de euros en 2025, según los comptes de la Nation del INSEE publicados el 29 de mayo de 2026. El crecimiento en volumen fue de +0,8 % ese año según esa publicación —la primera estimación, difundida en marzo de 2026, lo situaba en +0,9 %—, frente al +1,5 % de 2024: una desaceleración marcada.[3]
La tasa de paro se situó en el 8,1 % en el primer trimestre de 2026 para el conjunto de Francia sin Mayotte, y en el 7,9 % en la Francia metropolitana, según datos provisionales del INSEE publicados en junio de 2026. La tasa de ahorro de los hogares fue del 17,9 % en 2025, una de las más altas de la Unión Europea, rasgo estructural de la economía francesa que explica a la vez su resistencia en las crisis y la debilidad relativa de su consumo interno.
7.2 Las cuentas públicas[editar]
Las finanzas del Estado son el problema económico central del país. En 2025 el déficit público fue de 152,5 miles de millones de euros, equivalentes al 5,1 % del PIB, tras el 5,8 % de 2024 y el 5,4 % de 2023. La deuda pública cerró 2025 en el 115,6 % del PIB y siguió subiendo: al final del primer trimestre de 2026 alcanzaba 3.536,1 miles de millones de euros, el 117,5 % del PIB, frente al 115,7 % del trimestre anterior.
Dos cifras adicionales explican por qué el ajuste es tan difícil políticamente: el gasto público equivale al 57,2 % del PIB y la presión fiscal al 43,6 %, ambas entre las más altas de los países desarrollados. Francia tiene, en otras palabras, un Estado del bienestar de cobertura muy amplia —sanidad, pensiones, guarderías, prestaciones familiares— financiado con una fiscalidad ya elevada, de modo que reducir el déficit exige recortar prestaciones o subir impuestos que ya son de los más altos del mundo. Los sucesivos presupuestos desde 2024 no han logrado mayoría estable en la Asamblea, y esa es la razón última de la rotación de primeros ministros.
7.3 Sectores productivos[editar]
Industria. Francia conserva sectores industriales de gama alta que pocos países igualan: la aeronáutica y el espacio, con Airbus y el centro de Toulouse; el armamento; la industria farmacéutica; la automoción, con Renault y Stellantis; los materiales de construcción; y una industria agroalimentaria potente. El sector nuclear, con la construcción y el mantenimiento de reactores, es una especialidad exportadora.
Agricultura. Es el mayor productor agrícola de la Unión Europea. El vino —Burdeos, Borgoña, Champaña, el Ródano, el Loira— y el queso son a la vez producción de masa y marca-país; a ellos se suman los cereales, la remolacha, el azúcar, los lácteos y la ganadería. La agricultura pesa poco en el PIB y mucho en la política: las movilizaciones de agricultores son un factor recurrente y con capacidad de bloqueo real.
Lujo. Ningún otro país tiene un sector comparable. LVMH, Hermès, Chanel, Kering y L'Oréal han convertido la moda, la marroquinería, la perfumería y la cosmética en una industria de exportación de márgenes altísimos, cuyo crecimiento ha dependido en las últimas dos décadas del consumo asiático y, cada vez más, del latinoamericano.
Servicios y finanzas. París es una de las principales plazas financieras europeas, y ganó peso tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea. BNP Paribas es uno de los mayores bancos del continente.
7.4 Energía[editar]
Francia es el país del mundo con mayor proporción de electricidad de origen nuclear. La apuesta se tomó como decisión de Estado tras la crisis del petróleo de 1973 —el llamado plan Messmer— con un razonamiento explícito: un país sin petróleo, sin gas y con poco carbón no podía depender del exterior para su energía. El resultado, medio siglo después, es un parque de reactores que da al país una electricidad relativamente barata, una huella de carbono por kilovatio-hora entre las más bajas de Europa y una capacidad exportadora de electricidad hacia sus vecinos, junto con el problema no resuelto del envejecimiento del parque, del coste de los reactores nuevos y de los residuos de larga vida.[4]
7.5 Turismo[editar]
Francia es el primer destino turístico del mundo por número de llegadas internacionales, posición que ocupa desde hace décadas. En 2025 recibió 102 millones de visitantes internacionales y los ingresos por turismo internacional alcanzaron 77,5 miles de millones de euros, un 9 % más que en 2024 y un récord histórico, según el balance publicado por la Dirección General de Empresas el 19 de febrero de 2026. El gasto medio por turista fue de 760 euros por estancia (+7 %), las pernoctaciones sumaron 743 millones (+2 %) y el saldo turístico de la balanza de pagos fue positivo en 20,1 miles de millones de euros.
El atractivo se reparte entre París y sus museos, la Costa Azul, los castillos del Loira, los Alpes en invierno, los viñedos, el Mont-Saint-Michel, Normandía y sus playas del desembarco, y los territorios de ultramar. La reapertura de Notre-Dame en diciembre de 2024 y los Juegos Olímpicos de París 2024 actuaron como impulsores adicionales.
8. Demografía y sociedad[editar]
8.1 Población[editar]
Al 1 de enero de 2026 vivían en Francia 69.082.000 personas según la estimación provisional del INSEE —35.531.000 mujeres y 33.551.000 hombres—, repartidas entre 66,8 millones en la metrópoli y 2,3 millones en los departamentos de ultramar.
El Bilan démographique 2025, publicado por el INSEE el 13 de enero de 2026, documenta un punto de inflexión. En 2025 nacieron 645.000 niños y murieron 651.000 personas: el saldo natural fue de −6.000, de modo que, por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento de la población —un 0,25 % anual— se debió exclusivamente al saldo migratorio, estimado provisionalmente en +176.000 personas.
El indicador de fecundidad cayó a 1,56 hijos por mujer, muy por debajo del umbral de reemplazo generacional. La caída tiene un significado particular en Francia, que durante décadas fue la excepción demográfica de Europa occidental: mantenía una fecundidad cercana a 2 hijos por mujer cuando Alemania, Italia y España estaban muy por debajo, y ese diferencial se atribuía a una política familiar generosa —guarderías, prestaciones, fiscalidad por cociente familiar—. Que Francia converja hacia la media europea es, por eso, un acontecimiento que va más allá de la estadística.
La esperanza de vida al nacer alcanzó los 85,9 años para las mujeres y los 80,3 años para los hombres, y el 22,2 % de la población tiene 65 años o más.
8.2 Inmigración y composición[editar]
Francia es un país de inmigración antigua y continuada: polacos, italianos, españoles y portugueses en la primera mitad del siglo XX; magrebíes, africanos subsaharianos y asiáticos desde la descolonización. El exilio republicano español de 1939 —la Retirada, con centenares de miles de personas cruzando los Pirineos en pocas semanas— dejó una comunidad hispanófona numerosa cuyos descendientes están plenamente integrados, y lo mismo ocurrió con la emigración económica española y portuguesa de los años sesenta.
El modelo de integración francés es asimilacionista y republicano: el Estado no reconoce comunidades intermedias entre el ciudadano y la nación y, en consecuencia, no elabora estadísticas étnicas ni religiosas, prohibidas por ley. Esa decisión, coherente con la concepción francesa de la ciudadanía, tiene una consecuencia práctica que conviene tener presente al leer cualquier cifra sobre el tema: las estimaciones sobre composición étnica o religiosa que circulan en la prensa internacional no proceden de censos oficiales, porque tales censos no existen.
8.3 Religión[editar]
La tradición católica es la mayoritaria y ha modelado el calendario, el paisaje —cada pueblo tiene su iglesia— y el patrimonio, pero la práctica religiosa ha caído de forma pronunciada desde los años sesenta. Francia alberga también la mayor comunidad musulmana y la mayor comunidad judía de la Unión Europea, así como minorías protestantes históricas, sobre todo en el sur y en Alsacia. Por el motivo explicado más arriba, no existen cifras oficiales de adscripción religiosa.
9. La lengua francesa y la francofonía[editar]
El francés es la lengua oficial y única de la República —así lo establece la Constitución desde 1992—, aunque el territorio alberga decenas de lenguas regionales: bretón, occitano, catalán, corso, alsaciano, vasco, criollos de ultramar, lenguas amerindias en Guayana y polinesias en el Pacífico. Su reconocimiento oficial ha sido siempre limitado, en coherencia con la tradición jacobina de unidad lingüística.
Fuera de Francia, el francés es lengua oficial o cooficial en una treintena de Estados —Bélgica, Suiza, Canadá y el Quebec, Haití, buena parte de África occidental y central, el Magreb en la práctica— y es una de las seis lenguas oficiales de las Naciones Unidas, lengua de trabajo de la Unión Europea y lengua oficial del Comité Olímpico Internacional. Su peso relativo en el mundo ha disminuido frente al inglés a lo largo del siglo XX, pero el crecimiento demográfico africano lo mantiene como una de las lenguas con mayor proyección de hablantes a largo plazo.
La Academia Francesa, fundada en 1635 por Richelieu, es el modelo institucional del que derivan la Real Academia Española y las academias americanas, aunque con una diferencia práctica notable: la francesa carece de la autoridad normativa efectiva que la RAE ejerce sobre la ortografía en el mundo hispanohablante.
10. Cultura[editar]
10.1 Literatura y pensamiento[editar]
Pocas tradiciones literarias han pesado tanto sobre la española y la hispanoamericana. El teatro clásico de Corneille, Racine y Molière fijó los modelos del siglo XVII; la Ilustración dio a Montesquieu, Voltaire, Rousseau y Diderot; el romanticismo a Victor Hugo, cuyos Los miserables y Nuestra Señora de París son de las novelas europeas más leídas en español; el realismo y el naturalismo a Balzac, Stendhal, Flaubert y Zola. La Madame Bovary de Flaubert y el proceso judicial que siguió a su publicación son un episodio fundacional de la relación moderna entre literatura y moral pública.
La poesía francesa del XIX —Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Mallarmé— fue el material con el que Rubén Darío construyó el modernismo hispanoamericano, el primer movimiento literario que viajó de América a España en lugar de al revés: sin el parnasianismo y el simbolismo franceses, la renovación métrica y léxica del español de finales del siglo XIX es incomprensible.
En el siglo XX, Marcel Proust reescribió las posibilidades de la novela con En busca del tiempo perdido; el existencialismo de Jean-Paul Sartre y Albert Camus —premio Nobel en 1957— dominó el debate intelectual de posguerra; Simone de Beauvoir publicó en 1949 El segundo sexo, texto fundacional del feminismo contemporáneo; y el estructuralismo y el posestructuralismo de Lévi-Strauss, Barthes, Foucault, Derrida y Bourdieu se convirtieron en la principal exportación intelectual francesa de la segunda mitad del siglo, con una presencia en las universidades latinoamericanas que todavía se nota.
El Premio Goncourt es el galardón literario más influyente del país. Francia es, además, uno de los países con más
premios Nobel de Literatura.
10.2 Arte, museos y arquitectura[editar]
El Museo del Louvre, antiguo palacio real convertido en museo por la Revolución en 1793, es el museo más visitado del mundo. A él se suman el Museo de Orsay, especializado en el siglo XIX y en el impresionismo; el Centro Pompidou, para el arte contemporáneo; y el Palacio de Versalles, la obra maestra del absolutismo.
Francia fue la cuna del gótico —Saint-Denis, Chartres, Reims, Amiens, Notre-Dame de París—, estilo que se difundió desde la Isla de Francia al resto de Europa. En pintura, el impresionismo de Monet, Renoir, Degas y Pissarro rompió con la pintura académica en la década de 1870 y abrió el camino a todo el arte moderno; París fue después, hasta 1940, la capital indiscutida de la vanguardia mundial, el lugar donde trabajaron Pablo Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró y una larga lista de artistas hispanoamericanos —Wifredo Lam, Roberto Matta, Rufino Tamayo, Joaquín Torres García— que allí encontraron su lenguaje.
10.3 Cine[editar]
El cine nació en Francia: los hermanos Lumière proyectaron públicamente en París en 1895, y Georges Méliès inventó la ficción cinematográfica y los efectos especiales. Francia es hoy el país europeo con la industria cinematográfica más sólida, resultado de un sistema deliberado de protección —cuotas de pantalla, financiación mediante una tasa sobre la taquilla, el concepto de excepción cultural que el país impuso en las negociaciones comerciales internacionales— que ningún otro Estado europeo ha sostenido con la misma continuidad.
La Nouvelle Vague de finales de los cincuenta —Godard, Truffaut, Chabrol, Rohmer, Rivette— cambió la gramática del cine mundial con rodajes en la calle, montaje discontinuo y presupuestos mínimos, y su influencia sobre el Nuevo Cine Latinoamericano de los años sesenta fue directa. El Festival de Cannes, celebrado desde 1946, es el certamen cinematográfico de mayor prestigio del mundo, y su Palma de Oro ha recaído varias veces en directores hispanohablantes.
10.4 Gastronomía y vino[editar]
La comida gastronómica de los franceses fue inscrita en 2010 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco: no un plato concreto, sino la práctica social del banquete y su ritual. La cocina francesa sistematizó en el siglo XIX y XX, con Escoffier, la organización profesional de la cocina —la brigada, las salsas madre, la carta— que sigue siendo la base de la formación de cocineros en todo el mundo, incluida América Latina. La Guía Michelin, publicada desde 1900 por un fabricante de neumáticos, impuso el sistema de estrellas que se ha convertido en el criterio internacional de excelencia.
El vino francés es la referencia mundial y el origen de casi todo el vocabulario técnico del sector: terroir, cru, appellation, assemblage. Las denominaciones de Burdeos, Borgoña y Champaña, y las variedades francesas —cabernet sauvignon, merlot, chardonnay, syrah, malbec— son la base de la viticultura de calidad de
Argentina, Chile y Uruguay. El caso del malbec es el más elocuente: variedad originaria del suroeste francés, casi desaparecida allí tras la filoxera, encontró en Mendoza el terreno que la convirtió en el emblema del vino argentino.
10.5 Moda y lujo[editar]
París es una de las capitales mundiales de la moda desde el siglo XIX y la sede de la alta costura, categoría jurídicamente protegida en Francia: sólo pueden usar la denominación las casas que cumplen los criterios de una comisión oficial. Chanel, Dior, Yves Saint Laurent, Givenchy, Hermès y Louis Vuitton son marcas cuya influencia excede con mucho el sector textil, y el calendario de la Semana de la Moda de París organiza el año de una industria global.
11. Ciencia y tecnología[editar]
La tradición científica francesa arranca de Descartes, Pascal y Fermat en el siglo XVII y de la matemática y la química del XVIII —Lavoisier fundó la química moderna y fue guillotinado durante el Terror—. En el XIX, Louis Pasteur estableció la teoría microbiana de la enfermedad y desarrolló la vacunación y la pasteurización, y Marie Curie, nacida en Polonia y formada en París, fue la primera persona en recibir dos premios Nobel en disciplinas distintas.
En el siglo XX y el XXI destacan la investigación en física de partículas, la matemática —Francia es uno de los dos o tres países con más medallas Fields de la historia del galardón—, la virología, con el equipo del Instituto Pasteur que identificó el VIH, y la ingeniería aplicada: los trenes de alta velocidad TGV, la aeronáutica de Airbus, el programa espacial europeo lanzado desde Kurú y el sistema Minitel, precursor doméstico de los servicios en línea que Francia desplegó masivamente una década antes de la popularización de internet.
12. Deporte[editar]
El fútbol es el deporte más popular. La
selección francesa de fútbol ha ganado dos Copas del Mundo —1998, como anfitriona, y 2018— y dos Eurocopas, y ha producido dos de los futbolistas más influyentes de las últimas décadas: Zinedine Zidane, hijo de inmigrantes argelinos y figura de la generación de 1998, y Kylian Mbappé. La Copa Mundial de Fútbol fue, además, una creación francesa: Jules Rimet, presidente de la FIFA, impulsó el primer torneo en 1930 y dio nombre al trofeo original.
El Tour de Francia, disputado desde 1903, es la carrera ciclista más importante del mundo y uno de los acontecimientos deportivos anuales de mayor audiencia global; su recorrido por los Alpes y los Pirineos ha consagrado a ciclistas colombianos, españoles y latinoamericanos ante audiencias enormes en sus países. El Abierto de Francia, disputado desde 1891 y celebrado en el estadio Roland Garros de París, es el torneo de Grand Slam en el que históricamente mejor rinden los tenistas hispanohablantes, por la tierra batida y por la tradición. El rugby, muy arraigado en el suroeste, y el automovilismo —las 24 Horas de Le Mans, y un Gran Premio de Francia que figura entre los más antiguos del calendario de la
Fórmula 1— completan el cuadro.
París ha organizado los
Juegos Olímpicos en tres ocasiones: 1900, 1924 y 2024, lo que la convierte, junto a Londres, en una de las ciudades que más veces los ha acogido.
13. Francia y el mundo hispanohablante[editar]
La relación entre Francia y el mundo hispanohablante es más densa que la de cualquier otro país europeo salvo España, y opera por al menos cuatro vías distintas.
La vía política. El vocabulario con el que se pensaron las independencias americanas es francés. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano circuló clandestinamente por la América española —Antonio Nariño la tradujo e imprimió en Bogotá en 1794 y pagó por ello con la cárcel—, y las ideas de soberanía nacional, división de poderes y ciudadanía llegaron a los criollos ilustrados leyendo a Montesquieu y a Rousseau. La invasión napoleónica de España en 1808 fue, además, el hecho material que abrió el proceso: al desaparecer el rey legítimo, los cabildos americanos se plantearon en quién residía la soberanía, y la respuesta que dieron Simón Bolívar, José de San Martín y sus contemporáneos venía formulada en términos franceses. Los códigos civiles de casi todas las repúblicas hispanoamericanas descienden del Código Napoleón, directamente o a través del Código Civil chileno de Andrés Bello.
La vía militar y conflictiva. Francia también invadió: España en 1808 y de nuevo en 1823 con los Cien Mil Hijos de San Luis; México en 1838 —la llamada Guerra de los Pasteles— y sobre todo entre 1861 y 1867, cuando instaló el Segundo Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo. La derrota francesa en Puebla el 5 de mayo de 1862 es hoy una de las fechas más celebradas por la comunidad mexicana en Estados Unidos. En el Caribe, la independencia de Haití en 1804 —primera república negra del mundo, nacida de una revuelta de esclavos contra Francia— y la indemnización que París le impuso condicionaron la historia económica de la isla durante más de un siglo.
La vía cultural. Durante todo el siglo XIX y buena parte del XX, París fue la capital simbólica de las élites hispanoamericanas: se copiaron sus bulevares en Buenos Aires y en Ciudad de México, se afrancesó la arquitectura, la moda y la cocina de las clases altas, y la palabra misma afrancesamiento nombra ese fenómeno. París fue también, y sobre todo, el lugar donde se escribió una parte decisiva de la literatura hispanoamericana: Rubén Darío fijó allí el modernismo; Alejo Carpentier pasó once años en la ciudad y descubrió el surrealismo antes de formular lo real maravilloso; Julio Cortázar vivió en ella desde 1951 y ambientó en sus calles la mitad de Rayuela; Gabriel García Márquez escribió allí El coronel no tiene quien le escriba en la miseria; Mario Vargas Llosa (1936-2025) pasó en París los años en que escribió La ciudad y los perros y La casa verde, y en 2021 fue elegido miembro de la Academia Francesa para ocupar el sillón número 18: el primer miembro de la institución que no había escrito su obra en lengua francesa.[5]
La vía contemporánea. Hoy la relación es de comunidad y de intercambio ordinario. Existen comunidades españolas, portuguesas e hispanoamericanas asentadas en Francia desde hace generaciones; la Alianza Francesa, presente en prácticamente todas las capitales de América Latina, es una de las mayores redes de enseñanza de idiomas de la región; la red de liceos franceses cubre las principales ciudades del continente, de Ciudad de México a Buenos Aires; y Guadalupe, Martinica y la Guayana Francesa hacen de Francia —y con ella de la Unión Europea— un vecino físico del Caribe y de Sudamérica. En el deporte, la Liga francesa de fútbol es uno de los destinos habituales de los futbolistas sudamericanos, y en la cultura popular, el cine y la canción francesas siguen teniendo en el mundo hispanohablante una audiencia que ninguna otra cinematografía europea conserva.
La deriva semántica es real y documentable: en la Galia merovingia sólo los francos gozaban de plena libertad jurídica frente a la población galorromana sometida a tributo, de modo que el nombre del pueblo acabó designando la condición. Ese es el motivo por el que en español «franquear» significa a la vez «dejar libre el paso» y «pagar el porte» de una carta, es decir, liberarla de cargas ulteriores. ↩︎
La frontera franco-brasileña, marcada en buena parte por el río Oyapoque, mide 730,4 km y es, por tanto, la frontera terrestre más larga de Francia: supera en un centenar de kilómetros a la franco-española. Es también el motivo por el que la Unión Europea tiene frontera terrestre con Brasil. ↩︎
La diferencia entre ambas cifras no es un error sino el funcionamiento normal de la contabilidad nacional: las primeras estimaciones se publican con información incompleta y se revisan cuando llegan los datos definitivos de empresas y administraciones. Por eso una cifra de crecimiento debe citarse siempre con la fecha de la publicación de la que procede. ↩︎
La singularidad francesa se aprecia mejor por contraste: mientras Alemania decidió cerrar sus centrales nucleares y sustituirlas por renovables y gas, Francia hizo lo contrario y programó la construcción de nuevos reactores. Las dos mayores economías de la eurozona han tomado decisiones energéticas opuestas partiendo del mismo objetivo de descarbonización, y esa divergencia es una de las tensiones de fondo de la política energética europea. ↩︎
La Academia Francesa ha admitido antes a autores nacidos fuera de Francia, pero todos ellos habían escrito en francés. Ése es el motivo por el que la elección de un novelista peruano se leyó como un acontecimiento excepcional a ambos lados del Atlántico. ↩︎